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miércoles, 07 de abril de 2004 |
No olvidamos... las cosas importantes
Como la mayoría de los lugares comunes, los que giran en torno a la paz suelen ser olvidados en tiempos de paz. Y, como la mayoría de los lugares comunes, son enormemente importantes. La paz es la condición necesaria para la educación, las artes y la formación de relaciones humanas. Sólo cuando la paz está presente es posible crear música, levantar las cosechas, construir casas y monumentos.
La paz brinda a las personas el tiempo necesario para reflexionar; que es cuando la mayoría de las cosas buenas tiene su comienzo.
La paz social es siempre deseable, por las oportunidades que ella nos brinda y por su poder de renovación. Pero la paz interna o personal es más que deseable... es necesaria. Ella es un reflejo de la paz social que, a su vez, tiene su origen en el interior de las personas que la integran. Un círculo virtuoso que nunca deberíamos olvidar.
Es más fácil liderar los hombres hacia el combate, agitando sus pasiones, que refrenarles y dirigirles hacia las pacientes labores de la paz (André Gide).
La paz posible
Gandhi comparaba una comunidad ideal con el cuerpo humano. Las diferentes partes del cuerpo tienen diferentes funciones -algunas más vitales o importantes que otras- pero en momentos de crisis todo el cuerpo se une para enfrentar una herida o un dolor, aunque ocurra en el dedo del pie. De manera similar, la comunidad ideal está compuesta por diferentes grupos (económicos, religiosos y sociales) que, en momentos de crisis, acuden en ayuda de quien más lo necesita.
Gandhi definía la comunidad como el lugar donde las personas tienen fuertes relaciones unas con otras y donde cada una "está para la otra". El único modo de vida posible para construir comunidades es la "no-violencia". La filosofía de la no-violencia es totalizadora y toca cada aspecto de la vida humana.
La democracia no es posible si no estamos preparados para escuchar el otro lado(Mahatma Gandhi).
Intolerancia y Pesimismo
La violencia nace cuando creemos que nuestra manera de vivir es la única, e intentamos imponérsela a los demás. Suponer que nuestra manera es la mejor, es asumir que poseemos "la verdad". Sin embargo deberíamos tener en cuenta que, aquello que aparece como verdadero hoy, puede no serlo mañana.
Lo que es verdadero para nosotros no necesariamente será verdadero para otros. Por lo tanto, debemos desarrollar la habilidad de mirar todo desde diferentes perspectivas y tener la humildad de reconocer que podemos estar equivocados. Cuando aceptamos que otros pueden estar en lo cierto, nos unimos a ellos en una búsqueda genuina y conjunta de "la verdad" y la violencia cesa inmediatamente.
En nuestro concepto histórico de "vivir juntos", la calidad de las relaciones humanas raramente fue considerada. Como resultado, construimos ciudades indiferentes en lugar de comunidades compasivas. Esta herencia nos condujo a un pesimismo paralizante. Creemos que ...no podemos cambiar toda una sociedad o ...no podemos revertir siglos de historia. Somos negativos y agresivos porque nos hemos entrenado a lo largo de los siglos en ello, hasta absorber la violencia como estilo de vida.
Un rol en todos nuestros roles
Cuando no encontramos la forma en que podemos contribuir por la paz en nuestra comunidad... ¿tenemos que empezar de cero?
Afortunadamente, no necesitamos buscar demasiado lejos para poner en práctica nuestras habilidades para la no-violencia. En el hogar, en nuestra familia, en la escuela, en el lugar de trabajo y en la zona en la que vivimos abundan las oportunidades.
Podemos comenzar por aquello que ya hacemos asumiendo un nuevo rol: la custodia de la paz. Como padres podemos ayudar a nuestros hijos a abordar constructivamente las diferencias. Como maestros y jefes podemos introducir un enfoque de resolución pacífica de conflictos. Podemos ayudar como amigos a disculparnos y perdonarnos.
Escuchando a las partes, facilitando el diálogo y brindando nuestro ejemplo podemos impulsar una resolución constructiva y no-violenta ante los problemas. Todos podemos ser custodios de la paz. La clave consiste en identificar cuáles de nuestras habilidades contribuyen con este rol. Aunque no podamos asumir un rol directo en los conflictos que nos rodean, podemos sumar nuestra voz. Podemos hablar y votar en contra del conflicto destructivo y la violencia.
La violencia es una respuesta anti-natural porque atenta contra lo más básico: la vida. Custodiar la paz es lo más natural que hay en nosotros.
Si la suma total de los actos del mundo fuera negativa y destructiva, éste se habría extinguido hace tiempo (Mahatma Gandhi).
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