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El Cuerpo como vestimenta del Espíritu.
lunes, 27 de febrero de 2006
Oíd, discípulos: El hombre tiene como dones espirituales el libre albedrío y la conciencia; todos al nacer están dotados de virtudes y pueden hacer uso de ellas. En su espíritu está la luz de la conciencia; pero a la vez que la materia se desarrolla, con ella se desarrollan las pasiones, las malas inclinaciones, siendo éstas las que luchan contra las virtudes. Dios así lo permite, porque sin lucha no hay méritos, y así lo necesitáis para ascender en el camino espiritual.
¿Cuál sería el mérito de los hijos de Dios si no lucharan? ¿Qué haríais si vivieseis llenos de felicidad, como lo deseáis en el mundo? ¿Rodeados de comodidades y riquezas podríais esperar el progreso espiritual? Estaríais estancados, porque no existe el mérito donde no hay lucha.
Más no os confundáis, porque al hablaros de lucha, Yo me refiero a la que desarrolláis para vencer vuestras debilidades y pasiones. Esas luchas son las únicas que permito a los hombres para que dominen su egoísmo y su materialidad, a fin de que el espíritu tome su verdadero sitio iluminado por la conciencia.
Esa batalla interior sí la autorizo, mas no aquella que hacen los hombres con el deseo de engrandecerse, cegados por la ambición y la maldad.
9
En el espíritu del hombre existe una luz divina que es la conciencia, la cual ilumina a su inteligencia y le inspira el cumplimiento de su deber. Porque si una fuerza irresistible le obligara solamente a seguir el camino recto, no tendría ningún mérito su cumplimiento y se sentiría humillado al comprenderse incapaz de obrar por voluntad propia y que, a pesar de ello, estuviera sujeto a una Ley; mas en las condiciones en que se desarrolla vuestra existencia ¿Quién podría guiar vuestros pensamientos hacia el bien? Sólo la luz divina de la conciencia que inspira al hombre a cumplir con la Ley, luz que habita en el espíritu y a través de él se manifiesta en la materia.
15
Podría el cuerpo vivir sin espíritu, animado tan sólo por la vida material, pero no sería humano. El espíritu sin conciencia no sabría guiarse a sí mismo, ni sería el ser superior que por medio de la conciencia conoce la Ley, distingue el bien del mal y recibe la revelación divina.
59
Todos los medios para aprender a practicar os los he entregado ya, y no quiero que cuando lleguéis en espíritu ante mi presencia, os presentéis sin cosecha, pretextando que la dureza y la reaciedad de la materia no os dejaron cumplir vuestra misión, porque el que no venza sobre las tentaciones del mundo, no tendrá méritos para presentarse ante el Señor. Mucha fuerza tiene la materia en sus pasiones, inclinaciones y debilidades, pero el espíritu está dotado de una potestad superior y con ella podrá imponerse al mal.
¿Qué mérito tendría vuestro espíritu, si actuara dentro de un cuerpo sin voluntad y sin inclinaciones propias?
La lucha del espíritu con su envoltura es de potencia a potencia; ahí encuentra el crisol donde debe probar su superioridad y su elevación; es la prueba donde muchas veces ha sucumbido por un instante el espíritu ante las tentaciones que el mundo ofrece a través de la carne. Es tanta la fuerza que ejerce sobre el espíritu, que os llegó a parecer que una potencia sobrenatural o maligna os arrastraba al abismo y os perdía en las pasiones.
¡Qué grande es la responsabilidad del espíritu ante Dios! La carne no tiene contraída esa responsabilidad; ved cómo llegando la muerte, descansa para siempre en la tierra. ¿Hasta cuándo habréis méritos para que vuestro espíritu se haga digno de habitar moradas más perfectas que ésta en que vivís?
El cuerpo es el punto de apoyo en que descansa el espíritu mientras habita en la Tierra. ¿Porqué dejar que se convierta en cadena que sujeta o en celda que aprisiona?
¿Porqué dejar que él sea el timón de vuestra vida? ¿Acaso es justo que un ciego guíe al que tiene vista en sus ojos?
E. 53
Oíd y analizad para que vuestra envoltura se doblegue mansamente y ayude a marchar a vuestro espíritu por el sendero que le estoy trazando con mis lecciones de amor.
64
Carne: No seáis más la cárcel ni el verdugo del espíritu, no sea la materia su dueña y señora, dejadle que se liberte, que rechace las inclinaciones inmundas de la materia como quien ahuyenta al lobo que a cada paso le asecha.
73
No reneguéis de vuestra envoltura, por reacia y rebelde que sea, ni abominéis de tener que soportar la vida de este mundo, a la que habéis considerado como un engañoso edén lleno de tentaciones y abismos; porque esta carne que lleváis como aparato para habitar esta Tierra, no será un obstáculo para vuestra elevación espiritual o para hacer una vida virtuosa, si lográis sobreponeros a sus flaquezas, pasiones y miserias, para dejar germinar tan sólo en vuestro corazón la semilla de la espiritualidad. Para entonces, esta Tierra y la naturaleza que le rodea, también tiene reservadas nuevas lecciones y también secretos que las generaciones futuras tendrán que conocer.
74
Velad por la salud de vuestro cuerpo, buscad su conservación y fortaleza. Mi Doctrina os aconseja que tengáis caridad de vuestro espíritu y de vuestro cuerpo, porque ambos se complementan y se necesitan para el delicado cumplimiento espiritual que les está encomendado.
92
¡Pobre criatura humana cuando se concreta a ser materia y sólo materia, porque queda sujeta tan sólo a la ley natural que rige a los seres mortales y fugaces que nacen, crecen y mueren!
¿Hasta cuando os levantaréis del estado del materialismo en que os encontráis?
Haced un esfuerzo por contemplar más allá del cielo que habéis forjado, el lugar que la eternidad reserva para vosotros.
Vengo a invitaros a que os acerquéis a Mí; no es preciso que abandonéis los deberes ni los deleites sanos de la vida humana.
No os doy mi Doctrina simplemente como un freno moral para vuestras pasiones; no, os la doy para que escaléis las mayores alturas del espíritu.
El freno para vuestras pasiones debe ser vuestra conciencia.
No vengo creando una nueva religión entre vosotros, ni esta Doctrina viene a desconocer a las religiones existentes.
E. 118
Es menester esclarecer a la Humanidad estos misterios, para que comprenda que la vida en la materia es una ocasión para que el hombre haga méritos para su espíritu, méritos que le elevarán hasta merecer habitar en una morada de espiritualidad superior, donde nuevamente deberá hacer méritos para no estacionarse y seguir escalando de peldaño en peldaño, porque n la casa del Padre hay muchas moradas.
Estos méritos los haréis a través del amor como os lo ha enseñado la Ley eterna del Padre. Y así, de peldaño en peldaño por la escala del perfeccionamiento irá vuestro espíritu conociendo el sendero que conduce a la gloria, a la verdadera gloria, que es la perfección del espíritu.
184
Cuando vuestro espíritu se despoje de la capa humana y en el santuario de la vida espiritual se recoja en el fondo de sí mismo para examinar su pasado y examinar su cosecha, muchas de sus obras que aquí en el mundo le habían parecido perfectas, dignas de ser presentadas al Señor y merecedoras de un galardón, resultarán pequeñas en los instantes de aquella meditación; el espíritu comprenderá que el sentido de muchos actos que en el mundo le parecieron buenos, no fueron más que rasgos de vanidad, de falso amor, de caridad no sentida por el corazón.
El santuario de que acabo de hablaros es el de la conciencia, ese templo que nadie podrá profanar, en el que habita Dios y de donde sale su voz y brota la luz.
En el mundo nunca habéis sabido penetrar en ese santuario interior, porque vuestra personalidad humana siempre procura los medios de evadir la voz sabia que en cada hombre habla; os digo que, al despojarse vuestro espíritu de su envoltura, al fin podrá detenerse ante el umbral de ese santuario para disponerse a entrar en él y ante ese altar del espíritu postrarse, oírse a sí mismo, examinar sus obras ante esa luz que es la conciencia, oír hablar dentro de sí la voz de Dios, como Padre, como Maestro y como juez.
334
Os he dado la Tierra por habitación temporal y al encarnar habéis formado parte de esta Humanidad; más para que seáis el timón de la carne que dirija sus pasos y ella, como dócil barquilla, deje conducirse en este gran océano, os he dado la luz del espíritu para sigáis a través de la ruta que os he trazado, obedientes siempre a las señales que marcan vuestros destinos, hasta llegar al puerto que os espera.
355
Cuidad que vuestro cuerpo no sea el instrumento que os lleve a la degeneración y a la impureza sino que os ayude a la elevación de vuestro espíritu para que aun cuando tengáis tentaciones podáis salir triunfantes de ellas.
Tomad vuestro cuerpo como algo delicado que se le ha dado al espíritu para su evolución.
359
Mi camino queda trazado en vuestra conciencia. Pronto no tendréis pastor alguno sobre la Tierra, ni ministros que celebren ritos delante de vuestros ojos, ni recintos que simbolicen el templo universal de Dios.
Tendréis por Templo al Universo y no tendréis otro altar que vuestro corazón, ni otro guía que vuestra propia conciencia.
366