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CELOS, MALDITOS CELOS PDF Imprimir E-Mail
viernes, 13 de octubre de 2006
La envidia y los celos contienen la misma energía, por lo tanto, también participan de lo humano. Mientras que la envidia es sentir que yo me merecía más que tú eso que tienes; los celos son el sentir que esto es mío y nadie me lo va a quitar. En las dos reacciones emocionales, encontramos la necesidad de apropiarnos, del poseer como forma de seguridad y como medida exacta del esfuerzo. Pero en el vivir no necesariamente la compensación posee exactitud, ni tiene caminos claros.La mitología greco-romana está llena de escenas de celos, de seres celosos, de episodios de venganzas por celos, lo que permitía que el hombre pagano pudiera recrearse en lo sentido y encontrar referencias para vivir estos estados posesivos con ellos mismos, sin sentirse culpables, inseguros, enfermos, o asociales.

Cabe destacar que cualquiera de estas expresiones, vividas sin límites, caerían en la patología. Pero vivirlas desde el sentimiento, desde el flechazo de Eros, o desde la necesidad compulsiva de triunfo y reconocimiento, se hace muy dificultoso en una cultura donde hay que hacerlo bien, sin que nadie sepa muy bien cómo, ni qué precio paga por hacerlo así.
El otro día, dictando una conferencia acerca de relaciones, una bella joven levantó la mano y me dijo: “Con todo respeto yo opino que celar es una acto primitivo que denota una gran inseguridad, yo tengo veinticinco años y ni me lo permito, ni le permito a nadie que lo haga, y eso me ha dado excelentes resultados.” Respeté la posición de la dama, pero preparé la artillería, porque al hablar de las relaciones, lo único que persigo es humanizar las situaciones amatorias, y devolver nuestra imperfecta y muy rica experiencia crecedora de ensayar y errar, pero desde cada uno. De pronto, otra joven, quizás dos años menor, levantó su mano para decir: “Disculpe, pero quiero plantear que mi gran problema es que me enamoré de alguien desde hace seis meses, y una de las cosas que me tiene más ansiosa es que él no me cela, y a mí me enseñaron que quien no cela no ama, ¿cómo hago?”
Si seguimos a estas dos damas, el pensamiento colectivo sería una locura como esta: si celas eres una persona muy insegura, pero si no celas no amas. Con locuras como éstas salimos a relacionarnos y a querer hacerlo bien. Los celos, al igual que la envidia, se caracterizan por ser bi-laterales, es decir que donde hay un celoso hay un celado, generando acciones o reacciones conscientes o inconscientes, para ejercerlos o ser víctima de ellos. Esto deriva, casi siempre, en una dinámica de relación que alguien debiera parar, ni siquiera para extinguirla, pero sí para hacerla consciente y bajarle los volúmenes cuando se haga insoportable o peligrosa.
Cuando nos involucramos en estas formas emocionales mal vistas o profanas, es necesario saber que parten de mí, o que participo en ellas, y desde allí podré transformarlas. Cuando me hago consciente de que tanto lo divino como lo pagano, también están en mí, me humanizo y puedo estar en el mundo desde una visión que me incluye y no me culpabiliza.

Los celos
¿Amor o sentimiento de posesión?


Los celos, ("el vicio de la posesión", como Jacques Cardonne los denominaba) han sido, desde hace siglos, argumento recurrente y fértil de la literatura aunque constituyan también el germen de demasiados sucesos desgraciados y muy reales. Pero, ¿qué son los celos?

Podríamos definirlos como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee-tiene, o se considera que se tiene-posee, o se debiera tener-poseer (amor, poder, imagen profesional o social...).

En el ámbito sentimental, el rasgo más acusado de los celos es la desconfianza y sospecha permanentes en el otro que tiñen, y perjudican gravemente, la relación con la persona amada. La mayoría entendemos por celos ese confuso, paralizador y obsesivo sentimiento causado por el temor de que la persona depositaria de nuestro amor prefiera a otra en lugar de a nosotros.

Cuando se muestra en su forma aguda, el origen de los celos hay que buscarlo en situaciones neuróticas o, en general, psicopáticas. Algunos autores creen que el sentimiento de los celos es universal e innato. Linton, por ejemplo, ve una prueba de esta tesis en el hecho de que en las Islas Marquesas, donde la libertad sexual es prácticamente total, los indígenas manifiestan sus celos sólo cuando están ebrios; es decir cuando su control voluntario, su raciocinio, ha disminuido. Por el contrario, otros psicólogos (como O.Klineberg) señalan que este sentimiento es de origen cultural, y que los celos no dependen del deseo o necesidad de goce exclusivo de los favores del otro, sino del "estatuto" social. En las sociedades monogámicas, como la nuestra, y siempre según este autor, el adulterio sólo provoca reacciones celosas en la medida en que origina inseguridad (material o afectiva) o afecta al prestigio y al honor. Son dos teorías relativamente antagónicas, pero como ocurre con frecuencia, perfectamente complementarias.

Podemos pensar por tanto, que cuando nos mostramos celosos experimentamos sensaciones inherentes a nuestra condición de seres humanos y, a la vez, manifestamos un comportamiento adquirido y heredado de nuestra cultura y modus vivendi.

Un sentimiento que puede resultar peligroso

Las personas muy celosas son, frecuentemente, apasionadas, ansiosas, un poco sadomasoquistas y neuróticas, y proyectan en su entorno humano sus propias tendencias a la infidelidad. Buscan con avidez todas las pruebas de su presunto infortunio y se muestran refractarios a los argumentos racionales que les trasmiten las personas cercanas con las que se sinceran.

Los celosos delirantes que se sienten abandonados, menospreciados y burlados, pueden llegar hasta la tragedia de perseguir con odio a su "amor" y no vacilarán en atacarlo. De ahí que este sentimiento de los celos genere tantos problemas, no sólo en la seguridad física de las personas directamente afectadas por casos criminales sino también en el equilibrio emocional de otras muchas cuyo bienestar psicológico se ve amenazado. Cuando en una pareja surge el miedo a la separación, éste se manifiesta en forma de celos, de persecución al cónyuge en su hipotética infidelidad, controlándole y pretendiendo obligarle a que sea fiel. Cuanto más persigue a su pareja con celos, tanto más se siente impulsado el perseguido o perseguida a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar. Y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso o celosa reclamarle como posesión propia y secuestrar su libertad de movimientos y de sentimientos.

El celoso exige entonces a su pareja la descripción pormenorizada de su supuesta aventura y en su mente se mezclan el miedo al ridículo, a estar en boca de todos, el sentir con dolor que la otra persona vale más, la pérdida de autoestima, un deseo morboso de información (circunstancias de la otra relación, quién es, dónde se ven, desde cuándo.....), un desmedido afán de control, un sentimiento de posesión exacerbado, la agresividad para con uno mismo...

Vive la situación como si de una tortura se tratara e incluso con deseos de venganza, que van desde el encerrarse en el silencio hasta el drama que con tanta frecuencia describen las secciones de sucesos de los medios de comunicación.

Los celos no son amor

Los celos, en contra de lo que podría parecer y de lo que sugieren algunas letras de canciones, argumentos literarios o guiones de películas, no siempre son consecuencia de un gran amor, ni indican cuánto se quiere, se necesita o se desea a la otra persona. Y, normalmente, quienes padecen preferentemente estos ataques de celos son personas muy centradas en sí mismas, que sólo se curarán saliendo de su autoencierro. En muchas situaciones de celos hay, más que amor o miedo a la soledad, otras causas: sentimientos de posesión del otro, de necesidad de controlarle, de inseguridad en uno mismo, de envidia hacia la mayor riqueza de la vida emocional del otro...

Un tipo muy especial de celos son los infantiles ("complejo de Caín"), que se manifiestan tras el nacimiento de un nuevo hermano. El niño, antes centro de todas las atenciones, se ve obligado a aceptar que debe compartir con el nuevo miembro de la familia el amor y cuidados de sus padres, muy especialmente de la madre, lo que hace que vea en el recién llegado un usurpador y la malquerencia hacia "el intruso", lo que puede conducirle a volcar su agresividad en su pequeño hermano. Según los psicólogos, no es extraño que incluso el origen de ciertos estados neuróticos que sufren los adultos provenga de secuelas de celos infantiles padecidos hace décadas. Pero los celos no son exclusivos del espacio familiar o sentimental: otro ámbito donde germinan es el mundo laboral.

Los celos afectan con frecuencia a profesionales desconfiados y muy competitivos (en la mala acepción del término), incapaces de trabajar en equipo y que invierten gran parte de su tiempo y energía en los pequeños detalles, no compartiendo información y controlando cuanto ocurre a su alrededor, a fin de que nadie presente un trabajo que pueda ensombrecer el suyo. La vida y valía personal de estos celosos laborales giran en torno a su estatus profesional y mantienen una baja autoestima (disfrazada frecuentemente de autosuficiencia). Y, por supuesto, con esa actitud, evidencian su inseguridad y un déficit de inteligencia emocional, al no responder positiva y equilibradamente a los estímulos del exterior, en este caso, a la competencia de sus compañeros de trabajo.

También pueden surgir los celos en la relación con los amigos ("ese es el más guapo, aquellla es la más lista, ese el que tiene la casa más bonita, este es el que está casado con la que más dinero gana"), pero normalmente no generan tantos problemas ni alcanzan dimesiones dramáticas.

Celos, malditos celos, ni sentirlos ni despertarlos


Origen y uso de los celos en las relaciones de pareja

La cuestión de los celos constituye una problemática profunda que se remite a la historia de la especie humana, cumpliendo así funciones específicas relacionadas con la supervivencia. Involucra a hombres y mujeres, a pesar de lo cual existen especificidades en la vivencia y expresión de este afecto, expresión del temor de que la persona amada se aleje con otro sujeto. Si bien la existencia de los celos es universal y se basa sobre situaciones reales o fantaseadas, es posible considerar ciertas pautas para intentar manejarlos en pro de la construcción de relaciones de pareja adecuadas.

En su definición más básica, los celos constituyen aquello opuesto a la noción de confianza. Su presencia en las relaciones de pareja es innegable, ya sea al comienzo, en el curso o al final. Normal para algunos, enferma para otros, este tipo de emoción tiene orígenes específicos así como consecuencias para la interacción de las personas.

Carlos Fraga
www.carlosfraga.com

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