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¿EL HOMBRE ES UN ANIMAL? PDF Imprimir E-Mail
jueves, 12 de julio de 2007

La Psicología general y más aceptable que inició Santo Tomás de Aquino, importante filósofo y teólogo italiano de la Edad Media (1225-1274) y que ampliaron muchos autores posteriores, se vio gravemente interrumpida en 1879 por Guillermo Wundt (1832-1920), filósofo y psicólogo alemán.
Este aberrado profesor de la Universidad de Leipzig, Alemania, tenía la peregrina idea de que el ser humano no era otra cosa que un animal sin alma y fundamentó toda su obra en el principio de que no existía la “psique”(espíritu).
De este modo, la Psicología, es decir, "el estudio del espíritu”, se encontró en la absurda situación de convertirse en "el estudio del espíritu que negaba al espíritu” (?).
Durante las décadas siguientes, la Psicología wundtiana se enseñó ampliamente por todo el mundo: “El hombre es un animal y no puede mejorar”.

Además, se establecía que la inteligencia no cambiaba nunca. La Psicología wundtiana se convirtió en norma, fundamentalmente debido a la ignorancia y a la indiferencia de las personas que dirigían las universidades. En 1879, Wundt adelantó la teoría que afirmaba que al hombre se le podría comprender totalmente sólo con estudiar cosas materiales. Este patético científico estaba entrenado en fisiología, el estudio del funcionamiento de los seres vivos. A través de su entrenamiento llegó a la absurda creencia que sostenía que investigar el alma o el espíritu era una pérdida de tiempo porque el hombre podía estudiarse de la misma forma en que se estudia un perro, una rana o una rata. Sus enseñanzas refutaban la teoría dualista que decía que la mente y la materia era diferentes. De aquí a la conclusión de que el hombre no era sino otro animal que había simplemente evolucionado hacia un nivel de inteligencia superior al de todos los demás, sólo había un pequeño paso. Era sólo un asunto de células cerebrales, decía la teoría. A pesar del hecho de que Wundt nunca demostró realmente ninguna de sus teorías, había nacido la escuela de Psicología experimental.

La palabra psicología significa “estudio del alma”, de la palabra griega psique, que significa “alma”. Pero hoy en día los psicólogos proclaman que no hay alma y en su lugar estudian el comportamiento humano y el comportamiento animal. Esto tiene tanto sentido como un panadero argumentando que el pan no existe.

La definición original de psicología murió con la idea no demostrada de que las acciones del individuo eran simplemente una respuesta a estímulos percibidos por el organismo y que no estaban relacionadas con nada inmaterial en la persona. Según Wundt, no hay nada inmaterial en el hombre, no hay mente, no hay alma. Finalmente, entonces, el hombre no era más que un animal de orden superior. Y si se podía convencer de ello a una persona se podían cambiar sus ideas acerca de la responsabilidad personal.

La aplicación generalizada de la teoría de Wundt —“el hombre es un animal”—, tuvo consecuencias desastrosas y generalizadas. Y en ningún sitio tal herencia es más clara que en el campo de la Psiquiatría, que además de tener la tasa de suicidios más alta de todas las profesiones, no ha logrado descubrir el origen de ninguna enfermedad mental y menos aún, por supuesto, curarla (aunque sí taparla con fármacos).

La Psiquiatría del siglo XIX, con su largo historial de maltrato del demente, entró en las universidades de Europa y América agazapada en las levitas de la Psicología experimental. De ahí, en poco tiempo, el psiquiatra aumentó su área de influencia desde los asilos para dementes a los salones del poder político y a otras instituciones. Sin embargo, la Psiquiatría traía consigo no solamente el credo del materialismo, sino también las actitudes de su herencia: que el demente necesita ser controlado como sea a base de fuerza o coacción.

La creencia de que la fuerza puede dirigir el pensamiento, la personalidad y el comportamiento fue la base nefasta para que se produjeran las dos guerras mundiales, las más destructivas en la historia de la humanidad. Los psiquiatras, en Alemania, desarrollaron la pseudo ciencia de la eugenesia, con sus ideas de “pureza racial”. Defendían la teoría de que se podía engendrar “superrazas” para mejorar las características raciales, de la misma forma que los granjeros crían caballos para que sean más grandes y más fuertes.

De esta verdadera idiotez devino la ideología política de Hitler, que afirmaba que la raza podía mejorarse a base de limpiarla de castas inferiores. El resultado fue el asesinato en masa de poblaciones enteras durante el Holocausto Nazi. A los alemanes se les engañó para que creyeran que sus problemas surgían de la presencia de razas genéticamente inferiores. Su “solución” está impresa para siempre en la historia humana. ¿Y qué hay de la enfermedad mental, el área en la cual la Psiquiatría dice oficialmente que es experta?

La Psiquiatría ha tenido casi medio siglo para medir el éxito de sus postulados. Y los gobiernos de todo el mundo han vertido dinero a raudales en sus alforjas, confiando en sus promesas de un mundo nuevo con una población dócil. El éxito de este enorme experimento se podría probar con mejoras evidentes en los desórdenes mentales, en los problemas emocionales y en una mejora generalizada de la calidad de vida. Sin embargo, salta a la vista que lo que tenemos es justamente lo contrario.

Durante más de medio siglo la Psiquiatría viene inventando más y más enfermedades mentales y la industria farmacéutica, en connivencia, se ha subido astuta y rápidamente al tren de los beneficios inventando “curas” químicas. Sin embargo, los efectos de estas drogas crean aún más clases de enfermedades mentales de las que todos, menos el paciente, se aprovechan.

El deterioro de la salud del hombre a causa de la Psiquiatría, con sus métodos crueles e irracionales y sus drogas de muerte, es solo un aspecto del problema, ya que se puede probar con estadísticas que cualquier segmento de la sociedad en la cual ella ha puesto su mano se ha deteriorado considerablemente. Los métodos psiquiátricos en las prisiones, por otra parte, que han dado como resultado una proporción de reincidencias del 80 %, también demuestra a las claras que esta pseudociencia de la mente ha fracasado rotundamente en la rehabilitación de criminales, algo que ya ni siquiera se discute como posibilidad. Quién dude de lo expuesto le bastará para convencerse una breve visita al tristemente célebre neuropsiquiátrico Borda (Argentina) o leer algunos números de la revista Desbordar, confeccionada por sus propios internos. Para concluir, teniendo en cuenta que la Psiquiatría es la profesión que más alta tiene la tasa de suicidios, cabe preguntarse si es una actitud sensata dejar en manos de los psiquiatras la solución de los problemas de conducta del hombre.

POR MAESTRO JOHN MELCHIZEDEK

Según las enseñanzas de Richardt
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