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Decretar
sábado, 01 de octubre de 2005
Cada palabra que se pronuncia es un decreto que se manifiesta en lo
exterior. La palabra es el pensamiento hablado.
Jesús dijo dos cosas que no han sido tomadas en serio. Una, “Por tus
palabras serás condenado y por tus palabras serás justificado”. Esto no
significa que los demás nos juzgarán por lo que decimos, aunque esto también
es verdad; como habrás visto ya, el Maestro enseñaba metafísica, sólo que la
raza no estaba aún lo suficiente madura para entenderla. En varias ocasiones
lo advirtió diciendo que tenía aún muchas otras cosas que decir, pero que no
podrían ser comprendidas. En otras ocasiones dijo que aquel que tuviera
oídos para oír que escuchara.
La segunda referencia que hizo al poder de la
palabra fue: “No es lo que entra por su boca lo que contamina al hombre,
sino lo que de su boca sale; porque lo que de la boca sale, del corazón
procede”. Más clara no se puede expresar.
Te propongo que pongas atención a todo lo que tú decretas en un solo día.
Vamos a recordártelo. “Los negocios están malísimos”. “Las cosas andan muy
malas”. “La juventud está perdida”. “El tráfico está imposible”. “El
servicio está insoportable”. “No se consigue servicio”. “No dejes eso
rodando porque te lo van a robar”. “Los ladrones están asaltando en todas
las esquinas”. “Tengo miedo de salir”. “Mira que te vas a caer”. “Cuidado
que te matas”. “Te va a pisar un carro”. “¡Vas a romper eso!”. “Tengo muy
mala suerte”. “No puedo comer eso, me hace daño”. “Mi mala memoria...”, “mi
alegría...”, “mi dolor de cabeza...”, “mi reumatismo...”, “mi mala
digestión...”. “¡Ese es un bandido!”, “esa es una desgraciada”. “Tenía que
ser, cuando no”. No te sorprendas ni te quejes si al expresarlo lo ves
ocurrir. Lo has decretado. Has dado una orden que tiene que ser cumplida.
Ahora recuerda y no olvides jamás, CADA PALABRA QUE PRONUNCIAS ES UN
DECRETO. Positivo o negativo. Si es positivo se te manifiesta en bien. Si es
negativo se te manifiesta en mal, si es contra el prójimo es lo mismo que si
lo estuvieras decretando contra ti. SE TE DEVUELVE. Si es bondadoso y
comprensivo hacia el prójimo, recibirás bondad y comprensión de los demás
hacia ti. Y cuando te suceda algo molesto, negativo, desagradable, no digas
“¡Pero si yo no estaba pensando ni temiendo que me fuera a suceder esto!”.
Ten la sinceridad y la humildad de tratar de recordar en cuáles términos te
expresaste de algún prójimo. En qué momento saltó de tu corazón un concepto
viejísimo, arraigado allí, que tal vez no es sino una costumbre social como
la generalidad de esas citadas más arriba y que tú realmente no tienes
deseos de seguir usando.
Como el sentimiento que acompaña a un pensamiento es lo que lo graba más
firmemente en el subconsciente, el Maestro Jesús, que jamás empleó palabras
superfluas, lo expresó muy bien al decir, “LO QUE DE LA BOCA SALE, DEL
CORAZÓN PROCEDE”, y esto nos da la clave inequívoca. El primer sentimiento
que nos enseñan es el temor. Nos lo enseñan nuestros padres, primeramente, y
luego nuestros maestros de religión. Al sentir un temor se nos acelera el
corazón. Solemos decir “por poco se me sale el corazón por la boca” para
demostrar el grado de temor que sentimos en un momento dado. El temor es lo
que está por detrás de todas las frases negativas que te he citado más
arriba.
San Pablo dijo: “SOMOS TRANSFORMADOS POR LA RENOVACIÓN DE NUESTRAS MENTES”.
Cada vez que te encuentres diciendo una frase negativa, sabrás qué clase de
concepto errado tienes arraigado en el subconsciente, sabrás qué clase de
sentimiento obedece: temor o desamor, atájalo, bórralo negándolo por
mentiroso y afirma la Verdad, si no quieres continuar manifestándolo en tu
exterior. Al poco tiempo de esta práctica notarás que tu hablar es otro. Que
tu modo de pensar es otro. Tú y tu vida se estarán transformando por la
renovación de tu mente.
Cuando estés en reunión de otras personas, te darás perfecta cuenta de la
clase de conceptos que poseen y los constatarás en todo lo que les ocurre.
Siempre que escuches conversaciones negativas no afirmes nada de lo que
expresen. Piensa “NO LO ACEPTO NI PARA MÍ NI PARA ELLAS”. No tienes que
decírselo a ellas. Es mejor no divulgar la verdad que estás aprendiendo, no
porque haya que ocultarlo sino porque hay una máxima ocultista que dice:
“CUANDO EL DISCÍPULO ESTÁ PREPARADO APARECE EL MAESTRO”. Por ley de
atracción, todo el que está preparado para subir de grado es automáticamente
acercado al que lo pueda adelantar, de manera que no trates de hacer labor
de catequista. No obligues a nadie a recibir lecciones sobre la Verdad
porque te puedes encontrar que aquellos que tú creías más dispuestos, son
los que menos simpatizan con ella. A esto se refería Jesús cuando dijo: “NO
DÉIS LO SANTO A LOS PERROS, NI ECHÉIS VUESTRAS PERLAS DELANTE DE LOS CERDOS,
NO SEA QUE LOS PISOTEEN, Y SE VUELVAN Y OS DESPEDACEN”.