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Herman@s , no dejemos de orar por Kenia aunque la crisis politica que abrió nuestro trabajo sobre KENIA parezca haber llegado a una normalidad...
Mujeres son blanco de las heridas sociales en Kenia
NAIROBI (Reuters) - Han pasado más de tres meses desde que unos jóvenes irrumpieron en la casa de Mary en la villa Kibera de Nairobi y le hicieron un corte en la pierna con un machete mientras huía.
Pero esta madre soltera de cinco hijos todavía se estremece al pensar que los hombres podrían volver a dar con ella, violarla o matarla porque pertenece a un grupo étnico rival.
Para el mundo exterior, puede que la vida en Kenia haya regresado a la normalidad
cuando un acuerdo de reparto de poder puso pausa a algunos de los peores enfrentamientos tribales desde la independencia de Gran Bretaña. Pero para Mary y otros como ella, el terror continua.
No sabemos de dónde viene toda esta maldad," dijo la mujer, de 49 años,
tocándose nerviosamente el tajo sobre su pierna que todavía debe sanar.
Sin signos de que el estado de derecho haya regresado todavía a su barrio, la mujer kikuyu teme que sus vecinos luo puedan venir nuevamente tras ella .
Además de las 1.200 personas muertas, 300.000 fueron obligadas a dejar sus
hogares y cientos más fueron atacadas sexualmente en una oleada de violencia y
ataques en represalia provocados por la disputada reelección del presidente Mwai Kibaki en diciembre.
Como suele ser el caso, mujeres y niños fueron los principales blancos: Naciones Unidas dijo que el número de violaciones denunciadas se duplicó durante la crisis enKenia. La víctima más joven tenía un año.
Mary, quien vive en la mayor villa del este de África, perdió lo poco que tenía -su casa de barro con techo de hierro- y ahora se ve forzada a dormir a la intemperie, entre dos chozas destartaladas manchadas de basura y desperdicios humanos.
"No puedo volver a mi casa. Ha sido ocupada por otros," dijo.
Cuando la crisis ocupaba los titulares del mundo, los funcionarios de Naciones Unidas dijeron que el aumento de ataques sexuales en parte reflejaba un colapso orden social de Kenia.
La reelección de Kibaki, en tanto, puso al descubierto divisiones entre grupos etnicos por la tierra, la riqueza y el poder de décadas de antigüedad.
Pero incluso aunque los ataques hayan menguado y los mercados de valores y divisas de Kenia hayan hecho avances desde el acuerdo político, las heridas sociales
todavía no sanan.
"En el fondo hay una guerra silenciosa en curso, en la que hay un hombre de una
tribu violando a una mujer de otra tribu," dijo Elisabeth Muthama, una asesora del Hospital de Mujeres de Nairobi.
"Estos casos son frecuentes en Kibera -un hombre luo ataca a una mujer kikuyu y luego hombres kikuyu atacan a mujeres luo y así sucesivamente," detalló.
FRECUENTES VIOLACIONES
El grupo activista Coalición para la Violencia Contra las Mujeres y la organización de derechos humanos Federación de Mujeres Abogadas de Kenia planea pedirle al Gobierno recién jurado que compense a las mujeres afectadas por los conflictos postelectorales, especialmente a aquellas que fueron atacadas
sexualmente y violadas.
"Los grupos militantes capitalizaron esta oportunidad para hacerles todo tipo de atrocidades a las mujeres, ya sea violarlas o insertarles objetos en sus vaginas," dijoFaith Kasova, coordinadora de la Coalición.
"Las experiencias de las mujeres fueron realmente desagradables," añadió.
En los dos primeros meses del año, el momento de mayor violencia, el Hospital de Mujeres de Nairobi atendió a 443 personas. Cuatro de cada cinco fueron víctimas de violación o deshonra: 149 niños, 193 mujeres y 14 hombres.
Todavía está atendiendo a un número de casos motivados por el odio étnico.
"Tuvimos casos de mujeres y niñas, que fueron desvirgadas, violadas y atacadas físicamente -tanto hombres como mujeres- después de los disturbios postelectorales," dijo el Dr. Ketra Muhome.
Las villas como Kibera -donde abunda el desempleo, prepondera el abuso del alcohol y cientos de miles viven apiñados en endebles chozas- hace mucho que son un semillero de estos ataques.
Para mantener a su familia, Mary depende de la bondad de amigos o ex vecinos que le dan restos de comida.Al igual que otras víctimas de la violencia, Mary criticó al Gobierno por no ponerle freno a la violencia ni castigar a los autores de los crímenes.
"Yo no elegí ser una kikuyu. Toda mi familia ha estado aquí en Kibera," dijo. "Esperábamos que nuestro gobierno viniera a ver lo que está ocurriendo a nivel de las bases."
Para otras víctimas, el gobierno es invisible.
"Les estamos pidiendo a nuestros líderes que no le mientan a la gente diciendo que hay paz," dijo Catherine Wanja, otra residente de Kibera que vive de la bondad de amigos después de que su casa fuera incendiada.
"No están pensando en la gente que votó por ellos. Escuchamos que hay un gobierno pero no lo vemos," añadió.
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