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"Las mayores dificultades del hombre empiezan cuando puede hacer lo que quiere."

Thomas Henry Huxley

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EL TODO PDF Imprimir E-Mail
viernes, 23 de diciembre de 2005
“El Todo” en todo
«Mientras que todo está en EL TODO, es igualmente cierto que EL TODO está en
todo. Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad le ha venido un
gran conocimiento.» El Kybalion.
¿Cuán a menudo ha escuchado repetida la mayoría de la gente la afirmación de
que su deidad (llamada por muchos nombres) era «todo en todo», y cuán poco
han sospechado la verdad oculta interna escondida por estas palabras
descuidadamente pronunciadas? La expresión comúnmente usada es una
supervivencia de la antigua máxima hermética acotada arriba. Como dice El
Kybalion: «Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad, le ha venido
un gran conocimiento.» Y siendo esto así, busquemos esta verdad, cuya
comprensión tanto significa. En esta afirmación de la verdad -esta máxima
hermética- está escondida una de las más grandes verdades: filosóficas,
científicas y religiosas.

Os hemos dado la enseñanza hermética concerniente a la naturaleza mental del
universo -la verdad de que «el universo es mental, sostenido en la mente del
TODO»-. Como dice El Kybalion, en el pasaje arriba acotado: «Todo está en EL
TODO.» Pero notad también la afirmación correlacionada de que: «Es
igualmente cierto que EL TODO está en todo.» Esta afirmación aparentemente
contradictoria es reconciliable bajo la ley de la paradoja. Es, más aún, una
afirmación hermética exacta de las relaciones existentes entre EL TODO y su
universo mental. Hemos visto cómo «todo está en EL TODO»; examinemos ahora
el otro aspecto del asunto.

Las enseñanzas herméticas son que EL TODO es inmanente («permaneciendo
dentro; inherente; residiendo dentro») en su universo, y en toda parte,
partícula, unidad o combinación, dentro del universo. Esta afirmación es
ilustrada usualmente por los instructores por una referencia al principio de
correspondencia. El instructor instruye al estudiante para que forme una
imagen mental de algo, una persona, una idea; algo que tenga una forma
mental, siendo el ejemplo favorito el del autor o dramaturgo que se forma
una idea de sus caracteres; o un pintor o escultor que se fonna una imagen
de un ideal que desea expresar por su arte. En cada caso, el estudiante
encontrará que mientras que la imagen tiene su existencia, y ser, únicamente
dentro de su propia mente, sin embargo él, el estudiante, autor, dramaturgo,
pintor o escultor, es también, en un sentido, inmanente en, permanece dentro
o reside dentro de la imagen mental. En otras palabras, la virtud entera,
vida, espíritu de realidad en la imagen mental se deriva de la «mente
inmanente» del pensador, Considerad esto por un momento, hasta que se capte
la idea.

Para tomar un ejemplo moderno, digamos que Otelo, Yago, Hamlet, Lear,
Ricardo II, existieron meramente en la mente de Shakespeare, en el tiempo de
su concepción o creación. Y sin embargo, Shakespeare también existía dentro
de cada uno de estos caracteres, dándoles su vitalidad, espíritu y acción.
¿De quién es el «espíritu» de los caracteres que conocemos como Micawber,
Oliver Twist, Uriah Heep; es Dickens, o tiene cada uno de estos caracteres
un espíritu personal, independiente de su creador? ¿Tienen la Venus de
Medici, la Madonna Sixtina, el Apolo de Belvedere, espíritus y realidad
propios, o representan el poder espiritual y mental de sus creadores? La ley
de la paradoja explica que ambas proposiciones son ciertas, vistas desde los
puntos de vista apropiados. Micawber es tanto Micawber como sin embargo
Dickens. Y, de nuevo, mientras que puede decirse que Micawber es Dickens,
sin embargo Dickens no es idéntico con Micawber. El hombre, como Micawber,
puede exclamar: «El espíritu de mi creador es inherente dentro de mí, ¡y sin
embargo yo no soy EL!». Cuán diferente esto de la conmocionante media-verdad
tan vociferantemente anunciada por algunos de los medio-sabios, que llenan
el aire con sus raucos gritos de: «¡Yo soy Dios!» Imaginad al pobre
Micawber, o al vil Uriah Heep, gritando: «Soy Dickens», o a alguno de los
ruines zoquetes en uno de los dramas de Shakespeare, anunciando
grandilocuentemente que: «¡Soy Shakespeare!» EL TODO está en el gusano de
tierra, y sin embargo el gusano de tierra está lejos de ser EL TODO. Y sin
embargo permanece la maravilla de que aunque el gusano de tierra existe
meramente como una cosa ruin, creada y teniendo su ser solamente dentro de
la mente del TODO, sin embargo EL TODO es inmanente en el gusano de tierra,
y en las partículas que constituyen el gusano de tierra. ¿Puede haber algún
misterio mayor que éste de «todo en EL TODO, y EL TODO en todo»?

El estudiante realizará, desde luego, que las ilustraciones dadas arriba son
necesariamente imperfectas e inadecuadas, pues representan la creación de
imágenes mentales en mentes finitas, mientras que el universo es una
creación de la mente infinita, y la diferencia entre los dos polos les
separa. Y sin embargo ésta es meramente una cuestión de grado -el mismo
principio está en operación-; el principio de correspondencia se manifiesta
en cada uno -«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba».

Y en el grado en que el hombre realice la existencia del espíritu interno
inmanente dentro de su ser, así se elevará en la escala espiritual de la
vida. Esto es lo que significa el desarrollo espiritual: el reconocimiento,
la realización y la manifestación del espíritu dentro de nosotros. Tratad de
recordar esta última definición, la del desarrollo espiritual. Contiene la
verdad de la verdadera religión.

Hay muchos planos de ser, muchos subplanos de vida, muchos grados de
existencia en el universo. Y todo depende del avance de los seres en la
escala, de cuya escala el punto más bajo es la materia más grosera, estando
el más elevado separado únicamente por la más fina división del ESPÍRITU de
EL TODO. Y, hacia arriba y hacia adelante a lo largo de esta escala de la
vida, todo se está moviendo. Todos están sobre el sendero, cuyo final es EL
TODO. Todo progreso es un retomar al hogar. Todo va hacia arriba y hacia
adelante, a pesar de todas las apariencias al parecer contradictorias. Tal
es el mensaje de los iluminados.

Las enseñanzas herméticas concemientes al proceso de la creación mental del
universo son las de que al comienzo del ciclo creativo EL TODO, en su
aspecto de «ser», proyecta su voluntad hacia su aspecto de «devenir», y el
proceso de creación comienza. Se enseña que el proceso consiste en el
rebajamiento de la vibración hasta que se alcanza un grado bajísimo de
energía vibratorio, en cuyo punto se manifiesta la forma de materia más
grosera posible. Este proceso es llamado la etapa de involución, en el que
EL TODO se «envuelve» o «arropa» en su creación. Este proceso se cree por
los hermetistas que tiene una correspondencia con el proceso mental de un
artista, escritor o inventor, que se arropa de tal modo en su creacion
mental que casi olvida su propia existencia y el cual, por el tiempo dado,
casi «vive en su creación». Si en vez de «arropado» usamos la palabra
«arrebatado», quizá daremos una mejor idea de lo que se quiere dar a
entender.

Esta etapa involuntaria de creación es llamada a veces la «efusión» de la
energía divina, igual que el estado evolutivo es llamado la «absorción». El
polo extremo del proceso creativo se considera que es el más apartado del
TODO, mientras que el conúenzo de la etapa evolutiva se considera como el
comienzo de la oscilación de retomo del péndulo del ritmo -una idea de
«volver al hogar» sostenida en todas las enseñanzas herméticas-.

Las enseñanzas son que durante la «efusión», las vibraciones se vuelven cada
vez más bajas hasta que finalmente el impulso cesa y comienza la oscilación
de retomo. Pero hay esta diferencia, que mientras que en la «efusión» las
fuerzas creativas se manifiestan compactamente y como un conjunto, sin
embargo desde el comienzo de la etapa evolutiva o de «absorción», se
manifiesta la ley de individualización -esto es, la tendencia a separarse en
unidades de fuerza-, de modo que finalmente aquello que abandonó al TODO
como energía individualizada retorna a su fuente como incontables unidades
de vida altamente desarrolladas, habiéndose elevado cada vez más alto en la
escala por medio de la evolución física, mental y espiritual.

Los antiguos hermetistas usan la palabra «meditación» al describir el
proceso de la creación mental del universo en la mente del TODO, siendo
empleada también frecuentemente la palabra «contemplación». Pero la idea
pretendida parece ser la del empleo de la atención divina. «Atención» es una
palabra derivada de una raíz latina, que significa «extenderse, estirarse»,
y así el acto de atención es realmente una «extensión» mental de energía
mental, de modo que la idea subyacente es atendida fácilmente cuando
examinamos el significado real de la «atención».

Las enseñanzas herméticas concemientes al proceso de evolución son que EL
TODO, habiendo meditado sobre el comienzo de la creación, habiendo
establecido así los fundamentos materiales del universo, habiéndolo pensado
a la existencia, entonces gradualmente se despierta o levanta de su
meditación y al hacerlo así comienza la manifestación del proceso de
evolución, sobre los planos material, mental y espiritual, sucesivamente y
en orden. Así comienza el movimiento hacia arriba, y todo empieza a moverse
en dirección hacia el espíritu. La materia se vuelve menos grosera; las
unidades brotan al ser; las combinaciones empiezan a formarse; la vida
aparece y se manifiesta en formas cada vez más elevadas, y la mente se
vuelve cada vez más en evidencia, volviéndose más elevadas constantemente
las vibraciones. En breve, el proceso entero de evolución, en todas sus
fases, comienza, y procede de acuerdo con las leyes establecidas del proceso
de «absorción». Todo esto ocupa eones sobre eones del tiempo del hombre,
conteniendo cada eón incontable millones de años, y sin embargo los
iluminados nos informan que la creación entera, incluyendo involución y
evolución, de un universo, no es sino «como el parpadeo de un ojo» para EL
TODO. Al final de incontables ciclos de eones de tiempo, EL TODO retira su
atención -su contemplación y meditación- del universo, pues la gran obra
está acabada, y todo es atraído adentro del TODO de donde emergió. Pero
misterio de misterios -el espíritu de cada alma no es aniquilado, sino que
es infinitamente expansionado-, el creado y el creador se funden. ¡Tal es el
dictamen de los iluminados!

La ilustración de arriba de la «meditación», y subsiguiente «despertar de la
meditación», del TODO, no es desde luego sino un intento de los instructores
por describir el proceso infinito por un ejemplo finito. Y, sin embargo:
«Como es abajo, es arriba.» La diferencia es meramente en grado. Y así como
EL TODO se levanta de la meditación sobre el universo, así el hombre (con el
tiempo) cesa de manifestarse sobre el plano material, y se retira cada vez
más adentro del espíritu interno, que es en verdad «el ego divino».

Hay una cuestión más de la que deseamos hablar en esta lección, y ésa viene
muy cerca de una invasión del área metafísica de especulación, aunque
nuestro propósito es meramente mostrar la futilidad de tal especulación.
Aludimos a la cuestión que inevitablemente viene a la mente de todos los
pensadores que se han aventurado a buscar la verdad. La cuestión es: «¿POR
QUÉ crea universos EL TODO?» La cuestión puede ser preguntado en formas
diferentes, pero la de arriba es el grano de la encuesta.

Los hombres se han esforzado duramente por responder a esta pregunta, pero
aún no hay ninguna respuesta digna del nombre. Algunos han imaginado que EL
TODO tenía algo que ganar con ello, pero esto es absurdo, pues ¿qué podría
ganar EL TODO que no poseyera ya? Otros han buscado la respuesta en la idea
de que EL TODO «deseaba algo que amar»; y otros que creó por placer o
entretenimiento; o porque «estaba solo»; o para manifestar su poder; todas
ellas explicaciones e ideas pueriles, pertenecientes al período infantil del
pensamiento.

Otros han buscado explicar el nústerio asunúendo que EL TODO se encontró
«compelido» a crear, en razón de su propia «naturaleza interna» -su
«instinto creativo»-. Esta idea está más avanzada que las otras, pero su
punto débil recae en la idea de que EL TODO sea «compelido» por algo,
interno o externo. Si su «naturaleza interna», o «instinto creativo», lo
compelió a hacer algo, entonces la «naturaleza interna» o «instinto
creativo» sería el absoluto, en vez del TODO, y por tanto acordemente esa
parte de la proposición cae. Y, sin embargo, EL TODO crea y manifiesta, y
parece encontrar alguna clase de satisfacción en hacerlo así. Y es difícil
escapar a la conclusión de que en algún grado infinito debe tener lo que
correspondería a una «naturaleza interna», o a un «instinto creativo», en el
hombre, con deseo y voluntad correspondientemente infinitos. No podría
actuar a no ser que quisiera actuar; y no querría actuar a no ser que
desease actuar; y no desearía actuar a no ser que obtuviese alguna
satisfacción por ello. Y todas estas cosas pertenecerían a una «naturaleza
interna», y podrían ser postuladas como existiendo de acuerdo con la ley de
correspondencia. Pero aún preferimos pensar en EL TODO como actuando
enteramente LIBRE de cualquier influencia, interna tanto como externa. Ése
es el problema que yace en la raíz de la dificultad -y la dificultad yace en
la raíz del problema.

Hablando estrictamente, no podría decirse que hubiese una «razón» cualquiera
para que actuase EL TODO, pues una «razón» implica una «causa», y EL TODO
está por encima de causa y efecto, excepto cuando quiere convertirse en
causa, en cuyo momento el principio se pone en movimiento. Así que, veis, la
materia es impensable, igual que EL TODO es incognoscible. Igual que decimos
que EL TODO meramente «ES», así estamos compelidos a decir que «EL TODO
ACTÚA PORQUE ACTUA». Al final de todo, EL TODO es toda razón en sí mismo;
toda ley en sí mismo; toda acción en sí mismo; y puede decirse, de modo
plenamente cierto, que EL TODO es su propia razón, su propia ley, su propio
acto; o aún más lejos, que EL TODO, su razón, su acto, su ley son UNO,
siendo todos nombres para la misma cosa. En la opinión de aquellos que os
están dando las lecciones presentes, la respuesta está encerrada en el SER
INTERNO del TODO, junto con su secreto de existencia. La ley de
correspondencia, en nuestra opinión, se extiende sólo hasta ese aspecto del
TODO, del que puede hablarse como «el aspecto de DEVENIR». Detrás de ese
aspecto está «el aspecto de SER», en el que todas las leyes se pierden en
LEY-, todos los principios se funden en PRINCIPIO, y EL TODO, PRINCIPIO y
SER, son IDÉNTICOS, UNO Y LO MISMO. Por consiguiente, la especulación
metafísica sobre este punto es fútil. Entramos aquí en la cuestión meramente
para mostrar que reconocemos la pregunta, y también el absurdo de las
respuestas ordinarias de la metafísica y la teología.

En conclusión, puede ser de interés para nuestros estudiantes saber que
mientras que algunos de los instructores herméticos, antiguos y modernos, se
han inclinado más bien en la dirección de aplicar el principio de
correspondencia a la cuestión, con el resultado de la conclusión de la
«naturaleza interna»; sin embargo, las leyendas dicen que HERMES el Grande
cuando se le preguntó esta cuestión por sus estudiantes avanzados, les
respondió PRESIONANDO SUS LABIOS FIRMEMENTE JUNTOS y no diciendo una
palabra, indicando que NO HABÍA RESPUESTA. Pero también podía haber
pretendido aplicar el axioma de su filosofía, de que: «Los labios de la
sabiduría están cerrados, excepto para los oídos del entendimiento»,
creyendo que incluso sus estudiantes avanzados no poseían el entendimiento
que les titulaba para la enseñanza. En cualquier caso, si Hermes poseyó el
secreto, dejó de impartirlo, y hasta donde el mundo está concedido LOS
LABIOS DE HERMES ESTÁN CERRADOS respecto a él. Y donde el gran Hermes vaciló
en hablar, ¿qué mortal puede osar enseñar?

Pero recordad que cualquiera que sea la respuesta a este problema -si es que
en verdad hay una respuesta- permanece la verdad de que: «Mientras que todo
está en EL TODO, es igualmente cierto que EL TODO está en todo.» La
enseñanza en este punto es enfática. Y podemos añadir las palabras
concluyentes de la acotación: «Para aquel que verdaderamente entiende esta
verdad, le ha venido un gran conocimiento.»


ZoyZho11
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