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Inspiración

"Es fácil vivir en el mundo según las opiniones del mundo; es fácil, en soledad, vivir según nuestras opiniones; pero un gran hombre es aquel que en medio de las multitudes mantiene con perfecta dulzura la independencia de su soledad."

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DEL MUNDO UNIPOLAR HACIA LA COOPERACIÓN MULTILATERAL PDF Imprimir E-Mail
viernes, 04 de abril de 2003
La actual guerra con Iraq genera mucha desesperanza en muchos sentidos:
desde el dolor por los padecimientos de la población civil, hasta la
desilusión porque la ONU fue incapaz de evitar el conflicto bélico. Sin
embargo, por la manera en que están evolucionando los acontecimientos, la
guerra puede traer un desenlace inesperado para los Estados Unidos y
esperanzador para el resto del mundo. Efectivamente, este puede ser el
factor que resuelva la incógnita que había quedado sin respuesta desde la
caída del Muro de Berlín: cómo transitar del poder unipolar a la cooperación
multilateral en el mundo. La arrogancia del Presidente Bush y su equipo
están por mostrar a los norteamericanos y al resto de las naciones que en un
mundo global no hay países poderosos.

Los eventos del 11 de septiembre de 2001 ya habían mostrado la
vulnerabilidad de los sistemas de inteligencia del país que presume tener la
tecnología más sofisticada del orbe. Ahora, en el plano militar puede quedar
demostrada la ficción del supuesto poderío estadounidense. No niego la
capacidad del armamento militar, lo que pongo en duda es que la opción
militar ayude a los Estados Unidos a lograr los objetivos que se propone.

En la lógica del gobierno de Bush, una guerra corta permitiría derribar al
régimen de Saddam Hussein para “erradicar la amenaza militar que él
representa y para instaurar la democracia en Iraq”. Esta concepción tendría
que ser examinada, por lo menos, desde dos ángulos: la eficacia de la
estrategia elegida para cumplir los objetivos y lo que se desencadena al
tratar de utilizar dicha estrategia.

En principio, se pueden hacer las siguientes observaciones.

No queda claro cómo una guerra puede ser más eficaz para eliminar a Hussein
que un atentado, por ejemplo.

Hasta ahora, el armamento utilizado por Iraq no muestra los niveles de
peligrosidad pregonados por Estados Unidos.

El régimen dictatorial de Hussein ha desarticulado cualquier tipo de
oposición organizada; entonces ¿quiénes serán los actores de la democracia
que pretende impulsar Estados Unidos? ¿Puede una guerra formar
instituciones, líderes políticos o prácticas democráticas?

Más allá de esto, a medida que se desarrolla el conflicto, se acumulan otras
evidencias que hacen dudar de la “guerra corta” como una estrategia ya no
digamos efectiva, si no posible. Para Estados Unidos la guerra tiene que
ganarse en un periodo corto, pues de lo contrario, quedará evidenciado:

La inutilidad de un presupuesto militar millonario para someter a otro país
con equipos tecnológicamente más rudimentarios.

La pérdida de credibilidad y autoridad moral de los “halcones de la guerra”
ante sus ciudadanos y otros sectores del mundo que aún les apoyan o, por lo
menos, les temen.

La usurpación de victorias que no le corresponden a los Estados Unidos: en
guerras recientes, la asesoría y la tecnología eran norteamericanas, pero
los ejércitos, y por tanto los muertos, eran de la OTAN, de grupos
disidentes o de países vecinos.

El desprecio de las autoridades militares por la vida, tanto de sus soldados
como de la población civil.



Además, si la guerra se alarga tendrá otros muchos efectos, por ejemplo:



El psicológico, en términos de la incertidumbre, temor, desconfianza y/o ira
que despertará entre los norteamericanos la comparación entre la propaganda
pro-bélica y los resultados de la guerra.

La recesión económica se profundizará en un entorno de alto déficit público
norteamericano.

El crecimiento de la animadversión al modo de vida norteamericano justo
cuando ese país está impulsando su modelo económico a nivel global.

El riesgo de que el mundo árabe -y en general, los musulmanes- decidan
extender el conflicto fuera de las fronteras de Iraq.

Se podría continuar con predicciones igualmente sombrías, pero el objetivo
no es ese, si no identificar la verdad más profunda que se esconde detrás de
estos acontecimientos: en un mundo global ya no se puede actuar en forma
unilateral. O, escrito de otra manera, en un mundo global, ninguna nación
puede argumentar que tiene el poder absoluto, porque al iniciar cualquier
acción para demostrarlo, se acumularán muchos y diversos hechos que
desmentirán semejante aseveración.

Por otro lado, ya hay signos alentadores que muestran que el mundo se
encamina a una realidad multilateral.

Las Naciones Unidas adoptaron una postura de dignidad al no convalidar la
decisión norteamericana –como sí ocurrió en Kosovo y en otros casos
anteriores. Algunos consideraron que la ONU fracasó al no evitar la guerra;
sin embargo, más bien se salvaguardó el papel de una institución que, mal
que bien, es la experiencia más acabada que tenemos para la construcción de
una convivencia internacional basada en principios y valores universales.

Ha quedado comprobada la limitación de Washington para hacer valer su
hegemonía: Turquía negó el permiso para que utilizaran las bases militares
en ese país y le fue imposible obtener el voto mayoritario en el Consejo de
Seguridad.

Países como México y Chile aguantaron la presión y no cedieron ante las
amenazas de supuestas sanciones económicas o de otra índole (migratoria, por
ejemplo)

Los países aliados han empezado a tomar distancia (Gran Bretaña ya ha
propuesto la participación de la ONU en la post-guerra)

Es de esperarse que la diplomacia empiece a recuperar la credibilidad que la
opción militar pretendió arrebatarle.

En este contexto, México asume en abril la presidencia del Consejo de
Seguridad. Las fuentes diplomáticas nacionales ya han expresado que una
parte importante de su trabajo consistirá en volver a reinsertar a la ONU en
el conflicto. En estos momentos, es importante atender lo urgente; sin
embargo, en la mente de todos deberá quedar clara la perspectiva de largo
plazo: la construcción, por fin, de un nuevo orden internacional que busque
la concordia y el acercamiento de las posiciones, terminando así con la
imposición de la voluntad de países supuestamente todopoderosos.

La administración foxista apostó a que México fuera un interlocutor ante los
países hegemónicos. La apuesta se está ganando; pero la guerra con Iraq está
llevando las cosas más allá aún al mostrar: la ficción de las supremacías;
el poder que tienen las naciones supuestamente débiles; el papel que
desempeñan las sociedades. Muchas cosas pasarán aún, pero confío en que los
próximos años los hechos confirmarán lo que ahora apenas se bosqueja:

a ) El “imperio” ya no tiene todos los hilos para controlar el mundo.

b) Estamos cada vez más interrelacionados y lo que suceda en cualquier
región afecta al planeta -por tanto, no hay centro, ni periferia.

c) La cooperación internacional, y no el predominio de alguna nación, será
el medio para mantener la armonía mundial, incrementar el bienestar de la
población, hacer valer los derechos humanos, impulsar un desarrollo
sustentable y asegurar la libertad y la soberanía de las personas.

René López Pérez

México, D. F., abril 1°, 2003.
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