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En esta última rebelión, prendieron fuego a muchas de las hermosas haciendas henequeneras y con los decretos expropiatorios de Lázaro Cárdenas, los dueños comenzaron a caer en la ruina y el abandono. Además, dejaron de vender el tzosquil, una cuerda fabricada con la fibra de la planta llamada henequén, muy cotizada para elaborar tapetes, tejidos, bolsas, costales y una infinidad de herramientas para la casa y el campo.
En esta última rebelión, prendieron fuego a muchas de las hermosas haciendas henequeneras y con los decretos expropiatorios de Lázaro Cárdenas, los dueños comenzaron a caer en la ruina y el abandono. Además, dejaron de vender el tzosquil, una cuerda fabricada con la fibra de la planta llamada henequén, muy cotizada para elaborar tapetes, tejidos, bolsas, costales y una infinidad de herramientas para la casa y el campo.
Los dueños de las desfibradoras debieron dejar libres a sus siervos. la decadencia de la casta divina se hizo entonces manifiesta, endeudados hasta el cuello se vieron obligados a vender sus tierras a los comerciantes y prestamistas libaneses, quienes formarían la nueva “casta beduina”, que actualmente gobierna Yucatán.
Como consecuencia, los mayas quedaron ante dos alternativas, emigrar a las ciudades en busca de trabajo o tratar de cultivar las tierras repartidas, conocidas como minifundios, por su exiguo tamaño. Esta segunda opción resultaba poco atractiva, porque las parcelas del norte peninsular son además pedregosas y calcáreas, no aptas cultivos distintos al henequen. En la ciudad, los campesinos emigrados, víctimas de la discriminación, serían utilizados como sirvientes, albañiles y mil usos, construyendo sus casas en los suburbios de Mérida, para formar los primeros cinturones de miseria.
Los abuelos de Jacinto convertidos en ancianos, se quedaron sin trabajo ni dinero y no teniendo mas alternativas, vivieron en Kanikab con sus hijos hasta morir. Su padre corrió la misma suerte, todavía hoy vive una longeva ancianidad con una de sus hijas, en el mismo lugar de siempre, sentado en su hamaca de hilo.
Cierta ocasión, al llamado de Don Feliciano, Jacinto llegó a la villa de Uman muy temprano, era día de mercado y en las calles se aglutinaban cientos de mayas que bajan de todos los pueblos de la región. En los tendidos multicolores había de todo, piernas de venado, lechones, panes de maíz, pozole, hierbas medicinales, lo que faltaba era dinero, por eso muchas de esas cosas se intercabiaban al viejo estilo del trueque.
A tres cuadras del mercado, en tanto sonaban las campanas del gran templo de Uman, construido con residuos de antiguas pirámides, Jacinto llegó a la casa de Don Feliciano, quien lo esperaba silencioso y taciturno, sentado en una vieja silla de madera, junto a su altar, rezando.
- Pásale Jacinto, sientate, ya te desayunaste, quieres unas tortillas - le dijo apuntando a la mesa, donde reposaban algunos de sus alimentos.
- Si maestro, vine tan pronto pude, que pasa, tenemos que ir a la fiesta de Muna, ya tengo preparadas las ofrendas -. dijo mientras tomaba una tortilla y le embarraba un poco de frijoles.
- Jacinto, anoche vinieron a visitarme los viejos, estuvieron el mago Escamilla y Feliciano Paat -
- El mago Escamilla, pero si murió hace ya seis años -
- Eso es Jacinto, así cuando llegue tu turno, yo voy a venir para visarte, es una promesa, yo voy a venir -
- Como maestro, ¿ me esta diciendo que usted ya se va a morir? , todavía no es tiempo -
- Nadie sabe cuando es el tiempo, la cuerda se estira y se estira hasta que se adelgaza y luego se rompe, por eso yo quiero decirte que tu estas por ser ya Don Jacinto, deberás cuidar a todos, aunque tu hermana también aprendió, acuerdate que tu eres el H´ men.
- Pero maestro, yo que haría sin usted -
- De eso se trata Jacinto, los viejos me dijeron que antes de la navidad ya no estoy contigo, pero acuerdate que siempre me tendrás cada me invoques, porque yo estaré para ayudarte, además ya conoces a los guardianes, y cuantas veces los llames, ellos vendrán para servirte - .
- ¿Y que debo hacer? -
- Recibir mi sastún, cuidalo mucho, con él podrás curar y platicar con los guardianes, pero no olvides dejárselo a tu aprendiz, a quien seguirá la tradición, comienza a buscarlo -
El 21 de diciembre, con la llegada del invierno, Don Feliciano salió al patio muy temprano, despues de orinar cerca del viejo Yaxcopoil, regresó a su hamaca, llamó a su familia y se despidió, después durmió como nunca, roncó y roncó, y entre el sueño y la realidad se fue para siempre.
Una larga fila de dolientes lo acompañó hasta el cementerio de Uman, Don Jacinto ofició la ceremonia maya de despedida, realizó las ofrendas y dejó caer el primer puño de tierra en la tumba de su maestro. Arriba, las nubes aborregadas por el frío, semejaban una gran ave con cabeza de serpiente, despegando hacia el cielo azul.