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"Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz, por medio de ejemplos."

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Aliento del amor divino PDF Imprimir E-Mail
domingo, 07 de enero de 2007
Humanidad: Infinitamente amada por mí, Yo sólo sé deciros que lo que es mío no lo dejaré perder; y vosotros sois míos. Os amo desde antes que fueseis y os amaré eternamente.
Venid bajo las alas de la alondra divina, donde existe el calor que da vida eterna a los que se sienten morir de frío.
En verdad os digo, que existe frío en el corazón de los hombres, porque han huido del verdadero amor, es como esos hogares en donde se ha apagado la llama sagrada de los afectos, ya sea entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. Están juntos sus cuerpos, pero sus espíritus están distantes. ¡Cuán grande es su vacío, cuánta su soledad y que frío en el interior de aquellos hogares! Humanidad enferma y triste, con vos estuve y no supisteis conocer quién os visitaba; no supisteis mirar en mis ojos la luz del Cielo. ¡Oh humanidad, que no comprendisteis el contenido y significado de cada gota de mi sangre derramada por vos! No sois felices, porque no habéis querido regar vuestras tierras con el agua de gracia que Yo vine a daros.

Pero aquí me tenéis, humanidad, vengo a enseñaros cómo aun dentro de vuestra condición material, podéis armonizar con la vida espiritual, transformando vuestros malos pasos en la Tierra en una jornada de verdadero progreso, que os dará en este mundo elevadas y nobles satisfacciones, y más allá, cuando dejéis la vida humana, hallaréis una cosecha interminable de hermosas sorpresas para vuestro espíritu.


Vengo a vosotros como el divino doctor de los doctores que se acerca a los enfermos del cuerpo y del espíritu para devolverles la salud perdida. Soy el que viene a resucitar a aquellos que han muerto a la verdad y a la vida verdadera. Mi caridad está dispuesta a enjugar las lágrimas de los que mucho han llorado, a todos los ungiré con su solo bálsamo, que es el del amor.


Humanidad: Aquí me tenéis, Yo he venido a salvaros de la miseria; esa mano suave que ha tocado al que es duro de corazón, ha sido la mía; ese dulce médico que ha penetrado en vuestro corazón para sanaros, he sido Yo.


Agonizáis de sed espiritual, os marchitáis por falta del rocío de amor y afectos puros; os sentís solos y por eso he venido a derramar entre vosotros la fragancia inconfundible de mi amor que hará renacer y florecer a vuestro espíritu en la virtud.


En vuestro dolor, he venido a buscaros para salvaros, es el amor de vuestro Padre que no se ha cansado aún de llamar a las puertas de vuestro corazón.


¿Creéis acaso que contemplando al mundo y a sus moradores en la altura de perversidad en que se encuentran y necesitándome como me necesitan, los abandonase?


Si soy vuestro Padre, pensad que necesariamente tengo que sentir lo que los hijos sientan, sólo así comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre, el Espíritu Divino también sufre con el dolor de todas sus criaturas.


Todos tenéis una herida en el corazón ¿quién como Yo para penetrar en vuestro interior? Sé vuestra amargura, vuestra tristeza y desaliento ante tanta injusticia e ingratitud que existe en vuestro mundo; sé de la fatiga de los que han vivido y luchado mucho en la Tierra y cuya existencia es para ellos como un pesado fardo; sé del vacío de los que se van quedando solos en esta vida. A todos os digo: "Pedid, que se os dará, porque a eso he venido, a daros según necesitéis de Mí.


Si os habéis sentido muy pequeños para que Dios se ocupe de vosotros, Yo os digo: Pensáis así por vuestro egoísmo que no os deja concebir la grandeza de vuestro Padre. Recordad todo lo que hacen vuestros padres materiales para guiar vuestros pasos cuando sois pequeños y cuánto se desvelan para cuidaros. Pues el conjunto del amor de todos los padres y de todas las madres de la Tierra es sólo un débil reflejo de lo que os ama Dios.

He ahí que vosotros nacisteis por amor, existís por amor, sois perdonados por amor y seréis en la eternidad por amor.

Así responde mi amor eterno al amor momentáneo de los hombres.


¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy, pobre, respecto de vuestro Padre, ya que mientras unos os sentís dioses sobre la Tierra, otros por el contrario os sentís indignos de ni amor.


Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos, pero si vosotros sois necios en el mal, Yo soy constante en mi amor por salvaros.


Os amo, y si un paso os alejáis de Mí, ese mismo doy para acercarme a vosotros. Si me cerráis las puertas de vuestro templo, Yo llamaré a ellas hasta que abráis para penetrar en él.


¿Cómo no me habéis de hacer falta y cómo no he de sentir vuestra ausencia si sois parte de mi Espíritu?


Entregadme vuestras penas, dadme vuestras tristezas y no os acordéis más de ellas.


Yo puedo con todos los dolores, penetrad en el santuario de mi amor y guardad silencio ante el altar del Universo, para que vuestro espíritu pueda conversar con el Padre en el más hermoso de los lenguajes: el del amor.


Ni uno solo de vuestros sollozos deja de escucharse en el Cielo, ninguna oración deja de hallar eco en Mí, ninguna de vuestras aflicciones o trances difíciles pasan desapercibidos para mi amor de Padre. Todo lo sé, lo escucho, lo veo y en todo estoy.


Confiad en Mi y cuando os sintáis desfallecer, dadme el peso de vuestra cruz mientras recobráis las fuerzas


Si la humanidad ha cultivado un gran árbol cuyos frutos en su mayoría han sido amargos y mortales ¿No os parece hermoso que Yo plante un árbol, que vosotros me ayudéis a cultivarlo y que sus frutos de vida, de verdadera paz y sabiduría divina os compensen de tanto dolor? Pues Yo soy ese árbol, Yo soy la vid y vosotros los sarmientos.


Soy el Maestro del amor que llega para ayudaros con vuestra cruz. Soy vuestro compañero de viaje que guía vuestros pasos y os acompaña en vuestra soledad y amargura. Soy el dulce amigo que esperábais. Soy el sustento que reclama vuestro espíritu, porque mi amor es el alimento que os da la vida.


Dejad que mi amor penetre en vuestro corazón y que él os consuele y os sane, dejad que os salve nuevamente; dejad que os liberte, rompiendo las cadenas que os atan a las pasiones, a la miseria y a la ignorancia.


La Humanidad vive en un caos del que no puede librarse por sí misma; necesita de ayuda y Yo estoy siempre presto a dársela; sólo espero de ella, una breve oración o un momento de arrepentimiento para iluminar su sendero y convertir este mundo de tinieblas en un valle de paz, en el que el hombre se sienta poseedor de la vida que Yo le he concedido.


Bienvenidos los pobres, los que lloran y los que padecen hambre y sed de justicia en la Tierra y que todo lo sufren con paciencia, porque a ellos vengo buscando para premiarles su fe.


Ah humanidad amada, si supieseis cuan fácil os seria encontrar vuestra salvación, si tuvieseis buena voluntad. Una oración, un pensamiento, una palabra bastarían para reconciliar a hombres, a pueblos y naciones.


Tengo piedad por vuestra pequeñez que manifiesta la poca fuerza que hay en vosotros; mas Yo soy fuerte y grande para suplir vuestra debilidad y pequeñez, y amoroso para suprimir vuestra ausencia de amor.

Si os he llamado en este tiempo para que me escuchéis, pensad que ha sido para ofreceros una oportunidad más para que surjáis a la luz, en una edad espiritual propicia al florecimiento de la semilla que he traído para el mundo.


Sí, este es el tiempo de la luz; Yo os digo que la luz es fuerza, es pureza y es verdad; por lo tanto esa pureza y esa verdad tendrán que brillar en todos los caminos y obras de los hombres. Muchos dirán entonces: Señor, ¡Por cuánto tiempo te ocultaste a nuestras miradas!; mas Yo les diré: No es que Yo me hubiese ocultado, es que vosotros tendísteis un denso velo para no verme.


Pobre humanidad que teniendo por Dios al Dios verdadero, no lo conoce ni lo comprende, como tampoco ha podido conocerse a sí misma, porque sobre sus ojos lleva una venda de tinieblas por su fanatismo religioso, por ese culto impuro e imperfecto que siempre ha sido un obstáculo para su evolución y Elevación espiritual.


Cuando el hombre haya descendido al fondo del abismo y cansado de luchar y sufrir ya no tenga fuerzas ni para salvarse a sí mismo, verá maravillado cómo surge del fondo de su misma flaqueza, de su desesperación y desengaño, una fuerza desconocida que es la que emana del espíritu, el cual al darse cuenta de que ha llegado la hora de su liberación, batiendo las alas se levantará de los escombros de un mundo de vanidades, de egoísmo y de mentiras para decir: ahí está Jesucristo, el repudiado, Él vive, en vano le hemos querido matar a cada paso y en cada día; vive y viene para salvarnos y darnos todo su amor.


Esa será la hora en que el hombre reconozca que para lograr la verdadera grandeza espiritual así como una vida elevada en la Tierra, no existe otra Ley que la de Dios, ni más Doctrina que la que os dí en la palabra de Cristo.


El espíritu de la humanidad conducido por las pasiones hacia un caos, piensa que sólo un milagro divino puede salvar a los hombres de cuyos corazones ha huido la paz, desde que perdieron la esperanza y la fe en el amor, en la justicia y en la razón humana.


Hay pueblos y naciones enteras que han arrojado de su corazón mi semilla; otros que se han olvidado de mis máximas; otros que ni velan ni oran. Sin embargo, y a pesar de la esterilidad en que viven, esos pueblos pronto quedarán convertidos en tierras fértiles, porque mi caridad descenderá a sus corazones.


Mi luz no os ha faltado un instante, pero sois como las frías losas que cubren los sepulcros, que por momentos se tibian para luego volver a enfriarse.


Considerad que sólo sois pasajeros en la Tierra, que en vuestra larga jornada habéis recogido dolor y habéis tropezado con el pecado, y que después de haber caído, sin encontrar una mano caritativa que os levantase, recordasteis que en el más allá hay un Padre bondadoso que está dispuesto a daros cuanto necesitáis, y que en El podíais encontrar alivio a vuestros males no sólo a los que enferman a vuestro cuerpo, sino a los que afectan a vuestro espíritu que son como un fardo doloroso que os agobia.


Cuando el espíritu de la humanidad abra sus ojos a la luz, contemplará una vida nueva dentro de la misma vida que hasta ahora creía conocer demasiado y que en realidad nunca ha sabido apreciar.


Si creéis en Mí, debéis confiar en que mi fuerza es mayor que la del pecado de los hombres y que por lo tanto este ceda ante la luz de la verdad y de la justicia, el hombre y su vida tendrán que cambiar.


Grande será la trasformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.


La razón, la justicia y el amor, vendrán a ocupar el lugar que les corresponde en el corazón de quienes han pretendido vivir sin virtud, siendo ésta la esencia y la razón de la existencia, tanto del espíritu como del cuerpo.


Y cuando parezca que todo ha terminado para el hombre y que la muerte es la que ha vencido o que el mal es el que ha triunfado, de las tinieblas surgirán los seres a la luz; de la muerte resucitarán a la verdadera vida, y del abismo del mal se levantarán a practicar la Ley eterna de Dios.


Estoy dando el riego que preparará las tierras donde brotará y fructificará mañana mi semilla. Ahora parece imposible que este mundo pueda transformarse material y espiritualmente en vista de que el mal ha arraigado en el corazón de esta humanidad, mas Yo os digo que no pasará mucho tiempo para que veáis el principio de la transformación espiritual de vuestros pueblos.


Habrá luz espiritual, salud en la mente y en el cuerpo de los moradores de este mundo.


Todo será limpio y desmanchado desde su principio para que sea digno de poseer el nuevo tiempo que se acerca, porque he de cimentar sobre bases firmes a la nueva humanidad.


¿Os parece difícil la unificación e imposible vuestra reconciliación y fraternidad con todos los pueblos de la Tierra? de cierto os digo que los hombres llegarán a reconocerse y a amarse.


Entonces huirá de vosotros la amargura y conoceréis la dulzura que brota de todo lo creado porque todo es fruto del árbol divino.


Quiero una nueva humanidad que crezca y se multiplique no sólo en número sino en virtud.


Quiero que se llene la Tierra de hombres de buena voluntad, que sean frutos de amor.


¿Cuándo llegará a ser esta humanidad como una inmensa flor cuyos pétalos sean vuestros corazones y su fragancia vuestro amor hacia Mí?


Pensad que si todos buscaseis ser justos y buenos, pronto se transformaría este valle de lágrimas en un mundo de elevada espiritualidad.


¡Oh humanidad, que no habéis sabido desprendros de las vanidades del mundo, para cumplir con las leyes del espíritu! Amáis esta Tierra que os hace llorar y venís a ella una y otra vez, sin saber el fin para el cual habéis sido enviados. Yo os digo, cumplid vuestra misión y preparaos para el viaje hacia la tierra que os tengo prometida, para que oigáis mi voz de Padre que os recibe y os da el descanso que hayáis alcanzado con vuestras obras de amor y caridad hacia vuestros hermanos.


Os parece imposible la transformación moral y espiritual de la humanidad, porque os habéis alejado mucho de los principios que os fueron revelados. No alcanzáis a imaginar y menos a creer en un mundo en donde impere el amor, reine la paz y exista la justicia.


Otros, en cambio, se muestras escépticos, porque no conciben a ese mundo que os estoy anunciando, con hombres y pueblos que se amen los unos a los otros.


Yo os digo que no podéis creer en todo ello porque no habéis querido analizar el significado de mi palabra ni de mis obras; si dedicaseis un poco de vuestro tiempo a la meditación espiritual, alcanzaríais grandes inspiraciones y obtendríais sabiduría.


¡Cuánta fuerza y cuánta belleza descubrirá cuando abra sus ojos a la luz de esta vida! Todo lo que su ignorancia le hizo interpretar indebidamente, haciéndole caer en errores y culpando de ello a quien creó a todos los seres, desaparecerán de la mente del hombre.


38 Sólo Yo tengo potestad para señalar las faltas de la humanidad, errores que con mi sabiduría corrijo y con mi amor perdono.


Mi poder y mi paciencia son inagotables y si queréis que al borde del abismo os dé una prueba más de amor, os lo concederé, pero debo deciros que en ese infinito amor que voy a demostraros una vez más, estará presente mi justicia sabia e inexorable.


Mas si en mi palabra os juzgase, ¿por qué teméis? ¿Por ventura mi juicio no proviene del amor que os tengo?


Pero hoy os digo: Haré que las banderas de las naciones, destrozadas por el combate, se unan todas hasta formar un estandarte de paz. Os hablo de esta manera, porque soy el Dios de la paz, el Padre que quiere la alegría en el corazón de sus hijos.


También haré que este mundo se levante limpio de su lepra, haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.


Sois pecadores pero me amáis y al acordaros de Mí, tratáis de agradarme practicando la caridad con vuestros hermanos. Sois pecadores, lo se, pero sabéis orar cuando tenéis una pena. Sois pecadores, pero sabéis compartir de vuestro pan a quien se acerca a vuestra puerta a pedir caridad.


Por cuanto bien hacéis queriendo agradarme, tomad mi caricia, sentid mi consuelo, recibid mi bendición.


Os dejo esta lección, para que a través de ella miréis hacia el pasado buscando vuestro principio, examinéis vuestro presente y después miréis hacia el futuro que os espera, pleno de sabiduría, de trabajo, de lucha y de compensaciones divinas.



No os aflijáis inútilmente; todo lo que creéis que os hace falta, lo tenéis con vosotros. Os he dado mi luz en el espíritu y por añadidura os he confiado lo necesario para conservar vuestro cuerpo. Todos los elementos os sirven, todo lo he creado para vuestro recreo y todo es provechoso si lo tomáis con medida. Otra es la causa de vuestro sufrimientos y desvelos. El espíritu no encuentra la paz en esa existencia vana que habéis forjado en la Tierra y os comunica su intranquilidad. ¡Si formáseis propósitos de verdadera enmienda, cuánto bien os haríais y cómo recobraríais la paz perdida!


Esta palabra levantará al espíritu de los moradores de esas naciones que hoy se encuentran cansados de sufrir, mas os digo que pronto, muy pronto, me encontrarán con los brazos abiertos como estuve en la cruz, esperándolos para estrecharlos amorosamente y llevarlos a mi mansión de paz.


Fuente: Tercer Testamento
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