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SIGNIFICADO METAFÍSICO DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE MOISÉS
domingo, 09 de abril de 2006
Parece ser que aún no se ha podido comprobar si Moisés era lo que dice la Biblia, o si era realmente el hijo de una princesa egipcia hermana de Ramses II. Su nombre significa “Extraído de las aguas” (en el simbolismo bíblico) y como la Biblia, en gran parte, esta formada por relatos simbólicos destinados a proteger la gran Verdad contra las interpretaciones erróneas de aquellos que no tengan la madurez necesaria para ponerla en práctica, es muy posible que todo relato bíblico, respecto a su nacimiento hebreo y su adopción por la princesa, sea también simbólico y no histórico.
En todo caso, la verdad de su procedencia no afecta lo que él enseñó. Moisés sí fue un gran iluminado, un gran maestro de la Verdad metafísica, que no solamente libertó al pueblo hebreo de la esclavitud y las condiciones infrahumanas en que se hallaba, sino que también enseñó a muchas tribus errantes que se fueron agregando a su grupo en el desierto; y por esta razón fue que tantas razas distintas, descendidas de aquellas tribus, adquirieron el culto monoteísta (a un solo Dios), conservándolo hasta hoy.
Tal abigarramiento de gentes, algunos totalmente primitivos, que no sabían respetar lo ajeno, que mataban a otro porque les molestaba; que dejaban parecer de mengua a los ancianos porque representaban, cada uno, una boca más; para quienes una mujer no era sino una hembra perteneciente a todos; y otros no tan primitivos, como los judíos, que habían vivido esclavos de los egipcios, pero que no habían conocido otra cosa que el trabajo de sol a sol, sin tregua ni descanso, en la convivencia con los idólatras habían adoptado estas creencias y olvidado el culto de sus antepasados; obligó a Moisés a formular un código de leyes, simple, escueto, al nivel mental de todos, expresadas en lenguaje casi infantil, pero con castigos durísimos por cada infracción, y basadas en la amenaza y el terror, ya que ésta es la única forma de domar una bestia salvaje.
Moisés había sido educado en el templo de Heliópolis, que era, como quien dice, una universidad. Allí se enseñaba lo que llamaban Geometría en aquel entonces, y que incluía no solamente las Matemáticas, son la Metafísica, la Astrología, la Numerología (significado de los números) y un simbolismo triple que usaban los de aquellos tiempos para dejar registrada su sabiduría, al servicio de las generaciones futuras, a medida que evolucionaran.
El primer aspecto de esta simbología era sencillo; se refiere a la vida y mundo de los humanos. El segundo aspecto es metafísico. Trata la misma condición, pero en el plano mental. El tercer aspecto es jeroglífico y trata el mismo asunto en el plano espiritual, y este último aspecto es tan profundo, que se dice no ser inteligible sino para los espíritus puros. Y aquí esta nuestra primera exposición del Principio de Correspondencia que dice: “Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba”. Abajo significa, en el plano material, en las condiciones humanas, en lo visible. Arriba se refiere a lo invisible, a lo mental y por su puesto a lo abstracto, espiritual.
Lo que dice el Principio de Correspondencia es que todas las leyes actúan en todos los planos, y que las condiciones en un plano se repiten en el plano superior como también en el plano inferior.
Esto lo irás viendo claro de aquí en adelante.
Así elaboró Moisés sus diez Mandamientos o “Sepher Bereshit” (como se llama este código de leyes en idioma hebreo), para que la humanidad, a medida que fuera evolucionando y despertando, se fuera iniciando a la enseñanza superior; y la siguiente interpretación no es invento de ningún hombre: fue dejada en claves conocidas por los muy adelantados, pero mantenidas ocultas a través de estos milenios. Como verás luego, ya la humanidad aprendió la primera lección, o sea, que aprendió a obedecer la ley en su primer aspecto. La mayoría es adulta mental y moralmente. Hay un gran sector de la humanidad que ya está protestando en su interior por las contradicciones que hay entre el dogma y el sentido común, y ésta es la señal que indica el momento de dar el paso hacia delante. La mayoría, pues, comienza a razonar en escala alta.
En síntesis, los diez mandamientos dicen:
1) No hay sino un Dios.
2) No fabricarás imágenes, no las adorarás ni les rendirás culto.
3) No tomarás en vano el nombre del Señor, tu Dios.
4) Acuérdate de santificar el día séptimo.
5) Honra a tu padre y a tu madre.
6) No matarás.
7) No cometerás adulterio.
8)No hurtarás.
9) No levantarás falso testimonio.
10) No codiciarás.
Este grupo de leyes se dividen en dos grupos. Ocho mandamientos aparentan ser prohibiciones y comienzan con la palabra “No”. Estos son los número uno, dos, tres, seis, siete, ocho, nueve y diez. Los números cuatro y cinco son recomendaciones. A primera vista, es ser humano que aún no ha aprendido a razonar en el plano mental-espiritual, los entiende como prohibiciones o normas de conducta. Esto era necesario para que la gran mayoría de la humanidad recibiera la noticia, y luego se acostumbrara a no matar, no robar, no mentir, no codiciar, a pensar en el prójimo y a la idea de un solo Dios.
En tiempos de Moisés, la población del mundo se hallaba reducida a un número y a un sector de la Tierra relativamente muy pequeños. Sin embargo, en esa área y ese número pequeños, la mayoría era totalmente ignorante; y el resto menos ignorante sólo contaba con algunos realmente adelantados, o educados. A la gran masa humana de hoy le ha costado tremendos golpes y porrazos, individuales y colectivos, aprender a comportarse habitualmente de acuerdo con las reglas de ética sentadas por Moisés; y aún visto por encima diríamos que no es así. Diríamos que la humanidad sigue matando, robando y mintiendo como si tal cosa, pero esto no es la verdad. No es verdad con respecto a la gran mayoría, que desea la libertad de adorar al Dios único como a ella mejor le plazca. La gran mayoría ya no roba, ni mata. La gran mayoría ama y cuida a sus ancianos; y finalmente la Tierra entera conoce y cumple la recomendación de descansar un día por semana, el domingo.
Es la minoría que rompe las leyes terrenas. Es una minoría muy reducida la que vive en las cárceles. Es la minoría la que desconoce a Dios; y finalmente, si aún existen humanos que ignoran que hay una cosa llamada “la ley” para castigar al que se comporte mal, ésos son la gran excepción que comprueba el adelanto de la mayoría. Ha llegado, pues, el momento merecido ya por la gran mayoría humana, de dar el próximo paso adelante, o sea, de recibir y comprender el segundo aspecto de la Trilogía simbólica ya mencionada (el que trata del plano mental), porque el tercer aspecto, el jeroglífico, no lo comprenderemos hasta que seamos limpios de todo error; cuando se nos pueda catalogar como “espíritus puros”, una vez que hayamos aprendido a amarnos los unos a los otros. Vamos al grano.
Los tres primeros mandamientos exponen el principio del Mentalismo ya tratado, de manera que no lo vamos a desentrañar sino al final, después de exponer lo que encierran los mandamientos números seis, ocho, nueve y diez: “No matarás”, “No hurtarás”, “No levantarás falsos testimonios” y “No codiciarás”, respectivamente.
Para principiar a poner en claro, el vocablo “No” no tiene la misma intención de aquellos afiches que nos colocan en puntos determinados de las ciudades y que dicen: “No tirar basura”, “No pise el césped”. Éstos son actos que la ciudadanía puede cometer, pero que no debe, y asi se le ordena la autoridad. En “no” de los mandamientos significa “no puedes” por más que lo intentes, que es inútil y absurdo que sigas creyendo que lo puedes hacer porque no lo lograrás. Mi Maestro decía que el “no” del Pentateuco equivale, en el idioma de hoy, a que alguien dijera: “No atravesarás a nado el Océano Atlántico”. ¿Por qué? Porque tú ya sabes que no lo puedes intentar siquiera. No posees la fuerza.
El cuerpo material no tiene voluntad propia. No puede oponerse ni mandar. La vida está en el espíritu, en el alma, en el Yo Superior. Al abandonar ésta el cuerpo de carne y hueso sólo queda la masa inerte, sin la vida. De manera que podrías encajar un puñal en le cuerpo de Fulano, podrías echar cianuro en el café de Zutano; podrían sus cuerpos dejar de existir en el plano terreno, pero ellos continuarán llenos de vida y conscientes en el plano que sigue, y lo único que habrías logrado es hacer que la Ley del Ritmo, al devolverse, te golpee a ti. Morirás por mano de otro o por “accidente”, Los conocidos dichos “Ojo por ojo”, “Diente por diente” de la Biblia y el popular “El que hierro mata, a hierro muere”, no son mitos. Sólo que no es Dios quien castiga (como se cree), sino sus leyes; su principio rige en todos los Universos y en todos los planos, tanto para retribuir el bien como para cobrar el mal. No en vano se dice que “el orden es la primera ley del cielo”, y Jesús dijo: “Hasta los cabellos de tu cabeza están contados”.
AGUILA REAL
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