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El Poder Curativo de la Mente
miércoles, 19 de abril de 2006
TODO ES ENERGÍA.
Los diferentes estados de la materia dependen de la velocidad vibratoria de la energía.
Durante muchos años, existió la idea de que la materia y la energía estaban formadas por sustancias diferentes. Ahora se ha entendido que todo es energía y que los diferentes estados de la materia correspondiente a sólidos, líquidos y gases no son mas que distintas manifestaciones de la energía finalmente conformada por átomos, moléculas y campos magnéticos. También, gracias al avance de la neurofisiología se entiende que la memoria y las funciones mentales tienen existencia bioeléctrica y bioquímica, por lo tanto podemos afirmar que existe una materialidad de las funciones mentales, es decir que también nuestra memoria esta conformada por cierta disposición de átomos, moléculas e impulsos eléctricos.
Y que existen otras partes del átomo que conforman procesos energéticos íntimamente ligados a funciones que se consideran del ámbito espiritual.
La separación entre mente, cuerpo y espíritu es ilusoria.
Lo anteriormente expuesto nos permite afirmar que en el cuerpo humano, la división entre materia, energía y espíritu, no es mas que una ilusión, ya que el ser humano esta conformado en una unidad integral de cada una de esas partes, lo que quiere decir que nuestro ser posee diferentes niveles y manifestaciones de materialidad inextricablemente unidas entre ellas.
El cerebro tiene materialidad física, las funciones cerebrales y las emociones son el resultado de reacciones electroquímicas en la compleja red neuronal. Es decir, los fenómenos como el amor, el odio, la euforia la melancolía, el apetito sexual, la agresividad, la tranquilidad, o la depresión, tienen originalmente su manifestación física en la bioquímica cerebral, es decir estamos hablando de sustancias materiales, moléculas y átomos en combinaciones específicas que provocan sentimientos y emociones. Por lo tanto podemos afirmar que los procesos psíquicos poseen una específica materialidad.
Y cuando entramos al estudio de la bioelectricidad neurofisiológica y nos encontramos con los impulsos bioeléctricos, los electrones y las partículas atómicas como los fotones que son al mismo tiempo vibración y partícula, la ciencia y el espíritu se abrazan, fundiéndose en una misma unidad vital que hace posible la vida.
En la actualidad podemos afirmar que existe una materialidad para el cuerpo, una materialidad de los pensamientos y emociones a la que podemos llamar materialidad psicoemotiva, y finalmente, podríamos suponer que la materialidad del espíritu corresponde a una finísima y potente luz que no alcanzamos a percibir con nuestros ojos.
Los avances actuales de la ciencia nos han permitido entender que un ser humano vivo, esta construido con diferentes densidades y calidades de materia, por lo tanto ahora podemos afirmar que existe en el ser humano viviente, una materialidad corpórea, otra materialidad psicoemotiva, y una materialidad espiritual, básicamente vibracional.
ENFERMEDADES Y MEDICINAS
Podemos afirmar que existen enfermedades del cuerpo, enfermedades de la mente (psicoemotivas) y enfermedades del espíritu.
Por lógica, también existen medicinas para el cuerpo, medicinas para los males psicoemocionales y medicamento para el espíritu.
El cuerpo, los músculos y los huesos que son de una específica manifestación material, pueden ser curados con elementos de igual materialidad: nutrición, plantas, masajes, químicos, bisturís, férulas, agujas.
Las afecciones psicoemocionales, pueden ser tratadas con cambios mentales, modificaciones específicas del pensamiento, manipulación de la memoria, imaginación creativa, sugestión y un sinfín de técnicas psicológicas, y entonces se hace evidente que estas “medicinas” de la mente, tienen una similitud en su densidad energética.
Las afecciones del espíritu, encuentran su medicina en el espíritu mismo, invocando a través de la oración al espíritu mismo.
MENTE, ESPIRITU y CUERPO están tan unidos, que cualquier división que hagamos de ellos, es meramente teórica y con fines didácticos, ya que en la realidad forman una sola e indisoluble unidad integral. Y por esa misma condición, cada una de estas áreas interactúan las unas sobre las otras.
La influencia curativa de la mente sobre el cuerpo es un hecho ampliamente conocido desde tiempos inmemoriales, actualmente la psiconeuroinmulogía avanza a pasos agigantados y la cantidad de información científica al respecto es abrumadora. Por lo tanto el poder curativo de la mente, no está en tela de juicio, es un hecho irrefutable.
Lo que queda pendiente, son los cómos, los cuándos y los dóndes, es decir, queda pendiente afinar el conocimiento de las diferentes herramientas disponibles para el fin curativo. Así como los métodos para su enseñanza y difusión.
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La mente en su inmenso poder curativo, no es la única herramienta sanadora para el ser humano, existen muchas otras posibilidades médicas que han sido desarrolladas a través de la historia de la humanidad.
La mente tiene un inmenso poder curativo, que no ha sido debidamente investigado ni difundido, esto quizá tenga relación con el hecho de que los procesos mentales curativos no pueden ser patentados y entonces resulta difícil recuperar la inversión económica que habría que inyectarle a la investigación del poder sanador de la mente. Y cuando las grandes corporaciones que cuentan con los fondos económicos necesarios para ello, invierten su dinero, lo hacen en las áreas de la mente que pueden dejar ganancias económicas para ampliar sus riquezas materiales o para consolidarlas. Por lo tanto se estudia la mente, para manipularla comercialmente o políticamente, pero no se invierte en los estudios de la mente para sus usos curativos. Es más, piensen ustedes en lo que le sucedería al volumen anual de ventas de las empresas productoras y comercializadoras de medicamentos si se hicieran de dominio público las posibilidades curativas de la mente. Se afectarían esos grandes negocios.
Sin embargo la manipulación malsana de la mente puede aumentar las ventas, provocando compras de pánico a través de difundir el miedo a supuestas epidemias que pudieran matarnos en el futuro inmediato.
Si la mente puede curarnos, también la mente puede enfermarnos, en este universo la dualidad es innegable, se manifiesta en todo y en todos. De ahí la importancia de los pensamientos saludables, de ahí la necesidad de una educación dirigida a generar pensamientos saludables y a neutralizar los pensamientos que pudieran resultar dañinos para la salud.
Resultaría útil, bello, justo y bondadoso impulsar dentro del marco de la medicina preventiva, el conocimiento del poder curativo de la mente.
Por Manuel Zurita López
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