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LA FELICIDAD ES MI RESPONSABILIDAD |
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viernes, 03 de noviembre de 2006 |
Se da cuenta de que la felicidad es un asunto que tiene más que ver con su propia responsabilidad y que no está condicionada por la buena suerte o por el ahínco que pone en juego al manipular el mundo para obtener su legítima satisfacción. Observa que la paz y la serenidad comienzan a ser algo cultivable, como lo puede ser un jardín interior lleno de cuidados y renovaciones. Poco a poco, comienza a sentir que del mismo modo en que alimenta su cuerpo cada día también debe desarrollarse física y mentalmente de manera consciente y sistemática. Se da cuenta de que debe seguir abierto a su propia actualización como persona en el mundo y que debe dedicar tiempo a cambios de su propia intimidad. Pronto constata que lo que realmente trasmuta su dolor es la íntima mirada a su realidad espiritual, que a su vez reencauzará el sentido de su vida y hará brotar la alegría primordial de su ser.
-¿En qué consiste eso del cultivo interior?
-La persona que invierte en su propio desarrollo está, de una forma u otra, atendiendo lo que procura la liberación del sufrimiento y el equilibrado bienestar de cada correspondiente nivel. Por otra parte, tal inversión conlleva optar por el crecimiento como medio de acceso a formas de vida de mayor dimensión y calidad.
La máxima que dice "Invierte en aquello que un naufragio no te pueda arrebatar" revela el lúcido propósito de una vida con vocación de aprendizaje y crecimiento.
Desde esta perspectiva, para solucionar los problemas de soledad y desamparo con que se enfrenta el recién nacido "impar", no es necesario que literalmente luche contra ellos, sino que más bien se trata de apostar por una renovadora formación que le capacite para la apertura. Cada nuevo nivel alcanzado es más amplio, e integra a los anteriores. El cultivo debe hacerse de manera sistemática en los cuatro ámbitos del ser: el físico, el emocional, el mental y el espiritual.
En realidad, la oportunidad que supone la llegada de nuestra participación en el propio crecimiento nunca debería darse por agotada. Es un gozo, el gozo de crecer, que conviene realizar de por vida ¿Acaso la optimización de nuestras potencialidades no debe ser algo permanente?
José María Doria
Hablo de ti
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