Warning: file(http://abhishekgujar.com/biopages/modules/mod_clo/images/varrow.txt) [function.file]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found
in /home/red/public_html/4/templates/rt_vortex/index.php on line 161
Cuando usas la opción de "Full Screen" puedes ver otros programas.
Para pausar solo pasa tu cursor sobre el video.
Reclamo Divino
domingo, 21 de enero de 2007
Amar fue el fin para el que fuisteis creados. Amar a vuestro Padre y en Él a todos vuestros hermanos; He ahí la ley, y eso es precisamente lo que habéis olvidado y borrado de vuestro espíritu.
Desde los primeros tiempos, he visto a los hombres quitarse la vida por causa de la envidia, por el materialismo, por la ambición del poder; siempre han descuidado su espíritu, creyéndose materia solamente, y cuando ha llegado la hora de dejar en la Tierra la forma humana, sólo ha quedado lo que hicieron en su vida material, sin recoger ninguna gloria para el espíritu por que no la buscaron, no pensaron en ella ni les preocuparon las virtudes del espíritu, ni el saber. Se conformaron con vivir sin buscar el camino que los conduce a Dios.
En verdad os digo que la época en que el hombre vivió en cuevas y se cubría con piel, también se arrebataban de la boca el alimento los unos a los otros; también los más fuertes se llevaban la mayor parte; también el trabajo de los débiles fue en provecho de los que se imponían por la fuerza, también se mataban hombres con hombres, tribus con tribus y pueblos con pueblos.
¿En dónde está la diferencia entre la humanidad de ahora y la humanidad de aquellos días?
Sí, ya sé que me diréis que habéis alcanzado muchos adelantos, ya sé que me hablaréis de vuestra civilización y de vuestra ciencia, mas entonces os diré: que todo ello es precisamente la máscara de hipocresía, tras de la cual escondéis la verdad de vuestros sentimientos y de vuestros impulsos todavía primitivos, porque no os habéis preocupado un poco por el desarrollo del espíritu, por cumplir con mi Ley.
Yo pregunto a los hombres de este tiempo, que se consideran los más adelantados en toda la historia de este mundo. ¿No habéis encontrado con todo vuestro talento, una forma de hacer la paz, de alcanzar el poder y de lograr la riqueza, que no sea matando a vuestros semejantes, destruyendo o esclavizándolos? ¿Creéis que vuestro adelanto sea verdadero y real, cuando moralmente os arrastráis por el cieno y espiritualmente vagáis entre sombras? Yo no combato la ciencia, puesto que Yo mismo la he inspirado al hombre; lo que censuro es el fin para el que a veces la aplicáis.
¿No creéis que la división de la humanidad en pueblos y razas, es algo primitivo? ¿No meditáis que si vuestro adelanto en vuestra civilización, de la que tanto os enorgullecéis, fuese verdadera, no estaría aún imperando la ley de la fuerza y la maldad, sino que estarían regidos todos los actos de vuestra vida por la ley de la conciencia?
Comprended que ya no es tiempo de que viváis en la ignorancia, hoy vivís en la era de la luz, de las grandes revelaciones que os ofrece mi enseñanza. ¿Imagináis la sabiduría que habríais alcanzado, si desde los primeros tiempos hubiéseis practicado mis lecciones cumpliendo con mi Ley? Mas os habéis entregado a los placeres del mundo estacionandoos en el camino de vuestra evolución espiritual. Por eso hoy que he llegado con mi nueva lección, ésta os parece extraña, incomprensible y fuera de vuestra manera de vivir. Pero os bastará meditar en una sola de mis cátedras para que reconozcáis la verdad de mi palabra, entonces veréis que lo extraño no es mi Doctrina, sino vuestra manera de ser fuera de mi Ley.
Si los hombres sintiesen el verdadero amor para sus hermanos, no deberían de sufrir el caos en que se encuentran, todo en ellos sería armonía y paz; pero ese divino amor no lo entienden y sólo quieren la verdad que llega al cerebro no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena se amargura.
¡Cuánto lucháis tratando de libraros de la oscuridad en que vivís, a pesar de encontraros en pleno tiempo de la luz!
He buscado entre la niñez y contemplo que mientras su carne es inocente, su espíritu lleva consigo una cadena de vicios que ha recogido en los tiempos pasados y se ha olvidado de que ha vuelto a encarnar en este planeta tan sólo para purificarse por medio de una nueva envoltura. He buscado entre la juventud un corazón puro y he contemplado que el mancebo se ha manchado y lleva lacras en su espíritu; y en la doncella está el germen de la tentación. Entre los ancianos miro tan sólo a seres cansados y confundidos por las vicisitudes de la vida. En los científicos se encuentra el materialismo y la soberbia, porque habiéndoles mostrado los secretos de la Naturaleza, se han sentido grandes y han querido convertirse en dioses en este mundo. Y entre los que se dicen ministros de mi Divinidad, sólo descubro al hipócrita y al fariseo del Tercer Tiempo.
¿Por qué os habéis alejado de la vida espiritual, retrasando con ello vuestra evolución? ¿Cómo os atrevéis a culpar a Dios de vuestras propias caídas, de vuestro dolor y de vuestra imprudencia?
¿Cuándo llegaréis a alcanzar la paz del espíritu, si ni siquiera habéis conseguido obtener la paz del corazón? Yo os digo, que mientras la última arma homicida no haya sido destruida, no habrá paz entre los hombres. Armas homicidas son todas aquellas con las cuales los hombres se quitan la vida, matan la moral, se privan de la libertad, se quitan la salud, se arrebatan la tranquilidad o se destruyen la fe.
No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son asesinos del espíritu. Y cuántos de estos van libres, sin presidio y sin cadenas.
¿Por qué no existe el verdadero amor entre los hombres? ¿Por qué no se practica la verdadera caridad? Y Yo os contesto: Es que habéis dejado secar el manantial de aguas cristalinas que he puesto en vuestro corazón, porque os habéis apartado del cumplimiento de mi Ley.
¿Cómo ha de ser justo que la especie humana no se entienda entre sí, si hasta los animales de una misma especie se comprenden, así sean unos de una región y otros de otra?
¿Queréis dejar de sufrir, humanidad? Amad, haced el bien a vuestro paso, reconstruid vuestra vida. ¿Queréis ser grandes, ser felices? Amad mucho, amad siempre. ¿Queréis llorar, deseáis que la amargura os invada, queréis guerras y desolación? Continuad como estáis viviendo, dejad que en vuestra vida siga enseñoreándose el egoísmo, la hipocresía, la vanidad, la idolatría, el materialismo.
Muy claro contempláis el caos entre los hombres, para que no sigáis haciendo la Ley a vuestro gusto.
Estos tiempos son de justicia para pagar vuestras deudas. Estáis recogiendo la cosecha de las siembras pasadas, el resultado o consecuencia de vuestras obras.
El hombre tiene un tiempo para hacer su obra y otro para responder de lo que hizo, este último tiempo es el que vivís. Por eso todos sufrís y lloras. Así como vosotros tenéis un tiempo para sembrar y otro para cosechar, Dios también tiene uno que os concedió para cumplir con su Ley y otro para manifestar su justicia.
Encontáis contradictorio con el amor del Creador vuestro peregrinar por esta vida llena de amarguras y vicisitudes, en la cual imitáis a los niños cuando están descontentos o enfermos. Vivís en un contínuo llorar por vuestros sufimientos, más éstos son el resultado natural de vuestras desobediencias y faltas a la Ley y del mal uso que habéis hecho de la libertad que mi amor os ha dado.
¿Acaso queréis culparme de todo lo que no viene de Mí y que ha sido vuestro? Yo os he dicho que sembréis amor, y en vez de ello habéis sembrado odio. ¿Queréis acaso recoger amor?
Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación. Sabed también que sólo los espíritus purificados pueden llegar a mi presencia. ¿Mas cómo podríais arrepentiros verdaderamente, si no conocíais la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres, para hacerles comprender lo que significa ante la Divina Justicia, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasaban inadvertidas a vosotros, porque os habíais familiarizado con todo ello. Mas llegó mi palabra de amor y en su esencia encontrasteis la presencia de una justicia perfecta, que a través de vuestra conciencia os hacía reconocer cada una de vuestras malas obras, analizar vuestro pensamiento y os recordaba vuestro cumplimiento espiritual que ya habíais olvidado.
Os he enseñado a vivir en paz una vida sencilla, pura y elevada y vosotros insistís en vivir una constante guerra de odios, materialismo e insanas ambiciones.
¿Quién de vosotros puede imaginar cómo es el fondo de ese abismo que con tanto odio y perversidad habéis abierto? Nadie, nadie puede imaginar las tinieblas ni el dolor acumulado durante siglos, milenios y eras en ese inmenso cáliz de amargura.
Si el hombre o la mujer no detienen a tiempo sus insanas inclinaciones caerán en un abismo y en una fatiga total, en ese caos de odios, de placeres, de ambiciones no satisfechas, de pecado, de adulterio, de profanación a las leyes espirituales y humanas, encontrarán una muerte pasajera para su espíritu y corazón; pero de esa muerte, Yo haré que se levante a la vida verdadera. Yo haré que tengan su resurrección y en esa nueva vida, luchen por el renacimiento de grandes y nobles ideales, por el resurgimiento de todos los principios y de todas las virtudes, que son atributos y patrimonio del espíritu.