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LA NUEVA PAREJA SERÁ MI PANACEA |
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martes, 31 de octubre de 2006 |
Unas palabras a los impares...IV
Muchos de los citados recién llegados al mundo “impar” piensan, durante un largo periodo después de la separación, que la solución a su problema llegará con el hallazgo de la pareja ideal, creencia que les lleva a buscar como hurones en la madriguera de cada reunión por si el milagro aparece y comienzan el romance reparador. En la mayoría de los casos, cuando sucede este encuentro y al poco de iniciarse la nueva relación, se pone de manifiesto la repetición de los patrones emocionales tóxicos que permanecen sin revisar y que, en la mayor parte de los casos, contribuyeron al deterioro de la anterior relación.
Al poco tiempo, si el impar enfrenta otro final de relación –que, desgraciadamente muchas personas consideran un nuevo fracaso, en lugar del aprendizaje que en realidad representa-, puede blindarse emocionalmente y comenzar a repudiar sentimientos y enterrarlos en los sótanos de su persona. En muchos casos sucede que desconecta una parte muy hermosa y atractiva de sí mismo, por la que irradiaba la alegría primordial. Tan sólo deja a la vista cierta rigidez, defensas distanciadotas, desconfianza y un amargo sentido de la vida ante cualquier invitación a la frescura de la conexión interior. Su dolor la repliega hacia dentro mientras espera que el paso del tiempo lo cure todo.
Son tiempos en los que el miedo puede sustituir al amor, y el poder y la manipulación, a la entrega y la veracidad. Son tiempos en los que ante la realidad espiritual se pueden instalar creencias cargadas de desencanto y sequedad que hablan tan sólo de un mundo pragmático y materialista. Se trata de una realidad que se conforma con los sentimientos de frustración y fracaso que invaden de una soledad todavía no aprendida el mundo recién abierto. Son tiempos en los que la visión positiva de la vida y el cálido flujo de la ternura suenan a “película”, y en los que los sentimientos quedan enmascararos por el parloteo dialéctico que trata de ocultar la propia sensibilidad.
José María Doria
Hablo de ti
Contribución:
Sandra Riolobos
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