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Se dice que una vez un militar emprendió un largo viaje para ver a un santo discípulo de Buda y le preguntó si podía él trasmitirle su mensaje. La respuesta fue:
-No hagáis el mal, obrad el bien, mantened pura vuestra mente: he ahí el mensaje de Buda. -¿Es eso todo? -preguntó el militar. Un niño de cinco años sabe eso. -Quizá sí -respondió-, pero pocos hombres de ochenta lo ponen en práctica.
Proclama tus propias faltas y no busques las faltas o defectos de los demás. Rechaza siempre el deseo de fama. Conquista el odio y la arrogancia. Posee una mente humilde. Evita formas de vida incorrecta y vive tu existencia en busca de lo verdadero. Abandona las conversaciones sin sentido y controla tu palabra. Genera la visión de reconocer a tu padre o a tu hijo en cualquier ser consciente. Abandona el odio y la infelicidad y allí donde te encuentres sé feliz. Termina lo que hayas empezado en primer lugar. Cuando recibas palabras hirientes o desagradables obsérvalas como si de un eco se tratasen. Cuando tu cuerpo se encuentra afligido obsérvalo como resultado de tus acciones previas. Habla de manera honesta y calmada con los demás. Evita un rostro sombrío cuando te encuentres con los demás. Da sin reserva. Evita toda envidia. Para proteger la mente de los demás evita conflictos y discusiones, ten siempre paciencia. Si alguien nos critica con dureza y esparce calumnias por los tres mil mundos, respondamos haciendo una descripción de sus buenas cualidades con una mente amorosa.
Si aquel a quien has amado y protegido con la devoción de una madre, te da la espalda resentido y te trata como a su peor enemigo, ámalo más que antes.
Si alimentamos el odio que guarda nuestro corazón y atacamos a los enemigos externos, pretendiendo destruirlos por completo, miles de nuevos aparecerán en su lugar.
Viendo que ésta no es la solución, hagamos uso del poder del amor y la compasión para no dejarnos arrastrar por la energía salvaje de nuestra mente.
Del libro Joyas del Budismo de Gueshe Tamding Gyatso
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