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Saint Germain los saluda:
Hoy quisiera comentar con ustedes el Plan Divino:
El momento presente es un momento de confusión. En el mundo se levantan voces, algunas pidiendo independencia y otras pidiendo uniones, algunas hablan de reformas y de cambios radicales, mientras que otras hablan de mantener los valores y los equilibrios que han permitido a las naciones sobrevivir al paso de los siglos.
Algunas voces se elevan pidiendo la protección de ciertas sociedades en contra de los emigrantes, que sin tener derechos, agotan las reservas del estado ; y voces en otros lados del planeta abogan por un mundo sin fronteras, en donde los derechos sean adquiridos únicamente por la fuerza del trabajo.
Y así entre las pugnas derivadas de los sentimientos proteccionistas y los derechos humanos, el hombre se debate entre opiniones contrarias sin encontrar una justa salida, que le permita entrever cuál es el siguiente paso en la evolución de la sociedad.
Pero el Plan Divino es más claro que el agua transparente, cada ser humano tiene los mismos derechos, sin embargo estos derechos llevan asociadas ciertas obligaciones, y en el ejercicio de las obligaciones se adquieren los derechos.
En la ignorancia u omisión de éstas también se pierden algunos privilegios. El hombre ha sido puesto en la tierra para aprender las lecciones de la vida y de la convivencia armónica, y estas lecciones son las que permiten establecer una jerarquía de valores en donde aquellos que son parte del espíritu se encuentran por encima de los otros que son propiamente de la materia.
Así pues, el honor, la dignidad, el amor y la justicia, esas lecciones que son atemporales, que son eternas y que provienen del espíritu, deben ser más importantes que las que surgen por un deseo natural de sobrevivir, de poseer un patrimonio, o de adquirir una salud momentánea. AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR, dijo el Gran Maestro hace dos mil años, y AL ESPÍRITU LO QUE ES DEL ESPÍRITU.
¿De qué servirían todos los tesoros del mundo si para conseguirlos se ha de perder el alma ?
Un discípulo espiritual, debe mantener siempre presente su jerarquía de valores y luchar por los ideales antes que por los ídolos, mantener una nota alta en su vida personal, persiguiendo siempre aquello que proviene del espíritu y logrando de esta forma darle una dirección a su vida que esté encaminada precisamente hacia ese futuro glorioso que como espíritu tiene.
No significa que deba olvidarse de los bienes materiales, ni tampoco que deba descuidar su salud, tan sólo significa que su vida debe tener una dirección eterna y sus pasos encaminados hacia aquellos valores que trascienden el tiempo y el espacio, que trascienden su mundo físico, pequeño y egoísta. Saber que por encima de las pequeñas inconsciencias de la vida, de los pequeños actos intrascendentes, que aparentemente pudieran no ser importantes en la vida del individuo, se encuentran ciertos valores por los que uno lucha, da una alegría al espíritu y un orgullo de estar vivo, de pertenecer a las huestes conscientes del Padre, que sin duda levanta al discípulo por encima de las poblaciones y lo pone ante los ojos de los Maestros como un instrumento fiel en quien apoyarse para el cumplimiento de grandes misiones.
Permítanme decirles que no es en las grandes acciones en donde el discípulo se hace notar, sino en esos pequeños momentos cotidianos, en donde evita las más intrascendentes mentiras, en donde doblega la voluntad de su materia para ponerla al servicio de su voluntad espiritual, en esos momentos cotidianos en donde caminando por la calle respeta las hojas de los árboles, evita pisar una hormiga y sonríe a la vida aunque nadie lo esté mirando, esos chispazos de espiritualidad, que unidos todos juntos van construyendo una vida de luz son los que dan la personalidad al discípulo, esos son los pequeños grandes momentos que van haciendo que una persona común se agigante y convierta en un noble y admirado discípulo.
Observen y cuiden sus momentos personales privados, cuiden sus pensamientos y sus acciones, actúen en todo momento de acuerdo a sus valores espirituales, prodiguen sus sonrisas, y vigilen que sus más pequeñas acciones estén de acuerdo con los grandes valores del espíritu, y poco a poco irán escalando el sendero que conduce a la realización personal.
Las pequeñas batallas son a veces más importantes que las grandes, pues un discípulo que se ha vencido miles de veces en las pequeñas decisiones llega a los grandes momentos prácticamente con la batalla ganada.
Una gota pequeña pero constante es capaz de partir la más dura roca que ha obligado a un río a doblegarse.
Así pues, construyan su futuro espiritual basado en las pequeñas grandes acciones, y en el silencio de su vida estarán construyendo el futuro glorioso que después los habrá de colocar al frente de multitudes para el cumplimiento de grandes misiones.
¿Cómo responde el discípulo ante la desesperación y las angustias de aquellos que han hecho de sus posesiones materiales, su felicidad y seguridad? :
Con comprensión, Amor y emanando la Luz interior,
¿Cómo responde el discípulo ante las fuerzas que golpean su propia vida personal intentando arrebatarle esa paz? :
El discípulo emana la Luz, se mantiene en su Paz interior y trabaja con ahínco para neutralizar esas fuerzas que amenazan su vida exterior.
Las verdades que han sido vertidas en todos ustedes han dejado semillas de grandeza en sus mentes, que cuando germinen servirán como núcleos de nuevas sociedades, luces que inspiran, verdades que mueven conciencias; y así, este caudal de Luz, irá marcando la ruta por donde la civilización deberá continuar su camino.
Me despido deseando que la Luz que hoy han recibido despierte sus chakras y permita alcanzar un nuevo estado de Conciencia.