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“"El amor fraternal es fuente inagotable de energías y de abnegación que nos induce a poner nuestros esfuerzos al servicio de aquellos de nuestros hermanos que necesitan ayuda".”
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CONCIENCIA PLANETARIA
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No son demonios...sólo angeles caídos
sábado, 13 de mayo de 2006
La vida sigue transcurriendo su paso y la humanidad permanece en la rutina de su vida. pero esto cambiará tan pronto comprendamos de cuántos seres nos rodean, unos de luz y otros en tiniebla.
Solo bastan unos minutos para detenernos a mirar con el espíritu lo que nuestros ojos materiales no ven.
El origen del mal, su causa y su solución
Introducción
La humanidad vive un tiempo de tal materialismo, que cuando se nos habla de la vida espiritual, la consideramos sobrenatural y no le damos importancia, sólo nos interesa la verdad de nuestra mente, pero no la verdad que llega al espíritu y al corazón.
La mayoría de los hombres busca de diferentes maneras su felicidad, sin comprender exactamente que es la verdadera felicidad.
En esta búsqueda sólo nos interesa la vida que nuestros ojos ven y todo lo que podemos comprobar, sin detenernos al menos unos instantes a meditar que atrás de esta vida material existe la verdadera vida espiritual.
Estamos tan acostumbrados al mal existente y nos resulta tan familiar, que ya no nos detenemos a comprender cual es el origen del mal que nos causa tanto daño.
Hasta a los niños ha llegado el veneno acumulado a través de los tiempos. La juventud va en velóz carrera hacia el abismo, las doncellas pieden su virtud sin darle valor alguno, los matrimonios se separan, los vicios toman fuerza entre hombres y mujeres, y las guerras siguen dejando el luto entre los pueblos.
No tenemos tranquilidad en el corazón mucho menos paz en nuestro espíritu. Todo esto hace que muchos desde el fondo de su ser, se pregunten: ¿Por qué? ¿Es esta la verdadera vida?
Es que existen fuerzas invisibles a la mirada humana e imperceptibles a la ciencia del hombre, que influyen constantemente en nuestra vida. Las hay buenas y las hay malas, las hay de luz y también obscuras.
Vibraciones espirituales se agitan en torno a la humanidad, lo mismo haciendo estremecer al hombre rudo e inculto, que sorprendiendo al hombre de ciencia.
Unas y otras fuerzas, invaden el espacio y luchan entre sí, influyen en la sensibilidad de los hombres, y si éstos saben distinguir, toman las buenas inspiraciones y rechazan las malas influencias; pero si son débiles y no están preparados en la práctica del bien, no podrán hacer frente a esas vibraciones y están en peligro de convertirse en esclavos del mal y caer bajo su dominio.
De aquel mundo invisible que palpita y vibra en nuestro propio mundo, parten influencias negativas que tocan a los hombres, ya sea en su mente, en sus sentimientos o en su voluntad, convirtiéndolos en siervos sumisos, en esclavos, en instrumentos y en víctimas. Por doquiera surgen manifestaciones espirituales y sin embargo, el mundo no se da cuenta de esta verdad que rodea a su espíritu.
Muchos seres humanos están influenciados, perseguidos o poseídos por seres turbados que dominan su voluntad, perturban su mente o enferman su cuerpo. La influencia de estas vibraciones es tan sutil como imperceptible, por eso muchas veces es negada e incomprendida.
Estas manifestaciones que día a día aumentan, llegarán a abrumar en tal forma a los hombres, que al fin vencerán el escepticismo de la humanidad.
¡Cuántos misterios existen aún! Ahora que el hombre cree encontrarse en la cumbre del saber, es cuando ignora que está en el abismo, está rodeado de seres invisibles, todavía incomprensible a su mente.
¿Por qué nos sorprendemos de que se presenten entre nosotros seres que habitaron la Tierra hace miles de años? ¿Qué es el tiempo para el espíritu o en el mundo espiritual? Nada.
La humanidad de hoy, tan grande como la consideramos en número, es muy pequeña comparada con el mundo de seres espirituales que la rodean, y con cuanta fuerza esas legiones invaden los caminos de los hombres y estos no las perciben, no sienten ni escuchan a ese mundo que se agita en torno suyo.
Hombres y pueblos han sucumbido bajo el poder de esas influencias sin que la humanidad repare en ello. Enfermedades raras y desconocidas, que son producidas por ellas, han abatido a los hombres y han confundido a los científicos.
A medida que pase el tiempo y esta humanidad continúe en su materialismo, en todas sus formas, esas vibraciones tomarán más fuerza. La ciencia y las religiones serán verán impotentes para detenerlas.
Los espíritus que se encuentran en tiniebla, influyen en el camino espiritual de la humanidad, conduciéndola a los vicios, al materialismo, al odio a la ignorancia, a la idolatría, al fanatismo y a la venganza. Por eso en este tiempo es mayor la influencia del mal que la del bien.
Sobre la humanidad, se está desatando una batalla invisible. Todo el mal que de los hombres brota, en insanos pensamientos, en malas palabras y en malas obras, todas las confusiones, las injusticias, de los hombres, las necias ambiciones y la falsedad, se han unido en una fuerza que todo lo arrasa, lo invade. Grandes son sus huestes, fuertes sus armas, pero no son fuertes ante nuestro Dios, sino ante nosotros los hombres. Esto es por nuestra debilidad e ignorancia.
Las legiones de espíritus que vagan errantes por el mundo, llamando en distintas formas a las puertas del corazón de la humanidad, son voces que quieren decirnos que despertemos, que abramos nuestros ojos a la realidad de la vida espiritual que palpita muy cerca de nosotros.
Algunos sienten temor, otros desconfianza, algunos hasta confusión y no ha faltado quien sienta horror por la palabra espíritu, sin recordar que dentro de sí lleva uno que le ha dado su Creador, quien también es Espíritu.
Este conocimiento lo hemos despreciado desde el principio de los tiempos, por eso la humanidad no hemos despertado, vivimos el sueño de siglos. No sabemos aún rechazar las fuerzas del mal porque las desconocemos, o si sabemos de ellas, las atacamos en una forma indebida, material e impropia de seres evolucionados como decimos ser, muchos tratan de hacer algo en contra del mal, pero lo hacen a su manera, todo menos empleando el verdadero conocimiento y el verdadero amor, para comprender el origen del mal y sanarlo.
La luz del verdadero conocimiento espiritual, es la que debe alumbrar nuestro camino, para que nuestro despertar sea completo y nos demos cuenta de cuál es el enemigo que tenemos que combatir hasta vencerlo y cuáles son las armas que tenemos.
Nos hemos asombrado ante la fuerza que en su maldad han manifestado en diversas obras hombres y mujeres a través de todas las épocas de nuestra vida humana. Nuestra historia ha recogido sus nombres, cuyas obras están escritas en el libro en donde Dios escribe y anota todos los hechos y nos hemos sorprendido de que un corazón humano pueda albergar tanta fuerza para el mal y pueda conservar tanta fortaleza para no estremecerse ante sus propias obras; pueda acallar la voz de la conciencia para no escuchar el reclamo de Dios, que a través de ella le hace. Y cuántas veces ha sido larga y duradera la jornada de esos espíritus sobre este planeta.
¿Cuándo terminará ese reinado? El reinado del mal nunca ha imperado sobre la humanidad, porque aun en los tiempos de mayor perversidad, ha habido seres fieles a Dios, obedientes a su enseñanza y apóstoles de su Ley; pero la lucha sí ha existido desde el principio. ¿Cuál de esas dos fuerzas está hasta ahora adelante en la contienda? ¡La del mal!
Existen muchos que han experimentado la presencia de seres espirituales a quienes llaman obscuros, o turbados, y en el desconocimiento de estas manifestaciones, piden que esos seres, sean alejados de los lugares en que acostumbran manifestarse. Eso no puede ser tan fácilmente porque ellos necesitan saber que viven después de su aparente muerte. Ellos cumplen aunque sea involuntariamente con su misión de dar a los hombres incrédulos y materializados el testimonio fiel de que el espíritu sobrevive a la materia.
¿Por qué queremos que todo en la vida, se haga de acuerdo con lo que deseamos y no como conviene a los demás? Si somos generosos, si los comprendemos, si tenemos caridad con esos seres hermanos nuestros, ellos no nos molestarán y poco a poco emprenderán su camino de evolución, su viaje al más allá, es decir a la morada que les corresponda.
¿De dónde surgen?
¿Cuál fue el principio o el origen de esas fuerzas? ¿De dónde surgen esas influencias? ¡Del espíritu, de la mente, de los sentimientos!
Todo espíritu encarnado o desencarnado, al pensar, emana vibraciones, unas y otras invaden el espacio, luchan entre sí e influyen constantemente en nuestra vida, todo sentimiento ejerce una influencia, ya sea espiritualmente elevada o de muy escasa luz. Podemos estar seguros de que el mundo está poblado de esas vibraciones, porque lo mismo en la Tierra que en el más allá existen espíritus buenos y espíritus turbados.
Las consecuencias de todos los pensamientos, palabras y acciones que el hombre tuvo en su principio, por razón del libre albedrío, dio origen a las fuerzas invisibles, a esas vibraciones del bien y del mal.
Los que en el buen uso del libre albedrío comenzaron a vivir en forma sana, tratando de alcanzar su bienestar y el del semejante, crearon vibraciones saludables, benéficas, y los que, en el mal uso del libre albedrío desoyeron la voz de la conciencia y se orientaron por las inclinaciones egoístas, propias de su materia, crearon fuerzas maléficas, engañosas, perversas e insanas,
Unas y otras vibraciones quedaron en el espacio, prestas a aumentar o disminuir su intensidad, según los pensamientos de los hombres. Pero esas fuerzas invisibles, no habrían de quedar aisladas de la evolución de los espíritus, no, esas vibraciones quedarían latentes sobre todos los seres, y acudirían a éstos según fueran sus pensamientos y obras.
De ese desequilibrio espiritual y moral, provienen las bajas pasiones, el materialismo, los vicios en diversas formas, la infidelidad, los asesinatos, el egoísmo, la mentira, la lujuria, el orgullo, la vanidad, el placer de hacer daño, las guerras y todos los errores que que atormentan al hombre hasta nuestros días, enfermándolo en su espíritu, en su mente y en su cuerpo. ¡Ese es el origen de las fuerzas del bien y del mal!
Debemos comprender que donde se piensa y se vive en el bien, tienen que existir fuerzas e influencias saludables y que donde se vive fuera de las leyes y normas que señala el bien, la justicia y el amor, tienen que existir fuerzas maléficas.
¿Sabía el hombre de la antigüedad en qué forma se verificaba el contagio de alguna enfermedad, o cuál era la causa de la propagación de una epidemia? No, la ignoraban, de aquella ignorancia surgieron las supersticiones y los cultos misteriosos. Pero llegó un día en que la inteligencia del hombre iluminada por la luz del Creador, descubrió la causa de sus males físicos y comenzó a luchar por encontrar la forma de recuperar la salud. Entonces, lo que había sido oculto e invisible al hombre de ciencia, llegó a serle comprensible, con lo que la humanidad adquirió un conocimiento que los hombres de los tiempos pasados no tuvieron.
Así como en el aire contaminado llega a nosotros el germen de una enfermedad, invisiblemente y en silencio llegan las malas influencias espirituales perturbando nuestra mente y haciendo flaquear a nuestro espíritu.
En la misma forma se manifiesta la influencia de las fuerzas del bien y del mal sobre la humanidad.
Si la luz del Espíritu de nuestro Dios, ha iluminado al hombre de ciencia para que descubra el origen de los males del cuerpo, a lo que llamamos enfermedad, también nos ilumina para que descubramos con nuestra sensibilidad espiritual el origen de todos los males que aquejan la vida humana, así sean los que turban al espíritu, como a los que ofuscan la mente o atormentan al corazón.
¿Qué los atrae?
La causa que motiva la presencia de los espíritus turbados, sin paz y sin luz, entre nosotros, son los malos pensamientos, las malas palabras, las bajas pasiones, las malas costumbres, los vicios; en una palabra nuestra forma insana de vivir, todo ello es una fuerza que atrae a todos aquéllos que, por no haberse purificado, tienen que buscar moradas impuras en donde habitar. Son seres ya sin cuerpo, que en su turbación buscan cuerpos ajenos para expresarse a través de ellos, pero por su turbación y su influencia lo único que logran es perturbar la paz, nublar la mente o enfermar a aquéllos a quienes se acercan.
Esos espíritus son el símbolo de la enfermedad, los habitantes de las sombras, los que no saben ni lo que es vida ni lo que es muerte.
Los seres espirituales en turbación, se acercan a los hombres, para influenciar en su mente, así que mucho depende de nosotros, de nuestra preparación espiritual, para no darle cabida a sus insanas influencias, al contrario, nosotros somos quienes debemos tener influencia sana sobre los seres turbados, guiándoles hacia la luz, y esto solo lo lograremos con nuestros buenos ejemplos. Con nuestra forma de pensar, de hablar, de vivir y de sentir.
Un hombre entregado a una vida de pecado, es capaz de arrastrar tras de sí una legión de seres en tiniebla, que harán que a su paso vaya dejando una estela de influencias maléficas, en su propio espíritu y con todos aquellos que le rodean.
Cuánta discordia, cuánta confusión y dolor ha acumulado el hombre sobre sí. La falta de oración, de moral y de espiritualidad, han atraído a los seres impuros y turbados y ¿Qué se puede esperar de los que han partido de este mundo sin luz y sin preparación?
El corazón, la mente y los sentidos, son puerta abierta para que las pasiones del mundo azoten a nuestro espíritu.
¡No son demonios, sólo ángeles caídos!
Cuando los primeros seres humanos habitaron la Tierra, en ellos puso el Creador su amor y les dotó de espíritu, encendió su luz en la conciencia, a la vez que les era dado el libre albedrío.
Los espíritus al brotar de Dios, unos permanecieron en el bien, mientras que otros al desviarse de ese camino, crearon uno distinto, el del mal.
Así mientras unos lucharon por perseverar en el bien combatiendo todas las tentaciones con el fin de permanecer limpios y dignos del Señor y de acuerdo con su conciencia, otros, de pecado en pecado y de falta en falta, fueron forjando una cadena de errores, guiados sólo por la voz de los sentidos, dominados por sus pasiones, sembrando el error y la tentación entre sus hermanos; pero al lado de estos espíritus turbados, también han venido profetas como ángeles mensajeros
Las palabras y las parábolas que en sentido figurado se nos entregaron como una revelación en los primeros tiempos, han sido erróneamente interpretadas por la humanidad. La intuición que los hombres tuvieron acerca de lo sobrenatural, quedó influenciada por su imaginación, y llegaron a formar al rededor de la fuerza del mal, ciencias, cultos, supersticiones y mitos que han llegado hasta nuestros días.
De Dios no pueden brotar demonios; a éstos los hemos forjado con nuestra mente. El concepto que tenemos de ese ser que a cada paso le ponemos a Dios por adversario, es falso. Las influencias maléficas, lo mismo pueden provenir de seres humanos, que de seres espirituales.
Si hemos imaginado que los seres en tiniebla son como monstruos, Dios sólo los ve como criaturas imperfectas, a las cuales les tiende su mano para salvarles, porque también son sus hijos.
Ese ser a quien se ha llamado Demonio o Satanás, no es más que la flaqueza de nuestra carne, la inclinación a nuestras bajas pasiones, la sed de deleites y deseos de la materia, el orgullo, el amor propio, la vanidad y todo aquello con que la carne tienta al espíritu.
No digamos que un espíritu es el causante del mal, no existe ningún espíritu que represente o que sea el origen del mal. Todos de una manera u otra somos causantes del mal.
Cuando fuimos creados, estuvimos en el primer peldaño de la escala de evolución, con el fin de que recorriendo ese camino, tuvieramos ocasión de conocer y comprender verdaderamente a nuestro Padre Creador. Pero ¡cuán pocos iniciamos la jornada ascendente partiendo del primer escalón! Tuvimos rebeldía. Soberbia y desobediencia, haciendo mal uso del don de la libertad y desoyendo los dictados de la conciencia, dejándonos dominar por la materia, para crear con nuestras malas vibraciones una fuerza, la del mal, y cavar un abismo donde hemos entablado una lucha cruenta entre nuestras flaquezas y perversidades, y nuestro anhelo de elevación y de pureza.
El mal existe; de él se han derivado todos los vicios y pecados. Los pecadores, o sea los que practican el mal, siempre han existido, lo mismo en la Tierra que en otras moradas o mundos; mas, ¿por qué personificamos todo el mal existente en un sólo ser, y por que lo enfrentamos a la Divinidad? ¿Qué es ante el poder absoluto e infinito de Dios, un ser impuro y qué significa ante su perfección nuestro pecado?
¿Por qué se materializan?
Los seres que se encuentran errantes en el espacio, luchando por alcanzar la luz de un mundo superior; son aquellos, que conservan las miserias e impresiones que en ellos dejó la materia y la vida terrestre; luchan entre las dos fuerzas que les atraen, la espiritual y la material, porque aún sienten el apego y el amor por las satisfacciones de este mundo.
Cuando el espíritu débil se deja dominar por la influencia de cuanto le rodea en la Tierra, llega a identificarse a tal grado con su materia que se olvida de su verdadera naturaleza, se aleja de la vida espiritual al grado de serle ajena, y es por eso que cuando su cuerpo muere, tiene que turbarse, confundirse y materializarse. Mientras unos en su confusión quedan adheridos a su cuerpo muerto, otros, conservando en su espíritu las impresiones de su envoltura, creen seguir siendo humanos sin poder elevarse hacia la morada que les corresponde quedando atados a los que en el mundo amaron.
¡Cuán fácilmente muere el cuerpo! pero qué difícil es para el espíritu que no supo prepararse poder librarse de la turbación.
Mientras los seres de luz elevados por el ideal de amor, de la armonía, de la paz y el perfeccionamiento, van regando de luz el camino de la humanidad, inspirándole siempre el bien y revelándole todo aquello que sea para bien de los hombres, los seres que aún conservan el materialismo de la Tierra, que no han logrado despojarse de su egoísmo y de su amor al mundo o que alimentan por tiempo indefinido tendencias e inclinaciones humanas, son los que siembran de confusiones el camino de la humanidad, ofuscando las mentes, cegando los corazones, esclavizando las voluntades para servirse de los hombres, convirtiéndoles en instrumentos para sus planes, o tomándoles como si fuesen sus propios cuerpos.
Mientras el mundo espiritual de luz lucha por conquistar al espíritu de la humanidad para abrirle brecha hacia la eternidad; mientras aquellas benditas legiones trabajan sin cesar, multiplicándose en amor, convertidos en enfermeros junto al lecho de dolor, de consejeros a la diestra del hombre que lleva el peso de una gran responsabilidad, de consejeros de la juventud, de guardianes de la niñez, de compañeros de quienes viven olvidados y solos: las legiones de seres sin la luz de la sabiduría espiritual y sin la elevación del amor, también trabajan sin cesar entre la humanidad, pero la finalidad no es de facilitarnos la senda hacia el reino espiritual, no, la idea de estos seres es opuesta completamente, es su intención dominar el mundo, continuar siendo dueños de él, perpetuarse en la Tierra, dominar a los hombres, convirtiéndolos en esclavos e instrumentos de su voluntad, en fin, no dejarse despojar de lo que han creído siempre suyo: el mundo.
Entre unos y otros seres existe una lucha intensa, que no contemplan vuestros ojos corporales; pero cuyos reflejos se hacen sentir día a día en nuestro mundo.
¿Cómo librarnos de ellos?
¿Cómo podemos destruir la idea de la muerte sin concebir la existencia de los seres que ayer fueron en la Tierra y que hoy invisiblemente habitan en otra morada? ¿Cómo podemos librarnos de quienes nos acechan y causan males? Lo podemos hacer viviendo una vida sana tanto en lo espiritual, como en lo material y esto les servirá de ejemplo, así no solamente nos libraremos de sus insanas influencias, sino que les ayudaremos en su camino de evolución.
¿Quiénes no deseamos tener la influencia sana de los seres espirituales de luz? ¿Quiénes no queremos librarnos de quienes habitan en las sombras de su materialismo y de su confusión? Pues el secreto consiste en llevar una vida tranquila, sencilla, en vivir con amor, en cultivar en nuestro hogar la simiente de la virtud, en conocernos a nosotros mismos, en cuidar nuestro espíritu y nuestro cuerpo.
Debemos de saber librarnos y defendernos de las acechanzas invisibles y a curarnos de las enfermedades extrañas. sólo la oración y la virtud nos pueden servir, para salir adelante en esas pruebas. Si inventamos o aplicamos otras prácticas materiales, seremos víctimas de tales influencias.
Es necesario que sepamos cuál es la causa de que esos seres, penetren en nuestra vida material y qué es lo que debemos hacer para librarnos de sus malas influencias, haciendo al mismo tiempo, luz en esos hermanos nuestros dignos de nuestra caridad.
No tratemos de librarnos de ellos, con actos ilícitos y materiales para librarnos sin amar a los que llegan perturbarnos, porque caeremos junto con ellos en las tinieblas.
¿Cuándo haremos con nuestras buenas obras de esta Tierra un mundo en el cual todo aquél que pase turbado, después se marche lleno de luz? ¿Cuándo dejaremos de ser habitación propicia para la presencia de aquel mundo de malas influencias?
Si no llegamos a conocer esta realidad, nunca podremos librarnos de aquellas asechanzas, ni podremos hacer nada en beneficio de los grandes necesitados; seremos unos y otros enfermos que continuamente nos contagiemos nuestros males.
Las armas espirituales de la luz
La forma de luchar contra las malas influencias de aquel mundo más numeroso y fuerte que el nuestro, es la de orar. El que lucha con estas armas no sólo a sí mismo se liberta, sino también salva y liberta a sus hermanos
¿Cómo entender bien el origen de la enfermedad de los poseídos y sobre todo, ¿Cómo lograr su sanación?
Tuvimos desde nuestro principio conocimiento de las armas para luchar contra las fuerzas del mal; pero las despreciamos, preferimos la lucha del mal contra el mal en la que nadie triunfa, porque todos resultaremos vencidos.
¿Cuales son esas armas? es la oración, la perseverancia en el bien, la preparación espiritual, la verdadera fe, la regeneración y el amor de los unos a los otros.
En el poder de la oración espiritual, encontraremos la forma de prevenir algún peligro, de resolver un problema y de solucionar una confusión.
Debemos practicar la oración en cualquiera que sea la condición en que nos encontremos, con el fin de que sepamos invocar la ayuda Divina, en los trances más difíciles de nuestra
vida, sin perder la serenidad, el dominio sobre nosotros mismos, y la fe en la presencia de Dios.
Aprendamos a orar en esta forma, ahora que nuestro mundo se encuentra lleno de peligros de todas clases, si aprendemos a orar con el espíritu, tendremos la fuerza para resistir las pruebas que esta vida nos presenta. Sólo la oración puede darnos intuición y sensibilidad, fuerza e inspiración para sostenernos en la diaria y constante lucha contra el mal.
Utilicemos esas armas, que no son de las que arrancan la vida, no ciegan a nadie, no derraman sangre, ni causan dolor, no dejan viudas ni huérfanos a su paso, ni dejan hogares sumidos en la desolación, puesto que las armas que tenemos son: el amor, la caridad, el perdón, para que con su ayuda podamos luchar por cambiar las malas influencias en vibraciones de luz.
Desde ahora podemos y debemos practicar la caridad, por medio de la oración, con la cual podemos establecer comunicación con los seres necesitados de y luz. Nuestra voz resonará donde ellos habitan y los hará despertar de su profundo sueño. Les hará llorar y lavarse con el llanto del arrepentimiento. Veremos prodigios cuando esto sea, porque en ese instante habrán recibido un rayo de luz,
Esto será de acuerdo con nuestra preparación espiritual y el grado de limpidez y espiritualidad que hayamos alcanzado en nuestra vida, así será la influencia espiritual sana que comuniquemos a aquellos por quienes estemos orando.
Debemos estar alerta haciendo sensible a nuestro espíritu, para que aprendamos a recibir todo lo bueno que a nosotros llegue y a rechazar y combatir lo malo.
No nos dejemos sorprender por espíritus faltos de luz, ya sean encarnados o desencarnados; mas debemos amarlos y ayudarlos, porque también son nuestros hermanos hijos de Dios.
Para que esta humanidad pueda defenderse y librarse de las malas influencias, necesita tener conocimiento de la verdad que le rodea, necesita aprender a orar con el espíritu y también saber de cuantos dones está revestido su ser, para poder emplearlos como armas en esta gran batalla del bien contra el mal, de la luz contra las tinieblas, de la espiritualidad contra el materialismo.
Muchos hombres ya no usan estas armas para combatir esas fuerzas, han sido vencidos y llevados prisioneros al abismo de una vida sin luz espiritual, sin alegría sana, sin aspiraciones por el bien.
Las grandes legiones de espíritus turbados, aprovechando la ignorancia de la humanidad, su insensibilidad y su falta de oración, le hacen la guerra, y los hombres no han preparado sus armas de amor para defenderse de sus ataques, por lo que ante esa lucha, aparecen como seres indefensos.
El sufrimiento de los seres en turbación
Existen en el valle espiritual enormes legiones de seres que no saben a donde ir, ni qué pensar, ni qué hacer; son los que dejaron este mundo y aún no sienten el despertar de sus facultades y potencias latentes.
No existe en la Tierra cáliz más amargo ni dolor más intenso que el de los espíritus turbados. Los tropiezos, el no poder comprender lo que acontece a su alrededor, los remordimientos, la nostalgia de lo que abandonaron, la soledad, el silencio y la impotencia para elevarse, constituyen el fuego donde habrán de purificarse hasta alcanzar la luz.
Aquel extenso valle, lleno de turbación, de remordimientos, de dolor, de tristeza y desesperación, sólo es iluminado por la luz de la conciencia que va despertando uno a uno a aquellos seres y cuando esa luz llega a invadir todo el espíritu, éste reconoce su camino, arroja la vestidura de materialidad que conservaba y vuelve a sentir que vive, que ha sido resucitado, que una voz le llama desde lo infinito, y que esa voz es la del Padre, su Dios, quien desde el principio de los tiempos le trazó el sendero de luz y felicidad.
¿Quién de nosotros quiere ir a habitar en las tinieblas de la turbación, ni a beber el cáliz de los remordimientos? ¡Qué grande es el dolor del espíritu cuando la conciencia le despierta!
Los seres equivocados necesitan ayuda
Dios, ha permitido que aquellos seres se manifiesten a veces en nuestra vida y nos den el mensaje doloroso, angustioso de su vida oscura y sin paz, para decirnos: ¡Aquí estamos, necesitamos ayuda! Son moradores de un mundo que no tiene la luz radiante de las moradas espirituales, ni las bellezas de la Tierra que habitaron.
La humanidad ya debería sentir en su corazón el dolor por sus semejantes y contemplar con los ojos del espíritu a los seres despojados de la luz que vagan por el espacio llenando de dolor y de sombra a sus hermanos encarnados para que les conduzcan con sus oraciones al camino del adelanto espiritual.
A nuestra diestra y siniestra están los necesitados, también los muertos a la vida de la gracia y los hemos dejado pasar porque no sabemos qué hacer con ellos.
Necesitamos estar preparados para que hagamos luz en todo espíritu, para que seamos verdaderos amigos, hermanos, consejeros y médicos y nuestra intuición nos dirá quienes están cerca de nosotros y cuales son sus necesidades, su misión o restitución.
La humanidad ha presentido de diferentes formas la existencia de seres invisibles que vagan por el espacio y que la rodean y pensando que pueden ser espíritus que sufren, ha tratado de hacer algo por ellos. La intención es buena, pero falta el conocimiento para que esa caridad resulte efectiva. Hasta ahora, no ha comprendido la forma verdadera de hacer luz en los seres turbados o presas del remordimiento.
Les ha ofrecido ceremonias y dádivas materiales y ha creído con esto tranquilizar su corazón, pero ellos ya nada reciben del mundo ya que no les pertenece. Esos seres buscan caridad espiritual, consuelo, amor y comprensión, ¿Cómo poder ofrecerles una ayuda espiritual? Aprendamos bien la forma de hacer la caridad a aquellos a quienes ni siquiera contemplamos.
Si en verdad queremos hacer un bien a nuestros hermanos espirituales librándonos a la vez de sus malas influencias, debemos orar por ellos, con oración sentida, plena de piedad, y de elevados pensamientos. Si sentimos que en nuestra vida se manifiestan en alguna forma, presentémosles buenos ejemplos y buenas obras, para que de ellas tomen luz para su espíritu. Dejemos que nos vean sanar enfermos, que nos contemplen perdonar a quien nos haya ofendido, que vean brillar nobles ideas en nuestra mente, que sólo escuchen buenas palabras en nuestros labios. Recordemos que el mejor ejemplo, es el mejor consejo.
Será muy agradable para nuestro espíritu ser recibido por ellos a nuestra llegada al valle espiritual, recibiendo muestras de gratitud por la caridad que les brindamos y será grande nuestra alegría viéndoles llenos de luz; pero cuán doloroso será encontrarnos con aquella legión de seres, oscurecida por la turbación y saber que ellos esperaron una caridad de nuestra parte y no se las dimos.
Dediquemos siempre en nuestras oraciones un pensamiento en favor de aquellos que sin ser vistos por los ojos del cuerpo, lloran cerca de nosotros. Busquemos con la oración a esos seres, porque su luz y su fuerza no les bastan para romper las cadenas que aún les atan a lo que dejaron en este mundo.
Fuente: El Tercer Testamento
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