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Fue en los años sesenta cuando se inició un nuevo período de colonización para tierras lejanas, con la solicitud de ampliación por parte de los campesinos al gobierno, surgió el anunció de un nuevo reparto, que sería concedido a los antiguos trabajadores henequeneros. Pero hasta que llegó Luis Echeverría a presidente, 62 familias con Jacinto a la cabeza acompañado por Emereciana, aceptaron ser colonos en las tierras lejanas y vírgenes de Kanakom, una comisaría del municipio de Yaxcabá, al fondo de la región de Sotuta, en xul, es decir al final.
Llegaron como colonos, a un gran solar en la primera loma de la entrada al pueblo, tenían entonces tres hijos y ahí nacieron otros dos. Con un poco mas de cuarenta años. Jacinto se convirtió en el H´Men de la zona, junto con otros seis de Sotuta, además de ser médico yerbatero y fabricante de medicina natural, ayudado por su esposa Doña Eme y los zipis.
En Kanakom, perduraba un antiquísimo templo de la época colonial, pero a nadie le intereso abrirlo, todavía hoy permanece totalmente en desuso, sin bancas y con una pequeña campana en la torre, tan mínima que no se alcanza ver. Su puerta permanece cerrada, pues hará siglos, ningún cura católico se ha parado por ahí, porque estaba muy lejos, en zona maya, con sus propias costumbres, sus santos y sus sacerdotes.
Tal vez por eso, se convirtió en un pueblo muy bien organizado, limpio y distinto a muchos de la zona, donde perdura la miseria. Tiene sólo una carretera que más allá del pueblo, te lleva a la selva de la antigua Chan Santa Cruz en Quintana Roo. El autobús pasaba a las cuatro de la madrugada hacia la ciudad de Mérida, no existía transporte o intercambio comercial y los víveres sólo podían adquirirse en la capital del estado, a unas cuatro horas del lugar.
Cuentan los que saben, cómo gracias a la participación animada de Don Jacinto, este pequeño poblado pudo permanecer en armonía, porque él logró entre otras cosas, el establecimiento de la comisaría municipal para realizar tramites y gestiones ante el gobierno. Así mismo, consiguieron la carretera principal y única, la instalación de luz eléctrica, la escuela y el campo frutícola. Siempre con la lucha de su sacerdote, médico y yerbatero, quién incluso fue durante algún tiempo el comisario municipal.
Admirado y querido por sus vecinos de Kanakom, Don Jacinto caminaba por las estrechas calles del pueblo, acompañado siempre por cuanto personaje iba encontrando a su paso, todos tenían que ver con él. De pronto salían de sus casas las robustas mujeres, siempre con una sonrisa traviesa, gritándole bromas en maya puro, todas llevaban muy adornados sus cabellos con listones de colores brillantes, vestidas con su clásico huipil
Conocidas en Yucatán con el nombre de mestizas y también como mayeras, estas mujeres son muy trabajadoras, visten en su arreglo diario un holgado hipil blanco de algodón, del que sólo cambia el complejo estilo de sus bordados, en el cuello, las mangas y la orilla inferior del hipil.
En estos detalles se manifiesta la calidad del vestido, sus nombres son tan misteriosos como variados. Canebá, xucbichuy, rejilla ó deshilado, renacimiento ó calado, sombreado, matizado y macizo a máquina, rebutido ó panal y desde luego, el precioso doble de solapa para la novia, con gala de listones de seda y encajes franceses.
Estas bellezas tienden a desaparecer, ya que las mujeres jóvenes maquilan en sus “singer facilita”, uniformes, shorts deportivos, camisas y vestidos modernos para las nuevas generaciones. Uno de éstos talleres de costura era dirigido por Anabela, la sobrina muy querida de Don Jacinto, quien como sus hijos, prefería usar la vestimenta capitalina y actual, una costumbre que ningún pueblo por más marginado podrá evitar.
Los hombres y los niños, visten sólo una camisa blanca de manga larga, portando en ocasiones la guayabera de lujo, su pantalón negro y las sandalias kakles de Huinic, hechos de madera chilladora, con sus dos cintas de piel blanca para sujetar el pié. Este atuendo, a veces nos parecía premeditado para los días de nuestras visitas, porque en sus labores de campo, utilizan un pantalón con camisa arremangada, en muchas ocasiones sin abotonaduras.
Todos se hacían presentes para intercambiar con el curandero un buen número de temas. Así, escuchaba las eternas dolencias de Doña Eufrosina, la dueña del tendajón, las bromas y los festejos con las risas atronadoras de su comadre del solar mas cercano, mientras daba consultas a los campesino de la milpa del frente y hasta los niños de la escuela festejaban sus ocurrencias a carcajadas, sin importarles la hora para su visita.
En 1980, una investigadora francesa visitó la región de Sotuta, durante el congreso del Instituto Indigenista, acerca de las actividades en Yucatán realizadas por los H’Menes, yerbateros, hueseros, parteras y sobadores. Ella escribió un libro de sus investigaciones, dejando constancia y fotografías de las ceremonias realizadas por Don Jacinto, acontecimiento que hasta hoy sigue siendo muy festejado por todos sus vecinos.
Poco después sería invitado a otro congreso indigenista, esta vez organizado en la ciudad de Querétaro. Fletaron entonces un autobús y harían una visita a la “gran ciudad de México”. Don Jacinto H’Men de Yaxcabá llegaba hasta la inmensa capital, desde “Xul” el último lugar del mundo. En 1985, ya como Comisario Municipal, fue invitado por la Presidencia de la República, durante la gestión de Miguel de la Madrid, para entregar solicitudes de necesidades tales como la extensión de la carretera y la Unión de Cítricos que hoy en día continua vigente, con 20 familias trabajando en ella.
Como agradecimiento, cada año en la zona de Yaxcabá, se realizaba una muy especial ceremonia del Cha’a’chak,. Para tal efecto los pobladores de la región y el comisario Jacinto reunían el dinero suficiente, para alimentar por tres días consecutivos a todos los participantes en la fiesta y sobre todo, halagaban a las guardianes espirituales que tantos consejos y suerte les habían dado.
En 1993, se realizó una muy especial, con un selecto grupo de investigadores norteamericanos y hasta hubo una grabación para película, con la ceremonia sagrada completa. Para ocasión tan relevante el H´Men portó su Chan traje de gala a la usanza antigua, con la compañía de los cuatro guardianes de la lluvia Chakes, en el cenote de Mopilá, donde invocó a las tres Marías.
Ya para entonces, viajaba por toda la región según lo necesitaran, realizando diversas ceremonias, curaciones y limpias, entonando sus cantos sagrados en presentaciones y conciertos, Don Jacinto se había convertido en una personalidad muy solicitada.