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El postcapitalismo CEN y el salario
jueves, 03 de marzo de 2005
Tradicionalmente se ha estudiado el valor del trabajo partiendo desde el costo de la mercancía producida o, en algunos casos, desde el precio de ella (para nosotros es muy claro que precio y costo de producción no son la misma cosa). Desde allí se intentaba averiguar cuál era la proporción del salario dentro de dicho costo o precio. A partir de las cifras obtenidas –una, el salario, contenida en la otra, el precio- y de su relación entre ambas, se tejían diferentes conjeturas, basándose los investigadores en ciertos principios filosóficos, éticos e ideológicos de diferentes signos.
Se definía el valor del jornal o la mensualidad partiendo desde la mercancía y no desde la necesidad de quien lo recibe.
Nosotros nos propusimos, desde un principio, hacerlo a la inversa. Como el postcapitalismo CEN se autofinancia, no es necesario definir de dónde proviene la financiación de ninguna tarea a realizar, especialmente todo lo relacionado a la supervivencia del hombre que no vive de rentas. Por tanto, partimos desde otros puntos.
Nos propusimos partir desde el hombre y no desde la mercancía. Para ello y merced al autofinanciamiento de nuestra economía, basamos nuestro estudio en una cifra necesaria, un salario indispensable para asegurar un bienestar mínimo a cada ser humano viviente. Para ello, lo fijamos –si se quiere puede considerársela como arbitraria, por ahora- en una cantidad de 300i mensuales, o sea, 10i diarios, universales, individuales y perpetuos. (NOTA: 1i es la abreviación de un indev, la moneda indevaluable de nuestra economía).
EL INGRESO NATURAL
Ese ingreso, al que llamamos ingreso natural (IN), no representa por tanto un salario. El IN no lo recibe un trabajador como “precio de la fuerza de trabajo que vende al empleador”, sino que es un ingreso que le corresponde por el simple hecho de vivir, no de vivir por vegetar como lo asegura el “individualismo metodológico”, sino por vivir en sociedad, por formar parte de una comunidad y cumplir con un rol económico, esencial en ella: ser un consumidor. La sociedad de la que forma parte ese ser humano es la que se encarga de garantizarle dicho IN, mediante la distribución de su riqueza social en esa cifra definida de 3650i anuales, por individuo y de por vida.
El IN lo recibe todo trabajador y todo empleador. Lo reciben los bebés y los ancianos, esto es, tanto quienes transitan por la etapa de la vida que llaman “edad productiva” como quienes no lo hacen.
Lo reciben hombres y mujeres, sanos y enfermos... el IN lo recibimos todos.
No es un salario. No es un ingreso a cambio de algo.
Es el reconocimiento material de un derecho natural. El derecho a vivir dignamente.
Algunos llaman “renta básica” a un concepto que es similar al de nuestro IN; son parecidos en su forma pero muy distintos en su contenido. Nosotros nos oponemos a darle ese nombre de “renta”, puesto que presupone que se lo financia desde uno o varios impuestos. El IN no deriva de impuestos ni de ningún otro tipo de expropiación: deriva de la riqueza social.
Una vez asegurado ese IN universal, la explicación y el estudio del valor del trabajo (es decir, del salario), pierde aquella esencialidad.
Por tanto, el valor del salario puede ser interpretado como se quiera, sin considerar distintas filosofías, éticas o ideologías. Dejará de formar parte del costo o del precio de la mercancía.
Otra diferencia es que nosotros no vemos la mercancía y su precio desde el punto de vista del productor, sea éste considerado como un asalariado o como un empleador, sino que lo vemos desde el punto de vista del consumidor (al que llamamos benefactor), que es el punto de vista de la sociedad toda.
Como el precio de la mercancía siempre lo ha pagado su consumidor o usufructuante (lo ha pagado el benefactor) es el suyo el punto de vista que tomamos. El benefactor de la economía nunca supo qué parte de qué cosa –insumos, salarios, impuestos, etcétera- se correspondían en ese precio pagado, en su propio costo, sino que para él ese precio es puro costo: es 100% costo.
A su vez, vemos que el precio de toda mercancía lleva dentro de él todos los costos de producción, incluidos todos los salarios de todos quienes la hicieron posible. Por tanto, quien paga los salarios –todos ellos, sin excepción- no es el empleador –ningún empleador- sino el benefactor de la economía (consumidor o usufructuante), papel que todos nosotros realizamos, seamos también asalariados, empleadores, desocupados o pasivos.
Como con el postcapitalismo CEN cada habitante ya tiene asegurado un bienestar mínimo a través de la distribución social del IN, él podrá aceptar o no el salario ofrecido o prometido por su posible empleador. Si le parece insuficiente, lo rechaza. Si le parece satisfactorio, lo acepta. Con total libertad.
El postcapitalismo CEN, a través del IN logra uno de los sueños irrealizados de la humanidad: la eliminación de la explotación del hombre. Y no lo hace a costa de nada ni de nadie.
¿Por qué? Porque elimina la explotación donde ella realmente se realiza: en el modo de distribución de la riqueza producida socialmente. Los sistemas primitivos consideran que la explotación se realiza en el modo de producción en uso. Y eso es falso. Aunque los explotados son quienes trabajan, ello son explotados no por trabajar sino por no recibir el ingreso que realmente les corresponde por su trabajo, es decir, la explotación no es un problema productivo sino distributivo. Y éste no tiene una base económica sino puramente político-ideológica.
En el mundo se produce todo lo necesario, y aún más que eso. La explotación del hombre no es un factor derivado de una producción insuficiente, sino de una distribución excluyente: injusta, parcial, clasista.
El postcapitalismo CEN al asegurar un IN general, incluyente, borra de un plumazo la necesidad de sobrevivir únicamente mediante la venta de la “fuerza de trabajo”: el ser humano (trabajador o no)tiene asegurada su subsistencia, es decir, no depende para sobrevivir de mantener o no un trabajo.
La producción social debe ser distribuido socialmente. El postcapitalismo CEN lo logra a través del IN.
EL SALARIO
No obstante el IN, cada ser humano tiene sus propios gustos e inclinaciones.
Incluso sus propias ambiciones. Es seguro que la mayoría de la población querrá recibir un ingreso mayor que el que les ofrece el IN. Tiene asegurada sus más elementales necesidades sin necesidad de trabajar. Pero no tiene asegurada la satisfacción de sus gustos y caprichos.
Para ello tendrá que “vender su fuerza de trabajo”.
Es más, aunque no tuviera ambiciones desmedidas, todo hombre posee su vocación y su pasión de “hacer”. A todos y cada uno nos gusta “hacer algo”.
Todos tenemos una inclinación, una propensión a dedicarnos por alguna tarea, a la que podremos dedicarnos como empleados o como independientes.
Como trabajadores dependientes (empleados) aceptaremos o no el salario que se nos ofrece, libremente. Tal decisión dependerá de la oferta del empleador, que la realizará también con total libertad.
Como independientes (como “emprendedores”) también, podremos alcanzarla. Como el postcapitalismo CEN se autofinancia, todo habitante puede solicitar préstamos para asociarse con otros y construir o comprar el medio de producción de su vocación o gusto. Y todo préstamo es sin intereses (0%).
También lo es para el empleador, por lo que puede ofrecer mayores salarios a quien él crea conveniente, o para dedicarse a crecer y contratar un mayor número de empleados.
Como vemos, el salario se define libremente entre empleador y empleado, sin la intervención de nadie más que ellos, agremiados o no. Uno, ofreciendo lo que quiere o lo que puede. Otro, aceptándolo o rechazándolo.
El postcapitalismo CEN es la verdadera libertad.
Mayor aún de la que las distintas teorías primitivas dicen defender. En especial del irracionalmente autodenominado “libre mercado”, liberal o neoliberal.
Centro INDEV
Desde el Río de la Plata al mundo
Sylvia Maria Valls [
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