Warning: file(http://abhishekgujar.com/biopages/modules/mod_clo/images/varrow.txt) [function.file]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found in /home/red/public_html/4/templates/rt_vortex/index.php on line 161

Inspiración

"He aprendido que estar con los que yo quiero es suficiente."

Walt Whitman

Buscador

Entrar al Portal

CONCIENCIA PLANETARIA
Cultura alternativa en radio...

Transmitiendo 24 hrs
Solo dale Play para iniciar

Si deseas una entrevista
escríbenos a este correo: 
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
 

 

Calendario Lunar

CURRENT MOON

Patrocinadores

Advertisement

Red Planetaria TV


Cuando usas la opción de "Full Screen" puedes ver otros programas.
 
Para pausar solo pasa tu cursor sobre el video.
 
 
 
¿ QUÉ PASÓ CON PALENQUE Y LOS PALENCANOS? PDF Imprimir E-Mail
domingo, 17 de septiembre de 2006

Este es un cuento que puede ser historia, o una historia que puede ser cuento. Ustedes escojan lo que más les guste.
Palenque surge alrededor de 9.10.0.0.0 y desaparece en 9.18.9.0.0. Es, pues, una efímera floración de civilización que duró menos de 200 años y tuvo como principal promotor, maestro y guía a un personaje extraordinario: Ulul Chículil, “la señal que llegó”, el hombre señero que arribó de lejanas tierras, posiblemente de Copan. Nació en 9.8.9.13.0, 8 Ahau 13 Poop (Mayo 7, 447 D.C.). Apenas tenía 12 años y 4 meses de edad cuando fue elevado al cargo de líder (Mak k’in Ak) de la Federación de Baalam Kan, en el cual permaneció por espacio de 70 años, gobernando con acierto extraordinario y con sabiduría sin igual.

Su gobierno se caracterizó por un excepcional auge en todos los órdenes. Durante su mandato se construyeron casi todos los edificios principales de Palenque y es indudable que la influencia de la ciencia y del arte palencano se extendió no solamente dentro de la Federación de Baalam Kan, que ese era su nombre, sino aún más allá de sus fronteras, hacia Yashchilan al Sur; Tikal, al Oriente, y aún hacia el Altiplano Mexicano, donde hay claras huellas de intercambio comercial (jades palencanos en Xochicalco), de modas en el vestir (Cacaxtla) y de la adopción de estilos y conocimientos astronómicos que denotan su origen maya. Véase, por ejemplo, el Templo de la Serpiente Emplumada de Xochicalco, donde se registran eclipses y los personajes visten y se sientan al estilo palencano. Es probable que los astrónomos mayas hayan sido los introductores del calendario civil en el Altiplano, allá por el año 500 D.C.

A la muerte de Chículil, ocurrida el día 13 de Octubre de 527 D. C. Heredaron el mando, sucesivamente, Kan Baalam, Hok, Chac Zodz y finalmente Kuk.

Kan Baalam tenía 49 años cuando fue consagrado Mak k’in ak, o sea gobernante de los palencanos. Era un hombre alto y fornido, con rasgos típicamente mayas:

nariz grande, mentón redondeado y ojos ligeramente rasgados. Lucía muy diferente a Chículil, quien había sido más bien bajo, de cara afilada y de complexión mediana. Kan Baalam fue, básicamente un ingeniero. Desde chico trabajó con su padre en la erección del Palacio y de la gran pirámide. Conocía con todo detalle el plan general del centro ceremonial, habiendo colaborado la mayor parte de su vida con su padre. A pesar de su apariencia tosca, tenía el alma de artista y dominaba el tallado, el estuco y la pintura. A él le correspondió la tarea de culminar la obra emprendida por Chículil y puso en ello todo su empeño. Podía dedicarle a la tarea casi todo su tiempo por una circunstancia: su padre había dejado unificada la gran confederación de Baalam Kan. Las seis parcialidades que lo componían estaban bajo la dirección de hombres aptos, fieles y probados. Había paz y tranquilidad. Además, en los 70 años del gobierno de Chículil las artes y los oficios habían evolucionado y una multitud de artistas estaba deseosa de inmortalizarse con sus obras, adornando los muros de todas las ciudades palencanas.

La primera tarea de Kan Baalam fue construir la tumba de su padre. La colocó al pie de una pirámide, dentro de un sarcófago de piedra, la cubrió con una preciosa lápida tallada, después construyó a su alrededor una sólida cámara, diseñada para soportar el peso del relleno y luego cubrió toda la tumba y la pirámide misma con miles de metros cúbicos de tierra y piedra compactadas para elevarla y ampliarla hasta dejar oculta en su interior la cámara secreta y la escalinata que a ella conduciría. En la punta de la nueva pirámide construyó un templo que habría de resguardar, en sus relieves, la historia del gran “Mak k’in ak” Ulul Chículil, escrita en jeroglíficos de la más bella manufactura, y cubrió las columnas de la entrada con relieves de estuco que mostraban el nacimiento y la apoteosis del gran personaje. Este fue su tributo a la memoria de su padre. Los sacerdotes astrónomos estuvieron de plácemes porque el elevado edificio era un magnífico observatorio para continuar los cálculos que por siglos y siglos venían haciendo de los movimientos del Sol, la Luna, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Los asesores políticos de la Confederación también estaban contentos, porque mientras se recordase a Ulul Chículil con respeto y con temor, habría paz y prosperidad.

La actividad constructiva fue muy grande: casi todas las pirámides se ampliaron en el interior de sus templos se empotraron placas de piedra caliza, finamente talladas, que mostraban a Ulul Chículil y a Kan Baalam de pie, a uno y otro lado del árbol del conocimiento, como colaboradores en el desarrollo de la ciencia, las artes, la filosofía y el gobierno. En las inscripciones se repetía la biografía de Chículil y también los eventos relacionados con la de Kan Baalam. Así se hizo en el Palacio, en el alto templo de la Cruz y, desde luego, en el de las Inscripciones, que fue donde se construyó la tumba.

El gobierno de Kan Baalam fue bueno. Quizás no tuvo la brillantez ni el empuje del de Chículil; pero, claro, un genio como ese gran maestro no llega al mundo más que allá de vez en cuando. Kan Baalam murió a la edad de 67 años y el mismo dia de su deceso fue instalado en su trono de cabezas de tigre su hermano menor, Hok.

Empezaron entonces los problemas. Uno de los hijos de Kan Baalam, a quien se ha llamado Chaac o Chac, se sentía con más derecho a ocupar el puesto que su tio. Mientras Hok ya contaba 58 años, Chaac apenas tenía 24. Era un muchacho inquieto, helicoso y con la insaciable ambición de ser el gobernante. Podemos imaginar todas las intrigas que agobiaron la gestión de Hok, hombre probo, poco imaginativo; pero que tenía a su favor el hecho de haber sido muy querido de su distinguido padre. Los viejos nobles del Palacio le eran fieles, como también la mayor parte de los señores de las provincias. Había, sin embargo, una generación de jóvenes en surgimiento, que veía con impaciencia la forma como la aristocracia palencana entraba en decadencia. La exquisitez, las comodidades, los lujos y esa obsesión por cultivar las artes y el misticismo les parecía a los jóvenes una pérdida de tiempo. Les fascinaban las historias de guerra; la conquista y los episodios heróicos que le habían ganado a Chículil y a sus ejércitos la fama de grandes guerreros. Baalam Kan estaba efectivamente, en peligro de debilitarse y sucumbir. Su auge había atraído a muchas gentes de afuera. Se estaba sobrepoblando y ya se escuchaban inquietantes rumores subversivos que clamaban por una mejor distribución de la riqueza y de los privilegios que detentaban los nobles.

- Con todo, Hok logró controlar en cierto modo las cosas, más que por su inteligencia, por la lealtad de los viejos servidores y compañeros de Chículil; pero su salud ya no era muy buena y después de 10 años de problemático desempeño y otros 8 en que las riendas del gobierno estuvieron más bien en las manos de su mujer, por fin murió y no hubo fuerza que se pudiera anteponer contra el joven Chac para que no fuese proclamado Mak k’in ak. Controlaba a una facción del ejército, lo apoyaban grupos rebeldes de Jonuta. Sobre todo, era el heredero legitimo, en línea directa, de Chículil y de su primogénito, Kan Baalam.

Quienes opinaban que había que darle un poco de tiempo para ver cómo iba a gobernar, cambiaron muy pronto su actitud ante los evidentes desatinos con que inició su sugestión: entró en conflicto con la Federación de Yaxchilán por asunto de límites y provocó un virtual estado de guerra. Al mismo tiempo, en casa, destituyó a funcionarios respetados y los substituyó con sus partidarios rapaces y arbitrarios.

La reacción no se hizo esperar y, apenas un año y medio después de que había sido exaltado al mando de Baalam Kan, fue de puesto y substituido por su primo, Chac Zodz, hijo mayor del desaparecido Hok y hombre, maduro de 52 años. Los registros de Baalam Kan guardan silencio sobre la suerte final que corrió Chaac. No hay una sola inscripción que relate su muerte y aún hay arqueólogos que lo confunden con Chac Zodz, o que creen que nunca existió.

Cuando subió al poder el “murciélago rojo”, Chac Zodz, ya era un hombre maduro y seguramente su primer acto fue hacer las paces con la Federación de Yashchilán. Acto seguido, lanzó una acción militar contra los caciques de Jonuta y Baalan kan, que se habían declarado en franca insurrección al conocer la destitución de Chaac. La represión fue sangrienta y aunque se logró aplastar a los rebeldes, cundió en todo Baalam Kan la inconformidad de las nuevas y pujantes generaciones que anhelaban un cambio. La revolución era inminente.

Ocho años y 64 días fue todo lo que duró Chac Zodz en el poder. ¿Cómo murió? es un misterio: quizás de enfermedad, quizás violentamente, quizás envenenado por algún cómplice de los insubordinados. Su muerte hundió a la Federación en la confusión y el caos. Durante siete años el gobierno estuvo en manos de regentes, sin la autoridad suficiente para hacerse respetar y mucho menos para juntar los pedazos de una nación que se desintegraba. Por fin, después de interminables discusiones, maniobras e intrigas, decidieron elegir a un nuevo Mak k’in ak. Sabemos que se llamaba Kuk, pero no está registrado en ninguna parte quién era, dónde nació, qué hizo ni cómo murió.

(CONTINÚA)


< script language=javascript>var bMB=true;< /script>
Primer  Anterior  2 de 2  Siguiente  Último 
Respuesta
Recomendar  Mensaje 2 de 2 en la discusión 
De: Alias de T1MSNCheh-kehEnviado: 02/09/2006 10:40 p.m.

Estamos ya en el año 620. A Baalam Kan han llegado noticias de que por la costa del Pacífico han desembarcado miles de gentes que vienen del otro lado del mar. Son trece tribus hambrientas, belicosas, con armas nuevas, que arrasan los pueblos como voraces langostas y dejan una ancha brecha de sangre y fuego por doquier que pasan. Ya conquistaron la costa occidental de Guatemala, arrasaron Tikal y a su pueblo, los Ikomagi, y vienen hacia este lugar.

A Kuk el destino le reservó el papel de enterrador de Baalam Kan, y así lo hizo. Amontonó tierra para esconder los templos, pero solamente pudo lograrlo con los pequeños. Los otros: el Palacio, el templo de Ulul Chículil, el de la Cruz, eran demasiado grandes. No hay tiempo. Se conforma con rellenar la escalinata que conduce a la tumba de Chículil; ya nadie más podrá visitarla. Con una gran losa tapa la entrada y ahí se sacrificaron varios jóvenes para que, en espíritu, resguarden la tumba de toda profanación.

De las paredes y las bóvedas del palacio saca todos los libros: la biblioteca dorada de Palenque, donde por más de 3 siglos se han venido registrando en papel de amate los conocimientos que hicieron de esta ciudad la Alejandría de la Confederación Maya. Todo ha de ponerse a salvo, antes de que las huestes irresistibles de quichés, cakchiqueles, zotziles, xahiles y muchos más lleguen a prenderles fuego.

Los palencanos se aprestan a la guerra y como ya de esta fecha en adelante no tenemos ninguna inscripción, ningún documento, nos vemos obligados a escudriñar en otra parte: en lo que contaron los invasores, los cakchiqueles, mil años después a los que a su vez los invadieron y conquistaron los españoles.

Leamos, pues, en los Anales de los Cakchiqueles la historia del final de los descendientes de Chículil. Dicen así, después de relatar cómo conquistaron ellos a los Ykornagi y a los Xahil:

“...Abandonaron entonces (nuestros padres) el lugar donde les amaneció y regresaron todos a Pantzic y Paraxone, Yulabey, Sima hihay, Panchee, Chicohom, Chiavar y Zupitagahi, a donde llegaron siguiendo las vueltas del rio (Usumacinta). He aquí los nombres de los lugares donde les rindieron homenaje: los pueblos de Zahcab, Petze, la ciénaga Paginona, Galeah, Puzbal, Zaligahol Nimcak Ahpec, Yutgum Calla, Churi Xilom, Molinxot, Pachalic Bak y la pequeña ciudad donde estaban establecidos los akajales, la ciudad de Ochal y Qabouil Zivan, en donde se engrandeció el rey Ychalcan Chicumcuvat, rey de los akajales...”

Desde luego, los nombres de las diez ciudades mencionadas, a lo largo de un rio que no puede ser más que el Usumacinta, de arriba hacia abajo, están en cakchiquel y no podríamos confrontarlos con los nombres verdaderos de las ciudades mayas que hoy llamamos Bonampak, Lacanjá, Yaxchilán, Piedras Negras, Chinikihá, etc.

Igual dificultad tendríamos para identificar Ochal y Qabouil Zivan (Zivan significa “barranca o valle” en cakchiquel) con los nombres que no conocemos de la capital palencana. Pero sucede que el nombre del gran rey al cuál hacen mención los

cakchiqueles nos revela quien es. Lo llaman Ychalcan Chicumcuvat. Ahora bien, Ychalcan significa serpiente cuata o de dos cabezas, y éste es el cetro bicapite de los señores de Baalam Kan. A Ulul Chículil se le representa con frecuencia con el cetro bicapite entre los brazos y en el relieve del Templo del Sol el trono sobre el cual descansa el escudo de Baalam Kan, está formado por una cara de jaguar al centro y las dos cabezas de serpiente a uno y otro lado, dando así expresión objetiva al nombre de la nación: BAALAM-KAN.

Chicumcuvat, separado en sus componentes, dice Chicum-cuvat, o sea chicum el guerrero, o el que batalla. Por lo tanto, los cakchiqueles nos están hablando precisamente de Ulil Chiculil.

Al referirse a los palencanos, les llaman akajales; pero esto, en maya, únicamente quiere decir “los de las ciudades” (ah cahal).

Con renovado interés continuamos la lectura de los Anales de los Cakchiqueles:

“...Llegaron después nuestros abuelos a la ciudad de Ochal y se hicieron querer por los akajales. Llegaron allí las cuatro parcialidades. La nación de los akajales no se había dividido, pero allí se repartieron todos y se dividió la tribu de los akajales. En seguida abandonaron la ciudad de Ochal, en la tierra caliente y valles ardientes.. -“

Podemos visualizar lo sucedido. Ante la amenaza de la invasión, los palencanos permanecieron unidos, esperando ver la actitud que traerían los feroces conquistadores. Sabían que ante este número tan grande no podrían ganar por la fuerza de las armas, maxime que el ejército palencano, tras muchos años de paz y molicie, estaba débil y su moral era baja. Pero los cakchiqueles llegaron en son conciliador. Al ver esto los palencanos, una parte de ellos optó por quedarse y otra por emigrar. Baalam Kan fue desalojado. Probablemente ya antes los sacerdotes y sus discípulos se habían ido a lugares más seguros, llevando sus preciosos libros. Ahora el pueblo los siguió.

Es evidente que no podían huir hacia el alto Usumacinta. De allí provenía la invasión. Tampoco podría atraerles la idea de escapar hacia el Oeste para alcanzar el altiplano porque allí los invasores también habían llegado y Teotihuacan yacía en ruinas. No les quedaba más que un camino: el norte de la Península de Yucatán, donde se estaban concentrando los inmigrantes de otras naciones de la Confederación Maya. Hacia allá se encaminaron los palencanos, pero sus gobernantes, como capitanes de un barco que se hunde, se quedaron atrás, por grado o por fuerza. Los anales nos lo dicen:

“...Luego llegaron los hijos de Ychalcan (recordemos que así nombran a Chículil) a Xepacay. Sentáronse en las raíces debajo de una ceiba, pero lo que apetecían era una salsa de chile, caza y pescado...”

Imaginemos a los descendientes del gran Mak k’in ak de Baalam Kan, lejos de la muelle comodidad y la gloria que habían conocido:

Allí, bajo una ceiba, probablemente en calidad de prisioneros de los bárbaros, sufriendo hambre y vergüenza. ¿Estaría Kuk con ellos? ¿Cuantos eran?

“...Y como estaban solos —nos dicen los Anales— se les acercaron unos hombres del valle...” (es decir,. antiguos súbditos suyos) “... que querían ahorcar a los hijos del rey, porque no podían sufrir que pretendieran sobrepasar la grandeza de sus padres. Por este motivo querían matar a los Señores..»’

Podemos penetrar un poco más en los motivos. He allí, prisioneros de los cakchiqueles, a los descendientes de Chículil. Los quieren utilizar los invasores como peleles para dominar a un pueblo que todavía conserva parte de su organización y de su orgullo y que, aunque esté invadido, aún no esta conquistado. Obvia mente, al matarlos, se les estaría quitando a los cakchiqueles un instrumento valioso de las manos. Además, quienes deseaban hacerlo eran precisamente los descontentos con la monarquía, víctimas de su opresión, que pensaban que así podrían convencer al resto del pueblo para sacar a los invasores a la fuerza. Pero el plan no surtió efecto. Los cakchiquelos aprovecharon en su favor el atentado para lanzarse contra los rebeldes en nombre de los príncipes.

“...Pero una noche salieron los principes y arrojaron a las gentes de Panah, Chiholorn, Xepakay y Xeynup. Los akajales se alegraron cuando llegaron al valle los hijos del rey. Con este motivo se separaron los akajales y abandonaron la ciudad de Ochal, y uniéndose los akajales a nuestros abuelos, se fueron a vivir juntos a Zakigahol y Nimcakah Pec.”

Este es, pues, el epílogo del gran pueblo del Baalam Kan. La represión instrumentada por los cakchiqueles —y no puede haber duda de que ellos fueron los ejecutores de esta campaña, puesto que líneas antes nos pintaron la triste soledad y privación en que se encontraban los príncipes, sentados bajo una ceiba. ¿De dónde salieron los soldados con que arrasaron cuatro de sus principales ciudades? — esa acción punitiva, hecha a nombre de los príncipes, acabó con los últimos rastros de autoridad y gobierno. El pueblo se dividió: unos, los que conservaban la esperanza de salvar los restos de su civilización milenaria, siguieron a los primeros emigrantes, hacia Yucatán y hacia una nueva vida; otros, los más, prefirieron quedarse en sus tierras atados a la dura vida del campesino, del “chol” (que quiere decir eso, “campesino” y que es el gentilicio reciente que les conocemos a los pueblos nativos de Tabasco y parte de Chiapas). Finalmente, los jóvenes aguerridos y todos aquellos que prefirieron unir su suerte a la de los invasores, se fundieron con ellos y probablemente acabaron siendo sus más valiosos colaboradores y maestros.

Aquí no termina la historia. Únicamente termina la parte que no conocíamos. Para conocer el resto, tendremos que leer otro libro muy distinto, un libro que nos dirá cómo peregrinó este pueblo desarraigado por toda la Península de Yucatán y dónde se estableció por fin. Ese libro es el Chilam Balam de Chumayel.

Es tiempo ya de que revelemos un dato que nos identificará al pueblo errante. Nos dejó en Baalam Kan escrito su verdadero nombre. No el de su Federación, que era Baalam-Kan, ni el de cada una de sus ciudades, sino el nombre de la gente:  su gentilicio.

Heindrich Berlín lo descubrió, pero no lo leyó. Supuso que era el glifo—emblema de Palenque.  Helo aquí:

 Es, quizás, el más fácil  de leer fonéticamente. Es el nombre de un pueblo sabio, artista, trabajador y genial. Se pronuncia ITSA.

H-KINYAH (Héctor M. Calderón).

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
Tienes que estar logueado para escribir un comentario. Puedes registrate si no tienes ya una cuenta creada.
busy
 

Videoteca - Videos mas recientes