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EL ESTUDIO DE LAS ESTRELLAS ENTRE LOS CALDEOS Y LOS EGIPCIOS
martes, 01 de noviembre de 2005
Diosa Nut, diosa egipcia del cielo.
No es extraño que fuera en mesopotamia donde haya surgido esta ciencia y se desarrollara hasta esparcirse por el mundo antiguo conocido. Las impredecibles precipitaciones entre los ríos Tigris y Eufrates, hace que la crecida de estos sea inestable, lo que dificulta de manera considerable él poder contar con las cosechas en algún tiempo preciso.
Esta situación inevitablemente se vio reflejada en sus mitos y en su sociedad. En su titanomaquia, Marduk mata al monstruo Tiamat. Este antes de morir le entrega al dios Kingú las tabletas de los destinos, con ella podría escribir el porvenir de los hombres. Marduk con sus "flechas", "cual cazador", atraviesa el pecho de Kingú y se apodera de las tabletas. Desde aquel día, todos los años los dioses se reúnen en asamblea sobre la montaña de Anú, y escriben los destinos humanos hasta el próximo encuentro.
Esta creencia hizo que la clase sacerdotal (entre los asirios se les conocía como "Barú", que significa, "el que ve")tuviera el poder sobre la monarquía, acaparando la capacidad de realizar sus predicciones, cuyos mensajes podrían leerse tanto en los cielos como en las entrañas de animales. Se ha hallado una reproducción de arcilla de un hígado, que data del tiempo de Hanmurabi, de un lado estaba dividido en zonas que representaban el día y la noche. Sobre su borde estaban señaladas 16 secciones con el nombre de alguna divinidad que correspondía a una casa de la zona celeste. El hígado, o cualquier otra entraña de animales era una copia de los cielos en miniatura.
Entre los egipcios, el paso del tiempo y sus ciclos eran medidos con exactitud. Para ellos la bóveda celeste era un espacio vivo, era Nut (la dama o Reina de los cielos). Las tumbas y los templos nos proporcionan información acerca de su modo de observar el cielo, donde los bajorrelieves nos muestran listas de estrellas regentes y la fecha de su posición máxima y de su nacimiento. Desde tiempos muy remotos distinguían las estrellas circumpolares, algunas eran llamadas irreductibles otras incansables. Ya para el Imperio Nuevo, encontramos tablas dividiendo el cielo en 36 trozos de diez días cada una, constituyendo en ciclo anual.
Entre los planetas conocidos por los egipcios estaba: Saturno (Horus); Marte (Horus viejo); Venus(Osiris en relación con Isis); Júpiter(Amon); Mercurio(Seth); La luna (Toth) y el Sol(Ra). Estos recorrían las casas zodiacales conocidas como el Dragón, representado como un hipopótamo; La Osa Mayor, como una vaca; La Osa Menor como un perro y Sirio como una espiga.
Tanto en Grecia como en Roma, la influencia caldea y egipcia se hizo sentir. Nosotros nos referimos a los planetas con nombres romanos, pero estos los habían adoptado de vocablos babilonicos y simplemente los transliteraron a su lengua vernácula. Vale decir que, al planeta Istar se lo llamo Venus, al planeta Marduk se lo llamo Júpiter y así sucesivamente. De ellos heredamos estos conocimientos en nuestra cultura occidental.
Hoy la astrología domina el interés y las vidas de millones de personas, entre ellas funcionarios y gobernantes. No obstante, sería interesante tratar de develar el simbolismo y el origen de los doce signos del zodiaco.
EL SIMBOLISMO DE LOS DOCE SIGNOS DEL ZODIACO
Sus significados se pierden en lo más oscuro del pasado. Se cree que uno de los signos más antiguos de origen oriental es Capricornio; ya que encierra la doble polaridad cabra-pez. Evidentemente alude al sacrificio de un macho cabrío primordial. Se lo relaciona con una inmolación antediluviana. La cabra es un simbolismo de altura y su cornamenta desarrollada refiere a la sabiduría del paso anual. Por otro lado, las aguas, en este caso nos darían la idea de dos planos opuestos y del trayecto del hombre sobre la tierra para lograr la salvación redentora como la evolución e involución del espíritu. Las aguas nos traen a la memoria el Diluvio universal, que es un tema tratado en casi todos los mitos. Debido a un cambio climático, se ve a la divinidad como vertedor de las aguas; que bien podemos relacionarlo con Acuario. Al igual que Dionisio que vierte sus ánforas de vino sobre el hombre. Es símbolo de fin de un tiempo arquetípico, pero también entra en juego la figura humana como elemento sobreviviente y renovado para un nuevo comienzo; y junto con ello, el sentimiento del amor, como su atributo especial.
Cuando las aguas del Diluvio bajaron, nuevos mares y océanos vinieron a la existencia. Junto con ellos la reproducción ictícola. Este fenómeno nos remite al símbolo de Piscis. Los peces eran seres divinos en la mitología Siria y se los adoraba bajo el nombre de Atergata o Athara, representaba con cabeza de mujer y cuerpo de pez. Algunos mitólogos creen que es un antecedente de las sirenas en la mitología helena. Es interesante notar, que Athara tenia una hija legendaria llamada Semiramís, símbolo de la paloma celeste que levanta su vuelo sobre la cumbre de la montaña primordial y conocida como la reina de los cielos en las inscripciones antiguas. Herodoto la menciona en su descripción de Babilonia como el nombre de una de sus puertas. En su significado cabalista, se interpreta como la necesidad de ponerse a salvo del mundo exterior sumergiéndose en las aguas de la conciencia y relacionarse con el otro (El doble pez) para lograr la realización binaria.
Las primeras sociedades que poblaron el mundo se identificaban con el emblema del Toro como signo de poder, como se evidencia en el sitio arqueológico de Catal Hulluk, en Anatolia. Sus cuernos indican fertilidad masculina y fuerza generadora. Esta constelación aparece en los registros del Antiguo Testamento con el nombre de Kimá en Job 9:9, refiriéndose a Las Pleyades. Los comentaristas antiguos la asocian con la constelación de Tauro, tanto en las inscripciones de Tell Mardikh (Ebla) como en los textos masoréticos. Josefo relacionó a las Pleyades de Tauro con el anuncio de vientos favorables para los marinos. En el antiguo culto a Molek, un aspecto de la divinidad de Baal, el señor de la ciudad e hijo del Dios toro-El, se le ofrecían horrendos sacrificios de infantes, en los cuales mediante un mecanismo los niños eran arrojados a las entrañas del ídolo; que no era más que un inmenso horno llameante. A Molek se lo representaba con cuernos, símbolo del Sol y en el mito esposo de la Luna, Istar.
Las cornamentas cuando se presentan forma de espiral corresponden también con el símbolo solar, visto en el cielo bajo la forma de Aries. El eje central del universo y origen de todo lo que existe. Para el pensamiento antiguo, también se asociaba con el carnero reproductor y con un instrumento de combate en forma de horquilla como usaban los soldados romanos. Representa al adelantado, al viajero, aquel que desconoce el miedo y las fronteras, tal como Ulises y Hércules.
La dualidad era parte del pensamiento antiguo y su símbolo estelar fue Géminis. Los ritos de construcción en Palestina, comenzaban con la colación de un fundamento de dos pilares. En las tradiciones recogidas en el libro de Los Jueces, Sansón derriba un templo filisteo con solo hacer caer su fundamento de dobles columnas. Es interesante notar que a los filisteos se los llame "Kaftorím" provenientes de una migración desde Kaftor o Creta. Posiblemente estos templos hallan sido algún tipo de megarón, cuyas construcciones estaban apoyadas sobre un doble fundamento. El emplazamiento se sostenía por una unión doble, símbolo de ambivalencia y de relación de los opuestos siempre complementarios. De la misma manera se proyecta a la comunión de los seres con la divinidad. Mercurio, el dios de las dos serpientes (la vida y la medicina) y el de los pies alados, era asociado con Géminis. Como la curación, el permanente movimiento y cambio. El tránsito solar nocturno no estaba ausente. Por lo tanto, su signo era el reino de la luna. Desde tiempos neolíticos, entre los mesopotámicos se celebraba el nacimiento de la luna en el décimo mes , como aquella que le daba vida al sol en la resurrección. Simboliza la tenacidad por la vida bajo el emblema de Cancer. El gran astro debía alcanzar el renacer cada día, en un ritmo cíclico y rotativo. Es de notar que él circulo es la prefiguración de la luna llena. Posteriormente formo parte de un simbolismo alquímico, porque el crustáceo cambia su caparazón representando el drama de las mutaciones. Cuando el culto solar desplazo poco a poco al de la Luna, se fue forjando el signo de Escorpio. Los hombres escorpiones según la mitología sumeria custodiaban las compuertas del sol, para que pudiera reaparecer cada mañana. Pero este escorpión no es amenazante sino reflexivo. La muerte no es el fin de todo sino solo una etapa de cambio y de crecimiento en otra dimensión de vida.
El transito luminoso terrestre astral estaba dibujado en la arquitectura sagrada de los templos y en la tierra tiene un marcado simbolismo animal. El león es un animal que tiene un significado solar. En los templos antiguos minoicos era el guardián y vigilante de las entradas. Sus atributos son VALOR, FUERZA, DIGNIDAD Y REALEZA. En los bajorrelieves asirios se representaba la caza del león como signo de nobleza. En los registros testamentarios a esta constelación se le llama Asch el guardián de la Osa Mayor. La Biblia de Jerusalén dice en una nota al pie que posiblemente este conjunto de estrellas sea leo.
Las liturgias en los recintos de los templos no estaban ajenas a las representaciones estelares. La espiga y la doncella de Virgo son sus emblemas esenciales. Es un signo antiquísimo relacionado con los antiguos ritos de la fertilidad y la "inseminación" de la tierra antes de las lluvias, es decir antes de ser fecundada. En la antigua Siria, las jóvenes vírgenes tenían que pasar seis noches en el templo de Tamuz y lamentar su muerte, el séptimo era la primavera y se entregaban a una orgía desenfrenada en símbolo de la resurrección del Dios y la fecundación de la tierra. Las diosas madres vírgenes eran preñadas por un Dios muerto, como Isis. En la Edad Media, una serie de catedrales de siglo XII, fueron construidas siguiendo la situación relativa a las principales estrellas de Virgo, en adoración a la virgen María.
Libra y Sagitario tienen un origen incierto y oscuro. Al parecer es una herencia indoeuropea. En la antigüedad, se vinculaba a Libra, la balanza oscilante, con el cinturón zodiacal. Aquella serpiente enroscada, mantenía una titánica lucha contra la fuerza de los Equinoccios. Pero en ultima instancia lograba el equilibrio para mantener el cosmos cíclicamente. Por ello en Grecia era el símbolo de Zeus, administrador de la justicia y la equidad. Pero no estaba ajena la elite de guerra representada en el signo del hipocentauro. Símbolo del instinto y la autosuperación.
Por los ejemplos vistos, concluimos que la antigua ciencia astrológica revela un incansable afán humano por conocer su incierto destino y su mundo interior, asociándolo con diferentes divinidades en busca de salvación y respuesta ante las preguntas existenciales que lo dejaran siempre perplejo.
Actualmente, creer en dichas predicciones es francamente relativo. Su mayor riqueza debe buscarse en las religiones y símbolos antiguos. Por un lado, los que trazan una carta astral no tienen en cuenta que estas constelaciones no se hallan en sus lugares originales, sino que se ve un desplazamiento de 9 grados cada 70 años. En consecuencia, en los pasados 2000 años se han movido unos 30 grados, por lo que el signo de Aries, por ejemplo, se halla en la posición de Piscis. Por el otro, confiar en que estos movimientos naturales estelares tengan incidencia en la personalidad y el destino de los hombres es delegar la responsabilidad de tomar sus propias decisiones y hacerse cargo de sus consecuencias. Sin embargo, este ejercito que marcha sobre los cielos seguirá fascinando a los espíritus perplejos como lo hacia en lo más remoto de nuestro pasado. (*)
(*) Fuente: Sergio Fuster, "Cielo y zodíaco entre los pueblos antiguos", editado aquí de manera original.