Ser un usuario registrado te permite ACTIVAR menus especiales y accesar a:
FOROS DE DISCUSIÓN - GRUPOS DE INTERES COMUN - INVITAR A LA COMUNIDAD A TUS PROPIOS GRUPOS - VIDEOTECA ESPÉCIALIZADA - AGENDA DE EVENTOS EN TU CIUDAD, PAIS Y PLANETARIOS - PODER HACER COMENTARIOS - MANDAR ARTICULOS - COMPARTIR FOTOGRAFIAS, AUDIOS, VIDEOS - REGISTRAR Y PROMOCIONAR A TU ORGANIZACION, ESCUELA - CONOCER EL PERFIL DE OTROS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD.
Y SIN NINGUN COSTO, TODO ES ABSOLUTAMENTE POR SERVICIO.
No puedes dar lo que otros quieren de ti. La sociedad, la familia, los amigos, el ser amado no conocen lo que uno debe hacer. Cada uno sabe y sólo uno puede hacer lo que es justo para sí mismo.
Comienza ahora, tendrás que esforzarte mucho. Tendrás que sobrepasar muchos obstáculos. Tendrás que soslayar sus prejuicios. Pero puedes lograr cuanto desees, si te esfuerzas de verdad lo suficiente.
Comienza ahora mismo y vivirás una experiencia diseñada por ti y para ti. Y así podrás amar tu vida.
Debemos ser auténticos, sinceros con nosotros mismos. En definitiva, debemos “Ser”. Sólo nosotros conocemos nuestras propias necesidades, y somos los verdaderos protagonistas de nuestra historia.
Amar la vida significa también amarnos y respetarnos, asumirnos, tratar de ser mejores personas cada día no porque así lo quieren los demás, sino porque somos nosotros los que deseamos crecer, cambiar, evolucionar.
Amar la vida es diseñar nuestras propias experiencias y en el diseño poner lo mejor de nosotros, lo más autentico. Sólo porque nosotros lo deseamos así y porque reconocemos que somos los artífices de nuestro propio destino, de nuestra propia vida.
Amar la vida. ¡Qué importante! Con sus obstáculos, con sus problemas, con sus días grises. Estamos vivos. Contamos con la protección de Dios. Hay que seguir adelante y no desfallecer. La vida es hermosa.
Desde nuestra fe, la vida comporta un significado especial. Adquiere una trascendencia que va más allá del dolor, de las decepciones y de la muerte.
Vivir la vida desde la interioridad, en solidaridad con los hermanos, en un clima de oración y de alegría, pendientes de la voluntad de Dios, siendo nosotros mismos, se convierte en una fuente de felicidad inacabable que vale la pena disfrutar a plenitud.