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Estamos viviendo un tiempo de confusión, en el que llamamos bueno a lo malo, en el que creemos ver luz en donde hay tiniebla y en donde anteponemos lo superfluo a lo esencial. Es tiempo de en que las grandes pruebas y torbellinos están azotando a la humanidad. No hay paz en los corazones y esta humanidad se entrega a los placeres buscando el consuelo, sin embargo, dentro de esos placeres llevan un espíritu sufriente y enfermo que no siente la verdadera paz; en el recreo que ellos buscan sólo satisfacen sus sentidos materiales, pero sus espíritus sólo llevan el dolor.
¿Cuál es la causa? La humanidad estamos viviendo como nunca una época de materialismo manifestado en diversas formas. El amor excesivo al dinero, las bajas pasiones, los vicios, las guerras, la separación de los matrimonios, el distanciamiento de las familias.
¡Cuánto se ha rebajado la humanidad en su materialismo, cuánto ha tenido que llorar por su indiferencia hacia lo elevado, hacia lo puro y verdadero!
El amor al mundo, la codicia por el terreno, el deseo de la carne, el deleite de todos los bajos deseos, el egoísmo, el amor por nosotros mismos y el orgullo, han sido la fuerza con que hemos creado una vida según nuestra inteligencia y nuestra voluntad humana, cuyos frutos son amargos.
Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.(Libro de Timoteo)
La humanidad vive ocupada egoístamente en las satisfacciones que les proporciona la vida humana sin preocuparse por el futuro de su espíritu. Ha despreciado y visto con indiferencia el manjar del cielo. Pero la verdad es que en el fondo tienen una gran necesidad de verdadero amor.Estamos siempre preocupados por los bienes de la Tierra; nos conformamos con lo primero que llega a nosotros o sea un poco de tranquilidad en el corazón, un techo seguro, un poco de salud corporal, el calor de los nuestros y un puñado de monedas. Claro que no debemos despreciar los bienes de la Tierra, pero tampoco que los debemos preferir al conocimiento de la vida espiritual. Esta ola de materialismo, que ha venido avanzando sobre la humanidad, tendrá que crear inmensas necesidades espirituales y es preciso que en el mundo exista una fuente de luz, en donde los sedientos de ella puedan calmar su sed.
La elevación, la fe, la luz y el bien, son para nuestro espíritu una necesidad más imperiosa que lo que es para nuestro cuerpo el comer, beber y dormir.Es en vano que los hombres busquen el placer perfecto en el materialismo. Todo es triste y vacío sin la presencia de Dios.
¡El es la alegría verdadera! Este mundo se esfuerza por descubrir con su ciencia sólo la grandeza y el poder de la Tierra, sin preocuparse por su perfeccionamiento espiritual y si el espíritu no desarrolla su potencia ni emplea las virtudes que en él existen, no podrá haber paz en su vida, ni amor, ni sentimientos de verdadera caridad.Los hombres olvidan el idioma con el que les habla la conciencia, pierden la fe y dejan apagar los dones de su espíritu para entregarse unos al materialismo, otros a renegar en contra de esta existencia, pretextando un anhelo infinito de huir de este mundo para pasar a otra vida. Hay quien dice que no ama al espíritu por que no lo conoce, sin embargo, ama la riqueza material, la hermosura física que halaga su vanidad, la inteligencia que sea causa de admiración, el nombre, los títulos, eso es lo que ama y eso es amar al no ser. Es desamor así mismo. El humano no es la materia, ni sus riquezas.
El humano sólo vale y existe por su espíritu. Hay todavía muchos viajeros extraviados, muchos seres perdidos entre tinieblas de ignorancia, porque son más carne que espíritu, más mentira que verdad. En ellos el vencedor es la materia y el vencido es el espíritu; es a estos perdidos quienes son invitados a la fiesta del espíritu, al banquete de amor, donde la mesa celestial espera a todos para librarlos de tanta amargura y de tanta soledad.
El mundo y la materia han vencido temporalmente al espíritu, comenzaron por reducirlo a la esclavitud y acabaron por nulificar su misión en la vida humana, ¿Cómo no nos damos cuenta por nosotros mismos, de que esa hambre, esa miseria, ese dolor y esa angustia que deprimen nuestra vida, no son sino el reflejo fiel de la miseria y el dolor de nuestro espíritu?
En la lucha del espíritu y la materia, ha sufrido el espíritu una derrota, una caída dolorosa, que poco a poco lo ha ido alejando más y más de la fuente de la verdad.
Mas su derrota no es definitiva, es pasajera, porque del fondo del abismo se levantará cuando ya no pueda soportar su hambre, su sed, su desnudez y sus tinieblas. Mas el dolor será su salvación, y oyendo la voz de la conciencia se levantará fuerte y luminoso, ferviente e inspirado, tomando nuevamente sus dones, pero ya no con aquella libertad de aplicarlos al bien o al mal, sino consagrándolos tan sólo al cumplimiento de las leyes divinas, que es el mejor culto que puede ofrecer a su Padre que tanto le ama.
Debemos conocernos a nosotros mismos, para que comprendamos cuál ha sido la causa de todos nuestros dolores y desdichas.
Desde los primeros tiempos, los hombres se han quitado la vida por causa de la envidia, por el materialismo, por la ambición del poder; siempre han descuidado su espíritu, creyéndose materia solamente, y cuando ha llegado la hora de dejar en la Tierra la forma humana, sólo ha quedado lo que hicieron en su vida material, sin recoger ninguna gloria para el espíritu por que no la buscaron, no pensaron en ella ni les preocuparon las virtudes del espíritu, ni el saber. Se conformaron con vivir sin buscar el camino que los conduce a Dios.
Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.
Libro de Eclesiastés. Cuando los hombres nos ocupamos en guerras, matándonos por la posesión de las riquezas del mundo, parecemos esos niños que riñen por lo que no tiene valor. Niños son aún los hombres que pelean por un poco de poder o por un poco de oro. ¿Qué significan esas posesiones al lado de las virtudes que otros hombres atesoran? Nos encontramos en un mundo en el que el hombre ha logrado desarrollar su entendimiento, aplicado a la ciencia material, pero su razonamiento sobre la existencia de la vida espiritual, todavía es torpe, su conocimiento sobre todo aquello que no es exclusivo de la materia, se encuentra retrasado.
El materialismo, como inmenso obstáculo se interpone en el camino de la evolución del espíritu, ante esa muralla se ha detenido la humanidad. El materialismo es el que no nos deja ver el sendero por donde caminamos. Las bajas pasiones, los errores, el fanatismo, las vanidades, forman el espeso velo que nos impide contemplar la grandeza de nuestro su Padre.
Si los hombres fuéramos humildes de espíritu y corazón, tendríamos la verdadera paz, porque en ella está en la humildad, no en las falsas grandezas, ni en el vano esplendor; pero nos encontramos divididos en clases y mientras unos poseen todas las comodidades, otros sucumben en la miseria, por eso no existe paz; pero todas esas grandezas serán destruidas bajo la justicia Divina.
Llevamos en nosotros verdaderos tesoros, potencias y dones que ni siquiera presentimos, y por esa ignorancia vamos llorando corno menesterosos ¿Qué sabemos del poder de la oración y de la fuerza del pensamiento? ¿Qué, sabemos del profundo contenido de la comunicación de espíritu a Espíritu? Nada, porque somos una humanidad materialista y carnal. Hemos sido incrédulos a causa de nuestra materialidad. ¿Por qué no hemos de creer y conocer lo que está más allá de nuestro Universo material? El que esté atado a las flaquezas del mundo, no podrá sentir a Dios en plenitud. Ningún hombre que tenga endurecido el corazón, puede alcanzar la perfección.
Los que se han entregado íntegros al materialismo, sin preocuparles más la voz de la conciencia y desentendiéndose de todo cuanto se refiere a su espíritu, ya no luchan, han sido derrotados en el combate. Creen haber triunfado, creen ser libres, y no se dan cuenta de que están prisioneros.El hombre sin fe en la vida espiritual cae en materialismo, porque contempla como única vida la de este mundo; más si llegara a hastiarse de sus placeres o a desesperarse en su amargura, ¿Qué acontecerá con él?
Unos perderán su equilibrio mental, otros atentarán contra su existencia.En unos habrá arrepentimiento, por lo que encontrarán luz suficiente para salvarse, en otros surgirá la confusión ante un final que ellos considerarán injusto e ilógico, y en otros habrá blasfemia y rebeldía, mas de cierto os digo, que ese será el principio del retorno hacia la luz.
En estos tiempos de materialismo, las lecciones de amor han sido olvidadas debido a las tinieblas en que vivimos.Hay muchos hombres que juzgan fuera de época, la Doctrina de Jesús el Cristo, es porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de sus bellas lecciones. Para ellos, Jesús es el personaje de una hermosa y antigua leyenda; cuyos ejemplos no pueden imitarse y ser llevados a la práctica en estos tiempos de materialismo; pero recordemos que la palabra y las obras de Jesús no han pasado ni pasarán jamás, porque no pertenecen a una época ni a una nación, ya que la esencia de su Obra en el mundo es el amor y la humildad, y sus enseñanzas, las que necesita la humanidad para su adelanto espiritual. Se nos enseñó a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle.
Y si al menos le dieran al mundo lo justo, sus penas serían menores; pero el César que han puesto delante de sus acciones, les ha dictado leyes absurdas, que los ha convertido en esclavos y les quita la vida sin darles nada en compensación.Ya dimos mucho tiempo nuestro tributo al César, ahora demos a Dios lo que le pertenece; ya gozamos mucho con las satisfacciones del mundo y ya es tiempo de que preparemos nuestro viaje a la eternidad, porque nadie sabe si ha de volver o no a este mundo. Este siglo que vivimos, presenta dos fases: uno, la evolución de la mente y otro el estancamiento espiritual. En la época en que el hombre vivió en cuevas y se cubría con piel, también se arrebataban de la boca el alimento los unos a los otros; también los más fuertes se llevaban la mayor parte; también el trabajo de los débiles fue en provecho de los que se imponían por la fuerza, también se mataban hombres con hombres, tribus con tribus y pueblos con pueblos.
¿En dónde está la diferencia entre la humanidad de ahora y la humanidad de aquellos días?
Sí, ya sé que diremos que hemos alcanzado muchos adelantos, y hablaremos de nuestra civilización y de nuestra ciencia, pero comprendamos que todo ello es precisamente la máscara de hipocresía, tras de la cual escondemos la verdad de nuestros sentimientos y de nuestros impulsos todavía primitivos, porque no nos hemos preocupado un poco por el desarrollo del espíritu, no sabemos nada de la Ley del Creador y si decimos conocerla ¿Por qué no la cumplimos?
No está mal que busquemos la ciencia, no, por el contrario: debemos conocer, analizar, crecer y multiplicarnos en saber y en inteligencia dentro de la vida material, pero también debemos tener caridad unos de otros, respetemos los derechos sagrados de nuestros semejantes, comprendamos que no existe ley alguna que autorice al hombre para disponer de la vida de un hermano, robar una honra, despojar a alguien de lo que le pertenece. En fin, debemos de hacer algo por aplicar a nuestra vida el mandamiento máximo de: ¡Amaos los unos a los otros! para que salgamos del estancamiento moral y espiritual en que estamos hundidos, y al caer de nuestra cara el velo de la mentira que le ha cubierto, surja nuestra verdadera luz, brille la sinceridad y se establezca en nuestra vida la verdad. Entonces sí podremos decir que hemos progresado.
Los hombres no podremos ni debemos de luchar eternamente contra Dios, contra el único que pueda elevarnos de nuestra condición de seres imperfectos, a las alturas de lo perfecto. Los hombres que alimentan por ahora sólo ambiciones de poderío y grandezas terrestres, saben que su adversario más fuerte es la espiritualidad, por eso la combaten y cuando presienten la que la lucha ya se aproxima, o sea la batalla de La luz del espíritu contra el mal, temen perder sus posesiones y por eso se resisten ante la luz que en forma de inspiración les sorprende a cada paso.Luchar en contra de la espiritualidad, es luchar contra nuestra libertad.
El camino espacioso y la puerta amplia no son precisamente los que lleven a nuestro espíritu a la luz, a la paz y a la inmortalidad. El camino amplio es el del libertinaje, la desobediencia, la soberbia y el materialismo, camino que los hombres en su mayoría siguen buscando huir de su responsabilidad espiritual y de juicio interior de la conciencia.
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Libro de Mateo
Ese camino no puede ser infinito porque no es verdadero ni perfecto, por lo tanto al encontrarse limitado como todo lo humano, un día llegará el hombre a su final, en donde se detendrá para asomarse horrorizado al abismo que marca el límite del sendero. Entonces seguirá el caos en el corazón de los que por mucho tiempo se apartaron del camino verdadero.Muchos siglos y muchas eras han pasado sin que los hombres se den cuenta de que no es un sacrificio humano el cumplimiento de la Ley divina y que, en cambio, sí sacrifican carne y espíritu en el mundo al rehuir a esos mandamientos. No se han dado cuenta, no han querido comprender que, quien cumple con la palabra de Dios, tiene que encontrar la verdadera felicidad, la paz, la sabiduría y la grandeza que de tan diferente manera conciben los hombres materializados.
Engaño hay en el corazón de los que piensan el mal; Pero alegría en el de los que piensan el bien.(Libro de los Proverbios)
¿Cuándo dejaremos que se manifieste esa luz a través de nuestro espíritu? ¿Cuándo encontraremos al hombre libre de cadenas y dispuesto a volar hacia Dios? Materialismo en su máxima expresión Las pruebas por las que atraviesa nuestro mundo, son las señales del final de una Era, son el ocaso o la agonía de un tiempo de materialismo, porque materialismo ha habido en nuestra ciencia, en nuestras ambiciones y en nuestros afectos. Materialismo ha habido en el culto hacia Dios y en todas nuestras obras.
¡Hasta dónde se ha hundido el hombre en su materialismo, llegando a negar a quien todo lo ha creado! ¿Cómo ha podido la mente humana ofuscarse a tal grado? ¿Cómo ha podido nuestra ciencia negar a Dios y profanar la vida y la naturaleza, como lo ha hecho? SI en cada obra que la ciencia descubre, está la presencia del Creador; ¿Cómo es que los hombres no sienten, ni ven, ni escuchan? ¿Es una prueba de adelanto y de civilización el negar la existencia del amor divino y su justicia? No estamos entonces más adelantados que los hombres primitivos, que supieron descubrir en cada elemento y en cada maravilla de la naturaleza la obra de un ser divino, superior, sabio, justo y poderoso, al que atribuyeron todo bien en todo lo existente y por eso lo adoraron. Hemos descendido tanto y nos habemos alejado de tal manera de la vida espiritual, que consideramos sobrenatural todo aquello que por pertenecer al espíritu, siendo esto completamente natural. Lo que ha acontecido es que sólo miramos y percibimos lo que está cerca de nuestros sentidos o al alcance de nuestra humana inteligencia y a lo que está más allá de los sentidos y de la mente lo hemos considerado sobrenatural. Si los hombres sintiéramos el verdadero amor para nuestros hermanos, no deberíamos de sufrir el caos en que nos encontramos, todo sería armonía y paz; pero ese divino amor no lo hemos entendido aún y sólo queremos la verdad que llega al cerebro, no la que llega al corazón, y ahí tenemos el resultado de nuestro materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena de amargura.
Cuando los hombres caen en materialismo, en lugar de que su obra sea creadora, es destructora; entonces se semejan a una multitud de gusanos dispuestos a terminar de carcomer a un cadáver, cuando por su labor creadora podría parecerse a un enjambre de abejas construyendo su panal en perfecta armonía. La obra de esos pequeños seres consiste en buscar miel para que después ésta endulce los paladares. Y nosotros: ¿Cuándo llegaremos a descubrir el verdadero sabor de la vida para dároslo unos a otros? ¡Pobre criatura humana cuando se concreta a ser materia y sólo materia, porque queda sujeta tan sólo a la ley natural que rige a los seres mortales y fugaces que nacen, crecen y mueren! Ya no sabe el hombre inspirarse para hablar a Dios con el espíritu, desconoce por completo el idioma espiritual que a todos nos corresponde Necesitamos despojarnos de todo rito, apartándonos de toda materialidad, hasta concentrarnos en el fondo de nosotros mismos para poder percibir la presencia del Creador y recibir la luz de su inspiración. Nos hemos perdido por los caminos del materialismo, apartándoos del Dios verdadero, equivocando el verdadero culto, sustituyéndolo con el fanatismo y la idolatría y al final cayendo muchos en la incredulidad. Buscan los hombres la inmortalidad en el mundo, tratando de alcanzarla por medio de obras materiales, porque la gloria terrenal aunque sea efímera, es tangible y se olvidan de la gloria del espíritu, porque dudan de la existencia de aquella vida. Es la falta de fe y la carencia de espiritualidad las que han puesto un velo de escepticismo ante las pupilas de los hombres.
Cuando la humanidad haya salido del materialismo de sus prácticas religiosas y en lugar de buscar a Dios en imágenes que son obra humana, se espiritualice, concebirá tan grande y omnipotente al Creador, que no aceptará el verme limitado y no deseará, ni siquiera espiritualmente, verme en la figura de Jesús. Sin embargo esta humanidad, a pesar de su gran materialismo, de su amor por el mundo y de sus pasiones desarrolladas hasta el máximo del pecado, sólo en apariencia vive aferrada a la carne y a la vida material, porque cuando sienta en su espíritu el toque amoroso del amor de Dios, se despojará de su carga y tomará el camino de la verdad que, sin darse cuenta, mucho desea recorrer. Existen muchos a quienes les ha faltado ideal y amor, por eso, al entregarse en brazos de una vida materialista, han tenido que llegar a hastiarse, a fatigarse. A estos espíritus hastiados del mundo, que han transmitido a su parte humana su fatiga de siglos, Dios les ha de tocar con su palabra alentadora, que es como un fino cincel que poco a poco va puliendo la dureza de roca de esos corazones, hasta darles una bella y armoniosa forma, no sólo apariencia exterior, sino vida verdadera, vida espiritual.
Ante la invasión de ideas materialistas que amenazan al espíritu, tratemos de permanecer alertas, o también moriremos junto a los materialistas, sin un ideal elevado, y sí una vida fría y vacía.Porque el materialismo es muerte, es tiniebla, es yugo y veneno para el espíritu. Jamás cambiemos la luz o la libertad de nuestro espíritu por el pan terrenal o por mezquinos bienes materiales. Qué diferente será la conducta de los que habiendo rechazado de su corazón toda buena simiente, han consagrado su ser a una vida egoísta, a una vida materialista y perversa; cuando han llegado a mirar hacia su interior, cuando han tenido un instante de comunicación con su conciencia, se han contemplado en aquel espejo que nunca se empaña, que nunca miente y se han horrorizado del monstruo que en sí llevan y al cual no pueden reconocer como obra de ellos mismos. En esa hora de justicia, cuando la conciencia sea escuchada y su luz brille iluminando la razón y el corazón, los hombres mesarán sus cabellos y crujirán sus dientes, diciendo: "Señor, ¿Cómo pude ser capaz de tanto mal? ¿Por qué permitiste que llevase a cabo obra tan indigna?"
Los hombres huyen angustiados de la miseria, y en su horror vuelven a caer en sus abismos y estrecheces, no piensan en medios para salvarse de esas garras, pero el que huye de la miseria del mundo, es un egoísta que arrolla, hunde, destroza y pierde a cuantos se cruzan en su camino. Sólo piensa en sí mismo, tiene por único ideal y fin, su seguridad y su conservación. Los demás no son sus hermanos, son todos extraños para él. No tiene fe, no conoce esa luz, no confía en la verdad porque no ha querido conocerla. El vanidoso, el materialista, el indolente, no puede conocer la verdad mientras no destruya las murallas dentro de las cuales vive, es necesario que se sobreponga a sus pasiones y flaquezas para mirar de frente la luz espiritual de la verdad. Un materialista sólo ama la vida humana, más reconociendo que todo en ella es fugaz, procura vivirla intensamente. Cuando, sus planes o sus ambiciones no se realizan, o el dolor en alguna forma lo sorprende, entonces se desespera, blasfema y reta al destino, culpándole de no recibir las dádivas a que cree tener derecho. Se puede lograr de Dios todo cuanto de bueno se deseé, sin necesidad de retar su justicia o de desafiar su poder. El amor de Dios, está presto a atender a todo aquél que desea mejorar su existencia.
¡Cómo desearían modificar su destino los materializados! ¡Quisieran que todo se hiciera según su idea y su voluntad! Son espíritus débiles en materias reacias, son seres moralmente pequeños, que son probados en muchas formas, para hacerles comprender el valor que ellos en su materialidad atribuyen a obras de escaso mérito. Los que se van espiritualizando, dicen que no cambiarían la palabra de Dios, por el más rico y tentador manjar. Los que no han logrado aún vencer su materialismo preferirían que su Padre, en vez de traerles dones y bienes espirituales les trajera en abundancia las riquezas del mundo. No es igual el tiempo para el materialista que para el espiritualizado, sobre uno actúa como justicia, sobre otro como bendición, mas, la luz de los siglos ha pasado siempre sobre los hombres, acariciando a unos y despertando a todos. El espiritualizado dice: ¡Qué bella es la vida! El profano, el materialista dice: ¡Qué amarga, que triste y que sombría es la vida!
El hombre sin elevación, con todo tropieza, todo lo hiere; el que se ha elevado, ni siquiera nota las asperezas del camino. Las mentes elevadas, cuando se ocupan de los demás, es para alabar las virtudes ajenas o para disculpar sus errores, jamás para juzgar o sentenciar. Las mentes bajas, juzgan, calumnian, publican las faltas ajenas y encuentran placer en ello.No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.(Libro de Mateo)
A cada paso la vida nos hace sentir y pagar con intenso dolor nuestros errores, pero en vez de detenernos a meditar y a reconsiderar nuestros hechos, dejamos que vuestro corazón se endurezca y se envenene más. Cuando el hombre se entrega a lo material, encerrándose en el pequeño espacio de un mundo como el nuestro, empobrece, limita y oprime su espíritu, nada existe ya para él, fuera de lo que posee o de lo que conoce; entonces se hace necesario que lo pierda todo para que abra sus ojos a la verdad, y una vez desengañado de su error, vuelva su mirada hacia lo eterno. Los hombres hundidos en su materialismo, buscan las falsas voces del mundo, y sólo encontrarán el sufrimiento, y solamente así despertarán ante la conciencia. El sufrimiento, aunque muchos no lo comprendan mientras lo están viviendo, es para su espíritu una bendición.Para que el corazón de la humanidad pueda llenarse con la luz de Dios, antes tendrá que limpiarse de todo cuanto guarda, ¿Cómo queremos cumplir con la Ley espiritual, si todo nuestro corazón está saturado de materialismo? Primero tendremos que quitarnos el dolor, el mal y el odio que encierra nuestro ser.
Es necesario que la palabra de nuestro Padre, toque la losa de vuestro corazón, hasta estremecer a nuestro espíritu que se encuentra sepultado desde hace mucho tiempo bajo el materialismo de vuestra vida.Muchas veces es necesario escuchar palabras duras, para que nos hagan reflexionar. El dolor, la miseria, la misma muerte llegarán como bendición a las puertas de muchos seres que viven sin freno y pecan sin límite. ¡Vamos ahora, ricos!
Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.(Libro de Santiago)
Los materialistas son los que no ven más allá de donde alcanzan sus ojos a mirar, sin creer que más allá de su mente y de sus sentidos es donde comienza la eternidad, la verdad, la sabiduría. Muchos pueblos han caído al fondo del abismo de la materialidad y todavía están por caer otros, mas el dolor de su caída hará que despierten de su profundo sueño.
Ese materialismo ha distanciado a los hombres. La semilla de la división se la multiplicado en tal forma, que no son pueblos con pueblos los que se desconocen, sino hasta, padres con hijos y hermanos con hermanos. Las naves se han agotado y son muchos los náufragos que piden ayuda. La humanidad va perdiéndose en los vicios, en la perversidad y en el crimen; muchos hombres viven consagrados a una vida de materialismo y egoísmo; las mujeres se han familiarizado con el pecado que reina en todas partes, pierden su virtud y su delicadeza, el hogar que es el templo del hombre, es profanado porque de él desaparece la luz, el calor y la paz. Hasta la niñez ha llegado el veneno acumulado a través de los tiempos.
Mientras los hombres preparan su destrucción, el Creador todo lo tiene dispuesto para su salvación y su resurrección, aunque para ello tengan que atravesar por un crisol de inmensos sufrimientos necesarios para fortalecer al espíritu en su arrepentimiento y en su propósito de permanecer fiel a su Ley.
Ante el materialismo y la maldad reinantes en este tiempo, muchos dudamos de tener capacidad espiritual para comprender, sentir y vivir estas nuevas enseñanzas, pero recordemos: que detrás del materialismo de esta humanidad, detrás de su miseria, de sus vicios y ambiciones, existe un espíritu que ha pasado por grandes jornadas y luchas, y sólo espera el instante de despojarse de su falsa vestidura, para levantarse lleno de fuerza por la senda de justicia y amor que corresponde al espíritu.
El mundo está convertido en esclavos del materialismo, mas es tiempo librarnos de esas cadenas.
Las cadenas, son las necesidades que hemos creado y que nos obligan a someternos al egoísmo reinante, a la injusticia y hasta a la perversidad.Armonía espiritual y material
¿Debemos despreciar la vida material y olvidar todo lo que amamos en este mundo, para servir mejor a Dios? Si nuestro Padre reprueba la materialización absoluta en el hombre, no por eso nos aconseja que persigamos únicamente la vida espiritual, mientras estemos en este mundo y tengamos materia, tendremos que armonizar hasta donde nuestra evolución nos lo permita en vuestra vida, las necesidades del cuerpo con las del espíritu. Dando a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que es del mundo. Cierto es que debemos vestir a nuestro cuerpo mas a nuestro espíritu también necesitamos revestirlo de luz. Busquemos el pan para nuestra materia, y así como deseamos que sea de buen gusto y que contenga buenas sustancias que procuremos a nuestro espíritu un alimento de verdadera vida para él. Busquemos nuestro progreso dentro de la vida humana, pero nunca nos dejemos dominar por desmedidas ambiciones, porque entonces perderemos nuestra libertad y nos esclavizará el materialismo.
¿Cómo concebimos que nuestro Padre Creador, nos prohíba lo que la vida material nos ofrece, si el ha creado la Naturaleza para el sustento de sus hijos que somos nosotros? Nada de lo hecho por Dios, puede estar en contra nuestra, para que nos sea prohibido, pero debemos tomarlo todo con medida, Si se nos ha hablado de que debemos apartarnos de la lujuria y de materialismo, siempre se refiere a bajas pasiones, a vicios, a frivolidades o al uso de lo superfluo y de lo nocivo. No debe entristecernos, estas renunciaciones. No debemos ser tan materialistas, abandonando las atenciones que debemos tener para con nuestro espíritu.
Claro que debemos tener anhelos y sanas ambiciones, que soñemos con ser grandes, fuertes y sabios, pero de los bienes eternos del espíritu, porque para alcanzarlos se requiere de todas las virtudes como son: la caridad, la humildad, el perdón, la paciencia, la nobleza; en una palabra: el verdadero amor. Y todas las virtudes elevan, purifican y perfeccionan el espíritu. En este mundo pequeño, en esta morada pasajera, el hombre, para ser grande, poderoso, rico o sabio, ha tenido que ser egoísta, falso, vengativo, cruel, indiferente, inhumano y orgulloso, y todo esto ha tenido que conducirlo al extremo opuesto, de lo que es verdad, amor, paz, verdadera sabiduría y justicia.
El Faraón de este tiempoLa humanidad aún sigue siendo esclava del Faraón y continúa adorando al becerro de oro. El ambiente en que vivimos nos envuelve, es el Faraón de esta era; se encuentra saturado de egoísmo, de odio, de codicia, de materialismo. Desde un principio hemos tenido libertad de pensar, pero nos hemos inclinado por ser esclavos de los demás, a veces por el fanatismo, por falsas creencias, por prejuicios y otras ocasiones por tanto materialismo. La mente del hombre, no está acostumbrada a la libertad del pensamiento, es por eso que es como una sombra de la voluntad de los demás.
El hombre no quiere ser el cóndor que conquista las alturas, prefiere imitar a aquellas aves que necesitan las tinieblas para habitar en ellas porque la luz les ciega.Hemos perdido nuestra libertad, no somos dueños de nosotros mismos ni de nuestros pensamientos. Necesitamos romper las cadenas y extender las alas para volar libremente hacia el infinito en busca de la verdad.
Muchos quisieran libertar a su espíritu de esa vida materialista, viciada y egoísta que reina en el mundo y no pueden liberarse porque les es tan complicada, amarga y difícil la lucha para vivir, que aun el mismo espíritu está atado a las preocupaciones y problemas de la vida humana. Este desastre proviene de la materialización en que ha caído la humanidad. Si hemos relegado al espíritu a último término y antepuesto a él las pasiones de la materia y las ideas de la muerte, natural es que obtengamos el resultado que ahora vemos. Si hemos sido egoístas ¿Qué fruto podemos esperar, si no las guerras y la más completa degeneración moral?
Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. (Libro de Deuteronomio)¿Quién de nosotros puede imaginar cómo es el fondo de ese abismo que con tanto odio y perversidad hemos abierto? Nadie, nadie puede imaginar las tinieblas ni el dolor acumulado durante siglos, milenios y eras en ese inmenso cáliz de amargura. El placer y las satisfacciones que a los hombres les proporciona su obra, son ficticias. En su corazón existe el dolor, la inquietud y el desengaño, que se ocultan detrás de la máscara de la sonrisa. Esto es lo que se ha hecho de la vida humana y en cuanto a la vida del espíritu y las leyes que lo rigen, han sido torcidas al olvidar que también existen fuerzas y elementos que vivifican al espíritu con los que el hombre debe estar en contacto para soportar las pruebas y las tentaciones y resistir en su camino de ascensión hacia lo perfecto, Nuestro arraigo hacia las grandezas y satisfacciones de este mundo es demasiado grande, Pero llegará el instante en que sea muy ardiente en nosotros el anhelo de ausentarnos de el. Un espíritu, cuando vive apegado a la verdad, huye materialismo como quien se aleja de un ambiente infecto. El que vaya buscando honores y alabanzas del mundo, aquí las tendrá; pero ellas serán de poca duración y de nada le servirán el día de su entrada en el mundo espiritual; el que vaya en pos del dinero, aquí tendrá su retribución, por que fue a lo que aspiró; mas, cuando sea llegada la hora de dejarlo todo aquí, para presentarse en el Más Allá, no tendrá el menor derecho a reclamar compensación alguna para su espíritu, aunque crea haber hecho mucho en pro de la caridad. Por el contrario, el que siempre haya renunciado a los halagos y favores, el que haya amado limpia y desinteresadamente a su hermano y haya renunciado a todo galardón material, ocupado en sembrar el bien, gozando al realizar la caridad, ese no estará pensando en galardones porque no vivirá para la satisfacción propia, sino para la de sus semejantes. ¡Cuán grande será su paz y su felicidad cuando sea en el seno de su Señor!
No podrá decir el hombre que en la vida espiritual, ha encontrado un obstáculo para su ciencia o un enemigo de sus ambiciones y anhelos de grandeza, porque cuando llegue hasta el fin, hasta el límite, comprenderá que todo lo humano tiene un límite. Él creó un mundo a su idea y él mismo lo destruirá, porque sus cimientos no son firmes, ¿De qué podrá culpar a Dios? Mas, cuando el dolor sea más intenso y su corazón se horrorice ante el resultado de sus obras, entonces clamará piedad y perdón, porque hasta ese instante el espíritu romperá la cárcel en que ha estado preso, para escaparse en busca de Aquél a quien había olvidado o que si llegaba a recordarle, era para desafiar su poder.
De sus caminos será hastiado el necio de corazón; Pero el hombre de bien estará contento del suyo. El simple todo lo cree; Mas el avisado mira bien sus pasos. El sabio teme y se aparta del mal; Mas el insensato se muestra insolente y confiado. (Libro de los Proverbios)
La humanidad tenemos el tiempo necesario para nuestro despertar espiritual y ese tiempo está tocando a su fin. Sólo falta que demos algunos pasos hacia la espiritualidad y entonces penetraremos mansamente al reino del amor.En este tiempo tenemos una nueva oportunidad de liberarnos de la esclavitud, de las tentaciones de los placeres de los vicios que son como el faraón tirano y cruel que os ha cargado de cadenas. Esta nueva liberación mañana la celebraremos la humanidad, no con festines ni con tradiciones, sino con el amor espiritual de los unos a los otros Mas, si esta Era que termina se habrá de significar en la historia de la humanidad por su materialismo, el nuevo tiempo habrá de distinguirse por su espiritualidad, porque, en él serán la conciencia y la voluntad de nuestro espíritu quienes construyamos en la Tierra un mundo de seres elevados por el amor, una vida en la que se sienta vibrar el Espíritu del Padre en el espíritu de los hijos, porque entonces todos los dones y potencias que hoy viven ocultos en nuestro ser, tendrán por campo para desarrollarse, el infinito.
Conclusión Para entender esta lección, necesitamos los hombres profundizarnos en la esencia de las lecciones espirituales, y quitarnos de ambiciones y materialismo, entonces surgirá del fondo de nuestro ser esta pregunta: "Dios mío ¿qué es lo que acontece en el mundo? ¿Qué ha sido de nuestra vida y qué hemos hecho con ella, que no nos dábamos cuenta? "Ese será el instante de la iluminación que muchos van a tener. Un hombre hoy y mañana otro, irán abriendo sus ojos a la luz de la verdad, convencidos, al fin, de que jamás podrán llegar a su perfeccionamiento con los placeres, riquezas y satisfacciones mundanas, presintiendo que existe algo, más allá de lo material, cuya esencia, belleza y verdad, son ese pan, ese sustento y esa alegría que tanta falta le hacen al espíritu. Hasta ahora, sólo lo que hemos encontrado con la mente y palpado con los sentidos, es lo que para nosotros existe; pero vendrá el momento en que comprendamos que los verdaderos valores existen en la vida espiritual, en aquella vida que no hemos querido conocer.
Entonces se iluminará nuestra existencia con una nueva luz que os irá revelando los más grandes misterios y las más bellas enseñanzas. Dios nos bendecirá porque al fin habremos colaborado con Él con nuestra obediencia y cumplimiento para la evolución de vuestro espíritu.
Los poderosos de ahora se acabarán, para dar paso a los que serán grandes y fuertes, poderosos y sabios por el amor y la caridad hacia sus semejantes.
Ahora estamos a punto de presenciar la destrucción del reinado del materialismo, en el que caerán tronos, coronas, poder, orgullo y vanidades. Todo ello ha existido y existirá mientras los hombres crean que no hay más gloria que la que encuentran en el mundo, mas cuando la humanidad encienda la lámpara de la fe en la vida espiritual, entonces caerán de su cuerpo las falsas galas, y se ataviará el espíritu con la vestidura de los que aman la verdad, el bien y la pureza.
Será la derrota del materialismo, cuando los hombres que sólo han amado al mundo, contemplen con la mirada del espíritu la vida verdadera, cuando los autores de todo el mal que aqueja a la humanidad, arrojen al fuego sus libros, en los que muchas veces negaron la verdad.Veamos este mundo, soberbio, retador, y orgulloso de todas las obras de los hombres con las que asombran, a las generaciones de este siglo; en su mayoría no creen ni aman lo espiritual, por lo tanto, no oran ni practican la Ley. Sin embargo, están satisfechos y orgullosos de poder mostrar un mundo portentoso, de maravillas creadas con el poder de su ciencia.
Pues este mundo maravilloso que los hombres, han logrado a través de siglos de ciencia, de luchas, de guerras y lágrimas, pos sus propias manos y con sus armas van a destruirlo, porque ya se acerca el instante en que la humanidad se dé cuenta de la inconsistencia y fragilidad de sus obras, a las que faltó el amor, la justicia y el verdadero anhelo de perfeccionamiento. Ya pronto sabremos que nada somos sin Dios, que la fuerza, la vida y la inteligencia sólo de nuestro Creador, la podemos tomar para hacer una existencia armoniosa Las falsas joyas caerán de nosotros, renunciando el espíritu a las vanidades del mundo para vestirse con el digno manto de la Espiritualidad.
A cada criatura le está señalado el día de su liberación espiritual en este tiempo, el instante en que deje para siempre de ser esclavo del mundo, siervo de las tentaciones, adorador de la materia y de sus placeres. Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.(Libro de Eclesiastés) Todavía veremos a un poderoso lanzarse sobre otro poderoso para destruirle y quedarse como señor de la Tierra. No se dan cuenta de que ese poder que buscaron no va a serles concedido, porque están traspasando los límites del libre albedrío.Cuando al fin de la lucha quede uno de pie y quiera lanzar el grito de victoria, contemplará que su reino es de ruinas y cadáveres, que su imperio es de miseria y de muerte y ese será el fin de las guerras en el mundo.
A todos salvará el amor divino, a todos nos dará la oportunidad de retornar a Dios y entonces sabrán que el Todopoderoso y el vencedor absoluto, es nuestro Padre, mas no reinará sobre vencidos, ni sobre muertos, ni sobre humillados: su triunfo será verdadero porque reinará sobre vencedores.
En este tiempo los orgullosos, los necios, los materializados y los incrédulos, tendrán que oír a Dios y en su corazón que ha sido como tierra estéril, el Creador volverá a sembrar hasta que de las rocas broten flores. Cuando estas palabras lleguen a los oídos de los materialistas, éstos se sonreirán con incredulidad ante la verdad de la doctrina de Jesús el Cristo, pero nunca el escepticismo del hombre ha herido a Dios.Los materializados en los tiempos futuros se escandalizarán al conocer estas enseñanzas; pero la conciencia les dirá que esta palabra sólo habla de la verdad. Los grandes cataclismos del espíritu y las tinieblas que originan las doctrinas del materialismo, preparan el cáliz de amargura y grandes acontecimientos para la humanidadLa ola del materialismo, levantará, convirtiéndose en mar embravecida, en mar de penalidades, de desesperación y angustia ante la injusticia de los hombres, Sólo una barca flotará sobre ese mar de pasiones, de codicias y de odios humanos, esa barca será la Ley de Dios. ¡Dichosos los que se encuentren fuertes cuando ese tiempo llegue! Pero ¡Ay de los que duerman¡ ¡Ay de los débiles¡ ¡Ay de los pueblos, que hayan fincado su fe sobré cimientos de fanatismo religioso, porque serán fácil presa de esas olas furiosas!Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;(Libro de Mateo)
Nuestros dones, facultades y atributos del espíritu han estado adormecidos mucho tiempo; pero despertarán ante el llamado de nuestro Padre y harán que vuelva entre nosotros la espiritualidad con todos sus prodigios, porque ahora estaremos más capacitados para comprenderlos.
Este es el Tercer Tiempo en el cual el espíritu de la humanidad, habrá e liberarse de las cadenas del materialismo, eso traerá consigo la lucha de ideas más grande que registre la historia de los hombres. La perversidad, el egoísmo, la soberbia, el vicio, la mentira y todo cuanto ha ensombrecido nuestra vida, caerán como ídolos rotos a los pies de quienes les rindieron culto para dar paso a la humildad. Se acerca la hora en que serán juzgadas las obras de toda. La humanidad a la luz de la conciencia; ahí estarán los sabios, los teólogos, los científicos, los poderosos, los ricos y los jueces, preguntándose cuál ha sido el fruto espiritual, moral o material que han recogido. Al ver lo exiguo de su cosecha, muchos retornarán a Dios, reconociendo que, a pesar de la gloria que en la tierra tuvieron, algo les faltaba para poder llenar el vacío en el que había caído su espíritu, el cual sólo se puede sustentar con los frutos de la vida espiritual.
Es necesario que nuestro Padre Creador, conceda a los hombres que son ambiciosos de los bienes de la tierra unos instantes más, para que su desengaño sea absoluto, para que se convenzan de que el oro, el poder, los títulos y los placeres de la materia, no darán jamás la paz, ni el bienestar al espíritu. Necesitamos formar dentro de nosotros un ser superior a cuanto le rodea en el mundo, un ser que sea elevación, luz y belleza espiritual; virtud, sabiduría y poder. ¡Qué grande será entonces nuestro gozo y nuestra paz interior! nuestra conciencia nos dirá: "Esta es la verdadera esencia de nuestro ser".
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