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Que nadie ni nada se interponga entre una tarea difícil y tú, que nadie te niegue esa espléndida oportunidad para cobrar fuerza, maestría y merecer el éxito. Confía en ti mismo: La auto-confianza y la destreza forman un ejército invencible. El mejor soldado jamás ataca. El luchador superior triunfa sin violencia. El conquistador más grande vence sin combate. El director más eficaz dirige sin imponer. A eso se le llama ecuanimidad inteligente, a eso se le llama conocimiento de los hombres.

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ORIENTE Y OCCIDENTE: Unidos para La Educacion PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 23 de abril de 2008
La educación de la Nueva Era está destinada a que el hombre sea verdaderamente humano, a completar y perfeccionar su naturaleza y revelar y posibilitar las más profundas potencialidades hacia las cuales tiende toda la humanidad.

A la evocación de la voluntad de saber y luego de la voluntad de ser, debe seguir un proceso natural de desarrollo.

A este respecto el método de la meditación será considerado parte de la técnica de la educación superior, que la nueva era verá desarrollada; se hallará por este medio que el ser humano ínte­gro puede ser desarrollado algo más y conducido a un nuevo reino de la naturaleza.

 La meditación es primordialmente un proceso educativo autoiniciado que demanda todos los poderes de la volun­tad, basado en las actuales facultades, produciendo finalmente un nuevo tipo, el tipo egoico, con su propio mecanismo interno, conteniendo en sí la simiente de un desenvolvimiento aún mayor.

De algo impuesto desde afuera, el nuevo proceso educativo se convierte en algo que surge desde adentro, y constituye esa dis­ciplina mental autoimpuesta que describimos con las tan mal interpretadas palabras: concentración,  meditación y contempla­ción.

De un proceso de entrenamiento de la memoria y el des­arrollo de un rápido método para manejar el mecanismo de respuesta que nos pone en contacto con el mundo externo, la técnica educativa se convierte en un sistema de control de la mente, que conduce eventualmente a la percepción interna de un nuevo estado del ser.

 Tal técnica produce a la larga, una rápida reacción y res­puesta a un mundo intangible e invisible, a una nueva serie de conocimientos instintivos que tienen su ubicación en un mecanis­mo de respuesta más sutil.

El tipo egoico, se impone al tipo humano como el humano al animal, y así como el humano es producto del entrenamiento y del instinto masivo y se ha desarrollado extraor­dinariamente gracias a nuestros sistemas educativos modernos, el tipo egoico es el producto de un nuevo método de entrenamiento mental, impuesto al individuo por su alma y exigido por la urgen­cia de la búsqueda y por un acto de su voluntad.

El alma está siempre latente en la forma humana, pero es atraída a la actividad manifiesta, mediante la practica de la meditación.

Estos dos métodos de completar al ser humano y elevarlo a una regimentación masiva, para producir el surgimiento de un nuevo tipo, el egoico, constituyen la principal diferencia entre los métodos educativos occidental y oriental.

El contraste entre ambos métodos de desarrollo es altamente instructivo.

En Oriente se cultiva cuidadosamente al individuo, dejando prácticamente sin educación a las masas.

En Occidente tenemos educación masiva, pero el individuo queda por lo general sin cultura específica.

 Cada uno de estos dos grandes y divergen­tes sistemas ha producido una civilización, que expresa su genio y manifestaciones peculiares, pero también los marcados y respecti­vos defectos.

 Los postulados sobre los cuales dichos sistemas están basados, son ampliamente divergentes y valdría la pena conside­rarlos, pues en su comprensión y en la unión final de ambos, es posible hallar la solución para la nueva raza de la nueva era.

Primero: El sistema oriental supone que en toda forma humana habita una entidad o ser, llamado yo o alma. Segundo: Este yo utiliza la forma del ser humano como instrumento o medio de expresión y, mediante la suma total de los estados mental y emocional, oportunamente se manifestará, utilizando el cuerpo físico como mecanismo funcionante en el plano físico.

Finalmente el control de estos medios de expresión se logra por la Ley de Renacimiento.

Mediante el proceso evolutivo (desarrollado a tra­vés de muchas vidas en el cuerpo físico), el yo construye gradual­mente un instrumento apto para manifestarse, y aprende a dominarlo.

 Así, el yo o alma, llega a ser verdaderamente creador y autoconsciente, en el sentido más elevado, y también activo en su medio ambiente, manifestando perfectamente su verdadera natu­raleza.

Con el tiempo alcanza su total liberación de la forma, de la esclavitud de la naturaleza de deseos y del dominio del inte­lecto.

 Esta emancipación final y la consiguiente trasferencia del centro de la conciencia del reino humano al espiritual, se acelera y nutre mediante una educación especializada, denominada proceso de meditación, que es incorporado a una mente amplia e inteligen­temente cultivada.

El resultado de este entrenamiento intensivo e individual, ha sido en extremo espectacular.

El método oriental de origen asiá­tico, es el único que ha hecho surgir a los fundadores de todas las religiones mundiales.

 Es responsable también de la aparición de las inspiradas Escrituras del mundo, que moldearon los pensamientos de los hombres, y de la venida de todos los Salvadores del mundo: Buda, Zoroastro, Shri Krishna, Cristo y otros.

 Así Oriente ha traído a la manifestación, como resultado de su técnica parti­cular, a los grandes individuos que emitieron la nota de su era peculiar e impartieron la enseñanza necesaria para el desenvol­vimiento de la Idea de Dios en las mentes de los hombres, conduciendo a la humanidad adelante en el sendero de la percepción espiritual.

El resultado exotérico de sus vidas puede observarse en las grandes religiones organizadas.

En el entrenamiento de los individuos altamente evoluciona­dos se ha ignorado en toda Asia a las masas y, en consecuencia, el sistema (desde el ángulo del desenvolvimiento racial) deja mucho que desear, siendo uno de sus defectos el desarrollo de las tenden­cias visionarias imprácticas.

 El místico con frecuencia es incapaz de amoldarse a su medio ambiente, pues cuando se hace hincapié exclusivamente en el aspecto subjetivo de la vida, se descuida y pasa por alto el bienestar físico del individuo y de la raza.

 Se deja a las masas debatirse en la ciénaga de la ignorancia, enfermedad y suciedad, de allí que existan las deplorables condiciones que pre­dominan en todo Oriente, al lado de la iluminación espiritual más elevada de unos pocos favorecidos.

En Occidente ocurre todo lo contrario. El aspecto subjetivo está descuidado, considerándoselo como hipotético.

Los postulados, sobre los cuales está asentada nuestra cultura son: Primero, existe una entidad llamada ser humano que posee una mente, un conjunto de emociones y un mecanismo de respuesta por el cual se pone en contacto con el medio ambiente.

 Segundo, según la calidad de su mecanismo y la condición de su mente, más la naturaleza de las circunstancias que lo rodean, así será su carácter Y disposición.

La meta del proceso educativo, aplicado global e indiscriminada­mente, es que el hombre sea físicamente apto y posea una mente alerta y una memoria educada, reacciones controladas y un carác­ter que harán de él un valor social y un factor que contribuirá a la administració n corporal.

 La mente es considerada un depósito de hechos captados, y el entrenamiento dado a todo niño tiene por objeto hacer de él un miembro útil de la sociedad, capaz de auto­abastecerse y ser decente.

 El resultado de estas premisas es con­trario a las del oriental.

 No tenemos una cultura específica que dé Personajes como los proporcionados por Asia, pero hemos desarro­llado un sistema de educación en masa y grupos de pensadores, de allí nuestras universidades, institutos y escuelas públicas y priva­das, los cuales dejan su marca sobre millares de personas, regimen­tándolas y entrenándolas para obtener un producto humano posee­dor de cierto conocimiento uniforme, con una acumulación este­reotipada de hechos y variada información.

 Esto significa que no existe tan deplorable ignorancia como en Oriente, sino un regular alto nivel de conocimientos generales.

 Se ha obtenido lo que llama­mos civilización, con su riqueza de libros y sus muchas ciencias, que dieron origen a la investigación científica del hombre y, en la cima de la evolución humana, a los grandes Grupos, en contra­posición a los grandes Individuos.

 Este contraste se puede resumir burdamente de la manera siguiente:

Occidente                                           Oriente

Grupos  ............ ......... ......... ......... .....      Individuos

Libros ............ ......... ......... ......... ........      Biblias

Conocimiento............ ......... ......... .....      Sabiduría

Civilización Objetiva ............ ......... ..      Cultura subjetiva

Desarrollo mecánico ............ ......... ....      Desarrollo místico

Regimentación ............ ......... ......... ...      Excepcionalidad

Educación masiva ............ ......... .......      Entrenamiento especializado

Ciencia ............ ......... ......... ......... ......      Religión

Entrenamiento de la memoria ..........      Meditación

Investigación ............ ......... ......... ......      Reflexión

Sin embargo, la causa es básicamente una –el método de edu­cación.

Ambos son también fundamentalmente correctos, no obs­tante necesitan suplementarse y complementarse mutuamente.

 La educación de las masas en Oriente conducirá a corregir sus pro­blemas del plano físico que exigen solución.

 Un amplio sistema de educación general que llegue a las masas analfabetas del pueblo asiático es una necesidad apremiante.

La cultura del occidental y el injerto en su cuerpo del conocimiento impuesto por una técnica de la cultura del alma, tal como llega de Oriente, ele­vará y salvará nuestra civilización, que está desmoronándose rápidamente.

 Oriente necesita del conocimiento y de la informa­ción; Occidente de la sabiduría y la técnica de la meditación.

Este sistema científico y cultural, cuando se aplique a nuestros seres humanos altamente educados, producirá ese vinculador gru­po de hombres que unificará las realizaciones de ambos hemisferios y unirá los reinos subjetivo y objetivo.

Actuarán como precurso­res de la nueva era cuando los hombres sean prácticos, respecto a los asuntos mundanos, y sus pies estén firmemente asentados en la tierra, pero serán a la vez místicos y videntes, vivirán en el mundo del espíritu y llevarán inspiración e iluminación a la vida cotidiana.

Para obtener estas condiciones y llegar a formar ese gran grupo de místicos prácticos, que finalmente salvarán al mundo, son necesarias dos cosas: mentes entrenadas que tengan como base el conocimiento amplio y general (y esto puede dárnoslo el sistema occidental), además, una percepción espiritual de la divini­dad inmanente, el alma, que se alcanzará por el sistema oriental de meditación científica.

La mayor necesidad que se ha producido en Occidente se debe a no haber reconocido al alma ni a la facultad de la intuición que, a su vez, lleva a la iluminación.

Del libro DEL INTELECTO A LA INTUICION, del Maestro El Tibetano.

Dr. Jose Ricardo Avila Meràz

Medico y Psicoterapeuta

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