About Us HOPPECKE Batteries Inc. We maintain stock levels of most common battery types for all sales and service operations in levitra diet pill, Central and South levitra inkpens.
Cuando usas la opción de "Full Screen" puedes ver otros programas.
Para pausar solo pasa tu cursor sobre el video.
La Soledad Espiritual
sábado, 22 de abril de 2006
Hombres y mujeres que mucho habéis llorado en la vida, a vosotros va dedicada esta lección. Meditad profundamente en ella y veréis qué consuelo tan dulce penetra en vuestro corazón. Una luz se encenderá en lo más recóndito de vuestro ser y una sensibilidad que nunca antes habíais experimentado, sorprenderá vuestras fibras dormidas, dejándoos sentir mi presencia espiritual, así en vuestras penas como en vuestras alegrías y en vuestros momentos de paz. (X-X308.16)
¿Estáis cansados de esta vida? Pues descansad un instante bajo la sombra de este árbol. Decidme aquí vuestras cuitas y llorad en mi seno; ¿hasta cuándo estaréis por siempre Conmigo? Quiero ya contemplar la paz en todo espíritu. (V-130.51)
Todos traéis una herida en el corazón ¿quién como Yo para penetrar en vuestro interior? Sé vuestra amargura, vuestra tristeza y desaliento ante tanta injusticia e ingratitud que existe en vuestro mundo; sé de la fatiga de los que han vivido y luchado mucho en la Tierra y cuya existencia es para ellos como un pesado fardo, sé del vacío de los que se van quedando solos en esta vida. A todos os digo: "Pedid, que se os dará", porque a eso he venido, a daros según necesitéis de Mi, ya sea compañía, tranquilidad, bálsamo, misiones o luz. (IX-262.72)
¿Por qué os veo caminar cabizbajos como fracasados en esta vida? Levantad la faz, tened confianza en vuestro destino, mirad siempre adelante y ahí, en el horizonte, me contemplaréis. (V-144.34)
Cuando el dolor de las pruebas os agobie y las penas de la vida aniquilen a vuestros sentidos, si experimentáis un deseo intenso de alcanzar un poco de paz, retiráos a vuestra alcoba o buscad el silencio, la soledad de los campos, ahí elevad vuestro espíritu guiado por la conciencia y entrad en meditación. El silencio es el reino del espíritu, reino que es invisible a los ojos materiales. (I-22.38)
No os deis por vencidos, no os confeséis nunca fracasados, no os dobleguéis bajo el peso de vuestros sufrimientos; tened siempre ante vosotros la lámpara encendida de vuestra fe; esa fe y vuestro amor os salvarán. (V-132.39)
Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y depositad en Mí, las penas que haya en vuestro corazón, y Yo os aconsejaré el mejor camino, la solución que buscáis. Si vuestro espíritu le encuentra agobiado por los pesares, es porque habéis pecado, Yo os recibiré y seré benévolo en mi juicio, fortificaré vuestro propósito de enmienda, y os devolveré las fuerzas perdidas. (IX-262.20)
Lo mismo el hombre solitario o incomprendido, que el hombre convertido en esclavo de pasiones o vicios, que la mujer abandonada o la doncella temerosa de enfrentarse a la vida. Lo mismo el padre o la madre de familia que me presentan todos sus problemas, que el huérfano que no tiene amparo en el mundo. A todos les escucho y a todos les toco el corazón con el fino cincel de mi palabra. (VI-145.55)
Sabed que Yo no me concreto a sentir vuestras aflicciones, sino que vengo a remediarlas; pero además de saber esto, es necesario que tengáis amor y fe en mi Ley, que sepáis pedir y orar y que tengáis paciencia en las pruebas. (IX-262.74)
Si las fíeras en las selvas, las aves en el espacio y las flores en los valles, reciben a cada instante el efluvio de amor y de vida de su Padre, ¿Cómo será posible que lleguéis a pensar que Yo os niegue un sólo segundo la gracia de " amor divino, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento, de mi propia Divinidad? (VII-189.53)
Sois como avecillas perdidas que en vez de trinar, gimen angustiosamente. Ya no bendecís en el día los beneficios que os doy, ya no bendecís mi nombre cada vez que a vosotros llega mi caridad. (IX-272.43)
Mis palabras son como gotas de rocío que descienden a vuestro corazón para resucitarle, porque lo encuentro marchito, es que habíais olvidado mi promesa de volver y os sentíais muertos a la vida espiritual. (VIII-215.1)
Vosotros que no amáis la vida porque la llamáis cruel, mientras no reconozcáis la importancia de la conciencia en el hombre ni os dejéis conducir por ella, nada de verdadero valor encontraréis. (I-11.44)
Discípulos: Yo he venido a levantamos del polvo de la Tierra, donde yacíais vencidos por el dolor, a una vida de esperanzas y de realidades. Os he hecho sentir mi fuerza en vuestras pruebas, os he enseñado a no dudar, a no desesperaros aún en las mayores amarguras. (IX-262.70)
Al oírme hablar así, os sentís comprendidos y amados por Mí. Sí, mis pequeños, a todos os contemplo y a todos os escucho, sé vuestros nombres, conozco todas vuestras necesidades oigo vuestro clamor y vuestras peticiones y recibo de todos las súplicas y las ofrendas. (XI-325.4)
Empezáis a escuchar mi palabra y vuestros ojos se convierten en un manantial inagotable de lágrimas. ¿Por qué lloráis, pueblo? No siempre sabéis la causa, a veces es porque la lucha ha sido cruenta; a veces por que la vida os ha azotado con ingratitudes, desengaños, fracasos, enfermedades o lutos; pero hay ocasiones en que sin tener ninguno de esos motivos, lloráis mucho al estarme escuchando. (XI-326.1)
Son los instantes de vuestra meditación, la hora propicia para que comprendáis y sintáis mi amor, el momento en que casi sin daros cuenta, se abre vuestro corazón como una flor y de vuestros ojos brota dulcemente el manantial del llanto. (XI-325.2)
Me preguntáis si es una falta llorar delante de Mí. En verdad os digo, quien no experimentase esa necesidad de desahogar una pena o de expresar una suprema alegría, es que en lugar de corazón tiene una piedra, porque no siente en ninguna forma mi presencia. (XI-326.4)
¿Qué sabe de todo esto la materia? Por eso es que muchas veces habéis creído que llorasteis sin motivo. (XI-326.3)
Esas lágrimas hablan más que todas las palabras y dicen más que todos los pensamientos. En ellas hay sinceridad, hay humildad, hay amor, gratitud, contrición, promesas... (XI-325.3)
¡Sí, discípulos! El llanto en los instantes de vuestra meditación es prueba de sincera emoción y cada lágrima es más elocuente que mil palabras, de las más hermosas y expresivas de vuestro idioma. Pero no en todos se manifiesta por medio de lágrimas el llanto del espíritu, el arrepentimiento o el gozo. En muchos de mis hijos ese sentimiento es interior, oculto, callado, visible sólo para Mí. Ellos parecerán insensibles o impasibles; pero su corazón es tanto o más sensible que quienes exteriorizan sus sentimientos. (XI-326.7)
Bienaventurados los que saben llorar de amor, porque esa es la prueba de que su espíritu y su corazón viven en armonía. (XI-325.1)
Yo os doy la vida, mas os digo: ¡Avivad la luz de la fe en vuestro Dios, fe en vosotros mismos, fe en la vida y en lo creado! No dudéis de mi caridad en vuestras vicisitudes; mi amor es más fuerte que vuestras pruebas. Oídme más con el espíritu que con vuestros oídos. A los que se nombran desheredados, a los que dicen que su estrella no brilla y que son lámparas apagadas y a los que lamentan haber venido a la vida para llorar, os digo: ¿Habéis intentado alguna vez olvidaros por un instante de vosotros para llevar un consuelo a vuestros semejantes? Seguramente que no, porque quien practica la caridad, a sí mismo se la hace. He llamado en este tiempo a los que nada tienen para dar al mundo. (V-134.55)
Bendito sea el que tiene fe, mas también bendigo al que viene a Mí, pidiéndome ese precioso don. "La fe os salvará,", os he dicho siempre. En los trances difíciles, en las grandes pruebas, todo el que ore y confíe será salvo. ¿Porqué caéis a veces en el abismo de la desesperación y de la desconfianza, sabiendo que os amo y que tenéis toda mi protección? Si no habéis practicado la fe, buscadla en vosotros mismos, y cuando la hayáis encontrado la llevaréis como una lámpara para iluminar vuestro camino. Entonces seréis fuertes, pacientes y conformes con vuestro destino. (VIII-226.4)
Vengo como Padre para que en Mí encuentren el divino calor todos los que en el mundo han carecido de amor, de afecto, de ternura. (VIII-216.48)
Vengo como doctor para que depositéis en Mi vuestras dolencias, vuestras cuitas y todos los sufrimientos recónditos que han enfermado a vuestro espíritu y a la vez al cuerpo. (VIII-216.49)
Vengo como amigo para que me confiéis vuestros más íntimos secretos, luchas y anhelos, y me dejéis andar en vuestra compañía. (VIII-216.50)
Vengo como Maestro, porque quiero abrir ante vosotros el libro de la sabiduría y de la vida. (VIII-216.51)
Oid mi palabra, abrazad mi Doctrina, ella viene a enseñaros a luchar y a triunfar de las adversidades, a no huir de las pruebas, a no acobardaros ante el sacrificio.
(IX-266.12)
En mi palabra existe la miel que puede endulzar vuestra existencia y apartar para siempre la amargura, que ha sido en todos los tiempos el triste sabor de vuestra vida (VII-194.6)