Warning: file(http://abhishekgujar.com/biopages/modules/mod_clo/images/varrow.txt) [function.file]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found in /home/red/public_html/4/templates/rt_vortex/index.php on line 161

Inspiración

"Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad."

Madre Teresa de Calcuta

Buscador

Entrar al Portal

CONCIENCIA PLANETARIA
Cultura alternativa en radio...

Transmitiendo 24 hrs
Solo dale Play para iniciar

Si deseas una entrevista
escríbenos a este correo: 
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
 

 

Calendario Lunar

CURRENT MOON

Patrocinadores

Advertisement

Red Planetaria TV


Cuando usas la opción de "Full Screen" puedes ver otros programas.
 
Para pausar solo pasa tu cursor sobre el video.
 
 
 
Los Misterios de los egipcios PDF Imprimir E-Mail
sábado, 11 de agosto de 2007
Lo que conocemos como Misterios de los egipcios era un conjunto de enseñanzas a través de las cuales los iniciados accedían al conocimiento de las cosas divinas. Por motivos obvios, los egipcios fueron especialmente parcos en transmitir a los no iniciados información acerca de esos Misterios, de modo que solamente gracias a los textos funerarios conservados en las tumbas hemos recibido noticias que nos hablan de los secretos que se encierran en las creencias que acerca del hombre, la muerte, el Más Allá y la divinidad existían en esta apasionante civilización.
En esos textos funerarios se han conservados diversas rúbricas que sugieren que los mismos debían ser estudiados por las personas que estaban adecuadamente iniciadas. François Daumas cita, a modo de ejemplo, los textos de la tumba de Paheri El Kab en los que este personaje nos habla de una enseñanza iniciática que ha recibido, que le permite conocer que la divinidad se encuentra en el propio hombre, pensamiento, sin duda, de elevada profundidad mística. Dice esa inscripción:

"He sido puesto en la balanza. He salido de ella examinado, intacto, salvado. Yo iba y venía, con las mismas cualidades en mi corazón. No he dicho mentiras contra nadie, pues conocía al dios que está en el hombre, estaba perfectamente instruido y sabía distinguir esto de aquello. He cumplido con todas las cosas con arreglo a las palabras".

A pesar de la escasez de fuentes egipcias sobre los Misterios, es conocido que en tiempos antiguos algunos de los grandes pensadores griegos, como Solón, Tales, Platón, Eudoxio o Pitágoras, viajaron a Egipto y llegaron a gozar de la intimidad de los sacerdotes de los templos. Fue así como Pitágoras, lleno de admiración por los Misterios trató de imitar sus enseñanzas y su lenguaje simbólico rodeando de enigmas sus propias doctrinas. Ese es el motivo de que otros autores  argumentasen que existía una gran similitud entre los antiguos textos jeroglíficos egipcios y muchos de los preceptos de los pitagóricos. El uso de los símbolos era, precisamente, algo que distinguía especialmente a los Misterios, de modo que el sentido aparente de los mismos nunca era el verdadero, ya que se pretendía que los no iniciados no fueran capaces de encontrar el sentido real de cada uno de ellos.

Según el filósofo sirio Jámblico el trasfondo de la doctrina simbólica de los egipcios sería poner en conocimiento de los iniciados que existe una única divinidad que se manifiesta luego a través de la diversidad de sus dones. Ese Gran dios se caracterizarí a por presidir todo lo que existe en el cosmos y por contener en si la totalidad de los seres. En el capítulo VII de "Sobre los misterios de los egipcios" argumentaba Jámblico que era a través de los símbolos como los egipcios representaban las imágenes de las intelecciones místicas, ocultas e invisibles de la divinidad. Gracias a ellos se podía conseguir que el hombre se elevara desde lo puramente sensorial hacia lo intelectual.

Es conocido, a modo de ejemplo, que los egipcios representaban a su dios primordial, Ra, navegando en el cielo a bordo de una barca solar. Con ello, según Jámblico, se estaría simbolizando el modo en que la divinidad gobierna este mundo, en efecto:

"Al igual que el piloto, permaneciendo distinto de la nave, gobierna su timón, así también el sol separadamente gobierna el timón de todo el universo. Y como el piloto dirige todo desde lo alto, desde la proa, imprimiendo desde sí mismo un leve principio primero de movimiento, así también, mucho antes, la divinidad desde arriba, desde los primeros principios de la naturaleza, imprime indivisiblemente las causas primordiales de los movimientos. Estas cosas y otras más –según Jámblico- indica el que la divinidad navegue sobre una barca".

 

 

La iniciación en los Misterios

Otro pensador helenístico, Plutarco, en palabras de Mario Meunier "fiel y entusiasta discípulo de Platón, del Platón idealista, religioso y místico", habría de legarnos en su obra "Isis y Osiris" abundante información acerca de la religiosidad y los Misterios egipcios, brindándonos noticias acerca de las elevadas ideas que tenían los iniciados en relación con la divinidad y con el modo en que el hombre se podía poner en contacto con ella gracias a una vida de pureza y a una adecuada iniciación.

Para Plutarco lo más grande que el hombre puede alcanzar en esta vida es el conocimiento de la verdad, siendo además ese conocimiento lo más augusto que al hombre puede ser concedido por la divinidad. De algún modo, el hombre que desea acceder a la verdad aspira, en el fondo, a acceder a la divinidad, sobre todo si lo que se busca, como sucede en los Misterios, es la verdad de las cosas que afectan a los dioses. Ese deseo de conocer la verdad de los asuntos divinos sería el objetivo último de la iniciación mistérica, constituyendo una especie de admisión a las cosas santas, que nos incita a instruirnos sobre ellas y a buscarlas, dirigiéndonos de ese modo hacia una actividad más santificadora que cualquier otra posible purificación o función meramente sacerdotal.

Isis, la Gran Diosa egipcia, que tan importante papel jugaba en los Misterios, habría sabido, según nos dice Plutarco, reunir la Ciencia Sagrada, manteniéndola en su orden y transmitiéndola a los iniciados que se consagraban a su culto. En los Misterios, para facilitar el contacto con el conocimiento y la divinidad, se obligaba a los discípulos a seguir un régimen de vida constantemente moderado, absteniéndose de los manjares abundantes y de los placeres del sexo, con lo que se amortiguaba así la destemplanza y la sensualidad. El hombre, inaccesible de ese modo a la molicie, era acostumbrado a persistir en las prácticas santas y en una vida de constante devoción, siendo la finalidad de todo ello "la obtención del conocimiento del Ser primero, soberano, accesible a la inteligencia solamente del Ser que la Diosa Isis nos anima a buscar cerca de ella, puesto que vive y reside en ella".

Los iniciados en los Misterios, preocupados esencialmente por el conocimiento de la divinidad, buscaban que sus cuerpos, la mera envoltura física de sus almas, fuesen espacios ligeros y esbeltos, para que el principio divino que existe en ellos no se viese comprimido ni ahogado debido a la preponderancia y pesadez del elemento perecedero.

En suma, según las noticias que los autores helenísticos nos han transmitido, el fin último de la iniciación en los Misterios egipcios no era sino la búsqueda de la verdad en lo que hace referencia al conocimiento del Ser Primero, así como el encuentro con el principio divino que habita en todos y cada uno de los hombres. A través del conocimiento del Gran dios el iniciado alcanzaba el conocimiento interior de sí mismo. La última etapa del proceso mistérico culminaría con el deseo de conseguir la liberación de ese principio divino que habita en el hombre, lo que permitiría al iniciado el acceso en vida a la divinidad.

 

 

La ascensión hierática

Jámblico pensaba que solamente la mántica divina, al unir al hombre con dios, le hace ser plenamente participe de esa divinidad convirtiéndole en un ser divino. El hombre, concebido inicialmente participando de la divinidad, habría entrado luego en un alma encarnada en el cuerpo humano, estando como consecuencia de ello ligado a los vínculos de la necesidad y de la fatalidad. Gracias a la iniciación el hombre conseguía liberar y evadir el alma de esos vínculos, alcanzando así el pleno conocimiento de dios. A través de la iniciación los egipcios habrían conseguido dominar la naturaleza falaz y demónica y elevarse a la inteligible y divina.

Esta experiencia de "ascensión hierática" propia de los Misterios tendría, según Jámblico, varias etapas sucesivas. En la primera de ellas se buscaría alcanzar una pureza del alma más perfecta que la mera pureza del cuerpo. En la segunda se intentaría preparar la mente del iniciado para la contemplación de la divinidad. En la tercera, finalmente, el alma del hombre se integraría con dios:

"Y cuando ha unido el alma con cada una de las partes del Todo y con los poderes divinos que las penetran, entonces la teúrgia conduce el alma al demiurgo universal, la pone a su lado, la une, fuera de toda materia, a la razón eterna y única; es decir, lo repito, ella une al alma al poder autoengendrado, movido por sí mismo, que mantiene todo... Entonces ella instala el alma en la completa divinidad creadora. Este es el fin de la ascensión hierática entre los egipcios".

La experiencia física o sensorial de la iniciación en los Misterios pensamos que habría de ser similar a lo que nosotros conocemos como proceso de meditación mística, que Jámblico denominaba "ascensión hierática". Supondría vivir una experiencia más o menos dilatada en el tiempo que habría de culminar, si el discípulo era merecedor de esa "gracia" de la divinidad, con la llegada a la vivencia de lo que hoy conocemos como estados alterados de conciencia, en los que el hombre consigue superar el conocimiento puramente sensorial y arriba a "otros mundos" situados más allá de los sentidos físicos.

Estas experiencias que superan lo que habitualmente conocemos como sensibilidad ordinaria del hombre se podrían alcanzar de tres maneras distintas. De un lado, se llegaría a ellas durante el proceso de los sueños, cuando el espíritu del hombre parece independizarse del cuerpo.  De otro, el estado alterado de conciencia podría ser alcanzado por el hombre adecuadamente iniciado en el proceso mistérico. La última forma de acceder a esta experiencia extrasensorial sería tras la muerte, cuando, necesariamente, alma y cuerpo se separan.

Pensamos en suma, que la búsqueda de los estados alterados de conciencia propios de la iniciación y el proceso de Glorificación de los espíritus de los muertos  estaban estrechamente vinculados en el antiguo Egipto y constituían el núcleo esencial de sus enseñanzas mistéricas. A todo ello dedicaremos nuestra atención en las páginas que siguen.

Las enseñanzas mistéricas se llevaban a cabo en las denominadas Casas de la Vida de los templos. Era allí donde los discípulos se iniciaban en la Ciencia Sagrada. A través de un proceso cuyos detalles no conocemos estos iban entrando en contacto con la energía y el espíritu que emanaba de la divinidad, pretendiendo conseguir finalmente el conocimiento de los secretos de los dioses. Era en las Casas de la Vida en donde los escribas producían los ejemplares del "Libro de los Muertos", muchos de los cuales se han conservado en las tumbas del Imperio Nuevo. El proceso de enseñanza tenía un destacado componente esotérico, ya que se pretendía, en suma, que a través del desarrollo interior del individuo este fuera accediendo al conocimiento de lo invisible y del Más Allá.

Llama la atención que en el hombre moderno hoy solamente somos capaces de distinguir dos componentes, que conocemos como cuerpo (materia) y alma (espíritu). Los antiguos egipcios, sin embargo, tenían conciencia de que en el hombre existían no dos sino cuatro elementos significados: cuerpo material, ka, ba y akh, en los que más adelante tendremos oportunidad de profundizar; baste de momento con que apuntemos esa diferencia tan significada.

Tradiciones milenarias

Las creencias que impregnaban la religiosidad egipcia no se formaron en un solo momento sino que durante milenios de historia fueron variando en las distintas provincias y ciudades. Multitud de dioses y de mitos locales se fueron integrando a lo largo del tiempo con las creencias de ámbito nacional que en cada momento imperaban en el país. Ra, Amón y Osiris estaban acompañados por una multitud de dioses menores cuyo culto, sin embargo, tomaba relevancia especial en cada lugar concreto. Del mismo modo, las creencias sobre la muerte y la pervivencia del espíritu en el Más Allá tampoco fueron siempre uniformes sino que se desarrollaron en un proceso paulatino de maduración y democratizació n de las esperanzas de pervivencia. Si algo distingue a esas creencias es la multitud de añadidos que fueron incorporando a lo largo de los siglos. Los denominados "Cantos de Arpista", incluso, acreditan que hubo momentos concretos en que llegó a ser puesta en duda la supervivencia del hombre tras la muerte:

"(Así pues) –nos dice el arpista del rey Intef- pasa una feliz jornada,

no languidezcas en ella.

Mira, nadie puede llevar sus cosas consigo.

Mira, no hay nadie que haya partido

(y después) haya regresado".

 

Fue así como en ese proceso de evolución de las creencias, desarrollado a lo largo de miles de años, se fueron integrando añadidos diversos que hacen que finalmente se nos ofrezca un resultado que sobresale por su carácter híbrido, recogiendo creencias diversas, de múltiples procedencias. Heródoto, viajero griego que recorrió Egipto, nos decía que este pueblo se distinguía por venir observando a lo largo de los siglos las mismas normas religiosas y funerarias que habían sido establecidas por sus antepasados, sin añadir modificación alguna. Heródoto, pensamos, no acertó en esa apreciación. En los tiempos del Imperio Antiguo, en el esplendor del culto solar, ningún faraón hubiera admitido que en las paredes de su tumba se esculpiesen cantos tan claramente escépticos sobre la vida en el Más Allá como los que el arpista de Intef habría de atreverse a cantar.

En su obra "Sobre los misterios de los egipcios", Jámblico mostraba su conformidad con la necesidad de conservar la Tradición que los antiguos egipcios habían transmitido. Para este pensador era necesaria la conservación de las fórmulas de las plegarias antiguas, que constituían una especie de templo inviolable del que no se debía suprimir nada, ya que era notorio que de ese modo resultaban especialmente gratas a la divinidad. Los dioses, según Jámblico, gozaban de manera especial cuando eran invocados por los hombres de acuerdo con las tradicionales fórmulas rituales egipcias. El motivo reposaría en que los egipcios habrían sido los primeros hombres que consiguieron entrar a participar de la relación con los dioses.

Esa necesidad que Jámblico menciona de conservar todo lo que la Tradición nos ha legado es lo que hace que las creencias egipcias se nos aparezcan hoy como un conjunto farragoso y frecuentemente heterogéneo e incluso contradictorio. A lo largo de miles de años se fueron incorporando nuevas creencias al "corpus tradicional" pero nunca se desecharon las antiguas, que por su carácter sagrado se debían mantener. Ese es el motivo de que los textos funerarios de tiempos más recientes conserven junto a las novedades propias de cada momento las creencias más antiguas que ya se plasmaban, por ejemplo, en los primeros "Textos de las Pirámides". Los egipcios sentían un gran respeto por la Tradición y las creencias sagradas antiguas se mantenían aun cuando estuvieran en conflicto con las nuevas.

 

 

Los espíritus y el Más Allá

En línea con lo antes indicado y en relación con la vida en la ultratumba, encontramos en los textos funerarios noticias diversas que nos hablan de la posibilidad de varios tipos de existencia para el espíritu del difunto. A veces veremos que los espíritus desarrollan su nueva vida en la propia tumba y en su entorno más inmediato. Allí parece que los difuntos, libres de preocupaciones, viven apegados a la tierra donde vivieron. En otras ocasiones se nos muestra a los espíritus habitando un lugar de difícil ubicación, denominado la Campiña de las Juncias, donde reinaría Osiris. Si algo distingue a ese lugar, según los textos funerarios, sería la amplísima libertad de movimientos de los fallecidos. En otras oportunidades, finalmente, se nos habla del Reino del Cielo, en donde el soberano sería Ra y la Luz su atributo principal. Aquí, el alma del fallecido, bendecida e iluminada, tras un proceso de ascensión se habría integrado en esa Luz de Ra, fundiéndose con el Sol, la Luna y las estrellas. Desde una primera aproximación parece que existen importantes diferencias entre las creencias que están detrás de estas distintas concepciones. No parece encajar bien que el espíritu esté viviendo según algunos en la propia tumba o, según otros, integrado en la divina Luz de Ra. La concepción mística de la segunda alternativa choca con el materialismo de la primera de las concepciones,  que podría derivar de las creencias de los tiempos más antiguos.

En suma, en los textos funerarios, literalmente, parece que el difunto, de manera simultanea podría encontrarse tanto en el cielo, en la barca solar de Ra, como en la propia tumba, disfrutando de las ofrendas funerarias  o visitando los lugares en los que vivió, o puede, también, encontrarse en los denominados Campos de Osiris (Campiña de las Juncias), llevando una existencia que, como luego veremos, sería similar a la que antes había llevado en su vida terrenal. Son, pensamos, unas creencias aparentemente incoherentes que parecen remitir a diferentes estados de desarrollo espiritual en la historia de Egipto.

Gros de Beler, buscando una explicación satisfactoria a estas contradicciones sobre la vida en el Más Allá, argumentaba que en su opinión: "durante el día, el difunto estaría en su tumba, disfrutando de las ofrendas y dando, a veces, un pequeño paseo por la tierra; por la noche, acompañaría al dios solar en su recorrido nocturno, parándose, de paso, en los Campos de Osiris. Al amanecer, volvería para aprovechar la tranquilidad y el frescor de su tumba". En nuestra opinión, sin embargo, esta aparente contradicción estaría vinculada con dos circunstancias que entendemos de especial interés. De un lado, estaría recogiendo las propias contradicciones que se fueron produciendo a lo largo de siglos y milenios de historia. En efecto, en el Imperio Antiguo cuando el faraón fallecía, iniciaba un proceso de Glorificación que habría de culminar con su elevación a la Luz donde reina Ra, el dios del sol. Nadie le acompañaba en esos primeros momentos. Solo en tiempos posteriores esas creencias se fueron extendiendo al resto de la población, o al menos a los iniciados en los Misterios, en un proceso que los egiptólogos denominan posiblemente de manera equívoca "democratizació n" de las creencias funerarias. En los tiempos más antiguos el destino de los humildes en el Más Allá era muy precario. Se pensaba que, quizás, el espíritu siguiera viviendo en la tumba o en un espacio intermedio entre la tierra y el cielo, en donde seguía realizando trabajos físicos y precisando de alimentos para subsistir. Las creencias más elaboradas sobre la llegada del espíritu de los hombres a la Luz de Ra solamente se fueron perfeccionando cuando desde fines del Imperio Antiguo se fue implantado de manera paulatina ese proceso de democratizació n al que antes hemos aludido.

Pero es que, además, la incoherencia de esas creencias egipcias sobre el Más Allá podría no ser tal si pasamos a considerar la posibilidad de que en el viaje del espíritu de la tierra al cielo existiesen diferentes etapas, que podrían vincularse con el proceso de liberación del alma de su envoltura corpórea y de los apegos y apetencias terrenales. Es decir, no todos los espíritus estarían simultáneamente en todos los espacios indicados. Algunos podrían haberse quedado apegados a la tumba y otros podrían haber arribado, como espíritus iluminados, al Reino de Ra. En todo esto tendremos oportunidad de profundizar más adelante, si bien, en todo caso, debemos insistir en que los textos egipcios, una y otra vez, se reiteran en la libertad de movimientos de que goza el espíritu en la vida de ultratumba. Veamos, a modo de ejemplo, la rúbrica final del capítulo 1 del "Libro de los Muertos":

"Si el difunto ha conocido este texto en la tierra o lo ha hecho escribir en su sarcófago, podrá salir al día bajo todas las formas de existencia que desee tomar y entrar (otra vez) en su morada, sin ser rechazado. Le serán entregados pan, cerveza y una pieza de carne (provenientes) del altar de Osiris. Podrá acceder en paz a la Campiña de las Juncias, según el decreto del que está en Busiris, y  le serán dados cebada y espelta. Será, entonces,  próspero como cuando estaba en la tierra y hará lo que desee, como (hacen) los dioses que están en la Duat, con regularidad, millones de veces".

 

 

Los caminos al Más Allá

En los textos egipcios se muestran dos caminos claramente diferenciados para alcanzar la vida en el Más Allá. En algunos momentos veremos que para acceder a la ultratumba el difunto debe demostrar que posee un determinado grado de conocimiento, ya que en otro caso las divinidades que custodian los caminos no le permitirán circular por ellos. El difunto debe conocer los peligros con los que se va a enfrentar en su viaje tras la muerte y debe conocer las palabras apropiadas a cada situación y como se deben recitar correctamente. Así, en el  "Libro de lo que se encuentra en el Duat", que nos habla del viaje del dios Ra por el mundo de las Tinieblas durante la noche, encontramos una referencia a esa necesidad de conocimientos mágicos:

"Es lo mismo realizar estas cosas (conjuros) en el Más Allá o en la tierra. Quien conoce estos misterios es uno de los que se sentarán en la barca de Ra, en el cielo o en la tierra. Si uno no tiene el conocimiento de estas cosas misteriosas no se haya en situación de rechazar a Nakht (encarnación del Caos y de las Tinieblas). Nakht, en cambio, no puede beber el agua de aquel que tiene conocimientos de estos misterios en la tierra. El alma de aquel que conoce estas cosas se halla inmune a las violencias de los dioses que se encuentran en este sector del Más Allá. Aquel que tiene conocimiento de estos misterios no puede ser devorado..."

En una segunda concepción, más mística y elaborada, para arribar al Más Allá será necesario, sobre todo, que el difunto haya hecho el bien en su vida terrena. Se mantiene la necesidad de tener conocimientos sagrados pero, además, se incorpora la existencia de un Juicio de los Muertos, presidido por Osiris, en el que el corazón del difunto será pesado en la balanza y solamente si es declarado Justo podrá proseguir el viaje ultraterrenal. Nuevamente, nos encontramos con otro aparente conflicto en las creencias. De un lado se nos habla de la necesidad de conocimientos puramente mágicos, de otro se hace referencia a una vida ética, impregnada por la idea del bien.

En los "Textos de los Sarcófagos", en el denominado "Libro de los dos caminos", algunos de los sarcófagos contienen un conjuro que nos habla de las bases espirituales y materiales de la Creación. En ese texto ya se sugiere la necesidad de hacer el bien en la tierra para resultar grato a la divinidad. En concreto, se argumenta que Dios no es quien ordenó a los hombres que hicieran el mal, sino que son ellos los que no le obedecen. Veamos ese texto en el que "Aquel cuyos nombres son secretos, el Señor de la Totalidad", nos habla de sus buenas acciones en favor de la humanidad (Conjuro 1.130):

"... He hecho cuatro buenas acciones en el centro de las puertas del horizonte. He hecho los cuatro vientos, que cada hombre puede respirar en su tiempo (de vida). Éste es uno de mis dones. He hecho la Gran Inundación, para que el pobre igual que el grande tengan fuerza. Éste es uno de mis dones. He hecho cada hombre igual que su compañero (semejante). No les he ordenado que hagan el mal, son sus corazones los que desobedecieron lo que yo había dicho. Éste es otro de mis dones. Hice que sus corazones no dejaran de recordar el Occidente, para que hicieran ofrendas a los dioses de los nomos. Éste es otro de mis dones. Con mi sudor es con lo que he creado a los dioses, con el llanto de mis ojos a los hombres".


Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
Tienes que estar logueado para escribir un comentario. Puedes registrate si no tienes ya una cuenta creada.
busy
 

Videoteca - Videos mas recientes