Pero de pronto una blanca sombra se desliza por el fondo, una brisa de nieve, una duda, un sutil misterio, una pregunta, la imperiosa necesidad de una respuesta. La viva leyenda que emerge y se muestra. Una ballena blanca, un fantasma que surge desde las profundidades con más aspecto de alma que de cuerpo, más una aureola que un suspiro, más enigma que ciencia. Los escritos aseguran que un animal es albino porque ha heredado genes que no producen las cantidades correctas de un pigmento llamado melanina. ¿Eso es todo? ¿Sólo se trata de un gen equivocado? ¿Debemos suponer que la naturaleza desacertó al crear un ser más visible a los depredadores y más sensible a la acción del sol? Las ballenas son negras, los tigres a rayas y el pavo real estridente. Así es como funciona. Cada color, cada forma responde a una imperiosa necesidad. ¿Debemos entender que un ejemplar albino es un simple error? ¿Una enfermedad? Los seres humanos no solemos ser muy sensibles a los individuos enfermos pero nos apasionan los animales albinos, nos generan una clara imagen de pureza. Todo lo blanco es puro. La blanca paloma de la paz, el caballo de los grandes héroes, el pelo de los sabios ancianos. Hasta utilizamos mensajes blancos para sugerir una idea, la novia que se viste de albo para entregarse en el altar, la nívea bata del médico que cura y protege, la inmaculada bandera que marca el final de la batalla. Si es blanco no puede ser malo, si es blanco ha de ser puro. Demasiado inmaculado para tejer una simple estadística o para ser tenido en cuenta por los eruditos en los tratados. Tan casto que casi no lo toca la ciencia, que se asume y se contempla sin mayores explicaciones. Que se admite como un gen equivocado, como si los dioses hubieran mirado para otro lado, como un error. ¿Un error o un intento de la vida por mostrar el alma que de tan sagrada casi ni se la mira? Una ballena blanca, casi un fantasma, desliza su sutilidad en el océano profundo, balanceándose entre Jonás y Ahab como un designio, como un mensaje, como una idea susurrada al viento. Con la diferencia de ser diferente y la incógnita que siembra la duda. Tito Rodríguez
Maya Sha Inlakesh
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