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AJO: Un aliado para las dolencias cardiovasculares
jueves, 03 de noviembre de 2005
El ajo mejora la circulación sanguínea, previene la aterosclerosis, la aparición de trombos y reduce los niveles de colesterol. Por si todo eso fuera poco, algunos estudios indican que, gracias a su acción antibacteriana, previene la aparición de úlceras e, incluso, del cáncer de estómago. Disminuye los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, reduce la tensión arterial, es antiagregante plaquetario, antimicrobiano, previene la aparición de úlceras e incluso algún estudio dice que el cáncer de estómago... Todo eso hace el ajo. No por nada los antiguos egipcios lo elevaron a la categoría de divinidad.
De fuerte e inconfundible olor, el allium sativum (su nombre botánico) es una de las plantas sobre la que más estudios científicos se han realizado. «Presenta una composición química muy compleja siendo considerados hasta ahora sus componentes activos los compuestos azufrados», explica Teresa Ortega, vicepresidenta del Centro de Investigación sobre Fitoterapia (Infito) y profesora de Farmacología de la Universidad Complutense de Madrid.
Para dolencias cardiovasculares Posee diferentes actividades farmacológicas. De entre ellas, las que se refieren al tratamiento de afecciones cardiovasculares son las más probadas –y aprobadas por los organismos internacionales como la Comisión E alemana o la Escop– pues el ajo presenta un conjunto de acciones que resultan beneficiosas en este sentido. Por un lado, es eficaz en el tratamiento del colesterol y numerosos ensayos clínicos han demostrado que en dosis diarias de 2-3 gr durante un periodo de 6-16 semanas, es capaz de reducirlo entre el 6 y el 20 por ciento. Así lo confirma Teresa Ortega: «Estudios farmacológicos validan su eficacia para reducir hipercolesterolemias e hipertrigliceridemias leves y moderadas siempre que se utilicen preparados estandarizados en los que se asegure la concentración eficaz de principios activos», por lo que previene la aparición de la aterosclerosis (endurecimiento de las arterias por la formación de placas) y los accidentes vasculares asociados a la misma.
Por otro, se observa un ligero efecto inhibidor de la agregación plaquetaria (está contrindicado en caso de alteraciones de la coagulación), evitando la formación de trombos. Además, y como continúa Pablo Saz, coordinador del posgrado de Medicina Naturista de la Universidad de Zaragoza, otra importante propiedad del ajo «es su efecto vasodilatador que hace que baje la presión arterial» al mejorar la circulación sanguínea.
Pero el ajo también es antiséptico, por lo que resulta eficaz a la hora de combatir las infecciones, especialmente las respiratorias, pues «actúa sobre las bacterias patógenas que mueren al ponerse en contacto con él. Además, tiene efecto broncodilatador, lo que ayuda a respirar», explica Saz.
Contra las úlceras Esta acción frente a las bacterias podría ser la causa que le confiera propiedades frente a las úlceras de estómago, pues su ingesta las mantiene a raya. «En estudios in vitro se ha visto que actúa sobre la bacteria “helicobacter pylori”, causante de las úlceras de estómago». Estudios epidemiológicos han comprobado que en determinados pueblos de Madrid donde se consume habitualmente el ajo, «la incidencia de esta bacteria es sólo de entre el 30-40 por ciento, mientras que en zonas donde apenas se consume esta cifra asciende al 70-80 por ciento».
La relación entre este hecho y su posible actividad frente al cáncer de estómago no está clara, pero, como explica el profesor Saz, «se cree que cuando se producen infecciones de forma repetida produciendo úlceras, esto incita a una mayor probabilidad de desarrollar cáncer de estómago». «También posee actividad antitumoral: induce la apoptosis (muerte celular) «in vitro», e inhibe la formación y crecimiento de tumores en animales «in vivo», –dice Ortega–.
Sobre este aspecto existe un estudio epidemiológico en China que sostiene que la acción antibacteriana de la aliicina podría prevenir la conversión de nitratos a nitritos y así la formación de nitrosaminas carcinógenas».
«En cualquier caso el ajo actuaría como preventivo más que como curativo. Además, para comprobar sus efectos se necesitarían más estudios, pero los que hay hasta ahora nos indican que por ahí van los tiros», concluye Pablo Saz.