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“"Empecemos a aceptar la verdad de que todas nuestras mentes están unidas y que los pensamientos agresivos que dirigimos hacia otros representan nuestra propia agresión hacia nosotros mismos."”
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CONCIENCIA PLANETARIA
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¿Soy quien creo ser?
lunes, 26 de septiembre de 2005
¡El hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia, voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la eternidad. Pero no creáis que esa imagen está en vuestra forma humana, sino en vuestro espíritu.
¿Alguna vez os habéis detenido para preguntaros: ¿Quién soy, de dónde vengo, que estoy haciendo en este mundo y a dónde voy y por qué?
Estas y otras interrogaciones surgen del corazón del hombre, porque es grande su inquietud y su temor.
Vengo a decir al hombre que él es un desconocido ante sí mismo porque no ha penetrado en su intimidad, porque no sabe su secreto, porque ignora su esencia.
Mas, Yo quiero enseñarle en este tiempo el contenido del libro que por tanto tiempo había permanecido cerrado para él, y en donde están guardados todos los misterios que desde el Segundo Tiempo os prometí venir a esclareceros con la luz de mi Espíritu.
El hombre debe saber su origen, su misión, su destino, conocer sus facultades y dones, y toda esa vida infinita y eterna que vibra en derredor de él; debe comprender, lo que se oculta en su espíritu y será entonces cuanto tenga una idea clara y una fe profunda en que si es maravilloso el espíritu, también tendrá que ser maravillosa la morada que su Padre le tiene destinada en la eternidad.
Penetrad en vuestro interior, y descubriréis la vida grandiosa del espíritu, revelándoos que no sois pobres, ni pequeños ni desheredados; y comprenderéis que sois los hijos predilectos en la Creación de vuestro Padre, porque si sólo consideráis que sois materia, negaríais vuestra grandeza, desconociendo vuestra esencia,
He aquí por qué a veces os digo que los hombres no se ha encontrado a sí mismos y por lo tanto no se conocen, como seres humanos ni se reconocen como hijo de Dios.
Queréis entender muchas veces primero lo grande y después lo pequeño, mas empezad por conoceros y analizaos a vosotros mismos.
Muchas veces, sois más pequeños de lo que habéis creído y otras, sois más grandes de lo que podéis imaginar. Sólo que esa grandeza, debe estar justificada por la práctica del bien.
Todavía el hombre no se ha encontrado, a sí mismo, falta que se conozca espiritualmente para que tenga la solución de muchas confusiones y la respuesta a muchas interrogaciones. Este es el tiempo en que puede y debe encontrarse, descubrirse y conocerse. Cuando esto sea, ¡Con qué claridad sentirá mi presencia!
Conoced vuestras facultades, vuestros sentimientos. No confundáis los sentimientos puros con las pasiones e instintos propios de la materia.
El envanecido cree ser grande sin serlo, y es pequeño el que se conforma con las riquezas superfluas de esta vida, sin descubrir los verdaderos valores del espíritu y del corazón. Cuán pequeños son sus deseos, sus amores, sus ideales ¡Con qué poco se conforma!
Debéis tener aspiraciones, sí, pero estas deben ser siempre sanas, inspiradas en el amor de los unos a los otros.
Aprended a mirar con los ojos de vuestro espíritu las necesidades de vuestros hermanos, no las veas simplemente con los ojos de vuestro cuerpo.
Cierto es que por medio de la ciencia habéis logrado saber mucho de vuestra materia, mas ahora sabéis que vuestro ser no se concreta a la materia, sino que en ella vibra otro ser de diferente naturaleza al cual no conocéis aún y que es vuestro espíritu.
Ya descubriréis en vosotros algo más grande y perfecto que los órganos de vuestro cuerpo, y ellos son los dones, facultades, potencias y atributos del espíritu, los cuales han dormido en el hombre por muchos siglos. Ni sustancia ni forma les encontraréis, porque son esencia por lo que os digo que no será vuestra ciencia la que descubra ese misterio.
¿Quién podrá dudar que la grandeza de vuestro Padre, se pueda manifestar en la pequeñez de un cuerpo humano? ¿Será más grato a Dios, manifestarse en un pan, que es materia inanimada, que por medio de sus propios hijos, y considerados como el ser más perfecto de la creación?
Vosotros estáis hechos de materia, en la que he puesto un espíritu y a éste lo he dotado de una conciencia. ¿Y acaso por ello vais a decir que son tres personas las que habitan en cada hombre?
Esas tres potencias forman un solo ser, aunque cada una de sus partes se manifieste de distinta manera.
Cuando en el ser humano haya perfecta armonía entre las tres naturalezas de que está formado, habrá semejanza con la armonía que existe en Dios, porque en él existirá una sola voluntad, la de alcanzar la cumbre de su perfección espiritual.
Velad por la salud de vuestro cuerpo, buscad su conservación y fortaleza. Mi Doctrina os aconseja que tengáis caridad de vuestro espíritu y de vuestro cuerpo, porque ambos se complementan y se necesitan para el delicado cumplimiento espiritual que les está encomendado.
Sois los espíritus que desde el principio de la creación habéis recibido una misión. Sois chispa de mi Espíritu y habéis sido dotados de razón, de voluntad e inteligencia. Os he formado a imagen y semejanza mía, y por lo tanto, estáis preparados para pensar, sentir, amar y perdonar.
¡El hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia, voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la eternidad. Pero no creáis que esa imagen está en vuestra forma humana, sino en vuestro espíritu.
Si al hombre lo formé a mi imagen y semejanza, quiere decir que en él existe la imagen de esa Trinidad, en él puse las tres potencias, o sean: carne, espíritu y conciencia. Un solo ser formado de tres naturalezas: La material, el cuerpo; La espiritual, el espíritu y la divina, la conciencia.
Cuando armonicéis vuestro espíritu, con la conciencia, la mente y el cuerpo verás que sencillo es hacer mi voluntad, porque si os juzgaseis con sinceridad, descubriréis que el corazón no está de acuerdo con la mente, que vuestro cuerpo no armoniza con su espíritu y que hasta el mismo espíritu no siempre se unifica con la conciencia. Y si estáis divididos en vosotros mismos, tendréis que estar divididos con vuestros hermanos y en desacuerdo con las leyes divinas y con las leyes naturales.
Dejad que vuestra conciencia haga su voluntad por sobre lo que piense vuestra mente y espíritu, ya que es ella la que verdaderamente se da cuenta de la misión que sobre el espíritu pesa. Mirad que si en lugar de seguir los dictados de la conciencia, os inclináis a obedecer los impulsos de la carne, pronto retornaréis al camino de la lucha estéril, al mundo de las frivolidades y de la vanidad, en donde vuestro espíritu se sentirá vacío y triste.
Debéis saber que la verdadera espiritualidad en el hombre no consiste en apartarse de lo que pertenece a la vida material, sino en armonizar con toda la creación, y que el espíritu para lograr esa armonía necesita caminar delante y ser el guía. De otra manera el espíritu seguirá siendo esclavo de la carne.
Mas el que sabe vivir, es aquél que ha aprendido a dar a Dios lo que de Dios y al mundo lo que es del mundo. Aquél que sabe recrearse en el seno de la Naturaleza, sin convertirse en esclavo de la materia, ése sabe vivir, y aunque aparentemente nada posea, es dueño de los bienes de esta vida y está en camino de poseer las riquezas de mi reino.
Recordad que el primer deber que tenéis para Conmigo es velar por vosotros mismos; debéis amaros, reconociendo que sois la imagen viva de vuestro Creador.
Tomado del Tercer Testmento:
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