A través de la poderosa voluntad de Dios en el rayo azul, germinaron las primeras simientes humanas. Hasta el día de hoy sigue descendiendo este poderoso rayo aunque no con tanta fluidez, a través de la voluntad de los hijos del altísimo; haciendo uso de su libre albedrío, el hombre puede optar en estos tiempos, por invocar este rayo para el crecimiento personal o para ayudar a toda la humanidad.
El rayo azul es la propia voluntad del Padre manifestándose autosostenidamente en forma siempre constante. Es uno de los rayos de mayor frecuencia de vibración. Esto hace que cuando es realizada la meditación del rayo azul y es dirigida hacia cualquier situación, esta tienda indefectiblemente a polarizarse en su aspecto positivo y verdadero.
Dice el manú (señor) de nuestra raza: “El gobierno y dominio de sí mismo es la felicidad. El dejarse dominar por los propios instintos o la voluntad de otros es desdicha.”
Quienes realizan como servicio la meditación en el rayo azul no esperan que las circunstancias y sucesos los impulsen a la acción, sino que toman la vida material como un hermoso lograr donde realizar metas. Son altamente intuitivos, puesto que deliberadamente emplean sus facultades psíquicas y emotivas para llevar sus ideas a la acción.
La nota predominante que confiere la meditación en el rayo azul es el dominio de sí mismo, logrando un vigoroso sentimiento del yo, denotando una firmeza de voluntad que trasciende toda circunstancia. Este conocimiento intuitivo de la propia divinidad, mueve al hombre a decir “quiero”, aunque no se sepa qué hacer para obtener y realizar su objetivo porque se tienen la infalible intuición de que su “YO SOY” será el absoluto poder que concretará su deseo.
La característica de la voluntad es el llegar a un fin por todos los medios posibles, es decir, mantener en acción la mente hasta encontrar el sendero a la meta anhelada.
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Que el sublime poder de la real luz guíe tus pasos.
En servicio y con sublime Amor espiritual tu hermano
John the Mistyc
Círculo Metafísico