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Noviembre 1o y 2 de noviembre, son preparados grandes altares para los Santos Difuntos. Pero que es una Ofrenda ? Es otorgar algo, ofrecer algo que es valioso ¡ La mayoría de las veces, bajo el concepto prehispánico la ofrenda tiende a representar una compensación que se ofrece a las fuerzas de la naturaleza por todo lo creado, y que recibimos de ella. Se tenían como muy apreciadas, las ofrendas de seres humanos que se preparaban para ofrecer su vida en sacrificio, de hecho una de las antiguas leyendas la de los Cinoc Soles, los Dioses viendo que habían de destruir a todo lo creado invitan en Teotihuacan a ofrecerse en sacrificio, y todos reunidos en la hogera declinan, menos Nanahuatzin el Babusillo o el que tiene pápulas o ampulas.
Nanahuatzin, Teotihuacan. Museo de Sitio.
El se ofrece y de ese sacrificio los dioses vieron que era preciso hacer surgin una nueva humanidad y ese fue el cominzo de nuestra etapa y quinto sol.
Se ofrecían también cosas preciosas como piedras relucientes como la obsidiana, el jade y la turquesa, para acompañar a los enterramiantos, eran ofrecidas las vidas de perros para que una vez en el umbral del Mictlan o lugar de las nueve mnciones pudiera servirle de guía al que moría para guiarle en el camino a la mansión de la luz.
Eran apreciadas las fiestas y preparar ofrendas de comida, de amaranto, de pulque, flores y choicolate que eran preparados de manera ritual para afradar a las fuerzas de la naturaleza y poder agradarles para merecer el sustento y la fuerza de la vida.
En el ámbito prehispánio, el arte militar era una disciplina y trabajos sagrados, por lo que el morir en guerra les hacía a los hombre conseguir el doceavo cielo y colocarse en esa manción para estar donde proviene la vida, es decir el Omeyocan, donde moran Ometecutli y Omecíhuatl, Seño y Señora Dualidad.
En los tiempos de la conquista se evangelizó a los indígenas por la fuerza, y esta etapa dignificó para ellos guardar en algunas de las creencias impuestas por los religiosos cristianos, algunos pensamientos y creencias Tolteka Mexihka mesclándose con las que les impusieron, con ello al practicar los ritos y celebraciones cristianas, realizaban sus propias costumbres para no perdersusu creencias. A este proceso se le denomina sicretismo, y es una fusión de las creencias impuestas con las de los pueblos autóctonos con el objeto de no perder su identidad y tradiciones.
Día de Muertos Mixquic, Xochimilco. D. F. México.
Por eso en día de muertos, o día de todos los santos era preciso levantar una escalera al cielo con nueve peldaños, que significabal el decenso al Mictlán. Las flores amarillas Cenpatnxochitl Cenpazuchil, o lugar de flores, que represnetan el camino del sol y su energía que se separa del cuerpo para prepararse y desecender en las neuve moradas, en las que se transforma para ser aprovechadas sus partes por la Señora de la Tierra y con esa inmundicia desencarnada Tlazolteotl, utilizar sus materiales para crear nuevas formas de vida, misma que es representada en Xochipilli, o figura sedente descarnada que se renueva completamente. De esta manera no hay espíritu como tal, sino un cuerpo doble el Tonal que al morir, o no permaner en equilibrio sobre la tierra, es decir perder el Kinam, debía de regresar a la tierra para seguir sus proceso.
Por eso eran encendidas ceras, para hacer que el Nahual o energía del difunto supiera su regreso al espacio de la luz. Y era preciso velarle por trece días, para que su energía recogiera todo lo que restaba en su cuerpo e inicir su camino hacia la luz.
Altar Ofrenda de Muertos, contemporánea.
El culto a la vida, estaba relacionado a la muerte, en un movimiento sin cesar y que no se detenía jamás. Era su creencia que todo estaba conectado con todo y que al caminar, solo nos movíamos de un espacio a otro, pero nuestro destino era transformarnos, esa era su razón. Unir en este drama, la vida y la muerte, la noche y el día, las aguas y el fuergo, los cielos y la tierra, todo estaba conectado y no se podía separar, era la gran dualidad creadora la que se manisfetaba en todo, Ometeotl.
En cuanto a la Ofrenda del Día de Muertos No se sabe exactamente su orígen, pero el día de muertos encuentra en los pueblos de México, como una expresión de verdadero fervor por lo mágico, lo histórico y lo maravilloso
La muerte desde la aparición del hombre sobre la tierra ha generado un culto muy particular. Las culturas prehispánicas concibieron la muerte como una dualidad con la vida. Las Aztecas tenían dos fechas especiales para recordar a sus muertos: En el mes de agosto dedicado a MICCAILHUITONITLI o "muertecitos" y en noviembre la fiesta de los muertos grandes.
"El señor de los muertos": El origen de las ofrendas esta en el culto que las razas autóctonas rendían a sus muertos, que en el temple ofrecían mazorcas, flores y encendían copal para aromatizar el ambiente y así agradar a los Dioses con quienes residía el espíritu de los difuntos.
Dentro del calendario prehispánico de los grupos Nahuas del altiplano central, había por lo menos seis fiestas dedicadas a los muertos. Entre ellas dos eran las principales del 12 al 31 de julio en que se recordaba a los muertos chicos y los veinte días siguientes se celebraba la fiesta de los muertos grandes, que se caracterizaba la magnificencia de las ofrendas.
En nuestro país desde tiempo de la cultura preclásica, (2,000 años A.C.), igual que los teotihuacanos, toltecas, aztecas, huaxtecos, totonacas, otomies, puréchas, mixtecos, zapotecos, mayas, etc., practicaron el culto a la muerte y sus ritos eran similares.
Concibieron la muerte baja una dualidad con la vida y esto lo podemos apreciar en diversas esculturas que existen en la actualidad, como cráneos con la mitad descarnada encontrados en la ciudad de México y en Oaxaca. En figuras pares una encarnada y otra esquelética encontradas en la Huasteca. Representaciones con la muerte sola y de las deidades de la misma en todas las zonas arqueológicas.
La existencia en el mas allá decían, era de acuerdo con la forma de su fallecimiento, no ala conducta observada en vida, por lo tanto no se temía a castigos posteriores a la muerte. Después del deceso, generalmente los ancianos vestían al muerto con papeles de amate o maguey. Le derramaban agua en la cabeza diciéndole, esto es lo que gozaste en la vida. Si su muerte estaba relacionada de alguna forma con el agua lo vestían como Tlaloc, Dios de la lluvia. Se les colocaba un jarro con agua para vencer los obstáculos harta llegar a su destino. Si habían sido importantes le colocaban en la boca una piedra verde llamada Chalchihuitl y si había sido común y corriente, le colocaban una piedra de menos valor. Generalmente incineraban el cadáver, el fuego de la cremación se atizaba al mismo tiempo que se entonaban canciones lúgubres, reducido el cuerpo a cenizas se depositaba en una olla de barro y la enterraban. También quemaban sus pertenencias e instrumentos de trabajo. El entierro se hacía en la casa, en algún templo o en los montes .Se colocaban ofrendas de comida, bebidas, y flores en ese lugar.
Las almas para llegar a su destino final tenían que pasar por diversos sitios que presentaban otras tantas dificultades, para vencerlas, les colocaban a los cadáveres diversos papeles, que les permitían vencer los obstáculos. Esos lugares de paso al mas allá eran: dos sierras que casi se juntan, una serpiente, una lagartija verde (algunos dicen que era un cocodrilo), ocho desiertas, ocho cerros, una zona de vientos helados que cortaban como navajas (por eso les quemaban sus ropas) y por último cruzaban el río Chignahuapan con la ayuda del perro.
Los sacerdotes españoles para Lograr la conversión de los pueblos prehispánicos compararon el Mictlan con el infierno.
El Tlalocan, paraíso de Tláloc, donde reinaba el verano eterno, dónde iban las almas de quienes su muerte de alguna forma se asociaba con el agua, como pulmonía, resfrios, ahogados, hidrópicos, par rayo o por cualquier otro mal hídrico. Ahí disfrutaban eternamente nadando y consumiendo comidas exquisitas.
Otro lugar para estancia de las ánimas se decía el Chichihualco (en la casa de la leche), Allí residían las almas de los niños pequeños. Se alimentaban del Chichiuahuitl o árbol de la leche. Creían que los niños si reencarnaban.
Los antiguos mexicanos dedicaban a sus muertos el noveno y décimo mes del año calendárioco, El noveno mes comenzaba al 5 de agosto y se llamaba Tlaxcochimaco, que significa tierra florida. Ese día daba comienzo la fiesta de las muertitos que se refería a los niños, duraba todos los veinte días del mes, se ofrendaban legumbres. En el décimo mes o Xoco Hhuetzo, que significaba fruta madura, del 25 de agosto al 14 de septiembre, se hacía la fiesta de los muertos adultos, Se lloraba y se hacían ofrendas de comida.
Otro concepto profundamente dialéctico de que la vida trae implícita la muerte, y la muerte trae implícita la vida, Por ejemplo, el maíz que al secarse la milpa conserva la mazorca: muere el tallo pero queda la semilla. Este mismo concepto se aplicaba a las seres humanos: mueren pero su estirpe continúa.
En la época prehispánica los muertos se esfumaban en el reino de Mictlantechutli. Solamente los guerreros muertos en combate y las mujeres en el parto adquirían la calidad de estrellas para acompañar a Quetzalcoatl a sus recorridos celestes. Las muertos relacionados con fenómenos provocados por el agua, ahogados, etc., iban al domicilio de Tláloc, a una especie de paraíso.
En la actualidad, para la gran mayoría del pueblo mexicano la celebración pagano-religiosa que con motivo del día consagrado por el rito católico a los fieles difuntos, se desenvuelve en medio de una extraña y desconcertante mezcla de ofrendas, ritos, liturgias, y celebraciones diversas en todos los pueblos, rancherías, y ciudades de nuestro país. Tiene tal colorido, tal riqueza folklórica y costumbrista, que puede afirmarse no exista otro pueblo en donde el culto a los muertos sobreviva con tanto arraigo y con manifestaciones tan definidas como en México. A propios y extraños asombra la dedicación tanto física como económica con la que los mexicanos honramos a nuestros muertos. La gran cantidad de dinero que se invierte y la prolífica imaginación con que las artesanías y los platillos convierten el festejo; causa dolor y pesadumbre en criterios rígidos que no logran comprender el alma de nuestro pueblo.
Todavía en varias poblaciones de México y en el mismo Distrito Federal la ofrenda del día 1 por los "Angelitos", se prepara chocolate, atole, dulces y algunos otros platillos típicos para los niños; en algunas regiones se agregan juguetes de barro o madera y las velas, tantas cuantas son los infantes muertos que la familia recuerda. El 2 de noviembre, las velas y los platillos aumentan de número y de variedad: arroz con leche, arroz con mole, mole negro, tamales, camote, pan dulce, gelatinas, carnes en diferentes guisos, aguas frescas, cerveza, vinos, pulque, frutas de toda clase sin faltar tejocotes, cañas, jícamas, cigarros, etc.
En México se han elaborado hasta la actualidad infinidad de dulces en formas de calaveras hechas de azúcar o chocolate, huesos de leche, pepitas o almendra. Se hacían dulces de alfeñique, se cocinaba y hasta la fecha se acostumbra la calabaza en dulce.
Las ofrendas son verdaderas obras de arte y tienen sus características propias de cada lugar. Se decoran con papel calado siendo la flor típica el cempasúchil. También se decoran con frutas que forman parte de la comida que se ofrece a los muertos. Además se colocan sombreros, rebozos y otros objetos que usaron los difuntos, lo mismo que herramientas y demás utensilios de trabajo.
Gerardo Temitl Said Calli Mexihko Grupo Cultural Aztlan Web www.aztlan.org.mx
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