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LA ALIMENTACIÓN
viernes, 24 de febrero de 2006
No podría precisar el año, ni siquiera el siglo. Me veo en el futuro de la Tierra. El Planeta estaba devastado. El medio ambiente caótico. La sensación que tenía era de haber sufrido alguna guerra, o catástrofe natural que habría concluido con la dignidad humana y todo el ecosistema.
Cuando se viven experiencias en el astral, las sensaciones, además de perceptiva, es profundamente emocional. Es como si de cada paisaje, de cada hoja o de cada ambiente percibieras las emociones de los seres, de los animales y de las circunstancias que impregnan la materia.
Vi unas enormes cúpulas que albergaban toda una civilización armoniosa, y feliz. Los humanos que vivían dentro eran más altos y más delgados, que los actuales.
Su tez mucho más blanca y sus ademanes eran más perfectos. El colectivo había desarrollado los primeros estadios de la telepatía colectiva.
En los extremos de la cúpula de cristal, se ubicaban enormes campos de hortalizas, frutas y verduras, parecidas a las que consumimos ahora. Todos los seres humanos de este tiempo futuro eran estrictamente vegetarianos. No se contemplaba otra forma de vida.
Luego observé como se preparaban expediciones fuera de la cúpula, puesto que se habían dado casos de canibalismo, por parte de los pobladores de fuera. Se trataba de una expedición para extinguir a los seres humanos que no se habían adaptado a nuestro sistema de vida y que producían constantes agresiones a nuestro modelo social.
Casi al instante me quedé perpleja, puesto que la siguiente escena que vi era calamitosa y grotesca. Seres con uñas afiladas, casi garras, colmillos muy desarrollados, sucios, pestilente, con mucho pelo y con llagas en su cuerpo pululaban entre los mustios matojos y escombros de antiguas ciudades ahora aniquiladas.
Eran humanos como nosotros, pero no se habían adaptado a nuestro modelo evolutivo y estaban en estado regresivo salvaje y autoaniquilativo.
Vi a mi actual esposo encarnado en uno de los seres y comencé a llorar.
. ¿Por qué sigues comiendo carne?, ¿No ves que te aparta de mi?
- ¿Qué otra cosa puedo comer?
- ¿No entiendes que la carne te da agresividad y te produce enfermedades?
Algo movió el espíritu de mi antiguo esposo, pues su mirada se volvió limpia y clara y unas lágrimas de amor surgieron no tanto de su corazón sino del recuerdo del espíritu, que en tantas ocasiones les había juntado a lo largo de la senda del Karma.
- Bien, mujer, pero, ¿No podría comer aunque fuera un poco faisán?; es que me gusta mucho.
Yo percibía la tremenda lucha que se debatía en mi amado, por un lado la memoria de sus células después de cientos o miles de vidas comiendo carne su adición y por otro, el amor que inconscientemente brotaba del espíritu.
Curiosamente detrás de mi esposo estaba otro amigo común de ambos, que igualmente tenía garras y colmillos, pero sobre todo desesperación por no poder evitar la dependencia a estos hábitos.
Luego, apareció repentinamente un ser con una túnica blanca frente a mí y me dijo:
- El espíritu almacena permanentemente la información que vida tras vida os impulsa a unos hábitos, unas habilidades y unas dependencias.
Su mirada maravillosa y tierna transmitía una gran beatitud.
- Vosotros los hombres fuisteis programados por lo dioses para comer cereales, frutas y verduras. Solo podéis comer lo que el animal da, como la leche, la lana o la miel, pero no podéis comer animales.
Y como siempre pasa en este tipo de experiencias pasaron por mi mente miles de imágenes en un segundo, conexionadas y reforzando las palabras del que yo siempre suelo llamar con cariño “tuniquero” y es que en el astral la mayoría de los maestros aparecen con túnica.
Vinieron a mi mente la imagen de los esenios y su máxima: “ordena la cabra y comerás mil días; mata a la cabra y solo comerás un día! Vi como estos monjes no comían animales y vivían hace dos mil años, hasta cien años sin enfermedad alguna, con don de profecía, de clarividencia y de bondad.
Vi también como los dioses traían de otros planetas el trigo, la vid y las abejas. Para que comiéramos estos alimentos y las frutas del campo.
Otra de las cosas curiosas que me vinieron a la mente fue algo que me dejó perplejo, puesto que observé en un monasterio de los Himalayas a unos monjes en meditación perfecta, con la postura clásica del loto, recibiendo energía para todos los lados de su cuerpo.
Apareció de nuevo el tuniquero y me dijo:
- Habéis oído decir; no solo de pan vive el hombre y como puedes ver estos monjes, están sanos, no comen más que la centésima parte de lo que coméis en occidente y a pesar de todo el prana universal los alimenta en mejor media y modo que a vosotros. También se come con el espíritu, con el alma y a través de la piel, sin mover los dientes. Cuando comprendáis esto será tarde pero veréis que es la senda real para el espíritu.
Vi luego, a un rey, de la edad media cenando copiosamente con mucha carne, vino y pura gula lujuriosa. Luego le vi dormido en su lecho, pero encima de él ví los fantasmas de los buitres que estaban comiendo la carne de sus intestinos, y vi cuervos y animales inmundos que habían venido a comer de la carrocha de sus vísceras. Pero esos animales le traían ensoñaciones y pesadillas, bajas vibraciones y turbaciones en el espíritu.
Al día siguiente vi al Rey malhumorado, cansado y enfermo, decretar la guerra contra su enemigo, enviando muchos miles de hombres a la muerte. Comprendí entonces que este monarca, no habría decretado la guerra si esa noche no hubiera cenado y la hubiese pasado meditando como los monjes. Comprendí en definitiva que, las pequeñas cosas finalmente provocan grandes acontecimientos.
Y fijaros como funciona la vivencia en la cuarta dimensión del sueño, pues había pasado todo un mes durmiendo mal, sin saber la causa, y en esta experiencia vi como los teléfonos móviles que tenemos conectados al otro lado del muro del dormitorio dan justa con nuestras cabezas. Al día siguiente apagué los móviles y finalmente pude dormir sin problemas.
Y es que en estados alterados de conciencia meditativa o en el sueño, se dan miles de respuestas en un segundo y una lógica cuatridimensional que te hace reparar en las pequeñas cosas que en el día a día no reparas como negativas o perniciosas.
Después de esta vivencia, que quizás pueda parecer pueril o bien que no he podido trasmitiros con exactitud, solo me queda recomendaros de corazón, que os volváis vegetarianos.
Un saludo
Giovanna Colombo