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La Relaciones Románticas
lunes, 29 de mayo de 2006
Al considerar nuestra nueva ética interpersonal, un tema de lo más apremiante es el de las relaciones románticas. A la luz de la nueva conciencia espiritual, nos formulamos las mismas preguntas de toda la vida: ¿Cómo hacemos para que nuestras relaciones románticas duren? ¿Por qué el amor romántico muchas veces termina, degenerando en una compleja lucha de poder?
La experiencia romántica habitual comienza fácilmente. Miramos alrededor y, de repente, allí está la persona de nuestros sueños. La primera conversación lo confirma. A diferencia de las atracciones unilaterales que todos hemos experimentado, ésta parece ser real; el sentimiento es mutuo. Encontramos innumerables valores y preferencias de vida en común.
Y, bueno, ¡qué emoción! El amor entra en ebullición y el sexo es ardiente y sentimental. Tal vez, con el tiempo, solamente salimos o nos casamos y hacemos planes para el futuro. Por primera vez, quizás, en muchos años, nos sentimos contentos y hasta comentamos que encontramos la parte que nos faltaba, la persona que hace que valga la pena vivir.
Y entonces algo ocurre. Un día miramos y notamos algo que no anda muy bien en la situación. Nuestra pareja tiene un comportamiento que no responde al espíritu del romanticismo. Él o ella no nos presta la atención que sentíamos cuando empezó la relación. O tal vez nos damos cuenta de que, en nuestra excesiva exuberancia, no notamos que en algún área de la relación la persona nunca nos brindó la atención que necesitábamos. Curiosamente, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que nuestra pareja tiene su propia serie de quejas respecto de nosotros, que encuentra defectos en nuestra manera de ser o de actuar. Empezamos a defendernos, como hace nuestra pareja, y empieza oficialmente la típica lucha de poder.
LA LUCHA POR LA ENERGÍA
Desde la perspectiva de la nueva conciencia espiritual, ahora sabemos qué pasa. El amor termina y se convierte en una lucha de poder porque empezamos a depender de la energía del otro y no de nuestra propia conexión con lo divino.
Veamos la dinámica social tal como se manifiesta en general el problema. Según la vieja mentalidad materialista, un niño crece con una madre que lo cuida, que lo alimenta y supervisa su seguridad. El padre es más exigente: después de todo, el hijo debe aprender la dura verdad del mundo para hacerse hombre. En la mente del niño, la madre pasa a ser una figura mágica. Tal vez haya que mantenerla a distancia si el cariño resulta demasiado asfixiante, pero él espera que ella esté, en sentido psicológico, siempre que su nivel de energía esté bajo.
Una niña también es cuidada por la madre. Pero, para ella, la madre también es exigente, porque se siente más responsable de enseñarle su papel de mujer. El padre, por lo menos en los primeros años de formación, puede ser la figura mágica que la mima y la pone en un pedestal. Él está siempre en sus fantasías para hacerla sentir segura.
Esta división estereotipada de papeles y actitudes observadas todavía nos afecta. Podemos afirmar que en el mundo moderno estas divisiones de papeles no tienen ningún significado, pero la programación psicológica inconsciente a menudo aparece en las relaciones y se convierte en la base de las luchas de poder por la energía. Las parejas empiezan a encontrar defectos y a sentirse insatisfechas con el otro porque necesitan de la otra persona mucho más de lo que puede llegar a ocurrir.
Cuando nos enamoramos, al principio aunamos nuestras energías de una forma que nos da sensación de plenitud. Nuestra pareja revive no sólo el recuerdo del padre o madre cuidador sino también la sensación de aquella relación. Nuestras fantasías proyectan en nuestra pareja excesivamente humana la ilusión mágica que experimentamos por primera vez con nuestros padres o madres de chicos. Por lo tanto, en general no vemos cómo es realmente en profundidad nuestra pareja: vemos sólo lo que fantaseamos.
A medida que la relación avanza, esa sensación de "enamoramiento" empieza a desvanecerse para los dos, pues ninguno responde a la imagen mágica que el otro proyectó. El hombre comete errores financieros, pierde su trabajo o llega tarde porque fue a ver un partido. La mujer ya no está para dar cariño cuando las cosas no andan bien. La burbuja de perfección empieza a venirse abajo.
En algunos casos, la desilusión con nuestra pareja es tan grande que de inmediato hacemos planes para dejar la relación y encontrar a otro amante soñado que no nos decepcione. En esos casos no hacemos más que empezar otra vez el círculo. En otros casos, los amantes siguen juntos pero se encierran en un esquema repetitivo de dramas de control.
Sin embargo, ahora, gracias a la expansión de nuestra conciencia, contamos con otras opciones. Podemos optar por actuar en base a la dinámica de energía implícita en el problema.
INTEGRAR LO FEMENINO Y LO MASCULINO INTERIOR
Hasta ahora hablamos de las experiencias trascendentes o místicas como medio para abrir nuestra conexión con la energía divina en la forma de fuente única de energía que vivimos como amor, levedad y seguridad... y así es. Pero experimentar esa energía también tiene características masculinas y femeninas. Carl Jung y otros psicólogos reconocidos han demostrado, en sus estudios sobre la naturaleza arquetípica de nuestra psique, que, si queremos abrirnos a todo el potencial de la conciencia transpersonal, debemos asumir e integrar los aspectos masculino y femenino de nuestro yo superior.
Si somos varones, para conectarnos con la energía divina interior debemos localizar, cortejar y finalmente tomar la energía femenina cuidadora que hay dentro de nuestro ser. Si somos mujeres, debemos encontrar en nuestro interior la parte masculina proveedora y protectora que asume riesgos.
Con esta verdad en mente, vemos la lucha de poder masculino/femenino tal como es: síntoma de un problema amplio que nuestra sociedad denominó sin demasiado rigor "codependencia". Cuando dos personas se encuentran y se enamoran, en realidad fusionan sus campos de energía de una manera que aporta la parte faltante en cada uno: masculina o femenina. Empiezan a depender de esa energía. A medida que avanza la relación, cada uno empieza, sin embargo, a dudar del otro y los niveles de energía decaen. Entonces ambos vuelven a caer en sus respectivos dramas de control para tratar de recuperar la energía.
Si queremos tener relaciones duraderas antes que treguas en la guerra fría, debemos comprender la dinámica energética antes de iniciar un romance. Para poder estar dispuestos a una relación duradera, todos debemos encontrar la energía sexual opuesta que llevamos. En cierto sentido, alcanzar este equilibrio de lo femenino y lo masculino dentro de cada uno debe ser una especie de rito de pasaje adolescente tan importante como terminar el secundario o aprender a manejar. Nadie puede llegar a tener una relación óptima si no está seguro y espiritualmente completo en su interior.
ESTAR BIEN SOLOS
¿Cómo sabemos si alcanzamos ese equilibrio masculino/femenino de energía y adquirimos seguridad interior? Creo que una señal es la capacidad de sentirse seguro y productivo viviendo solo. Esto significa sin compañeros de habitación u otras personas con las que nos vinculemos durante todos nuestros momentos de vigilia. Debemos sentirnos bien al prepararnos la comida, y comerla no de pie frente a la cocina, sino con elegancia, a la luz de las velas, con la mesa bien puesta. De vez en cuando debemos disfrutar saliendo -ir al cine, quizá- o agasajándonos con vino y una cena como lo haríamos con un ser querido.
Asimismo, debemos velar por nosotros en cuanto a nuestras finanzas, hacer planes para el futuro, negociar nuestros contratos y desarrollar actividades en nuestro tiempo libre. Para ser seres íntegros debemos confiar en lo divino que encontramos dentro de nosotros mismos, y esto no implica egoísmo o un repliegue indiferente en cuanto al resto de la sociedad. De hecho, diría que sólo podemos vincularnos con el resto de la sociedad de una manera sana si integramos toda nuestra energía interior.
Recién entonces enfrentamos la posibilidad de relaciones románticas de verdad. El terapeuta de parejas Harville Hendrix señala, en sus libros esenciales “Getting the Love You Want” y “Keeping the Love You Find”, que, mientras busquemos que la energía nos llegue de otro, estaremos atrapados en relaciones que no son más que escenarios de luchas de poder.
Creo que las asociaciones a través de las cuales exteriorizamos y finalmente tomamos conciencia de nuestros problemas de luchas de poder nos llegan de manera sincrónica y son de hecho relaciones sagradas, tal como lo afirma “A Course in Miracles”. La imagen de nuestras adicciones se nos aparece una y otra vez bajo la forma de diferentes personas hasta que captamos el mensaje. Estas relaciones surgen para que podamos trascender nuestra necesidad de ellas, por poco romántico que parezca; sólo entonces podemos volver a recurrir a la conexión divina interior para encontrar amor y seguridad. Si estamos solos, se nos acercará una persona tras otra buscando un igual codependiente. Si saltamos de una a otra no ganaremos nada. Sólo resistiendo esa compulsión podemos tener tiempo de fortalecer nuestra conexión interior y adquirir la energía necesaria para encontrar nuestra alma gemela más adecuada.
RELACIONES ACTUALES
Teniendo en cuenta todo esto, ¿qué debemos hacer con nuestras relaciones actuales?
Me parece que podemos hacer frente al desafío de integrar nuestras dos energías sexuales permaneciendo en una relación, pero sólo si las dos personas comprenden la dinámica energética del proceso y trabajan juntas. Intentar el proceso en forma individual es mucho más difícil.
La respuesta radica en que cada pareja vuelva al amor cuando estallan las luchas de poder. Presten atención a lo que ocurre cuando comienza una pelea. Uno o los dos están descontentos con el comportamiento del otro porque no está a la altura del recuerdo del padre ideal o mágico que proyectan y porque su fuente de energía interior es débil. Necesitamos que la persona responda a ese ideal porque eso nos permite relajarnos mentalmente y contar con nuestra pareja para nuestra seguridad. Esta proyección y, de hecho, todo el intento de apoyarse en otro como sustituto de la energía divina interna nunca dan resultado y siempre desembocan en la lucha de poder.
La solución es volver al estado de amor y de seguridad interior, aun cuando la batalla avanza, y animar a la otra persona con toda su fuerza. Para hacerlo es necesario que usted haya vivido algún tipo de conexión mística trascendente en el pasado, que pueda recordar para poder remitirse a ella. En otras palabras, volver al amor no es una idea; es un momento realmente transformador en el cual volvemos a alcanzar un estado de amor y seguridad que deriva de la energía divina interior.
Nuevamente, saber si lo hacemos o no siempre es una cuestión de evaluación individual. “A Course in Miracles” diría que dos personas juntas pueden alcanzar ese estado en la mitad de una pelea si están suficientemente enamoradas. No obstante, en el fragor de una lucha de poder es muy difícil lograrlo. Para muchos que se encuentran en una relación problemática, una separación física resulta útil, al menos una separación en el tiempo que pasan juntos. De todos modos, funciona si las dos personas usan ese tiempo para encontrar una apertura mística, la posibilidad de una experiencia mística personal y luego llevan esa capacidad de vuelta a la relación.
Entonces, ¿qué hacemos si sentimos en el corazón que estamos en la relación equivocada? ¿Abandonamos a nuestra pareja? Ésta es una opción que eligen muchos, pero si no buscamos la plenitud personal antes de sumergirnos en otra relación romántica, lo único que haremos es repetir los esquemas de nuestras viejas relaciones.
¿Cómo sabemos que estamos listos y que equilibramos lo masculino y lo femenino dentro de nosotros? Algunos terapeutas afirman que, por más que creamos tener las cosas claras y por mucha energía que hayamos alcanzado, nuestras capacidades de amor y seguridad interior se ven puestas a prueba en nuestras relaciones, y estoy seguro de que es así. Pero también estoy convencido de que la energía y la seguridad que aprendemos a generar internamente constituye el factor más importante para el éxito.
James Redfield
La nueva visión espiritual
Contribución:
Andrea Sandra Riolobos Sobisch
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