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Tu vida es un reflejo exacto de tus creencias |
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miércoles, 03 de octubre de 2007 |
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Cuando cambias tus creencias más íntimas acerca del mundo, tu vida cambia en consonancia con ellas.La gente, cuando quiere explicar sus limitaciones, suele decir:-Eso no puedo hacerlo porque...Y sigue la excusa más corriente -Es que soy así.Más exacto sería decir: -Creo que soy así.Podemos aprender mucho acerca de nuestras propias creencias observando a los peces. Lo que sigue es un experimento realizado en el «Instituto Oceanográfico de Woods Hole».Consíguete un acuario. Divídelo en dos mediante una pared de vidrio transparente; así que ahora tienes una especie de duplex para peces.
Ahora te compras un barracuda -lo llamaremos Barry- y un salmonete: los barracudas se comen a los salmonetes.
Coloca a cada uno en un departamento diferente. Dentro de nada, Barry irá derecho a por el salmonete y... ¡plaf!, se dará de narices contra el cristal. Entonces se dará la vuelta para intentarlo otra vez, a toda velocidad, y...¡plaf!
Pasadas unas semanas Barry se habrá hecho mucho daño en las narices. Con el tiempo habrá identificado el dolor con los intentos de cazar al salmonete, y habrá desistido de ellos.
Ahora puedes quitar el tabique de vidrio, y ¿a que lo adivinas? Él se quedará toda la vida en su lado de la pecera. Si de él dependiera, Barry se moriría de hambre con el salmonete nadando a un palmo de sus narices. Sabe cuáles son sus límites y no se saldrá de ellos.
¿Es triste el cuento de Barry? En realidad es la historia de todos nosotros. Nos tropezamos con paredes de vidrio, pero sí con los profesores, los padres y los amigos que nos dicen lo que está bien y lo que no.
Lo peor es que tropezamos también con nuestras propias creencias. Ellas son las dimensiones de nuestro territorio, el que defendemos y del cual procuramos no salir.
-Una vez lo intenté -dice Barry el barracuda. Ahora prefiero nadar en círculos.
-Una vez lo intentamos, en los estudios... el matrimonio... el trabajo... -decimos nosotros.
Hemos creado nuestra propia pecera de vidrio y creemos que eso es la realidad. De hecho no es sino lo que creemos. Entonces, ¿de cuál de mis creencias debo prescindir? ¡De todas las que te atrapan y te hacen infeliz! Si no te sirven de ayuda, ¡fuera con ellas! No porque las juzguemos equivocadas, sino porque no nos sirven.
Andrew Matthews
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