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Arrepentimiento y perdón
martes, 28 de febrero de 2006
Mientras permanezca el mal y seamos simples espectadores, estaremos dando oportunidad a que este mal se manifieste, cierto es que no debemos ser jueces, pero si callamos entonces seremos parte de este mal.
A mis amigos y hermanos en prisión:
Muchas veces creemos que no tenemos perdón por los errores cometidos, pero desde el silencio de estas celdas oscuras, se escuchará el grito de nuestro arrepentimiento. La sociedad tiene razón y Dios la verdadera justicia ¿Cómo escapar de ella?
Todas nuestras deudas deberán quedar saldadas, a tal grado que sean borradas del libro de la vida. Bien está que busquemos un verdadero arrepentimiento, pero esto no nos eximirá de pagar nuestras culpas, las cuales debemos restituir, penosamente con el dolor o por verdadero amor. En nosotros está elegir el camino. Debemos aceptar que nosotros mismos hemos dictado nuestras propias y terribles sentencias.
No creamos que las desobediencias se palpan inmediatamente. A veces parecerá que las faltas no tienen consecuencia alguna, porque el tiempo pasa y la justicia divina no da señal alguna, sin embargo, esta justicia, tarde o temprano tendrá que presentarse oportunamente en nuestra vida en una forma perfecta e inexorable, por lo tanto comprendamos que en aquellos momentos, no tendremos derecho a preguntar ¿Por qué a mí?
Ante esa pregunta, solo debemos escuchar la voz de la conciencia que con justa razón nos reclamará y sentiremos que esa voz nos quema cuando nos diga: ¿Quién nos ha dado el derecho de quitar la vida aun semejante?
Creemos que ya no hay oportunidad para nosotros y seguimos cometiendo errores. ¡Ése es el peor error! Estamos tan familiarizados con el pecado que ya no nos detenemos a reconsiderar el grave daño que hemos hecho a nuestros propios hermanos.
¿Cómo podemos arrepentirnos verdaderamente, si no nos hemos detenido a considerar la magnitud de nuestras faltas? ¿Qué significará ante la Divina Justicia, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar o traicionar a un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, y humillar? Son tantas imperfecciones que pasamos inadvertidas, porque nos hemos acostumbrado con todo ello.
Si grandes han sido nuestras faltas, también nuestro arrepentimiento deberá ser mucho más grande. Necesitamos buscar la manera de rehacer nuestra vida y de volver nuestro corazón al bien. Necesitamos saber pedir verdadero perdón a nuestros amigos, a nuestra familia y sobre todo a Dios, por haber lastimado a nuestros hermanos
Si el mundo nos rechaza ¿También lo hará Dios? ¿Aumentará con su justicia el castigo que ya tenemos? ¿Será el juez que no aplique mayor sentencia a la falta cometida?
¿Podremos lograr nuestra regeneración si nos arrepentimos verdaderamente? ¿O viviremos engañados con un falso arrepentimiento? Seamos muy sinceros al menos una vez en nuestra vida ¿Si no nos arrepentimos con todas las fuerzas de nuestro ser reconociendo el mal que hemos causado, lograremos un verdadero perdón, del mundo y de Dios?
¿Dejaremos para el último momento de nuestra vida este arrepentimiento? ¿No será más bien el miedo a un juicio divino el que nos mueva arrepentirnos? Es mejor hacerlo por amor ahora y no por dolor o miedo después. Tenemos la virtud de engañarnos a nosotros mismos ¿Y a Dios nuestro Padre, Lo engañaremos? No hemos nacido malos, porque también brotamos de ÉL, sin embargo debemos reconocer que hemos abusado tanto del libre albedrío que nos hemos equivocado bastante.
Nuestras manchas sólo las lavará nuestro llanto y la voz del verdadero arrepentimiento, Somos muy valientes y decididos para salirnos del buen camino pero nos volvemos cobardes cuando se trata de restituir. Recordemos que no son los justos y limpios los que necesitan ayuda, somos nosotros que muchas veces creemos que estamos perdidos y que ya no tenemos perdón.
Ciertamente grandes han sido nuestros errores, también nuestra restitución deberá ser grande, pero al final del camino, Dios sabrá servirse de los pecadores verdaderamente arrepentidos, Dios hará brotar agua cristalina de las rocas endurecidas que son nuestros corazones y hará brotar lirios del fango de nuestra vida, pero no todo deberá hacerlo nuestro Padre Creador. Si en nosotros estuvo el error por maldad, también está el verdadero arrepentimiento por el verdadero amor y perdón. Nuestro pasado es eso, el pasado, hoy no solo tenemos el presente, sino el futuro. ¡Qué hermosa oportunidad tenemos cada día!
Atentamente
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