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jueves, 12 de junio de 2003 |
No hay pretexto válido para infligir sufrimiento a un animal. Todos los que habitualmente se esgrimen son patéticas racionalizaciones inventadas por oportunistas que medran en el mercado a costa de la vida animal, y repetidas a coro por millones de consumidores idiotas, incapaces de utilizar sus cabezas para algo más que para lavárselas con champú.
Ejemplos típicos de dicha racionalización son todos los referidos a la presunta inhabilidad de los animales para efectuar tareas cuya realización atribuye nuestra ceguera exclusivamente a nuestra condición humana.
Resulta ser, sin embargo, que las más importantes de esas funciones pueden ser practicadas análogamente por la mayoría de los animales no humanos. Aquellas para las cuales resultan ellos ser inhábiles (y que tendrá a flor de labios el lector ingenuo) no son, por cierto, las más importantes. Estoy seguro de que cualquier ser humano que no sea un menso sostendría a rajacincha la conveniencia de adquirir conocimientos matemáticos o aprender a leer. Pero más seguro de ello estoy, de que ese mismo ser humano en ningún caso sería tan obtuso de discutir que funciones tales como prodigar amor, cuidar a su descendencia, agradecer los favores recibidos, ser leales, ser constantes y hasta saber instintivamente cuales cosas debe consumir y cuales no, están por lo menos a un nivel equivalente de importancia que conocer los teoremas de Euclides (despues de todo, ¿cuántas personas realmente los conocen?)
¿Se atrevería usted a aseverar en serio que funciones primordiales para la evolución de toda especie en el planeta, tales como han sido prodigar amor y cuidados, mostrar gratitud y lealtad hacia quienes nos ayudan, y mil otras más en que los animales sobresalen, son por ventura inferiores en rango a otras, puramente adventicias, tales como aprender matemáticas o leer en Inglés o conocer de arte? Supongo que no, y si me equivoco deje usted de leer aquí mismo lo que escribo.
Pues bien, todas aquellas funciones las realiza más cumplida y coherentemente un gato de zaguán que cualquiera de nuestros sesudos ganapanes a sueldo de laboratorios viviseccionistas, egresados de prestigiosas universidades.
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