Para aquellas interpretaciones, el ser humano se perfecciona al tiempo que la ciencia le aporta recursos, pero en la consideración del progreso humano según la práctica de sus valores lo esencial no está en los recursos técnicos sino en la educación.
La realización de lo que el hombre es corresponde a una acción individual, personal, por la que cada uno pone en ejercicio la conciencia que gobierna su libertad. Las acciones espontáneas se siguen sin deliberación de la voluntad y, aunque ellas constituyen una gran parte de los actos del hombre, no se consideran propiamente humanas ya que esquivan el ejercicio de la libertad.
De modo semejante se podría afirmar que las operaciones más comunes y rutinarias son las menos enriquecedoras de la personalidad, en cuanto exigen menor compromiso de la voluntad. Por eso, el vivir más o el hacer más cosas no son de por sí necesariamente una manifestación de progreso humano si no van acompañadas de una asunción de valores que generen la conciencia de sentirse realizado. Motivarse humanamente requiere elegir qué se hace y ello se potencia en función del conocimiento de los valores que se pueden desarrollar y de el fortalecimiento de la voluntad para ponerlos por obra.
Educar supone el compromiso de formar personas, y su tarea esencial se especializa en rescatar de la corriente de las cosas comunes al educando para despertar en él el interés por el compromiso en los valores humanos. El primer paso está en hacer comprender el concepto mismo de valor y de la responsabilidad de su buen uso. Será, por tanto, esencial evidenciar la distinción entre lo que nos viene dado y nos entretiene, y lo que creamos y nos constituye sujetos activos de nuestro mundo.
Delimitar la influencia exterior sobre las personas y facilitarles reflexionar sobre su naturaleza y fines promociona una perspectiva de libertad cuya última consecuencia es el gobierno del entorno y no ser gobernado por él. Facultar esa rebelión personal al ser peculiar que a cada individuo le corresponde exige descubrir el valor del esfuerzo para vencer la corriente de lo común.
Por muy sofisticado y retributivo que pueda ofrecerse un panorama realizado, para el hombre individual representa regresión si domina su voluntad. El progreso personal supone implicación en la construcción del propio entorno y de la sociedad en general según criterios que refuercen la conciencia de actor. Cuando la mayoría se deja llevar por los acontecimientos, la sociedad decae porque se cubren las satisfacciones materiales pero se cercena la creatividad.
La educación, en este aspecto potenciador, es también animación y debe acompañar a la persona humana toda su vida. En cada etapa de la vida las facultades responden con mayor o menor alegría a los impulsos viales, y es por ello que precisan del apoyo para no quedarse estancadas satisfaciéndose de un pasado que ya no es operativo.
El progreso o la regresión social al final se mide sobre la repercusión en los individuos y en éstos es proporcional al énfasis optimista y vital con que enfocan su vida. En una sociedad que tiende a poblarse de mayores, para no perder el pulso al progreso se necesita la permanente educación de la complicidad del ánimo en todos los niveles.
Fcogustavo22