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El Tao Femenino
viernes, 14 de julio de 2006
Como Despertar Nuestro Centro Cuando las mujeres se dejan llevar por las corrientes del mundo exterior dejan un vacío energético en su interior que puede llegar a veces a provocarles hasta quistes y enfermedades. Siempre seguiré insistiendo en la necesidad de hacer conscientes nuestros cuerpos, de vivir la espiritualidad aquí en la tierra y de no pretender irnos a otros mundos con nuestras fantasías irreales. Cuando las mujeres nos dejamos llevar por las corrientes del mundo exterior, toda nuestra energía se va hacia fuera y nuestro interior, el útero, los ovarios, los pechos, se llenan de quistes y de enfermedades porque los hemos dejado vacíos y nos hemos "ido".
El hecho de no prestar atención a nuestras sensaciones y vivencias internas nos lleva a veces a ser superficiales, charlatanas, o incluso a buscar metas "muy importantes" en el área del trabajo, los estudios o las relaciones; esto se debe al vacío energético que dejamos dentro que nos hablaría de quienes somos realmente y nos enseñaría el centro donde asirnos y desde el que movernos en nuestra vida.
La dependencia emocional que caracteriza a muchas mujeres se basa en la necesidad de llenar ese vacío que no se atreven a reconocer.
La naturaleza de las mujeres es la búsqueda de la relación, tenemos ese instinto porque es la forma de preservar la especie, si tendiéramos hacia el individualismo la especie se extinguiría, por lo tanto nuestros cuerpos emocionales están muy activos para despertarnos los afectos y esa necesidad de relación.
Pero lo cierto es que no sabemos qué hacer con todo ese potencial, desde el inconsciente nos movemos como un barco a la deriva en el mar de nuestras emociones, así lo que sería nuestro gran don, se convierte en nuestro mayor enemigo, ya que mientras no seamos capaces de recoger toda esa fuerza que procede del mundo emocional y transmutarla en amor y creatividad seguiremos siendo dependientes, superficiales, víctimas o personas rencorosas que odian al otro sexo achacándole la causa de todos sus problemas.
Sin embargo ha llegado el momento de no seguir escapando por más tiempo, de hacernos responsables en la parte que nos corresponde para el cambio del planeta, toda acción convulsiva hacia metas exteriores que nos produce gran tensión nos aleja de nuestro centro y de la posibilidad de reflejar lo que es la esencia femenina.
Nuestra misión ante todo es la transformación de la energía emocional haciéndola consciente en el cuerpo, viviéndola y creando a partir de ella armonía y amor para nosotras y para los demás seres que nos rodean.
Cada emoción tiene una forma, una cualidad, una textura, un color. Si no somos capaces de vivirla, de integrarla y transformarla se queda atascada en alguna parte de nuestro cuerpo causándonos daño. Por lo tanto, la primera actitud sería la de tomar conciencia a nivel de sensación de la cualidad de esa emoción y del lugar donde se queda enquistada porque si no nos damos cuenta el siguiente paso será una depresión, enfermedad o falta de vitalidad, etc.
Cuando reconocemos la emoción y no luchamos contra ella la podemos transformar y el centro de alquimia, el lugar de nuestro cuerpo donde las emociones se transforman es el "tan-tien" que los taoístas reconocen como el “campo de la medicina”
El centro femenino de alquimia es el útero, sin embargo, como la mayoría de nosotras lo tenemos debilitado, es necesario fortalecerlo antes de que se pueda realizar en él la transmutación emocional. Para ello, situamos nuestro centro justo encima del útero y si tomamos contacto con él podemos hacer que las energías que nos hacen daño no afecten al útero u otros órganos sensibles. Para sentir y despertar nuestro centro necesitamos tiempo, paciencia, constancia. Cualidades difíciles de conseguir cuando queremos resultados inmediatos. Pero la energía femenina se mueve así, despacio, sutil, con cambios imperceptibles y merece la pena dedicarle toda nuestra atención porque los regalos que nos va a hacer serán inmensos.
Sentir el centro no es algo mental o imaginario, hay que desarrollar la percepción física, un color, un latido, una presión... y practicar la atención ahí en todo momento hasta que las sensaciones sean cada vez más claras ya que cuanto más conscientes seamos de él más vitalidad tendremos y más capacidad para el control emocional. Cada mujer tiene su tiempo para sentirse enraizada en su centro, la conexión se hace a través de la respiración y la escucha en silencio; el camino de la disciplina y de forzar la energía, no funciona con la esencia femenina, si, el de la relajación, el silencio y el juego. Puedes andar por la tierra con los pies descalzos, las rodillas un poco flexionadas y uniendo tu vientre al centro de cristal en el interior de la tierra. Cuando las mujeres unimos nuestro cuerpo femenino con el cuerpo de la tierra nuestro poder femenino es intenso; el caldero energético va tomando la seguridad en nosotras mismas y una nueva calidad de vivir el presente.
Así despierto y revitalizado el centro las emociones ya pueden ser transmutadas. Reconocemos este espacio y en nuestra vida cotidiana nos empezaremos a mover desde ahí. Toda emoción, toda experiencia, todo pensamiento del que tomemos conciencia aprendemos a mandarlo al centro, lo hacemos jugando, sin una disciplina seria, pero si de forma constante y sobre todo, como hacían los sabios taoístas con una sonrisa ante la vida, ante nuestros procesos, ante las dificultades.
Con la ternura envolvente del corazón podemos conseguir que vivir en nuestro cuerpo sea algo "emocionante", una aventura en una tierra por descubrir.
Parece difícil todo esto si lo que vivimos en un momento es un profundo dolor, pero tengamos la seguridad ante todo que el único lugar donde el dolor se puede transmutar es en nuestro caldero de alquimia, dejando que el dolor se derrame suavemente hacia él, abriendo nuestro corazón a la ternura para que esta también se derrame en el centro, ternura hacia nosotras mismas por ese momento que vivimos.
Después lo único que tenemos que hacer es "SER, relajarnos y dejar que en el silencio de nuestro centro la feminidad empiece a brotar".