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En la tierna mente infantil, las semillas que son implantadas, efectúan un proceso de maduración que va desarrollándose a lo largo de la vida y cuyos frutos vienen a ser las distintas facetas que la personalidad manifiesta en un hombre adulto, de aquí la importancia de que la educación infantil sea adecuadamente atendida por los padres.
La violencia en los adultos, por tanto, es una semilla implantada desde la infancia y muchas veces ocasionada por una inadecuada educación familiar.
Para ello es importante mencionar que el niño aprende “verdades”, es decir, los procesos mentales a través de los cuales el hombre va creando su propia realidad interior, o bien, su propia visión del mundo, se da en función de las verdades que va aceptando a medida que aprende a vivir.
Cuando alguna de sus verdades no puede ser sostenida dado que las experiencias que ha recibido de la vida contradicen a lo ya aceptado, podríamos pensar que es un proceso similar al de un árbol que habiendo crecido torcido cae vencido por el peso de sus propias ramas.
De esta manera, verdades que caen y verdades que sobreviven van formando la experiencia y la personalidad de un individuo conforme avanza por la vida.
De la misma manera como la caída de una rama duele al árbol y afecta su desenvolvimiento, de la misma forma, las desilusiones y las discrepancias que una persona va recibiendo con las experiencias de la vida, van causando transformaciones interiores.
Un niño al que nunca se le ha dado amor, no sabrá cómo responder a este impulso, cuando la vida le presente más adelante un estímulo de esta naturaleza; por otra parte, un niño que haya recibido únicamente amor no sabrá cómo responder ante una agresión cuando ésta tenga lugar.
Así pues, poco a poco, adquiriendo experiencias de un tipo o del otro, los seres humanos vamos conformando nuestra particular visión del mundo, nuestra particular interpretación de los hechos y nuestra particular conducta en medio de la sociedad.
Se debe tener en cuenta la trascendental importancia que la educación familiar tiene a lo largo de la vida de una persona, los consejos, las actitudes, los frenos que impongan a un niño en desarrollo serán básicos para hacerle una vida más sencilla, o bien, complicarla demasiado.
¿Cómo debiera ser la educación de los niños, para evitar efectos dolorosos ante experiencias nunca antes enfrentadas?
Los padres deben entender que su hijo está pasando por un proceso de asimilación acelerada, dada la escasez de experiencias que tiene, dada la carencia de conceptos, la impreparación de su mente para entender los consejos que les dan a sus hijos, la congruencia entre lo que se dice y se hace es fundamental para evitar confusiones en las tiernas mentes de los niños.
Si existe un momento de confusión en un infante, es cuando comprende la naturaleza de la mentira recibida, generalmente, de los padres: para un niño, cualquier cosa que se le diga, la creerá profundamente, en virtud de que quien se lo dice es alguien digno de confianza, más cuando descubre que ha sido una mentira, la imagen que él tenía del mundo, la imagen que tenía de esa persona, la idea que él había formado acerca de la realidad exterior, se ve estremecida y profundamente cuestionada, le crea una inseguridad total, dado que no únicamente cuestiona a la persona, sino todo lo que ha aprendido, entra en un momento de confusión, en donde las reglas que él pensaba haber asimilado son ahora totalmente desconocidas o bien indignas de confianza.
Hablar con mentiras a los niños es prolongar la etapa de adaptación al mundo de los adultos, es mantenerlo en un estado de inseguridad tal, que muy probablemente, afectará su adolescencia o madurez.
Algo que debiera ser desechado de la mente de todos los niños es el temor a sus padres, un niño jamás debería sentir temor por sus padres, aún cuando sienta que ha cometido una falta, el temor se gesta cuando los padres castigan a los menores liberando en ellos su coraje o su impotencia por no haber evitado la falta, el niño, entonces, entiende el mensaje de odio, en lugar de un mensaje de corrección y de persuasión para evitar futuras faltas.
Los castigos debieran ser proporcionados de una manera tal, que el niño nunca perciba odio de parte de sus mayores. El temor a ser castigado, es una de las semillas más perniciosas que pueda ser sembrada en la mente de los hombres, la razón de esto estriba en que esa semilla germinará en la mentira, el individuo mentirá para evitar el castigo y no tanto porque el castigo sea doloroso, sino porque inspira temor: el odio de los demás hacia él, es algo a lo que le teme.
Observemos entonces la infinidad de circunstancias en la vida de una persona normal, en la que se ve forzada a decir mentiras para tapar pequeñas faltas y evitar un castigo que aún cuando es de naturaleza muy distinta al que él recibiera en su infancia, sigue marcando la pauta de conducta por el temor al rechazo.
Entendamos, entonces, los procesos de germinación y de frutos que dan las enseñanzas que los padres proporcionaron a sus hijos en esos primeros días de la infancia. ¿De qué es capaz una persona, con tal de evitar descubrir una falta?, es capaz de la violencia, es capaz de la mentira, es capaz de una serie de cosas que inevitablemente llevan hacia un conflicto primero interior, y después exterior con las personas que lo rodean.
Esta es una de las primeras raíces de la guerra: el maltrato y el castigo infantil, como factores que engendran temor y que posteriormente se traducen en agresividad en la edad adulta.
Es la inseguridad la raíz del porqué son necesarios los ejércitos. Es la inseguridad la raíz de muchas actitudes negativas en los seres humanos. Es la inseguridad también la madre de muchas equivocaciones que lamentablemente desembocan en acciones ofensivas y violadoras de los derechos humanos.
Es por todo esto, que resulta fundamental entender la importancia que tiene la educación de nuestros niños, la educación debe ser soportada por un gran mensaje de amor, que debe salir de las mismas familias en primer lugar, y después, de las escuelas o centros de formación infantil.
La inseguridad es por lo tanto una de las grandes raíces que rompen la paz en las sociedades humanas.