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LA FLOR DE LA PAZ
lunes, 06 de marzo de 2006
Un anciano caminaba lentamente en medio de una muchedumbre llevando en sus manos una flor, cuando unos muchachos que desdeñosamente lo miraban, le preguntaron: ¿no es demasiado tarde para ser romántico?... El anciano detuvo su marcha y los miró profundamente. En su mirada se dibujaba la marcha de siglos de experiencia. No eran unos ojos cansados, sino más bien de compasión.Su boca se abrió para responder, pero ya su mirada había causado tal impresión que la ironía escondida tras las palabras hacía rato que se había perdido."¡Estoy luchando por la paz del mundo!!"Uno de ellos no pudo evitar decir, tal vez hipnotizado por la energía del anciano: "No... no entiendo.""El mundo necesita, hoy más que nunca, de la belleza de las flores para equilibrar los horrores de la guerra. Ustedes ¿qué están haciendo por la paz?"
Ellos, avergonzados, bajaron la cabeza al tiempo que musitaban:
" ¿Qué podemos hacer nosotros?"
La mirada del viejo cambió, lentamente, sin prisa, buscó un buen lugar para acomodarse y se sentó rodeado de una energía majestuosa que provocaba una actitud de franco respeto de parte de los muchachos.
" Escuchen con atención, hijos, porque la voz de la consciencia habla pocas veces con la claridad del sol: Primero, llenen de paz su corazón. Que su boca no hable sino de paz, y que su mirada no exprese sino la paz, que sus manos no trabajen sino en la paz, y cuando sientan que son capaces de llevar esa paz hasta sus semejantes, hagan escuchar sus voces por todos los medios posibles."
"Llenen el correo de cartas en favor de la paz. Envíenlas a políticos, a presidentes, a sacerdotes, a comerciantes, a la televisión, periódicos, radios, a sus vecinos, a sus amigos. Que la palabra PAZ suene en todos los idiomas en todos los medios de comunicación.
Pero si esto no basta, únanse a una hora determinada y saturen los teléfonos del mundo con llamadas en favor de la paz; que las líneas que unen unos países con otros sirvan para desear la paz entre los hermanos del mundo. Siéntanse unidos por la paz."
" Organicen al mundo para dedicar 1 minuto de oración diaria por la paz, que las estaciones de radio paren sus emociones para coordinar este esfuerzo, que los periódicos sacrifiquen un poco de su espacio para unirse a este movimiento. Que la palabra PAZ suene más fuerte que los cañones de la guerra."
"Pregunten a los niños qué opinan de la guerra y que sus respuestas vuelen hasta los oídos de los presidentes."
" Unan a los niños de Irak con los niños de Estados Unidos, con los niños del mundo, DÉJENLOS HABLAR, Ellos son la voz del futuro, estamos destruyendo el mundo en el que ellos vivirán mañana."
"Entendamos que una guerra en la actualidad hunde en la desgracia al mundo entero, todo país tiene la responsabilidad de actuar y hacer escuchar su voz. Y su voz del pueblo, la voz de ustedes, de todos nosotros."
"Pero, si ustedes, hijos, sienten demasiado alto el vuelo de la libertad, si no son capaces de pagar el precio de la paz del mundo, entonces trabajen en su hogar. Pongan un gran letrero en un lugar visible de su casa donde afirmen: ¡YO AMO LA PAZ! Que todo hogar del mundo tenga esta frase en su puerta, de esta manera aunque su boca no hable, los letreros dirán todo por ustedes. Aunque las calles estén vacías, las puertas y ventanas del mundo gritarán: ¡YO AMO LA PAZ!"
"Más si después de todo lo que han escuchado, todavía no son capaces de decidirse a actuar; entonces, hijos, permítanme seguir mi camino... en busca de otros que pregunten por mi flor..."
Y dicho esto, el anciano se levantó sin prisas, como si al hacerlo tuviera que cargar con todo el peso de la inconsciente humanidad. Echó una última mirada a los muchachos quienes todavía trataban de asimilar lo que habían escuchando, y se dio la media vuelta para perderse entre la muchedumbre, cargando cuidadosamente su flor.