Destinado a preservar la salud y prolongar la vida, el Qi Gong es un arte de vivir y un camino de retorno hacia la unidad primordial. El libro hace referencia a la historia, la cultura y el pensamiento chinos, ahondando en las nociones cosmológicas y antropológicas. Desde una perspectiva intercultural, la autora explora los principios de esta práctica estableciendo paralelismos entre el pensamiento chino tradicional y diferentes ramas del saber como la embriología o la física.
De origen milenario, el Qi Gong es una práctica corporal basada en la circulación del qi a través del cuerpo humano. Integrado en la medicina tradicional china por Huang Di, el emperador amarillo, en el siglo XXVI a. C., el Qi Gong conjuga posturas, movimientos corporales y ejercicios respiratorios destinados a hacer circular el qi a fin de preservar la salud, curar las enfermedades y prolongar la vida.
La civilización china se desarrolló en las llanuras que bordean el río amarillo, una región propensa a las inundaciones, con elevados índices de humedad que causaban muchos problemas de salud. De ahí que desde épocas muy antiguas se inventaran danzas que imitaban los movimientos y actitudes de los animales a fin de hacer fluir el qi y evitar la aparición de enfermedades. Se creía que existía una relación entre el movimiento corporal y la salud. Hua Tuo, un célebre médico que vivió en la época de los Han orientales (25-220 d.C.), lo enunció con estas palabras: “el agua que fluye no se estanca, el gozne de madera de la puerta que se utiliza con frecuencia no es comido por los gusanos”. El término Qi Gong es un neologismo del siglo veinte acuñado por un médico chino, Liu Gui Zhen, que designó con este nombre diferentes técnicas inventadas por los chinos a lo largo de la historia para cultivar el qi. Qi Gong significa maestría o trabajo del qi. Gong es la maestría y connota la idea de esfuerzo, de energía consagrada a una actividad. Qi es el principio universal que sustenta la existencia, lo que da forma y sustancia a todas las cosas y seres del universo. “El hombre nace de una condensación de qi. Es el qi que al condensarse crea la vida y es el mismo qi que al dispersarse produce la muerte” -decía el taoísta Zhuang Zi (Tchuang Tsé)-[1]. Todos los fenómenos, desde la creación de las galaxias hasta los intercambios celulares, se basan en la circulación del qi, la esencia de la vida. El qi es la invisible palpitación de todo lo que vive, desde lo infinitamente grande a lo infinitamente pequeño; es el invisible tejedor que opera todos los cambios, transformaciones y mutaciones del universo. A lo largo de la historia, el Qi Gong ha sido practicado por maestros taoístas, budistas y confucianos que contribuyeron al desarrollo de su práctica y de su teoría. Es al mismo tiempo una disciplina corporal[2], un método curativo y una vía de crecimiento humano. Un método curativo basado en la circulación del qi El Qi Gong es una de las cinco ramas de la medicina china tradicional, junto con la acupuntura, los masajes, la dieta y la fitoterapia. Todas ellas comparten una misma visión del ser humano y el universo, según la cual todo se halla en interrelación. El ser humano, ren, participa del movimiento de los múltiples qi que rigen y componen el universo. Su salud es cuestión de armonía y equilibrio, de una readaptación constante a esos qi que circulan a través de su cuerpo, la naturaleza y el cosmos, generando incesantes cambios. En medicina china, la enfermedad es la consecuencia de un grave desequilibrio del sistema energético. Si el qi circula correctamente a través de los canales energéticos, irrigando el conjunto de las células del organismo, la persona goza de salud. Si el flujo de qi es irregular o se obstruye, las células, los tejidos y los órganos se debilitan. Con el tiempo, la enfermedad acaba apareciendo. Así, la terapéutica del Qi Gong está constituida por un conjunto de remedios posturales y respiratorios que estimulan y equilibran la circulación del qi y tratan a la vez el funcionamiento del cuerpo, la mente y el espíritu. Si el qi vuelve a fluir correctamente, el cuerpo y la mente sanarán. “El que sabe hacer circular el qi preserva su integridad y aleja las fuerzas perniciosas que podrían perjudicarlo”[3].
La terapéutica del Qi Gong es holística: cuerpo, mente y espíritu se consideran como manifestaciones diferentes del qi, el principio universal que sustenta toda la existencia. El qi da forma y sustancia, circula por los diferentes planos cósmicos y a él se deben todos los cambios, transformaciones y mutaciones que han generado la infinita variedad de la vida. Todas las cosas y los seres están hechos de qi y en virtud de ello están interrelacionados. La medicina tradicional china se ha fundado sobre esta visión unitaria de las cosas. Así, el Qi Gong trata a la vez el cuerpo físico, el estado psicológico y emocional de la persona. Su método curativo consiste en desarrollar el eje central, zhong zhu, que verticaliza el cuerpo, vinculando el ser humano al Cielo y la Tierra. A través de movimientos corporales y ejercicios respiratorios, se armonizan los qi que recorren el organismo con los qi que circulan en el exterior, se vincula el individuo al cosmos. No hay curación sin vínculo, sin integración, sin armonización. A un nivel más profundo la curación implica un desarrollo de la conciencia, un acorde mayor con el universo, con los demás seres, con el Dao. Dada la importancia clave que tiene la circulación del qi, el lugar ideal para practicar Qi Gong es el espacio abierto, donde el practicante puede absorber los qi de la naturaleza. En la antigua China, se practicaba en el exterior de la casa o el patio del templo. Hoy, se practica sobretodo en parques y jardines. Es usual que el practicante se coloque cerca de un árbol, o se apoye en él, para liberar los malos qi acumulados en su organismo y absorber los qi benéficos del árbol. Hay dos maneras de potenciar y hacer circular el qi, ya sea a través del cuerpo o de la mente. Las formas dinámicas utilizan principalmente el movimiento. Cuando se realiza ejercicio físico se solicita la acción de diferentes músculos que activan la circulación de la sangre y del qi. Las formas estáticas o meditativas utilizan la mente para guiar el qi. Según un principio tradicional, ahí donde va el pensamiento, va el qi. Dada la importancia clave que tiene la circulación del qi, el lugar ideal para practicar Qi Gong es el espacio abierto, donde el practicante puede absorber los qi de la naturaleza. En la antigua China, se practicaba en el exterior de la casa o el patio del templo. Hoy, se practica sobretodo en parques y jardines. Es usual que el practicante se coloque cerca de un árbol, o se apoye en él, para liberar los malos qi acumulados en su organismo y absorber los qi benéficos del árbol. Hay dos maneras de potenciar y hacer circular el qi, ya sea a través del cuerpo o de la mente. Las formas dinámicas utilizan principalmente el movimiento. Cuando se realiza ejercicio físico se solicita la acción de diferentes músculos que activan la circulación de la sangre y del qi. Las formas estáticas o meditativas utilizan la mente para guiar el qi. Según un principio tradicional, ahí donde va el pensamiento, va el qi. A un nivel más profundo, la curación implica un perfeccionamiento de la persona. Cuando el ser humano actúa en concordancia con su sentido del bien disfruta de una energía desbordante. Meng Zi (Mencius) la denomina haoran zhi qi. Por nutrirse de cualidades morales es el qi más noble, el más puro, el más sublime. Es un qi inmenso y poderoso que se desarrolla cuando el ser humano sigue su Dao y perfecciona la parte más noble de su naturaleza. Se trata de adecuar el comportamiento con el corazón, xin, sede del pensamiento, la voluntad y la emoción. Entonces se logran el equilibrio y la serenidad, ese qi maravilloso puede ponerse al servicio de los demás seres y llena el espacio entre el Cielo y la Tierra.
El papel del maestro y la emisión de la energía curativa La emisión de qi se halla estrechamente relacionada con la función médica. Al maestro tradicional de Qi Gong se le atribuye un don de qi, es decir, una capacidad de propulsar una energía vital hacia el exterior. Su fuerza curativa proviene de un cuerpo cuidadosamente ajustado y particularmente vibrante. El qi acumulado en su dan tian, el centro de energía base situado bajo el ombligo, se expande por el cuerpo y las extremidades a voluntad, y puede ser proyectado y canalizado por medio de la mente hacia el cuerpo de la persona necesitada[4]. El maestro utiliza también sus manos ya sea tocando aquellas zonas del cuerpo en las que el qi no fluye correctamente o simplemente sintiendo el cuerpo del paciente a cierta distancia. Puede aportar qi a zonas que tienen déficit o retirar el exceso de qi localizado en otras.
La idea de transmisión del qi está muy arraigada en la cultura china; numerosos textos, relatos y leyendas dan cuenta de ella. La Revolución Cultural reprimió violentamente las manifestaciones tradicionales de la cultura, entre ellas la práctica del Qi Gong, que fue tachada de superstición. A partir de la muerte de Mao, numerosos practicantes y grupos empezaron a practicar en los parques y jardines de las ciudades, muy temprano en la mañana. Durante el fenómeno de la llamada “fiebre del Qi Gong” en los ochenta, -periodo en el que el Qi Gong atrae a millones de personas y galvaniza la sociedad china- muchos maestros hacían demostraciones de sus poderes y capacidades en lugares públicos, calles, gimnasios, lugares de trabajo e incluso estadios. Era común que la gente hiciera colas en los parques para recibir el qi curativo de un maestro. Las sesiones curativas eran a veces multitudinarias. Nancy Chen ha descrito cómo esos lugares se llenaban de gente, ya fueran escépticos, curiosos o seguidores del Qi Gong, y cómo reaccionaban: “While initially only dozens of individuals might have visible emocional responses to a master´s lecture, eventually the whole arena would be filled with openly sobbing faces and bodies responding to the qi energy being transmitted. Individuals could be seen writhing on the ground, running up and down aisles, maiking uncharacteristic body movements, or sitting alone in trances, swaying slightly from side to side”[5]. En la década de los noventa, a raíz de esta masificación del Qi Gong terapéutico, hubo una gran controversia en China. Se debatía si los maestros tradicionales de Qi Gong estaban legitimados para curar a través de este método. Los estamentos médicos y científicos ponían en duda su cientificidad y se hicieron numerosas investigaciones para saber si la curación a través del Qi Gong se debía a la autosugestión o a la transmisión de qi. El estado reguló la práctica, requiriendo que los maestros se inscribieran en una asociación estatal de Qi Gong. Se daba autorización a aquellos que tuvieran un título médico y cursaran estudios adicionales en escuelas tradicionales de medicina; a aquellos que se hubieran formado con un maestro reconocido oficialmente o aquellos que pasaran una prueba oficial en la que debían presentar pacientes que dieran fe de sus poderes curativos. El propio paciente puede también guiar el qi hacia aquella región del cuerpo que lo requiera, con la ayuda del movimiento, la respiración y el pensamiento. El Qi Gong promueve la responsabilidad del paciente sobre su propia salud. Los ejercicios, ya se realicen en grupo o individualmente, exigen una actitud activa. El maestro ayuda, orientando en los ejercicios a seguir, enseñando a absorber los qi benéficos y saludables y a desprenderse de los qi perniciosos que se acumulan en el cuerpo. El practicante se implica activando el movimiento interno del qi, ajustando la estructura ósea, elevando su nivel vibratorio. Debe afrontar sus propias resistencias y bloqueos. El ejercicio de Qi Gong: postura, movimiento y respiración En Qi Gong, las posturas meditativas o inmóviles se combinan con la práctica de la respiración y la ejecución de movimientos gestuales. Lo ideal es empezar por la postura derecha durante una media hora o más y luego encadenar diferentes ejercicios como, por ejemplo, eje oblicuo o gesto del cuadragésimo día. Las posturas y gestos son muy variados. Pueden encadenarse para formar secuencias de movimiento continuo. Lo importante es entrar en la corriente de energía-conciencia, que es la esencia de este arte corporal. El ejercicio básico para el mantenimiento de la salud es la postura de pie, zhan zhuang. Consiste en permanecer derecho, los pies paralelos y bien anclados sobre el suelo, cuidando que la separación de los pies sea equivalente a la distancia de los hombros. La espalda está erguida, la nuca estirada y el mentón ligeramente entrado. Los hombros están relajados, los brazos caídos. La pelvis debe bascularse hacia adelante para no bloquear el flujo de qi en la zona lumbar. El practicante se relaja e imagina una línea vertical que recorre el medio de su cuerpo desde la fontanela al punto equidistante entre los pies pasando por el primer dan tian. Deja que la fuerza de la gravedad opere en él, sin oponer resistencia. Debe trabajar la sensación de ser a la vez “imantado por la tierra” y “aspirado por el cielo”. Al permanecer inmóviles, en la postura correcta, el qi empieza a circular en el interior, fluyendo a través de los múltiples canales y liberando los obstáculos que impedían su paso. El solo hecho de mantenerse erguido, de dejar caer el peso en los talones, permite una relajación profunda del diafragma, lo que aumenta la capacidad respiratoria. Con el tiempo, este ejercicio posibilita la eliminación gradual de las tensiones físicas y emocionales acumuladas. Cuanto más se practica más se despejan las vías energéticas y más aumenta el caudal interior de qi. La respiración en Qi Gong es regular y sosegada. Se sincroniza con los movimientos que se ejecutan. Al permanecer en la postura justa, la respiración se hace profunda y sin esfuerzo. Los ejercicios respiratorios permiten regular y acumular el qi, armonizan la circulación de la sangre y serenan el espíritu. Antiguamente, los maestros chinos colocaban una pluma bajo los orificios nasales del alumno para comprobar el estado de su respiración. Si la pluma no se movía significaba que el alumno había armonizado su respiración, que se hallaba en comunión con la sutil respiración de los cien mil seres, con la inmensidad del universo. Sereno y relajado estaba en el camino del Dao.
[1] Zhuang Zi, cap. XXII. [2] El Qi Gong está considerado la disciplina base de las artes marciales internas chinas pues actúa sobre el ajustamiento del cuerpo físico y energético, imprescindible para abordar, por ejemplo, los movimientos rotatorios del Ba Gua Zhang o los estiramientos antagonistas del Tai Ji Quan. Una máxima tradicional dice que « practicar el Tai Ji Quan sin el enraizamiento postural es como construir una casa sin los fundamentos ». [3] Ge Hong, Baopuzi, Cap. V (Citado en ROBINET, Isabelle, Méditation taoïste, Ed. Dervy-Livres, París, 199, p.129) [4] Se han realizado numerosas investigaciones científicas sobre la emisión de energía por parte de médicos o maestros de Qi Gong y sus efectos terapéuticos sobre distintas enfermedades. Para dar un ejemplo, la Universidad de Harvard en Estados Unidos y el Hospital Marmottan en Francia han realizado experimentos con el doctor Liu Dong de la Facultad de la Medicina de Pekín, con resultados positivos. (Cf. Liu Dong, ABC du Qi Gong, París, Ed. Jacques Grancher, 1995). [5] Chen, Nancy N., Breathing spaces, QiGong, psychiatry and healing in China, New York, Columbia University Press, 2003, p.54.
CONFRENCIA "QI GONG. PRÁCTICA CORPORAL Y PENSAMIENTO CHINO Nirvana Libros y Shunia YogaLife Tienen el agrado de invitarlo a la Presentación-conferencia “Qi Gong. Práctica corporal y pensamiento chino” Isabel Calpe, autora
El evento tendrá lugar el jueves 31 de agosto a las 18:30 horas, en Mariano Escobedo 543-502, Col. Rincón del Bosque Informes al 5545-2989,55451455 y 56989680 “Qi Gong, una práctica corporal basada en la búsqueda del equilibrio y la armonía” Por Isabel Calpe, autora de Kairós
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