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Tomado de "La Kabaláh, una sabiduría esencial para el mundo de hoy" editorial Kier, Buenos Aires, Argentina, 2003.
La Kabaláh propone el arte de la presencia, la comprensión experimentada de Dios, de la Creación y de uno mismo. Al ayudar en la recuperación de la "con-fianza" y el servicio, nos ofrece un camino de crecimiento interior hacia una transformación que nos permita abrirnos hacia nuestro ser esencial y, desde allí poder vivenciar la apertura al espíritu de Dios que habita en cada uno de nosotros.
El aprendizaje de la Kabaláh nos abre a una espiritualidad que integra y unifica al ser humano. El hombre de hoy en día tiene que comprender que sólo es íntegro quien se une, aprendiendo a fluir y a compartir, dando y recibiendo desde el corazón.
Hay que danzar la vida y encontrarle su melodía esencial; recobrar la fe, la confianza y la certeza; y ser humilde, ya que existe una grandeza mayor en la humildad.
De tal manera, cada ser recuperará su mensaje, su sentido, pues en cada vida hay un propósito maravilloso que sólo puede ser cumplido por uno mismo. Esto requiere de un "entrenamiento espiritual urbano", centrado en el arte de despertar a una nueva percepción esencial, desde lo cotidiano y el día a día de nuestras vidas. Esto es, el arte del descubrimiento de lo real.
Un hombre fue a estudiar la Kabaláh a un pueblo vecino con un Maestro.
Al cabo de unos meses, cuando volvió a su pueblo, sus allegados le preguntaron:
–¿Qué aprendiste? A lo cual el hombre respondió: –Aprendí que Dios existe.
Y sus amigos replicaron: –Pero esto, ya todos lo sabemos...
Y el hombre, con voz profunda, contestó: –¡No! Ahora verdaderamente lo sé.
La mejor definición que hemos encontrado de la palabra "Kabaláh" es justamente, la misma palabra: "Kabaláh". Sin embargo, cada vez que alguien nos pregunta qué es la Kabaláh, respondemos de manera distinta en función de quien formula esta interrogación. Esto significa que existen infinitas definiciones, como distintas miradas posibles, de la palabra Kabaláh. Lo cual también es cierto.
Pero veamos algunas ideas introductorias al respecto.
La palabra Kabaláh del hebreo antiguo "tradición recibida", es una sabiduría espiritual milenaria. Cuando decimos "tradición" no estamos hablando de una ciencia o arte en particular, sino de historia pura, es decir, de la madre de todas las ciencias y artes. Esta tradición es una sabiduría de vida que nos propone conocer el por qué y el para qué de las cosas, y también de dónde venimos y hacia dónde vamos; y cuál es el sentido verdadero de nuestra existencia. Miles de años sustentan este saber.
La Kabaláh es entonces la posibilidad de acceder a un conocimiento que tiene valiosas implicancias para todas las áreas de la vida. Ella es el conocimiento de las leyes de la realidad. Y al mismo tiempo un arte sagrado para educar la voluntad y el deseo en unidad con la Creación. Por consiguiente, su "estudio" propicia la armonía y la verdadera felicidad. Es la experiencia directa y pura de lo trascendente. Es el conocimiento vivenciado acerca de Dios, la Creación y el ser humano, que propicia un despertar interior, hacia la iluminación y la comprensión de la verdadera realidad. Pero es también un "don merecido", es decir, una combinación de esfuerzo personal y gracia divina.
La Kabaláh es la sabiduría de la unidad. Un cuento jasídico del siglo XVIII nos dice:
¿Dónde está la Sabiduría?, pregunta el discípulo. Y el Maestro responde: "En los ojos, en el corazón y en las manos". Es decir, en el pensamiento, el sentimiento y en la acción. Ella es el aprendizaje de la unidad.
Según la Kabaláh el verdadero conocimiento conduce al amor y el verdadero amor conduce al conocimiento. Sólo se puede conocer lo que se ama decía Goethe.
Si bien la palabra se utilizó por primera vez recién en el siglo XI, sus arcaicos orígenes se remontan a ancianas sabidurías. En este sentido, podemos afirmar que la Kabaláh porta dentro de sí la memoria implícita de antiguas culturas y civilizaciones.
Según ésta, cuando Dios entregó las Tablas de la Ley a Moisés en el monte Sinaí, le hizo una segunda revelación en cuanto a su significado secreto, de cómo debería ser leída y entendida la Toráh –Pentateuco o instrucción–. En este sentido, la Kabaláh es un método de contemplación mística pero también de análisis semántico.
Los kabalistas parten de la idea de que el significado interno y oculto de las cosas, es decir, lo que realmente son las cosas, no puede ser comunicado directamente, sino que hay que saber encontrarlo. De ahí que la enseñanza se dé, en esencia, por implicación y no por aseveración. Sólo se aprende, dice el kabalista.
Son muchos los pasajes simbólicos y libros escritos en códigos alegóricos y secretos, que el discípulo sólo podrá comprender bajo la tutela de un kabalista. Al respecto se dice: "Si lo que se lee es cuerpo, lo que se escucha es alma". Es por esto que la trasmisión es "de boca a oído", a veces a la manera de un susurro.
Sin embargo, durante siglos la Kabaláh también fue discreta dado el conflicto suscitado con las instituciones religiosas establecidas. En este sentido, la Kabaláh despertaba un aire de revelación y revolución, por cuanto proponía la importancia de la experiencia íntima, directa y experimentada en el camino espiritual de las religiones monoteístas convencionales. Esto llevó a los kabalistas a transmitir sus conocimientos a través de metáforas y símbolos esotéricos.
Hoy, en los inicios del siglo XXI, existe una tendencia generalizada a abrir este enorme saber a todo ser humano sin distinción alguna, siempre que éste desee penetrar de todo corazón en los misterios de la Ciencia de la Verdad. A pesar de que la Kabaláh se fundamenta en una tradición, se encuentra abierta a la ampliación y a la renovación. De hecho, se plantea que cada generación experimenta una nueva Kabaláh, pudiendo ésta adoptar muchas y variadas formas: puede presentarse en un libro sagrado, en una meditación o aparecer como una guía espiritual; o en una danza mística, en altos estudios filosóficos o en un diálogo íntimo y sencillo con Dios.
Si bien se aprende en forma oral, de boca a oído, existen obras literarias destacadas. Entre ellas cabe mencionar la Toráh, es decir el Pentateuco o los cinco primeros libros de Moisés, el resto de las Sagradas Escrituras, el Talmud –comentarios de la Biblia– y un amplio cuerpo de leyendas e investigaciones tradicionales.
Las obras específicas de Kabaláh más conocidas son el Zóhar o Libro del Esplendor, el Séfer Ietziráh o Libro de la Formación y el Bahír o Libro de la Claridad. Si bien existen pocas escuelas kabalistas como tales, la transmisión se fue adaptando a las condiciones culturales y geográficas de cada época. Esto explica su amplitud.
Algunos kabalistas se han basado en la visión mística de la Carroza divina del profeta Ezequiel (Capítulos 1 y 10 del libro bíblico de Ezequiel) del siglo I de nuestra era. En cambio otros desarrollaron sus técnicas sobre la base de meditaciones a partir del nombre misterioso de Dios o Tetragrámaton, tal como se dio en la España del siglo XIII. Allí mismo surgieron escuelas orientadas a la teosofía kabalista. Por otra parte, en Galilea distintas comunidades del siglo XVI pusieron énfasis en la oración como meditación. También existe una Kabaláh cristiana renacentista unida a la filosofía hermética. Finalmente, el movimiento jasídico de los siglos XVIII y XIX, introdujo la meditación con canciones y danzas extáticas en Europa oriental.
A pesar de esta gran diversidad, la Kabaláh ha sido coherente en todas sus vertientes, manteniendo, de todas maneras, un profundo sentido dinámico. Hoy en día la Kabaláh ha adquirido un carácter más universal.