La especie humana es la única que cultiva, cocina, mira a las estrellas, manda máquinas a esas estrellas, viaja en persona a la luna, predice acontecimientos con meses e incluso años, o siglos, de antelación , y es la única en contaminar la Tierra; el lugar donde habita, hasta extremos inaceptables.
La especie humana es también la única capaz de hablar, y de hablar de muy diversas materias, incluyendo el futuro, el pasado, el amor, la libertad, el misterio y muchas otras; es la única capaz de escribir, de leer, de hacer sugerencias, de plantearse preguntas. El ser humano es la única especie que se pregunta qué es el ser humano, y qué es lo que le hace humano.
Con todo este potencial que nos caracteriza, siempre me ha interrogado la idea de cómo un grupo de nosotros, “Los Lamas”, pueden ser capaces de pasar su existencia en la más absoluta soledad, en completa meditación e introspección, perdiendo toda posibilidad de disfrutar su existencia carnal.
Pero lo más curioso es que ese estilo de vida; que desde mi punto de vista está totalmente en contra de nuestra naturaleza humana, nos da la completa felicidad, la evolución espiritual y la iluminación.
Algunos amigos míos han renunciado a su vida occidental, tal y como la concebimos en Europa, para evolucionar y crecer espiritualmente, emulando así la vida de los lamas.
He de decir que el resultado final tras el cambio de vida, no es de mi agrado. Cierto es que el materialismo y el consumismo que nos caracteriza tiende a desaparecer, pero a cambio, nos llenamos de vanidad espiritual, creyendo que por nuestra hora de meditación diaria somos superiores al prójimo y que ese estilo de vida oriental nos libra de todos los pecados cometidos antaño, llevándonos casi en volandas a creer, que esta reencarnación es la última aquí en el planeta Tierra. Pasando a través de nuestra meditación diaria a formar parte de una élite espiritual que nos hermana, en la siguiente vida, a encarnar con entidades superiores en planetas de alto nivel espiritual.
Por todo esto, y más, no me convencía nada la idea de la meditación y el retiro oriental.
Pero como no se puede decir nunca: “De esta agua no beberé”, no pierdo la posibilidad, después del sueño de anoche, que el resto de mi vida lo pase en el sur de China pegadito a la India.
Un Lama vestido con una túnica roja se me acercó en sueños:
- Nos van a matar a todos antes de que nazca el siguiente Dalai Lama – Me dijo-
Me quedé impresionado, ni siquiera en sueños podía moverme, ni contestar. La tristeza emanada de esas palabras, se hundieron en mi pecho provocando una cascada de agua fría, que me paralizo por completo.
- Quieren acabar con nuestro estilo de vida, los Lamas somos incómodos porque queremos y necesitamos volver a nuestros dominios “ El Tibet”. Creen que tenemos un afán de posesión territorial y que por eso seguimos con nuestra congregación. Lo cierto es que necesitamos volver al Tibet. Nuestra misión consiste mediante la meditación, evitar que la cordillera del Himalaya se hunda de nuevo en las profundidades del océano. Nuestras mentes se unen juntas provocando lo que tú conoces como telequinesia (mover objetos) para mantener en un perfecto equilibrio la cordillera. Cuanto más alejados estemos de ella, más trabajo y menos eficaz es nuestro esfuerzo. Sin el Dalai Lama no lo conseguiremos, pues es la mente con más capacidad de telequinesia que reencarna en la Tierra. Él es nuestra fuerza y la luz dentro del túnel - Dijo el Lama todo seguido y casi sin respirar-
Cómo el humo, despareció de mis sueños dejando una estela de prana luminoso que al observarlo pude ver el futuro.
Un ejército de no se qué país, invadirá el lugar donde se encuentran hoy los lamas exiliados, cuando el Dalai muera. Pero no sólo matarán a los lamas, sino a todo aquel que tuviera información de quién y dónde se encontraba el próximo Dalai lama. Evitando así la formación de una nueva Orden.
Pude ver a un niño. El lugar donde nacerá y su carta natal. Sería el siguiente Dalai Lama y correría peligro, tras torturar y después asesinar a sus defensores, sacándoles información antes de morir del lugar exacto del nacimiento.
Una nueva “matanza de los inocentes”, ocurría en mis sueños. Y si se consumaba, el destino de la Tierra estaría zanjado.
A continuación ví cómo hace millones de años el Himalaya era un inmenso mar cristalino. Gracias al roce y choque de placas tectónicas emergió de las aguas dando lugar a lo que conocemos hoy día. Los lamas sabiendo que era una zona terriblemente inestable del planeta decidieron, a pesar de su duro clima, ocupar el lugar para mantenerla en pié con su fuerza mental evitando así otro desplazamiento de la corteza.
Me desperté de golpe y recordé que la sal que utilizo para cocinar viene del Himalaya por lo que tuvo que ser verdad que antaño hubo un mar.
Ahora entiendo la enorme labor, esfuerzo y sacrificio que hacen los Lamas en pro del planeta y la humanidad.
Siento mucho mis comentarios despectivos ante ese estilo de vida oriental, mi ignorancia da mi atrevimiento. No lo sabía, no sabía de su esfuerzo y sacrificio.
La meditación en occidente pasa por el filtro de nuestra marcada tendencia egocéntrica. Casi todos practican la meditación para reforzar su ego, en la vertiente espiritual. Conseguir poderes. Visualizar el futuro, etc, etc. Casi siempre hay una motivación narcisista. Incluso la mayoría piensa que la meditación les hará mejores personas. Pero esta disciplina, para unos pocos, que han entendido el verdadero significado de la misma, es el vehículo o herramienta más indicada, para la vinculación, para la disolución del ego, para la integración en el todo. Solo cuando se medita con este fin, podemos aliarnos con los elementales, con las estrellas, y con las entidades más alejadas del cosmos, para mover una montaña, preservar la Tierra o hacer crecer la vida. La meditación diluye el ego. Esta es la verdadera realizad. El resto no tiene importancia.
Dalai Lama