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Violencia: Todos contra Todos
sábado, 05 de junio de 2004
La violencia, el pan nuestro de cada día en la amarga vida de muchas familias. Lo peor es la violencia del pensamiento.
Violencia que deja secuela por muchos años, pero que basta un momento para eliminarla y este momento es simplemente DECISIÓN.
¡ La familia, un tesoro Divino ¡
Cuánta razón tienen las frases populares, y entre ellas y en este tiempo, la que nos dice: Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. Cuántos hombres y mujeres en estos momentos, estarán pensativos y arrepentidos de haber perdido su hogar y su familia.
Las estadísticas sobre la violencia familiar reflejan la pobreza espiritual en que vivimos.
No solo son asesinos quienes quitan la vida del cuerpo, si no todos aquellos que ofendenemos, mentimos, humillamos, matamos la fe y las esperanzas del ser querido y andamos tan libres, como si no hubiera pasado nada.
¡El hogar y el matrimonio, son santuarios que hemos profanado! pero nunca es tarde para empezar a reconstruir lo que en diversas formas muchos hombres y mujeres, hemos destruido, lastimado, manchado y mancillado.
No existe sinceridad en el corazón de muchos hombres y mujeres porque han huido del verdadero amor. Es como esos hogares en donde se ha apagado la llama sagrada de los afectos, ya sea entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. Están juntos sus cuerpos, pero sus espíritus están distantes. ¡Cuán grande es su vacío, cuánta su soledad y que frío en el interior de aquellos hogares!
Muchos hombres han pensado que la mujer es su esclava y así la ha tratado durante mucho tiempo, cierto es que en un tiempo prevalecía la frase de: que el hombre es la cabeza de la mujer, pero ella, no debe sentirse menospreciada porque la verdad es que la mujer es el corazón del hombre, por eso se instituyó el matrimonio, porque en la unión de esos dos seres espiritualmente iguales pero corporalmente diferentes, se encuentra el estado perfecto.
Cuidemos de este tesoro Divino, no debemos permitir que nuestros propios errores, los vicios y la infidelidad, nos arrebaten poco a poco las joyas de nuestra esposa e hijos.
¡ A la mujer se le ama con el amor que eleva, no con la pasión que envilece ¡
Nuestras esposas necesitan ser amadas, comprendidas, escuchadas y respetadas.
No permitamos que nadie nos arrebate lo más sagrado que Dios nos ha entregado: El matrimonio y la bendición de una familia.
Solo el amor, la comprensión, la tolerancia y el perdón, hará que las familias se reconcilien
El hogar es un templo donde debe de arder la llama del amor y del respeto, como en un verdadero santuario.
Hagamos que nuestro hogar, sea un pequeño reino, un oasis en el desierto árido y hostil de esta vida.
Mucho haremos si empezamos por nuestro propio hogar, Mientras exista entre, respeto, obediencia, tolerancia, perdón y comprensión, vuestro hogar brillará entre la oscuridad de este mundo.
El hogar es donde los niños, aprenden a dar sus primeros pasos, es ahí donde la madre le enseña la primera oración.
Nunca debemos de reñir enfrente de nuestros hijos, para que nunca tengan argumentos para reclamarnos, al contrario demos motivo para que nos recuerden con amor y respeto.
Recordemos que el mejor consejo, es el mejor ejemplo.
Si queremos ver en vuestros hijos rectitud, nosotros debemos cumplir con ellos, ya que esperan mucho de nosotros, no demos oportunidad que ellos, busquen fuera del hogar, lo que tenemos en nuestro espíritu y corazón, si de momento sentimos que no somos comprendidos, ya llegará el tiempo en que ellos nos concedan razón, y nos bendigan
Así como nos preocupamos por el futuro material de nuestros hijos, debemos pensar también en su vida espiritual, esto es para que no se pierdan en este mundo que ha perdido el rumbo. No siempre nos estaremos con ellos.
Debemos enseñarles a cumplir con las leyes del espíritu y de la materia; y si ellos las infringen, entonces corregirlos con amor, y con sanos consejos.
¡Qué liviana sería la cruz de esta vida y placentera nuestra existencia si nosotros como padres y nuestros hijos nos amaramos y respetáramos. Las pruebas y vicisitudes que se nos presentan cada día serían atenuadas por nuestro cariño y comprensión y tendríamos verdadera paz como una compensación en la lucha de esta vida.
Qué hermoso debe ser si la familia reunidos en ese bendito santuario del hogar, elevemos nuestras oraciones, las cuales, se elevarán al cielo, como el perfume de las flores.
Oración, por quienes no tienen la bendición de un hogar, por quienes no tienen un hombro donde inclinar su cabeza, para ser consolados y escuchados, por las fatales consecuencias de quienes viven los horrores de las guerras, en fin, sobran motivos para nuestras intercesiones, por eso es bien necesario e importante la armonía en nuestro hogar, eso nos dará fuerza y voluntad para seguir adelante y entonces veremos que la lucha en la vida será menos dolorosa. Ah, y también oración de gratitud por tantas bendiciones que recibimos diariamente y que muchos no ven o no comprenden, no todos ha de ser pedir y pedir.
Nosotros Como varones, no busquemos fuera de nuestra casa otras responsabilidades. Dios nos ha dado la bendición de un hogar y debemos de cuidarlo como lo que es...Un tesoro Divino.
No debemos de ver a la mujer como una simple sierva, sino a una digna esposa y compañera.
Muchos quienes buscamos con quien formar un hogar y lo encontramos, debemos recordar que el pacto que hacemos cuando nos casamos, es algo más que un compromiso social o una simple ceremonia, es un pacto sagrado ante Dios, por lo tanto si lo profanamos, es romper con Dios.
Si hemos cometido algunos errores en nuestro hogar, es tiempo de rectificar, la humanidad necesita hombres y mujeres que rehagamos nuestras vidas y que sólo veamos hacia delante, el pasado es eso simplemente un pasado.
La solución de rehacer los hogares destrozados es simple, basta un poco de humildad y de valor espiritual para saber aceptar nuestros errores y saber pedir perdón sincero, el amor abre las puertas del cielo.
El verdadero arrepentimiento, es no volver a caer en los mismos errores, que nos causan mucho dolor.
Muchas veces creemos que la humildad es humillación y no es así, la humildad es el triunfo, la vanidad es la derrota, aunque en este mundo lo apreciemos de otra forma.
No dejemos que se nos escape de las manos esta bendita oportunidad.