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PORQUE DEBEN CESAR LOS EXPERIMENTOS CON ANIMALES PDF Imprimir E-Mail
domingo, 28 de enero de 2007

Capítulo l
LOS HECHOS BASICOS
Echemos primero un vistazo a qué sucede en los laboratorios del mundo (al número de animales involucrados, de dónde provienen los animales, de dónde sale el dinero) y a ejemplos del tipo de experimentos que se realizan en los laboratorios modernos.
¿CUÁNTOS ANIMALES ESTAN INVOLUCRADOS?
Es imposible precisar cuántos animales son maltratados, torturados, mutilados y asesinados anualmente en nombre de la ciencia. Resulta imposible porque muchos científicos, sabedores de que sus actividades son inútiles e impopulares, mantienen el secreto y rechazan facilitar detalles acerca de los animales que utilizan.

Pero utilizando las cifras disponibles es posible realizar cálculos bastante acertados. En Estados Unidos de América, los investigadores académicos utilizan entre 17 y 22 millones de animales anualmente, mientras que la industria cosmética del mismo país se sirve de cerca de un millón más. En Gran Bretaña, los científicos utilizan entre 3 y 4 millones de animales al año. La suma de todos los animales que se utilizan en el mundo ronda probablemente los 250 millones.
O, para ofrecer una cifra más descriptiva, los experimentadores con animales utilizan alrededor de 100.000 o 125.000 animales cada hora.


¿DE DONDE PROVIENEN LOS ANIMALES?

La demanda de animales para mutilar y asesinar es enorme, de manera que, inevitablemente, son muchos los que se ganan la vida proporcionando a los laboratorios el suministro de vidas que éstos necesitan.
Pero, ¿de dónde sacan los proveedores los animales? Muchos de los animales son criados especialmente en granjas, donde se utilizan técnicas sofisticadas para satisfacer los deseos de los investigadores. Algunos animales provienen de zoológicos (cuando tienen superpoblación de alguna especie), otros se apartan de su actividad (los antiguos galgos de carreras son muy populares entre los investigadores) y algunos se capturan en su hábitat natural.
Este último método es el que levanta mayor indignación entre los grupos de defensa ambiental, pues algunos de estos animales se capturan en cantidades tan numerosas que especies enteras se hallan amenazadas de extinción.
Ya en 1972, E.G. Hartley, del Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres, advirtió que "en ciertas áreas de la India en las que la población de rhesus (monos) era muy numerosa años atrás, ya casi no se encuentran ejemplares". Hartley continuaba diciendo: "Nadie puede negar que se ha causado cierto efecto en la conservación de algunas especies de primates debido al gran número de individuos capturados anualmente con fines de investigación bioquímica".
Las cosas no han cambiado mucho (si es que han cambiado algo) desde entonces. Un proveedor de animales afincado en Gran Bretaña importó recientemente 10.000 monos en un período de cuatro años. Los animales fueron capturados en las selvas de Malasia, Indonesia y las islas Filipinas. Después de un viaje difícil, largo y desesperadamente incómodo, estos animales se vieron obligados a cambiar su libertad por las jaulas de laboratorio y su natural estilo de vida por el aburrimiento y el dolor.
El temor constante de muchos amantes de los animales es que su mascota de compañía pueda acabar un día en un laboratorio, y hay pruebas que muestran que muchos de estos temores están bien fundados. De acuerdo con el Doctor James B. Wyngaarden del Instituto Americano de la Salud, y según escribía recientemente en el Periódico de la Asociación Médica Americana, alrededor de 200.000 gatos y perros son capturados cada año en las calles de América para después ser ofrecidos a los vivisectores con fines experimentales.


¿DE DÓNDE SALE EL DINERO?

Es imposible evaluar con precisión cuánto dinero se invierte en los experimentos con animales, en parte porque el secreto rodea cualquier actividad de los investigadores, y en parte porque el dinero proviene de diferentes lugares.
Pero la suma total estimada es enorme y, a pesar de las ocasionales quejas públicas de algunos investigadores sobre su falta de recursos económicos, no hay duda de que el negocio de la vivisección goza de buena salud financiera y no parece peligrar por falta de fondos.
La mayor parte del dinero proviene de tres fuentes principales: gobierno, industria y organizaciones benéficas. Entre todos ellos, los administradores dilapidan enormes cantidades de dinero de los contribuyentes, de los accionistas y de gente que ha metido unas monedas en una hucha confiando en ayudar a la lucha contra el cáncer, las enfermedades cardiacas o algún otro tipo de trastorno grave.
La mayor parte del dinero que ofrecen los gobiernos se canaliza hacia la investigación con animales a través de tres departamentos específicos.
Primero, y más evidente, grandes sumas de dinero provienen de las organizaciones oficiales fundadas para ayudar a la investigación científica.
Se dispone de gran parte de este dinero para la investigación "pura", que no tiene por qué justificar ninguna utilidad evidente, inmediata o práctica. Hay instituciones que reciben grandes sumas para poder pagar algunas de las investigaciones más inútiles del mundo. Hoy en día es una realidad aceptada que los científicos que trabajan en investigaciones con animales bien pueden ser de segunda fila, pero resultan ser muy buenos a la hora de rellenar formularios y solicitudes de fondos.
La siguiente ruta que suele tomar el dinero del estado es la de la educación. Enormes sumas de dinero se dedican a que los estudiantes puedan experimentar con ranas vivas, conejos y gatos; siempre repitiendo experimentos que ya se han realizado mil veces. Pero el dinero con mayúsculas va a parar a los departamentos de las universidades, donde pseudocientíficos de bata blanca se hallan en constante busca de nuevos métodos para obtener informes científicos a partir de ratas, gatos, perros y monos.
Finalmente, una cantidad considerable de dinero llega a las manos de los experimentadores con animales a través de los Ministerios de Defensa.
Cuando el dinero proviene de esta fuente, el secretismo que lo rodea (a menudo enorme) aún es mayor. Los temores y los sentimientos paranoicos de culpabilidad de los investigadores corrientes se combinan con los arraigadísimos temores y las particulares paranoias de las instituciones militares.
La mayor parte del dinero que la industria gasta en experimentos con animales proviene de las empresas farmacéuticas (de la fabricación de productos para que los médicos los receten y los clientes los adquieran en los mostradores de las farmacias) y de la industria cosmética. Entre ambas se gastan una fortuna en la investigación de nuevos ingredientes y productos potenciales. Pero la participación de la industria no se limita a estas áreas; las empresas fabricantes de productos tan variados como los aditivos alimenticios, los productos químicos para la industria y la agricultura y los productos domésticos de limpieza también llevan a cabo un número ingente de experimentos con animales.
La caridad es la tercera fuente de recursos principal para la experimentación con animales. Gracias a millones de pequeñas donaciones individuales de gentes atraídas por vagas promesas de victoria sobre la enfermedad y del descubrimiento de "panaceas", las organizaciones benéficas médicas confían ciegamente en que, a pesar de que todos sabemos que son nuestras malas costumbres las que nos enferman, todavía cabe esperar que alguien dé con un remedio mágico que nos evite tener que responsabilizarnos de manera real y práctica sobre nuestra salud.
En resumidas cuentas, la ruta que recorre el dinero hasta llegar a los experimentadores con animales es prácticamente irrelevante. Tanto si el dinero proviene de un departamento del gobierno, de una organización benéfica o de una compañía multinacional, la fuente que dona el dinero no es un burócrata o contable anónimo: el dinero que financia los experimentos con animales sale de nuestros monederos y carteras.
Usted está pagando experimentos con animales cuando paga impuestos, cuando está ofreciendo dinero a una organización benéfica o cuando compra un producto fabricado por una empresa que tiene en nómina a experimentadores con animales .
Usted tiene derecho a saber qué hacen los investigadores con el dinero que consiguen y a reclamar que dejen de hacerlo, por la sencilla razón de que está usted ayudando a pagar las facturas.
A medida que siga leyendo, recuerde que usted ha ayudado a pagar prácticamente todos y cada uno de los experimentos que se describen en este libro; ha ayudado a comprar los animales, también a equipar los laboratorios y también a pagar los altísimos salarios de que disfrutan los hombres y mujeres de bata blanca que han ideado y realizado los experimentos.
Espero que se enfaden tanto como yo.


UN CATÁLOGO DE MISERIAS

Resulta difícil saber por dónde empezar (o acabar) a la hora de describir los experimentos que realizan los vivisectores. Tengo un armario archivador lleno de informes de universidades e instituciones de todo el mundo, y parece que la variedad de bajezas que los investigadores pueden idear para con los animales que están en su poder es infinita.
Al final he decidido limitarme a listar resúmenes muy breves de unos pocos experimentos realizados en los últimos años. Son ejemplos bastante típicos, ni más ni menos espeluznantes que otros miles de experimentos que se llevan a cabo a diario en todo el mundo. Los he seleccionado sin extenderme mucho en su comentario, ya que para ello he dedicado una sección del libro. Sin embargo, añadiré que he quitado hierro a algunos de los experimentos que describo; la lectura de los informes originales, que ofrecen todo lujo de detalles, me puso tan enfermo e irritado que hube de dejar el trabajo repetidas veces para poder redactar esta sección.
Cabe resaltar tres puntos finales.

Primero, intente recordar mientras lee las descripciones que cada hora de cada día se llevan a cabo entre 100.000 y 125.000 experimentos similares en todo el mundo.
Segundo, si desea saber qué clase de experimentos se llevan a cabo en las universidades u otras instituciones cercanas a su lugar de residencia, póngase en contacto con la asociación antivivisección más próxima.
Tercero, no olvide que la mayor parte (si no todos) de estos experimentos se realizan con su consentimiento y con su dinero.
1. Varios investigadores británicos cegaron a dos gatos atigrados recién nacidos cosiéndoles los párpados y la córnea. Después los colocaron en una plataforma especial y les fue inyectado peróxido de rábano picante en el cerebro. Finalmente fueron sacrificados.
2. Tres investigadores realizaron un experimento durante el cual se distrajo a tres hembras de hámster con pipas de girasol para poder apartarlas de sus crías poco después del parto. Bajo "anestesia hipodérmica" se les amputó el ojo izquierdo a las crías. Después fueron devueltas con sus madres. Los científicos utilizaron cincuenta y nueve crías de hámster en este experimento, y amputaron el ojo izquierdo a "cerca de la mitad".
3. En el Instituto de Investigación Radiológica de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de Bethesda, Maryland, un investigador pasó nueve semanas obligando a treinta y nueve monos a correr por un tubo cilíndrico llamado "rueda de actividad". Cuando los monos no corrían con la velocidad suficiente se les aplicaba una descarga eléctrica.
4. Los investigadores apoyados por el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido suministraron una droga a varios hurones que les provocaba vómitos cada medio minuto en intervalos de cinco minutos. Tales investigadores suministraron entonces otra droga a los hurones y llegaron a la conclusión de que bajo algunas circunstancias los hurones no se levantaban para vomitar, y que bajo la influencia de la segunda droga los vómitos eran menos violentos.
5. Tres gatas adultas fueron seleccionadas por su especial docilidad en un laboratorio galés. Conectaron unos cables a los ojos de las gatas que se adosaban a un dispositivo colocado sobre el cráneo de las mismas con tornillos de acero inoxidable. Se mantuvo a las gatas despiertas y se hicieron mediciones de los movimientos de sus globos oculares mientras sus cuerpos eran zarandeados, sometidos a rotación y a otros estímulos.
6. Unos investigadores americanos separaron a gatos recién nacidos de su madres para ver qué efecto les causaba. Al final del experimento, los científicos llegaron a la conclusión de que las crías separadas de sus madres lloran más que las que permanecen en contacto con ellas. Los científicos añadieron que los llantos denotaban estrés.
7. Dos investigadores eminentes que trabajaban en Estados Unidos llevaron a cabo una serie de experimentos diseñados para causar depresión en crías de mono. Para empezar crearon una réplica en trapo de una madre que disparaba aire comprimido. Cuando un monito se acercaba a la falsa madre para abrazarla, el investigador pulsaba un botón que hacía que el mono saliera despedido. Sin embargo, este método no resultó, y el mono aprendió a abrazarse con mayor fuerza. Después, los investigadores construyeron una falsa "madre monstruo" diseñada para golpear tan violentamente que hiciera "crujir la cabeza y los dientes" de las crías de mono. De nuevo, el mono se abrazaba con mayor fuerza. El tercer monstruo estaba dotado de un bastidor de alambre en su interior. El bastidor estaba diseñado para separar violentamente al mono. Esto resultó hasta cierto punto, pues el mono salía despedido bien lejos de la madre pero volvía a levantarse a continuación para volverlo a intentar. En un esfuerzo final por alienar, aterrorizar y con ello deprimir al mono, los investigadores idearon una "madre puercoespín" que, al pulsar un interruptor remoto, quedaba cubierta de afiladas púas de metal. El experimento fracasó de nuevo, ya que aunque el mono estaba molesto por los pinchos se limitaba a esperar a que éstos volvieran a quedar escondidos para volver con su madre.
8. Los mismos investigadores crearon también un "muro de las lamentaciones" para monos. Construyeron una cámara vertical con paredes de acero inoxidable y base redonda e introdujeron a monos jóvenes por turnos en su interior durante semanas. En esta ocasión, los investigadores tuvieron éxito. Los monos acabaron sentándose en el centro de la cámara visiblemente deprimidos.
9. Unos científicos escoceses introdujeron finísimos tubos de polietileno en el cerebro de varias ratas. Después dispusieron globos en los extremos de los tubos y los hincharon. Descubrieron que todas las ratas sufrían daños en el cerebro, pero también que los globos pequeños no eran tan dañinos como los grandes.
10. Cuatro investigadores británicos unieron mediante cirugía a 224 ratas para obtener 112 parejas de falsas ratas siamesas.
11. Se introdujeron las colas de varias ratas en agua hirviendo para estudiar el dolor en ellas.
12. Diez perros fueron aquejados deliberadamente de úlcera de estómago.
13, Se introdujeron globos creados con condones a través de tubos de metal en los estómagos de varios perros y se llenaron con agua. Durante el experimento, se mantuvo despiertos a los perros, que quedaron colgados de unos garfios.
14. Se dañó deliberadamente el hígado, riñones y pulmones de varios terneros para ver si ello afectaba la respuesta de éstos a ciertas drogas. Los investigadores llegaron a la conclusión de que los animales con órganos dañados sufren efectos secundarios ante ciertas drogas de manera más desagradable.
15. Se suministró cierta droga a seis monos de manera que desarrollaran la enfermedad de Parkinson. Después se les suministró a su vez el medicamento que suele utilizarse para tratar la enfermedad con pacientes humanos. Cuando los síntomas mejoraron, fueron sacrificados.
16. Se practicaron incisiones en los cuerpos de ratas preñadas y se introdujeron tornillos enfriados en nitrógeno líquido en las cabezas de las ratas en gestación. Más tarde se sacrificaron las crías de rata y se extrajeron sus cerebros para evaluar los daños.
17. Dos investigadores de Londres descubrieron que si echaban el aliento sobre las hormigas que salían por la mañana del hormiguero, éstas corrían presas del pánico.
18. Tres investigadores dispararon a unos veinte monos justo por encima del ojo y observaron cuánto tardaban en morir. Uno de los monos sobrevivió más de dos horas y media.
19. Un psicólogo extrajo el córtex visual de un mono y lo mantuvo seis años con ceguera para estudiar su comportamiento.
20. Varios investigadores han mantenido con vida cerebros de animales fuera de sus cuerpos y han trasplantado cabezas de mono a cuerpos de otros animales. Tales experimentos han tenido lugar en varios laboratorios.
21. Un investigador estadounidense sometió a una pareja de ratas a un total de 15.000 descargas eléctricas en siete horas y media. Más tarde, el investigador calentó el suelo de la jaula para que las ratas saltaran en su interior, lamiéndose las patas, a medida que el suelo se calentaba más y más.
22. Unos investigadores sacaron el pelo con unas pinzas a un total de cuarenta crías de perro. Después colocaron unas gasas impregnadas de keroseno sobre los cuerpos desnudos de los perritos y les prendieron fuego.
23. En una serie de experimentos llevados a cabo en Francia, más de treinta babuinos hallaron la muerte en accidentes de coche simulados a unos 60 kilómetros por hora. Varios de ellos murieron mediante un dispositivo que les golpeaba el cráneo. Los experimentos mostraron que la vida de los animales corría peligro si se estampaban contra una pared conduciendo a 60 kilómetros por hora.
24. En un experimento canadiense se obligó a tres osos polares a nadar a través de un tanque de agua con petróleo crudo. Cuando el petróleo cubrió el pelo de los osos, éstos intentaron limpiarse a lametones. Tragaron tanto petróleo que sufrieron lesiones en los riñones y murieron. La conclusión fue que se debe mantener apartados a los osos polares de las mareas de petróleo.
25. Dos científicos experimentales diseñaron un tambor parecido a una secadora de ropa para causar traumatismos a animales alerta y despiertos. El tambor estaba construido de manera que daba más de cuarenta vueltas por minuto, haciendo que el animal cayera de un lado a otro dos veces en cada rotación. Durante un experimento de cinco minutos, el animal de dentro del tambor caía cuatrocientas veces. El animal tenía las patas atadas para que no pudiera salvar la caída e interferir en el proceso de traumatismo. Los animales que pasaron por el tambor padecieron roturas de dientes, contusiones, hemorragias y lesiones en el hígado.


Capítulo 2
MENTIRAS QUE SE ADUCEN




En su intento por defender sus terribles actos, los investigadores con animales cuentan muchas mentiras. Aquí presento algunas de las más comunes junto con los hechos reales.

MENTIRA NUMERO 1: Se dice que los animales se anestesian adecuadamente durante los experimentos dolorosos o incómodos.
Las pruebas muestran que esto no es cierto. Aproximadamente tres cuartas partes de los experimentos con animales se llevan a cabo sin anestesia de ninguna clase, y cifras recientes muestran que su número aumenta. Por ejemplo, cifras recientes del Home Office británico muestran que en un período de doce meses aumentó en un 11 % el número de experimentos sin anestesia realizados a babuinos, el número de experimentos sin anestesia realizados con conejos creció en un 20 %, mientras que el número de los mismos realizados con perros aumentó un 15 %.
Incluso cuando se utiliza anestesia, las pruebas disponibles sugieren que a menudo ésta no es la adecuada. Es raro que un científico que experimenta con animales disponga de la presencia de un anestesista apropiadamente formado durante las pruebas, y no cabe duda de que muchos de los científicos que disponen de licencia para experimentar con animales no saben cómo suministrar anestesia. La anestesia es una especialidad compleja y sofisticada que los especialistas tardan años en dominar. Como resultado de tal ignorancia, muchos animales quedan paralizados, pero no anestesiados, y ello conlleva que aunque no puedan gritar ni moverse sí sientan dolor. A otros animales simplemente se les suministran cantidades inadecuadas de anestesia.
La historia de Wilhelm Feldberg, un investigador del Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres, ayuda a derrumbar el mito de que siempre se anestesia a los animales.
Escribí acerca de Feldberg por primera vez varios años atrás, después de que uno de mis lectores me llamara la atención sobre él.
Feldberg estudió medicina en Heidelberg, Munich y Berlín, y en 1949 fue nombrado Jefe de Departamento de Fisiología y Farmacología del Instituto Nacional de Investigación Médica. Fue allí donde tuvieron lugar muchos de sus experimentos en los años siguientes.
El primer vistazo a las calificaciones de Feldberg y a sus logros académicos es impresionante. Tenía el grado de doctor, era miembro de la Real Sociedad, miembro del Real Colegio de Física y tenía la orden del Imperio Británico. La mayor parte de los trabajos de Feldberg fueron posibles gracias a la ayuda económica del Consejo de Investigación Médica.
Después de que Feldberg y un colega realizaran varios experimentos con gatos se publicó el típico informe en el Periódico Británico de Farmacología, en 1978.
Para empezar con el experimento implantaron a los gatos un tubo en el cerebro. Después, cuando los gatos se habían recuperado de la anestesia, se les inyectó una droga a base de mostaza tubo abajo hasta el cerebro. No es difícil imaginar lo que sucedió a continuación, pero tal vez sea de ayuda que cite directamente el informe que Feldberg y su colega publicaron: "Después de estas inyecciones, en uno o dos minutos se produjeron evidentes temblores, que pronto se tornaron vigorosos y generalizados. El efecto siguiente fue la vocalización. Comenzó con períodos de maullidos que se hicieron más frecuentes y de mayor duración, y éstos cambiaron gradualmente a gruñidos y chillidos. Después se observó taquiapnea (respiración acelerada), jadeos, salivación, piloerección (erizamiento del pelo) y arrugamiento de las orejas. Más tarde aún, se alternaron períodos de intensa excitación con otros de mayor descanso. Durante los períodos de excitación, el gato saltaba ciegamente hacia delante o quedaba colgado del techo o de una pared de la jaula con las pupilas dilatadas al máximo. Los gatos mostraban intensos deseos de morder, y hubo de tenerse cuidado para que no mordieran el tubo rectal (se les había introducido un termómetro por el ano), ofreciéndoseles para ello un lápiz en el que pudieran clavar sus dientes o mordisquear". Si estos experimentos los hubieran realizado unos gamberrillos con gatos callejeros, hubieran acabado encerrados bajo llave. Feldberg, que había descubierto que si se le metía mostaza en el cerebro a un gato vivo sin anestesia éste se pondría a jadear, salivar, saltar arriba y abajo, maullar e intentar morder todo lo que tuviera a su alcance, recibió carretadas de dinero para realizar variaciones del mismo experimento y escribió acerca de ello en revistas médicas.
Por ejemplo, en 1983 Feldberg (esta vez con dos nuevos secuaces), publicó un informe científico titulado "Hiperglicemia, un efecto similar a la morfina producido por naloxone en el gato".
Para poder escribir este artículo científico, Feldberg empezó por instalar tubos en los cerebros de gatos vivos. De nuevo descubrió que si uno inyecta una sustancia en el cerebro de un gato mientras éste está vivo y consciente, el animal sufre molestias físicas. Feldberg informó que sus gatos temblaban, maullaban, jadeaban, salivaban, sufrían arcadas, vomitaban y perdían el control de sus vejigas y esfínteres.
Feldberg llevó a cabo experimentos parecidos durante más de treinta años, inyectando toda una variedad de productos químicos en los cerebros de gatos vivos y sin anestesia. Y escribió un montón de informes, convirtiéndose en uno de los científicos más afamados.
Feldberg trabajó mucho con gatos, pero fueron los experimentos con conejos los que causaron su caída en desgracia a principios del verano de 1990, sólo cuatro meses después de que fuera galardonado con la medalla de oro Wellcome de farmacología por la British Pharmacological Society.
Justo antes de la navidad de 1989, dos investigadores encubiertos persuadieron finalmente a Feldberg de que les permitiera grabar en vídeo y tomar fotografías de sus trabajos. Adulado por la atención que estaba recibiendo (una de las investigadoras, Melody MacDonald, había sido modelo de pasarela) Feldberg accedió.
Como resultado de la película que los investigadores rodaron justo después del octogesimonoveno cumpleaños de Feldberg, el Consejo de Investigación Médica abrió una investigación. El informe publicado de la investigación muestra que, de acuerdo con el Consejo de Investigación Médica, Feldberg omitió asegurarse de que cuatro de los conejos utilizados por él quedaran adecuadamente anestesiados durante los experimentos llevados a cabo en el Instituto Nacional de Investigación Médica de Mill Hill, Londres. El informe del Consejo de Investigación Médica describe el trabajo de Feldberg con el término, tal vez demasiado tibio, de "negligente" y admitió que "en lo concerniente a la metodología, el término cruel no parece inapropiado". Llegaron a la conclusión de que "cierto número de animales perecieron sin razón ni aprovechamiento aparentes" y criticaron al Secretario Británico del Interior por no haber "sopesado adecuadamente el provecho aparente de la investigación en compensación a los efectos adversos que padecieron los animales".
En cierto modo, es posible que Feldberg tuviera mala suerte. Yo dudo mucho que él fuera el único científico del Reino Unido que omitiera anestesiar adecuadamente a los animales de laboratorio. A buen seguro que él no era el único científico que realizaba trabajos de investigación de manera negligente.
A partir de esta historia queda bastante claro que es mentira afirmar que los animales con los que se experimenta son siempre adecuadamente anestesiados. La verdad es que la mayor parte de los animales no reciben anestesia ninguna, e incluso cuando la reciben hay grandes posibilidades de que ésta no sea la adecuada.

MENTIRA NUMERO 2: Se dice que la mayoría de los científicos "sólo" utilizan ratones y ratas y que la mayor parte de la gente que protesta acerca de los experimentos con animales lo hacen sólo por que creen que hay gatos y perros involucrados.
Esta vez, los científicos (y aquellos que los apoyan) intentan confundir a la opinión pública de dos maneras diferentes. De la primera se deduce que las ratas y los ratones no importan. Desde luego, esto es mentira. La gran mayoría de aquellos que desaprueban los experimentos con animales desaprueban todos los experimentos con animales, sin importar si se refieren a gatos, corderos, ratones, perros, jerbos, conejillos de indias o ranas. Los principios que siguen la mayor parte de los que se oponen a la vivisección son idénticos para con todas las criaturas.
Segundo, mienten al sugerir que los experimentos efectuados con perros y gatos son poco comunes. La verdad es que existen serias dudas sobre si aún queda algún animal que no se haya utilizado por los vivisectores en sus experimentos. Los monos, los babuinos y otros primates son muy populares porque a los científicos les resulta más fácil argumentar que el trabajo efectuado en un mono posee mayor relevancia para el ser humano que el llevado a cabo en ratones o ratas. Los conejos son populares porque sus grandes ojos constituyen un banco de pruebas ideal para nuevos productos químicos.
Los experimentadores británicos utilizan unos 13.000 perros al año, y muestran una preferencia particular por los sabuesos como animales de experimentación porque son más simpáticos, más confiados e inteligentes. Si se le pregunta a un científico por qué utiliza sabuesos, éste responderá seguramente que porque puede ganarse su confianza con mayor facilidad.
En una universidad británica, un investigador en zoología "obtuvo" dos grandes murciélagos de cuadra (una especie protegida y en vías de extinción) y los encerró dieciocho meses en una caja. Cada lado de la caja tenía 60 centímetros, y las paredes estaban cubiertas de una redecilla de plástico.
En los laboratorios de todo el mundo, los investigadores suelen experimentar con animales tan pequeños como hamsters, conejillos de indias y jerbos, o tan grandes como cerdos, ovejas y caballos. Algunos animales se crían especialmente para los laboratorios. Otros son "adquiridos" en circunstancias dudosas. Grandes o pequeños, jóvenes o viejos, domesticados o salvajes, los animales son torturados, observados y después sacrificados. Si me dan el nombre del animal yo les describiré el experimento. Imagínense el mayor sufrimiento y yo les encontraré pruebas de un experimento mucho peor y mucho más obsceno de lo que puedan imaginar.

MENTIRA NUMERO 3: Los investigadores se justifican diciendo que los animales que utilizan reciben atentos cuidados. Dicen que todos los investigadores se preocupan profundamente de los animales que utilizan y que antes, durante y después de los experimentos se trata a los animales con cariño y respeto.
Por desgracia, las pruebas muestran que esto está muy alejado de la realidad. Consideremos, por ejemplo, el caso del eminente psicólogo americano doctor Edward Taub, que durante años realizó experimentos en los que los nervios que controlan los brazos de los monos quedaban dañados. El objetivo aducido de la investigación era recabar información que pudiera ayudar a víctimas humanas de apoplejía, pero los doctores han estado tratando durante años a pacientes de apoplejía, y yo no veo razón alguna por la cual podría desearse realizar tales experimentos con animales.
Los métodos de investigación de Taub salieron a la luz pública gracias a la labor de un activista encubierto, Alexander Pacheco. Pacheco informó de haber visto desmayarse a un animal de pura inanición y de que recibía instrucciones para atormentar y frustrar a monos, que a menudo estaban apresados en bastidores al estilo "crucifijo'' con los ojos vendados y sus cabezas encerradas en capuchas. Se les habían roto los huesos, y algunos de los monos habían sufrido tanto que aparentemente se habían amputado a mordiscos sus propios dedos. Las jaulas en las que se alojaban los monos se describieron como oxidadas y extremadamente sucias.
Después de tomar fotos de los monos, Pacheco se querelló contra Taub, que fue juzgado por crueldad con diecisiete cargos diferentes, uno por cada mono involucrado en los experimentos. Durante el registro policial subsiguiente, los investigadores del juzgado descubrieron cubos de basura llenos de los cuerpos de monos mutilados.
Tras su original juicio, Taub fue multado con 3.000 dólares por negligencia al no haber proporcionado cuidados veterinarios a seis monos que según se dijo necesitaban tratamiento urgente. El Instituto Nacional de la Salud canceló un cuantioso presupuesto dedicado al laboratorio donde trabajaba Taub. Sin embargo, Taub se las ingenió para que las condenas no se aplicaran. Un juez desestimó los cargos de sufrimiento y daños físicos por subjetivos e inadmisibles. Otro juzgado anuló la condena basándose en que la ley anti crueldad del estado no podía aplicarse en un proyecto financiado con fondos federales. Otra corte llegó a la conclusión de que los seres humanos no tienen responsabilidad legal por su comportamiento con monos. Y Taub acabó declarándose un mártir de la ciencia.
Taub no es ni de lejos el único investigador acusado de malos tratos a animales de laboratorio.
• En un experimento llevado a cabo por investigadores de Pennsylvania se golpeaba violentamente un lado de la cabeza de varios babuinos con un martillo neumático. El objetivo era investigar los efectos de ciertas lesiones. Se supone que los animales fueron anestesiados durante los experimentos, pero la Universidad de Pennsylvania fue acusada por el United States Department of Agriculture por más de veinte violaciones del Acta de Defensa de los Animales. Se acusó a los investigadores de bromear y reír ante la forma en que se movían los pobres babuinos después de habérseles causado daños en el cerebro.
• En Londres, el Real Colegio de Cirujanos fue hallado culpable de causar sufrimientos innecesarios a un mono de laboratorio y se le multó con 250 libras esterlinas después de que la Agrupación Británica para la Abolición de la Vivisección realizara una acusación privada, utilizando para ello las pruebas obtenidas durante un registro del centro de investigaciones del citado College. Se informó que un mono de diez años se había desvanecido en el suelo de su diminuta jaula a causa de la deshidratación. El caso fue sobreseído después de que el Royal College of Surgeons apelara con lo que en apariencia eran artimañas legales.
En la mayoría de los países, los investigadores pueden esquivar las acusaciones legales cerrando sus laboratorios a cal y canto con la excusa de que sus actividades son experimentales (incluso las crueldades más increíbles pueden quedar sin sanción legal si el investigador aduce que el sufrimiento forma parte de un experimento).
Aunque se no se han escatimado esfuerzos para introducir un marco legal para la protección de los animales de laboratorio, se han producido demoras sorprendentes. Por ejemplo, un cuarto de siglo después de que se aprobara una ley para controlar la utilización de animales en los laboratorios de investigación estadounidenses, y cuatro años después de que el Congreso de los Estados Unidos añadiera unas disposiciones adicionales, el departamento de agricultura sólo ha presentado dos de los tres informes esperados detallando con precisión cómo debe aplicarse la ley. La intención de los legisladores era asegurarse de que los investigadores tomaban en consideración el bienestar tanto físico como mental de los animales a su cargo. Mientras tanto, un número reciente de informes oficiales del departamento de agricultura de los EE.UU. muestran que por lo menos en cuatro de cada cinco instituciones dedicadas a la investigación en dicho país se maltrata o se actúa negligentemente con animales.

MENTIRA NUMERO 4: Muchos defensores de la vivisección aducen que los experimentos con animales son condición indespensable dictada por ley para la producción de cualquier droga, cosmético u otro producto químico. Algunos portavoces dicen que no les agrada realizar experimentos con animales, pero que no les queda otra alternativa si han de cumplir la ley.
Esto no es cierto. Allí donde existen leyes para controlar la comercialización y la venta de este tipo de productos, suele insistirse en que antes de su venta al público "debe tenerse la certeza de que no causan daños a la salud humana bajo condiciones normales de uso".
El éxito de algunas empresas que nunca comprueban sus productos o sus ingredientes con animales muestra que es perfectamente posible preparar cosméticos seguros (por ejemplo) que no contengan ingredientes experimentados con animales.
Bajo mi punto de vista, las empresas que venden productos que se han probado con animales o que venden productos que contienen ingredientes comprobados con animales lo hacen por voluntad propia; a menudo porque consideran la experimentación animal más barata o más conveniente que otras alternativas.
Es necesario cambiar y actualizar la ley que controla los experimentos con animales, pero no tengo ninguna simpatía por las empresas que todavía intentar escudarse tras la legislación existente.

MENTIRA NUMERO 5: Se dice que los científicos aprueban y apoyan los experimentos con animales, que los experimentos con animales han tenido como resultado una variedad de información muy valiosa y casi infinita y que, finalmente, docenas de premios Nobel han realizado experimentos con animales como parte de los trabajos galardonados.
La primera objeción, que los científicos aprueban y apoyan los experimentos con animales, puede rebatirse fácilmente. La Liga Internacional "Médicos por la Abolición de la Vivisección" tiene casi seiscientos miembros (todos ellos eminentes científicos) de veintiocho países diferentes que se oponen a los experimentos con animales y que están convencidos de que los experimentos con animales no tienen valor.
La segunda objeción, que los experimentos con animales han proporcionado un variedad de información valiosa y casi infinita, está basada en una premisa tan firme como una silla con dos patas.
Resulta innegable que se han realizado muchos experimentos con animales y es totalmente cierto que los científicos han logrado obtener, a lo largo de los años, una información importante. Pero aunque exista una ligazón superficial entre estas dos verdades irrefutables, no hay una conexión profunda o fundamental entre ambas.
Además, un estudio concienzudo de los avances científicos y médicos del último o los dos últimos siglos muestra con bastante claridad que los experimentos con animales han frenado el avance de la ciencia y han causado más problemas de los que han ayudado a resolver. Proponer que debido a que los científicos han efectuado experimentos con animales y han realizado importantes descubrimientos debe de haber una relación entre ambas cosas es como afirmar que, debido a que los científicos han consumido café o té durante los experimentos, las bebidas ricas en cafeína deben de ser parte integral del progreso científico.
Finalmente, se aduce que debido a que docenas de científicos que han realizado experimentos con animales han sido galardonados con el premio Nobel, tales experimentos han de tener algún valor. Una vez más, nos hallamos ante un argumento ilógico basado en una premisa enteramente falsa. La verdad es que la comunidad científica ha aceptado durante décadas que los experimentos con animales son indispensables, y por esta razón se ha privado a los científicos que no han utilizado animales en sus investigaciones de los honores del citado galardón. La gran mayoría de los científicos premiados con el Nobel han sido varones de raza blanca, pero esto sólo refleja el hecho de que la mayoría de los científicos elegibles para los premios Nobel eran varones de raza blanca; y que el sistema estaba predispuesto en gran medida a favor de que los varones de raza blanca se llevaran los honores.

MENTIRA NUMERO 6: Se dice que los animales no sufren porque no pueden sentir dolor ni disfrutar o padecer respuesta emocional alguna.
A los investigadores con escasos restos de sentimientos y una remota idea de lo que es la compasión tal vez les agrade pensar que esto es verdad. Pero no lo es.
Los prerrequisitos para la recepción del dolor son un sistema nervioso central, un sistema de receptores periféricos del dolor y una serie de conexiones neuronales entre los receptores y el sistema nervioso central. Todos los animales vertebrados poseen estas tres condiciones esenciales y pueden sentir dolor sin ningún género de duda. Cualquier persona de natural sádico que quiera poner a prueba esta verdad puede intentarlo golpeando a un gato o a un perro y observando qué sucede a continuación.
El argumento de que los animales no pueden sentir dolor es tan absurdo que resulta difícil comprender cómo puede alguien pensar que sea cierto. El hecho es, evidentemente, que los individuos que apoyan este argumento no han sido agraciados del todo con el don de la inteligencia.
Todavía no me he encontrado con ningún investigador o defensor de la vivisección a quien pueda otorgarle en confianza una más que modesta inteligencia, y encuentro difícil subestimar el intelecto de estas personas.
Del mismo modo, no cabe duda de que los animales utilizados en experimentos de laboratorio sufren de hecho grandes dosis de malestar físico y emocional. Durante los últimos años se han realizado numerosas investigaciones que muestran cuán complejo y sofisticado resulta el comportamiento de animales tales como monos, gatos y perros. Los observadores que han estudiado a los animales saben que el temor y la ansiedad dirigen la conducta y afectan a los miembros de todas la especies y que suelen presentarse como mecanismos de autodefensa. De manera similar, todos los animales utilizados en los experimentos sufren la agonía del aburrimiento y la frustración cuando se les confina a la soledad de una jaula de reducidas dimensiones durante largos períodos de tiempo.

MENTIRA NÚMERO 7: Se acusa a los que se oponen a la vivisección de tener más consideración con los animales que con los seres humanos.
Resulta difícil imaginar una mentira más absurda e insostenible que ésta, aunque la suelen repetir los vivisectores ansiosos por desacreditar a sus oponentes. Ya he perdido la cuenta de las veces que he tenido que oírla, a menudo en boca de gentes malintencionadas cuya compasión y preocupación por la raza humana es comparable a su nivel de compasión por las víctimas de la vivisección.
La verdad es que nunca he encontrado a un sólo miembro del movimiento antivivisección que no estuviera también comprometido en las campañas a favor de los derechos humanos. Prácticamente todos los miembros dirigentes del movimiento antivivisección también han realizado protestas públicas en contra de la injusticia, el prejuicio y la crueldad para con los seres humanos.
Yo mismo he sido acusado en repetidas ocasiones de preocuparme tan sólo de los animales tras pasar la mayor parte de mi vida defendiendo campañas a favor del trato justo y la mejora de las condiciones y derechos de los pacientes humanos. Yo creo que las vidas y el bienestar de todas las criaturas (humanos incluidos) están íntima e inseparablemente relacionadas. No tiene sentido afirmar que aquellos que se preocupan por los animales no lo hacen por los humanos.
Para dar un sólo ejemplo práctico, yo he pasado dieciocho años (casi la totalidad de mi vida profesional) realizando campañas contra la prescripción excesiva de tranquilizantes y pastillas para dormir. Cuando las autoridades británicas tomaron por fin medidas, el entonces Subsecretario de Estado) para Sanidad y Seguridad Social admitió que fueron mis artículos los que habían persuadido finalmente al gobierno para que tomara tal decisión.

MENTIRA NUMERO 8: Se acusa a aquellos contrarios a los experimentos con animales de utilizar argumentos emocionales para ganarse a los indecisos.
Esto es como la pescadilla que se muerde la cola. No puedo recordar cuándo escuché por última vez un argumento emocional en boca de un enemigo serio de la vivisección para apoyar sus argumentos. La verdad es que no necesitamos utilizar argumentos emocionales y que no queremos utilizar argumentos emocionales. Aquellos de nosotros que nos oponemos a los experimentos con animales sabemos que podemos hacerlo con mayor efectividad basándonos en argumentos científicos.
El problema es, sin embargo, que nuestros oponentes (aquéllos que desean la continuidad de los experimentos con animales) no quieren discutir basándose en razonamientos científicos. Son ellos los que insisten en utilizar argumentos emocionales.
Siempre que aparecen debates sobre la vivisección en televisión o en programas de radio, aquellos que la apoyan suelen traer consigo a pacientes que padecen tal o cual enfermedad. Como resulta natural, los pacientes están agradecidos por el tratamiento que reciben, y aunque un tanto confundidos, admiten a regañadientes que los experimentos con animales deben continuar si hay vidas humanas en juego. Esto se llama chantaje moral, pero no evita que los vivisectores se recuesten en sus asientos con aire de satisfacción y una mirada al estilo "Chúpate esa. ¿Qué tienes que decir a esto?".
Cuando los defensores de la vivisección hablan con los periodistas o escriben artículos en periódicos y revistas de su propiedad citan invariablemente la opinión de pacientes con leucemia, diabetes o alguna otra terrible enfermedad. A veces presentan incluso fotografías de pacientes en concreto (preferiblemente jóvenes y agraciados). "Hay que elegir entre este niño y una rata de laboratorio" suelen afirmar con desfachatez. Confían en el chantaje emocional descarado, tan sutil como una pintada con aerosol, para dejar a los indecisos y mal informados en una posición incómoda.

Lo que siempre se deduce de ello es que los experimentos con animales han salvado las vidas de los pacientes.;Los defensores de la vivisección utilizan el temor y la ansiedad para que sus argumentos prosperen. Saben que no pueden obtener la victoria en base a razonamientos científicos, así que confían en falsas argumentaciones emocionales.

MENTIRA NUMERO 9: Se afirma que las instituciones donde se retiene y se experimenta con los animales son inspeccionadas con regularidad para asegurarse de que los animales reciben buen trato y consideración
Pero en Gran Bretaña (a menudo considerada con la mejor legislación del mundo) hay cerca de 20.000 investigadores con licencia para efectuar experimentos con animales y cerca de veinte inspectores.
Esto quiere decir que si cada inspector realiza una visita a un científico diferente cada día del año (y nunca tiene un día libre, ni vacaciones, ni se pone enfermo, ni emplea un sólo minuto rellenando el papeleo y trabaja también los fines de semana) cada científico recibirá una visita de inspección cada tres años.
Sin depender de la calidad de las inspecciones, éstas no son tan frecuentes como para asegurarse de que los animales reciben buenos tratos y que se cumple la ley. Cifras recientes de la Secretaría del Interior Británica muestran que en un período de doce meses las infracciones a la ley aumentaron en un 111 %, mientras que el número de visitas de inspección a los laboratorios sólo se incrementó en un 8 %.

MENTIRA NUMERO 10: Se dice que los nazis nunca aprobaron los experimentos con animales. De ello parece deducirse que aquellos que desaprueben los experimentos con animales son de alguna forma comparables a los nazis.
Esta es una mentirijilla malintencionada y burda que aparece a menudo en la propaganda a favor de la vivisección. Se me ha llamado nazi porque me he opuesto a los experimentos con animales. La verdad es que doctores nazis como Josef Mengele realizaron la mayor parte de sus experimentos con seres humanos porque creían que así obtendrían mejores resultados. Realizaron algunos experimentos con animales, pero dado que disponían de un suministro ilimitado de material humano para experimentar no se molestaron en utilizar gatos, monos o ratas. Por ejemplo, se dice que Mengele utilizó a 400.000 prisioneros humanos en sus experimentos. ¿Por qué razón iba a utilizar ratones?

MENTIRA NUMERO 11: Dicen que los experimentos han de mantenerse en secreto por temor a un atentado con bomba por parte de grupos terroristas.
Los experimentos con animales se mantenían en secreto mucho antes de que explotara la primera bomba. Durante décadas, muchos experimentadores con animales han realizado sus actividades a puerta cerrada por la sencilla razón de que ellos mismos saben que sus actos son tan bárbaros, tan sin sentido y tan repugnantes que si la opinión pública supiera lo que se traen entre manos se crearía una protesta generalizada y deberían cesar en sus tareas.
Los atentados con bomba a los laboratorios han sido de gran ayuda para los experimentadores con animales, que se han servido de tales ataques para defender su secretismo y para atraer la simpatía de la opinión pública. Y aún más: las campañas de atentados han sido tan beneficiosas en la obtención de apoyo para los experimentadores que se ha acusado a algunos científicos (y a sus defensores) de haberse enviado a sí mismos falsas bombas y falsas amenazas.

MENTIRA NUMERO 12: Cuando todo lo demás no tiene éxito, los defensores de la vivisección suelen aducir que los resultados obtenidos en laboratorio pueden ser utilizados para ayudar a los animales.
En teoría, es cierto que los fármacos desarrollados mediante la labor con ratas pueden ser utilizados para ayudar a las ratas. Pero, ¿puede alguien creer realmente que los experimentos que se realizan con animales de laboratorio tienen como objetivo ayudar a descubrir drogas beneficiosas para tales animales? Y ¿cuántos esfuerzos se dirigen a convertir los resultados del laboratorio en remedios prácticos para los animales? Yo sospecho que más bien poco.
El punto flaco de este argumento está en el hecho de que incluso si los defensores de la vivisección estuvieran en verdad preocupados en la obtención de fármacos para el tratamiento de enfermedades animales, ello no daría motivo para torturar o matar animales para conseguirlo. La gran mayoría de los doctores se las ingenian para descubrir datos valiosos acerca de sus pacientes humanos sin tener que realizar experimentos crueles con ellos. La verdad es que no hace falta matar a un animal para descubrir la manera de ayudarle.

Capítulo 3
ARGUMENTOS MORALES
Y ETICOS

Al igual que la mayoría de los antiviviseccionistas modernos, prefiero argumentar en contra de la vivisección basándose en razonamientos científicos y médicos. Pero los argumentos éticos y morales son importantes y no deben olvidarse.

DILEMA MORAL NUMERO 1: ¿Son los animales meras "cosas" que existen para ser utilizadas por la humanidad? René Descartes fue uno de los pensadores más brillantes de la historia y ciertamente una de las mayores personalidades del siglo diecisiete, pero tenía ciertas lagunas y puntos débiles. La más importante de ellas era probablemente su creencia de que debido a su carencia de alma inmortal, los animales no tenían vida consciente, ni deseos, ni sentimientos, ni emociones.
Los animales, declaraba Descartes con la envidiable seguridad de un hombre inspirado por poderosos prejuicios religiosos, no merecían mayor respeto o consideración que simples mecanismos; los caballos no estaban más "vivos", en el sentido humano del término, que los carros de los que tiraban.
Si Descartes hubiera empleado más tiempo en mirar a su alrededor y menos en intentar comprender los secretos del universo, se habría dado cuenta de su error. Si hubiera tenido bastante sentido común como para hablar con un niño de su mascota, fuera ésta perro, gato o conejo, habría dado con la verdad: aunque nos resulte imposible imaginarnos con precisión cómo piensan los animales, o en qué piensan, no hay duda de que son capaces de tanta reflexión como muchos humanos. La simple observación habría hecho ver a Descartes que los animales padecen el dolor y el sufrimiento cuando están enfermos, cuando se aburren, se sienten deprimidos o infelices, y que se sienten molestos, lloran a sus seres queridos y pueden enloquecer ante los malos tratos.
Cada miembro del reino animal es diferente, pero eso no quiere decir que los gatos están menos vivos que los franceses o que los perros merecen menos compasión que los niños. Incluso las ratas (tal vez el menos simpático y más despreciado de los animales de laboratorio) son animales inteligentes, despiertos y sociables. Pueden relacionarse unas con otras y con los seres humanos y se aburren y frustran mortalmente en cautividad.
Pero Descartes no miraba a su alrededor y no hablaba lo suficiente con los niños, y sus teorías fueron rápidamente aceptadas como un hecho por una sociedad mucho más proclive a formular teorías que a demostrarlas con hechos. El era un miembro influyente y poderoso de la clase académica y, lo más importante de todo, sus creencias coincidían cómodamente con las de otros contemporáneos.
Con el pasar de los años, la lógica cartesiana se extendió entre la comunidad científica, y si un científico deseaba observar las entrañas de un gato no tenía más que clavarlo a una tabla y abrirlo en canal. Tal científico ignoraría sus chillidos de protesta como poco más relevantes que el chirrido de los goznes de una puerta oxidada o de una sierra vieja.
Fue en gran medida la filosofía cruda, simplista e indudablemente errónea de Descartes la que condujo a la vivisección de nuestros días.
Para mantener el concepto de los animales como "cosas”, más que como individuos sensibles, la mayor parte de los investigadores han desarrollado la costumbre de hablar y escribir acerca de las criaturas que utilizan de una manera totalmente impersonal, utilizando a menudo un vocabulario extraño para describir sus actos. Por ejemplo, un investigador se referirá a los gatos como "preparados" describirá sus maullidos o sus chillidos como "vocalización" y utilizará fórmulas como "insuficiencia nutritiva" en lugar de afirmar que los animales se han muerto de hambre. Un grupo de investigadores acuñó el término "privación binocular" para describir la ceguera provocada deliberadamente a unos gatos recién nacidos. Cuando se da por terminado el experimento y se acaba con la vida de los animales, suele utilizarse el término "sacrificado" o "sujeto a eutanasia". Tal vez los investigadores no quieran recordarse a sí mismos como asesinos.

DILEMA MORAL NUMERO 2: ¿Los animales tienen derechos? Los investigadores que miran al mundo de manera simple suelen argumentar que los animales no tiene derechos. Cuando se les pregunta suelen responder que los animales tienen el único propósito de hacernos la vida más fácil. Cuanto más se acercan a aceptar a los animales como dignos de respeto es cuando afirman que es responsabilidad de los seres humanos asegurarse de que los animales no reciben un sufrimiento innecesario. La palabra "innecesario" es, desde luego, imposible de definir satisfactoriamente y muy pocos investigadores llegarán a admitir que algún experimento haya llevado consigo un sufrimiento "innecesario".
Se trata, no cabe duda, del mismo lenguaje elitista que se vertía sobre las mesas de los traficantes de esclavos anteriores a la abolición a la hora de 1a cena, y es el mismo tipo de lenguaje que se utiliza (invariablemente) en las mesas bien surtidas de los excepcionalmente ricos en dinero y prejuicios.
Los humanos, suelen afirmar, somos el centro del universo. Todo lo demás gira en torno nuestro. Nosotros, argumentan, estamos capacitados para hacer lo que queramos con el resto del mundo. Insisten en que si no fuera por los seres humanos los animales no tendrían ningún papel que interpretar en la tierra. Los animales, dicen, existen con el único propósito de suministrarnos comida, ropa y placer.
Esta actitud arrogante se ha descrito como "especismo" y ha sido condenada como cruel e insensible, pero tales pensamientos están muy extendidos y no pueden rebatirse con la lógica ni ninguna de las restantes herramientas del intelectual. La mente primitiva que considera a la humanidad como el único propósito de la creación y la única razón de ser de la vida no parece quedar afectada por nada que requiera expresiones tan sutiles como inteligencia o razón, conciencia o humildad.

DILEMA MORAL NUMERO 3: Si no es ilegal, ¿cómo puede estar tan mal? Constantemente me entristece el hecho de que todavía haya hombres y mujeres en el mundo que se consideran razonablemente instruidos y con la inteligencia apropiada que puedan aceptar un argumento tan estrecho, arrogante y despiadado. Confieso que cuando oigo este argumento me siento dominado por la tristeza y la desesperación.
"Es contrario a la ley el torturar y mutilar seres humanos en nombre de la ciencia, pero no va contra la ley hacerlo con animales, así que ¿dónde está el problema?" ¿Quién puede vivir con un sentido tan absurdamente mecanicista de la vida? La verdad es que lo que es legal no tiene por qué ser necesariamente moral, del mismo modo que lo moral no tiene por qué ser legal. Hace unas pocas generaciones, la posición legal de una persona de raza negra en América no distaba mucho de la de un campo de maíz. La verdad es que lo legalmente aceptable y lo moralmente aceptable son dos cosas diferentes. La mayoría de nosotros estaremos de acuerdo en que es inmoral amenazar o atemorizar a los niños innecesariamente, pero tales actos, cuando se producen en el seno familiar, rara vez son ilegales. Bajo ciertas circunstancias, la violación no es punible legalmente. ¿Quiere eso decir que es moralmente correcta? Aparcar el coche en lugar indebido es ilegal. Pero ¿es inmoral? Si llevamos el concepto de "derecho legal es igual a derecho moral" hasta sus últimas consecuencias, consideremos qué pasaría si nos visitaran unos extraterrestres.
De acuerdo con la legislación vigente, ningún ser del espacio exterior, sin importar lo encantador, amable o amante de la paz que sea, puede quedar protegido contra la brutalidad. Nosotros somos la única especie protegida por la ley contra el uso de la fuerza bruta. Un científico investigador estaría en posición de efectuar experimentos con un alienígena, escudado en el conocimiento de que tales actos son legalmente correctos.
No resulta difícil encontrar muchos otros puntos débiles en este argumento, tan voceado como estrecho y simplista.
Por ejemplo, ¿quedan los animales fuera de la ley por que no tienen alma? Y si es así, ¿cómo sabemos que no tienen alma? Y si es cierto que no tienen alma (y se les niega por tanto la vida eterna), ¿qué nos da derecho sobre la vida que sí tienen? Y ¿qué pasa con las personas que creen en la teoría de la reencarnación? De acuerdo con sus creencias, un científico que trocea un ratón puede estar acabando con un pariente suyo. ¿Son erróneas tales creencias? ¿Carecen de base legal o moral? ¿Estamos en posición de emitir juicios acerca de las creencias teológicas de nuestros vecinos por la simple razón de que la ley no prohibe una actividad en particular? No hay respuesta sencilla a estas preguntas, y yo sólo las cito para aclarar que no existe vínculo inevitable entre las actividades legalmente aceptables y las moralmente aceptables. Pero hay otro argumento que, en mi opinión, muestra con claridad meridiana que, en conjunto, resulta peligroso asumir, como muchos vivisectores hacen, que dado que su trabajo es legal también ha de ser moral y ético por necesidad. El argumento final hace referencia al concepto de consentimiento.
Un investigador que desee experimentar con un ser humano ha de obtener primero el consentimiento de éste. Sin consentimiento, cualquier acto de vivisección en la persona de un ser humano puede considerarse un acto criminal. Pero ¿cómo puede obtener un investigador el consentimiento de un mono cuando se planea un experimento? Aunque la obtención del consentimiento resulte imposible, sabemos que los monos pueden comunicarse unos con otros y con los seres humanos. Así que, ¿qué otorga derecho moral a un investigador para asumir que el mono ha dado su consentimiento o para dar por sentado que la obtención del mismo no es necesaria? La ley dirá que un mono no es un ser humano y que por tanto no tiene derechos legales, pero moralmente no es tan fácil saber qué es correcto y qué no lo es.
Que la vivisección sea legal no quiere decir que sea moralmente correcta.

DILEMA MORAL NUMERO 4: Los animales no importan porque no pueden pensar, sentir o sufrir.
Ya he explicado que los animales sí pueden sentir dolor y que sí pueden sufrir, así que el único punto de este argumento que necesita ser rebatido es que los animales no pueden pensar.
La primera vez que oí este argumento fue durante un programa de televisión hace algunos años. Un científico, embutido en su traje negro, afirmó tal cosa como si fuera un hecho irrefutable y como si con ello excusara cualquier atrocidad. "Los animales no pueden pensar" dijo tajante mientras miraba a su alrededor como dando el tema por zanjado.
"Y ¿qué pasa con los bebés recién nacidos?" preguntó un joven con el pelo teñido de verde y con un surtido de imperdibles colgando de su nariz y orejas. "¿Pueden pensar?" Hizo una pausa y meditó unos instantes. "Y ¿qué pasa con los retrasados mentales, los faltos de educación y los que sufren de demencia senil?" Él tenía toda la razón, y el científico quedó sin respuesta. El hecho de que los animales no puedan pensar (suponiendo que tal cosa sea cierta) no es excusa para tratarlos sin respeto.
Pero, ¿es cierto que los animales no pueden pensar'~ ¿Existe una buena razón para creer que un bebé de mono no siente nada cuando se le separa de su madre y de su familia, se le coloca en un contenedor y se le abandona, en soledad, durante semanas? Sólo porque los animales no hablan nuestro lenguaje, ¿tenemos derecho a asumir que son estúpidos? Éste es, sin lugar a dudas, el tipo de argumento aceptado por un inglés colonialista de la peor calaña. "Los nativos no hablan inglés, de manera que deben ser tontos" diría éste con toda simpleza.
La verdad no es tan sencilla.
Por ejemplo, como todos los que han vivido con un gato pueden confirmar, no tiene sentido afirmar que los gatos son incapaces de razonar. Son animales de inteligencia y sensibilidad notables. Pueden comunicarse unos con otros y con los seres humanos de manera muy efectiva. Y poseen aptitudes de las que nosotros carecemos por completo. Existen, por ejemplo, numerosos casos de gatos que han encontrado el camino de vuelta a casa tras escapadas de varios cientos de millas. Gatos cuyos dueños habían muerto recorrieron millas y millas (atravesando autopistas, ríos y vías de tren y cruzando ciudades y campos) para reunirse con otros humanos que apreciaban. Sin mapas ni brújulas, los gatos pueden realizar largos y agotadores viajes con sorprendente dominio.
No sabemos cuán inteligentes son los demás animales, pero tampoco sabemos hasta que punto son estúpidos. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que no hay criatura en el mundo tan cruel como algunos de los humanos que trabajan en los laboratorios experimentales.
Aquellos que defienden la utilización de animales en experimentos también aducen a veces que los que se oponen a ello son culpables de antropomorfismo y que se preocupan innecesariamente de criaturas cuyas vidas y estilo de vida no comprendemos del todo. Estamos, según dicen, proyectando nuestros sentimientos, temores y esperanzas en los animales que utilizan.
Como de costumbre, hay grandes dosis de arrogancia en este argumento, pues aquellos que lo defienden parecen querer decir que aunque estamos sobreestimando las necesidades y derechos de los animales, ellos hacen lo que deben.
La verdad, como siempre, es que los defensores de la vivisección se ven limitados por su propia falta de percepción, y que aunque se las han ingeniado para iniciar una corriente de pensamiento han sido incapaces de llegar a una conclusión sensata. Es totalmente cierto que los animales no son como las personas y que sería estúpido imaginar que ven las cosas de la misma manera que nosotros. Cada animal ve el mundo bajo una luz diferente. Los animales no son como las personas, pero tampoco son como piedras. Los gatos piensan y se comportan como gatos. Los monos piensan y se comportan como monos. Los perros piensan y se comportan como perros. Unicamente cuando hayamos hecho un esfuerzo para comprender cómo piensan los perros y cómo se comportan podremos entender en toda su extensión su sufrimiento cuando son utilizados como animales de laboratorio.
Todos los animales son diferentes. Los gatos comen ratones recién muertos. Las vacas comen hierba. Los monos se sirven de sus colas para asirse a los árboles. Las ratas son felices comiendo cosas que a nosotros no nos gustaría ni pisar. Aunque es evidentemente incorrecto antropomorfizar y considerar las ambiciones y esperanzas según pautas de conducta que pueden resultar equívocas, nos es perfectamente posible aprender lo suficiente acerca del comportamiento animal como para entender qué les agrada y qué les disgusta. En 1965, el Gobierno británico decidió que la fina tela metálica hexagonal que cubría el suelo de los gallineros resultaba incómoda para los pollos Un comité bienintencionado de expertos decidió la conveniencia de utilizar un alambre más grueso. Pero cuando se les ofreció a los pollos la oportunidad de elegir mostraron, con toda claridad, una preferencia por el alambre delgado y hexagonal. Y los pollos desacreditaron al distinguido equipo de expertos que había aconsejado al Gobierno, pues se las habían ingeniado para mostrar sus preferencias (de entre dos opciones crueles).

I N D I C E
1 Los hechos básicos
2 Mentiras que se aducen
3 Argumentos éticos y morales
4 Argumentos médicos y científicos
5 Por qué continúan los experimentos
6 Qué puede hacerse para acabar con los experimentos con animales
7 Apéndice: encuesta médica del LIMAV
8 Epílogo
Declaración universal de los derechos del animal
Declaración mundial de los estudiantes para una ciencia y una biología sin violencia
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