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El Extasis y la Plenitud de la Mujer
jueves, 31 de julio de 2003
La plenitud de la mujer tiene que ver con no desconectar, reprimir, ni disociar las diversas funciones de su ser: consciencia, pensamiento, sentimiento, sensaciones, sensualidad y sexualidad; sino integrarlas y explorarlas. Según la tradición taoísta, la plenitud de la mujer está relacionada con la transformación de tres energías sutiles: Jing en Chi y ésta en Shen.
La mujer de nuestros días ha roto con los antiguos patrones de comportamiento femenino que durante milenios se habían conservado. Con la revolución sexual de los años 60 y la “Igualdad de Sexos” que se ha llevado a cabo desde entonces, el rol de la mujer en la sociedad se ha visto modificado.
El antiguo comportamiento de la mujer relacionado al cuidado del hogar, los niños y la preparación de alimentos, ya no son necesariamente reales en nuestra sociedad. Muchas mujeres tienen hoy en día, una profesión que anteriormente estaba reservada únicamente para hombres y muchas más llevan una doble carga al realizar una vida profesional y además, una vida como madre, esposa y ama de casa.
A Jing se le conoce como energía generativa o creativa, es la substancia mas refinada que nace de una persona, se le conoce también como “Energía Principal”, ya que es imprescindible para realizar las funciones del cuerpo. Esta energía se convierte en Chi o fuerza vital cuando actúa con los órganos vitales. La conservación y nutrición de Jing es la base de las prácticas taoístas.
Jing se acumula en todos los tejidos vivos, especialmente en los riñones, el esperma y los óvulos.
Chi o Energía Vital, es la clave para conseguir una buena salud, según los taoístas. Existen varios métodos para aumentar el Chi en nuestro cuerpo, por ejemplo: el masaje, la acupresión, el Chi Kung, el Tai Chi Chuan, etc.
Shen es la Energía Espiritual, aunque también está relacionada con todos los procesos creativos e intelectuales. Cuando una mujer aprende a cultivar su “Poder Ovárico”, aumenta, acumula y transforma la Energía Sexual en Chi, Energía Vital, que mejorará su nivel de salud, así como elevará su energía emocional a vivir la experiencia del “Amor Incondicional”.
Si la mujer ha realizado lo anterior y además aprende a elevar su energía sexual hasta las glándulas superiores ubicadas en su cabeza, el Chi se transforma en Shen y ahora puede experimentar estados de éxtasis que la harán conectarse directamente con “El Origen de la Vida”, ya que su útero está vinculado con esa fuente de toda Creación, la dimensión de donde vienen las almas.
Un medio eficaz de conseguir Chi adicional es transformar la energía sexual que se libera normalmente durante el coito, reciclándola de nuevo en Chi, para que nos suministre entre un 30 o 40% más de fuerza vital. Por eso, ejercicios taoístas como la Respiración Ovárica y la Gran Ascensión Orgásmica ayudan a la mujer a reciclar y transformar una parte de la energía sexual en Chi.
Cuando la mujer logra ascender esta energía de orgasmo hasta la cabeza por medio de la Gran Ascensión Orgásmica, la energía sexual acumulada no se libera hacia fuera del cuerpo sino al contrario, se retiene, acumula y transforma, no nada más dando salud a la mujer, equilibrio emocional y creatividad. Además retarda el proceso de envejecimiento, al producirse los llamados “baños hormonales”.
Estos “baños hormonales” se producen al reaccionar el sistema glandular al movimiento ascendente de estas tres energías sutiles: Jing, Chi y Shen.
Este proceso requiere de un tiempo específico para cada mujer, de ahí la importancia en el Taoísmo de que la pareja, el hombre, aprenda también a cultivar su Poder Seminal, haciéndose “multiorgásmico”, o sea, que sepa “inyacular”.
La “inyaculación” en el método taoísta, equivale a, en vez de “explotar” al exterior del cuerpo su poder seminal como sucede cuando tiene un orgasmo eyaculatorio, que tenga una “implosión”, o sea, dirigir su energía sexual hacia arriba del cuerpo, sin perder su semen, sin embargo, teniendo orgasmos internos.
Si el hombre aprende este arte, la mujer que tenga un coito con él, podría cultivar estados de éxtasis que se derivan de una relación sexual en estado de meditación en movimiento, por períodos de tiempo que le permitan tener estos “baños hormonales”, que le provocarán un nuevo ordenamiento a todo su cuerpo, retardando su reloj biológico para prolongar la juventud y la belleza.
Si durante estos estados de éxtasis, la mujer llega o rebasa el noveno orgasmo, sucede lo que algunos autores llaman: “La Pequeña Muerte”, la mujer entra en un estado semejante a la muerte o a una especie de desmayo, en donde todo el mundo físico desaparece para ella y lo que aparece es el mundo espiritual al cual ella está vinculada por medio de su útero.
Muchos maestros de Sexualidad Trascendental señalan a “La Pequeña Muerte” como una de las experiencias más importantes para la mujer, ya que una vez que alcanza ese estado de excitación tan alto por primera vez, toda se estructura interna sufre una transformación, su sistema glandular producirá ahora mas hormonas y endorfinas, dándole belleza y juventud.
Una vez que la mujer ha conocido “El Vuelo del Éxtasis”, su vida cambia para siempre, al vivir una plenitud total que la pone en contacto directo con lo divino, lo sublime, con el origen de todas las cosas y este contacto se manifestará en todos los ámbitos de la existencia de esa mujer: en su nivel de consciencia, sus sentimientos, sensaciones, sensualidad y sexualidad.
Ahora está en condiciones de cumplir con otro aspecto de su naturaleza femenina: la de ser la gran iniciadora de los secretos sexuales, la de conducir al hombre que se lo permita, a ese mundo del éxtasis místico al que su sensualidad y sexualidad está vinculado, a ese origen de la creación que le permite realizar en su cuerpo, el misterio del fenómeno que llamamos Vida.
Información tomada de: “Amor Curativo a Través del Tao, Cultivando la Energía Sexual Femenina”, de Mantak Chia & Maneewan Chi, Editorial Mirach, S.A. 1993. “”El Tao de la Mujer”, de Maitreyi D. Piontek, Editorial Luciérnaga Oceano, 1997.