Cuando dejamos de ser el centro dramático de nuestras propias vidas, logramos una ampliación que nos da la paz. Alice A. Bayley. La vida es un proceso de ampliación progresiva de la propia identidad. En sus comienzos, el yo vive encapsulado dentro de la piel, en un mundo tan prieto que resulta casi imposible ponerse en el lugar de cualquier otro ser. Poco a poco, el impulso evolutivo expande la identidad, y conforme la persona crece y avanza, supera su propia prisión egocéntrica. Cuando se expande el yo-cuerpo-físico del niño, éste se identifica con un yo-familia. Más tarde, sigue expandiéndose a un yo-sociedad en la que vive para llegar un día en que su experiencia de identidad abarca a la humanidad completa.
Se dice que la expansión sigue su proceso hasta culminar en el ser-totalidad, el Universo en esencia. El camino iniciático que recorre la conciencia hacia la infinitud de un expandido sí mismo conlleva aperturas sucesivas, también llamadas iniciaciones. Cada nivel superior integra los niveles anteriores. En el mundo de la Física se refleja esta ley cuando vemos que los átomos integrados trascienden al nivel mayor que se denomina célula. Asimismo, cuando las células se integran, trascienden al nivel superior u órgano. Y a su vez, éste integrado con otros, es trascendido en un sistema corporal, y así sucesivamente. Esta holo-arquía se expresa conceptualmente cuando vemos que dos letras integradas conforman una sílaba. Cuando éstas, a su vez, se integran, trascienden a una palabra que a su vez, integrada en otras, trasciende a una frase y a su vez a un párrafo... Cuanta mayor profundidad y mayor totalidad, mayor es el valor conjunto. A nivel del sí mismo-consciencia pasa lo mismo, es decir, cuanto más amplio y profundo sea el nivel alcanzado, más valioso y desarrollado será el yo identidad que uno siente y expresa. Nos expandimos del egocentrismo al mundi-centrismo y de éste, al holocentrismo. El proceso de crecer y expandir significa un camino de vuelta hacia la conciencia de unidad. Un estado final de llegada en el que ya no hay otro. Un proceso que representa la evolución de la conciencia que, partiendo del estado prerracional y preconsciente, pasa por un estado racional y consciente y finalmente, deviene transpersonal y supraconsciente. Tres etapas del desarrollo de la humanidad que desde la perspectiva actual aluden al pasado, presente y futuro. La experiencia dramática que experimentamos al vivir, en realidad, le sucede a nuestro yo-idea, no al Ser esencial y transpersonal que en realidad somos. La dramatización es una cinta teatral que se despliega en la mente. El hecho de observar a los personajes internos con los que nos hemos identificado y proceder, simplemente, a distanciarse de los mismos, conlleva liberar la identidad Real de sus marionetas. Dejar de creer que uno es sus propios personajes y proceder a observarlos como partes del propio ego, supone separar las máscaras del yo persona y vivir desde un Yo Mayor o Testigo. Se trata de un centro de la corriente de consciencia que observa a dichos personajes y máscaras. El Ser permanente, absoluto y ecuánime. El que se da cuenta de que su psicocuerpo prefiere, compara y opina. Es aquel que se da cuenta de los contenidos que su mente maneja. Las nubes del cielo vienen y van sin que ello afecte al inmenso azul que contempla imperturbado tal trasiego. De la misma forma, los pensamientos, las emociones, las imágenes y las sensaciones, todos ellos impermanentes, son como tales nubes siempre cambiantes que no afectan al Yo-Observación que como cielo imperturbable, permanece inafectado por sus contenidos. Se trata del sujeto por excelencia. El Ser esencial que en realidad somos. Un estado de desimplicación que señala la libertad por excelencia. Jose Maria Doria "Inteligencia del alma"
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