El vuelo se emprende contra la gravedad, tanto en el mundo de los sueños como enel mundo de la realidad. Recíprocamente, ahora tendríamos que evocar todas las imágenes aéreas para apreciar bien a bien el peso psíquico de las imágenes terrestres. Imposible hacer la psicología de la gravedad, la psicología que hace de nosotros seres pesados, cansados, lentos,seres cadentes, sin hacer referencia a la psicología de la ligereza.
Gaston Bachelard, La tierra y los ensueños de la voluntad
La conciencia del cuerpo tiene que ver de manera intrínseca con la conciencia de la gravedad, de la materialidad como condicionante de la vida terrestre. El asombro provocado por las representaciones fotográficas y televisivas de los hombres que caminan en el espacio y que experimentan una levedad otorgada por la distinta composición de la atmósfera, confirma la relatividad de nuestro peso, su interdependencia con las condiciones circundantes. Pero sólo podemos imaginar lo que sienten los astronautas por asociación con vivencias propias: la sensación liberadora de flotar en el agua, la momentánea euforia del gimnasta o el terror provocado por la caída libre, sensaciones arraigadas, si hemos de creer a Bachelard, en la psicología primigenia. Estas sensaciones corporales, aunadas a su carga emotiva, sólo se traducen en imágenes a posteriori, o bien en transmisiones por satélite, o bien en manifestaciones artísticas son en esenciaó figuras de la memoria y la imaginación, caracterizadas precisamente por su naturaleza "antinatural", su otredad con respecto a nuestros hábitos cotidianos de movimiento. Nuestra "naturaleza" corpórea, nuestra verdad fenomenológica, tiene que ver con nuestra materialidad y la de nuestro entorno, y con la mortalidad siempre presente detrás de nuestra conciencia temporal, y a la vez inimaginable. El no-peso, al igual que la no conciencia, siempre requieren de un acto de imaginación, de representación, de una "diferencia" discursiva, como la denominó Jacques Derrida, al intentar articular la inefable distancia entre la experiencia vital y la palabra que la enuncia. Deseamos volar, soñamos con el vuelo, dibujamos el vuelo, convertimos el cuerpo que vuela en un símbolo cultural, todo debido a la incapacidad humana de sostenerse en el aire; la expresión mítica de este anhelo frustrado se encuentra en la leyenda griega del vuelo de Ícaro.
No extraña, en este sentido, que nuestras representaciones de la divinidad, de la eternidad, estén ligadas inextricablemente con la suspensión del limitante material, metáfora de la suspensión del tiempo y el espacio cotidianos: ángeles y almas antropomórficos que vuelan, cielos poblados por figuras que se sientan, caminan y vuelan entre las nubes sin esfuerzo ni preocupación. No extraña tampoco que la expresión de estados "alterados" de conciencia se equipare con la sensación de "flotar", con un estado de "ligereza" o "levedad" del ser, como si el peso de nuestra conciencia espacio-temporal se tradujera en gravedad. Bachelard, al analizar la gravedad, denota que es un problema psicológico, no físico; el "peso psíquico", argumenta, "verdaderamente es un peso imaginario" e "implica una dialéctica evidente según si el ser se somete a las leyes de la gravedad o les opone resistencia". Según su planteamiento, la voluntad de resurgimiento se expresa por medio de una postura erguida, vertical, cargada de energía positiva, que nos dirige hacia las alturas; revela una constante búsqueda de sublimación física y moral. En cambio, las imágenes de abatimiento emergen de una conciencia abismal, en la que el peso nos jala al vacío, física y moralmente, como una caída al interior del ser: "suelen dramatizar la caída, hacer de ella un destino, un tipo de muerte". Qué es el cuerpo, entonces, sino la expresión de un estado de conciencia? Y a la vez la confirmación del peso de nuestra condición biológica y terrenal. El arte occidental registra esta inquietud a partir de su manejo del cuerpo en el espacio, articulando por medio de la gestualidad y la iconografía aquella tensión entre la gravedad y la voluntad de trascendencia, y resolviéndola en cada caso con una particular expresión de movimiento, que conjuga la alusión cinestésica y la emotiva. La dinámica perceptual que rige la concepción de estos elementos fue expresada de manera elocuente en los cuadernos de Leonardo da Vinci: "Ningún elemento tiene de por sí peso o ligereza [...] El movimiento se origina del hecho de que lo que es más ligero no puede ni resistir ni sostener lo que es más denso [...] La levedad nace del peso y el peso de la levedad, y dan luz uno al otro al mismo tiempo [...] la ligereza no se crea si no está unida a la gravedad, ni se produce la pesadez si no está ubicada sobre la gravedad." Efectivamente, se trata de un mismo fenómeno, como demuestra en términos visuales la exposición Volando fuera de este mundo (1994) conformada por el cineasta inglés Peter Greenaway a partir del acervo de dibujos del Louvre. Greenaway relaciona estas obras sobre papel, provenientes de los siglos XV al XIX, en una secuencia cíclica que parte del "peso muerto", asciende hacia la fantasía del vuelo divino, y luego cae en la desgracia infernal, confirmando así el contrapeso" moral de la gravedad en la tradición occidental. El vocabulario visual para referirse al vuelo, observa en el catálogo correspondiente, tiene un permanente carácter alusivo; evoca obsesivamente aquel fenómeno de movimiento que el cuerpo humano no puede reproducir, que sólo puede imaginar, haciendo uso de los elementos de la recreación pictórica: "La imposibilidad de vuelo personalizado lo ha convertido en un tema predilecto para la representación, como un momento congelado entre dos dimensiones [...] Nunca he leído ni escuchado una descripción del vuelo libre que describa el fenómeno adecuadamente [...] El acto de la caída termina rápidamente, y todo el pensamiento se dirige al choque con la tierra......... Un brinco es demasiado rápido. No hay tiempo para la contemplación en un brinco. El vocabulario del vuelo se contradice de manera peculiar. Es un vocabulario de aproximación que no puede usar sus herramientas para introducir o explicar sus propósitos con eficacia."La representación del cuerpo en el aire tiene siempre, entonces, un carácter metafórico; deja incompleta la narrativa y apela a la memoria corporal del espectador. Nos invita a completar el movimiento en suspenso, otorgando peso imaginario a los cuerpos representados, según la sugerencia gestual e iconográfica. por KAREN CORDERO REIMAN..... Espero que mi primer aporte sea del agrado de ustedes dado su claro acento "cosmometafisico". Mariapà.
Mariapa
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