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Una historia del pasado para el presente: APOLONIO DE TIANA PDF Imprimir E-Mail
domingo, 20 de julio de 2008
APOLONIO DE TIANA
La Iglesia cristiana usó de todo su poder para hacer pasar a Apolonio de Tiana por un mito o, al menos, por un secuaz del Diablo. Los milagros de Apolonio inquietaron a los primeros Padres de la Iglesia, como podemos ver por el embarazo que muestra Justino el Mártir:
¿Cómo explicar que los talismanes de Apolonio tenían el poder de calmar el furor de las olas, la violencia de los vientos y los ataques de las bestias feroces y, mientras que los milagros de Nuestro Señor sólo son conservados por la tradición, los de Apolonio son más numerosos y se manifiestan efectivamente por hechos tan concretos, que arrastran a todos los asistentes?

La Historia atestigua la realidad de Apolonio. La historia romana nos dice que el emperador Caracalla hizo edificar un santuario en su memoria, y que Alejandro Severo expuso una estatua de Apolonio en su templo privado. El Museo Capitolino de Roma posee un busto del mismo. La emperatriz Julia Domna, segunda esposa de Séptimo
Severo, sentía un interés tal por la vida de Apolonio de Tiana, que, hacia el 200 de nuestra Era, encargó a Flavio Filostrato que escribiera una biografía de este fil6sofo.

Aunque Apolonio de Tiana fuese un contemporáneo de Jesús, la labor de Filostrato fue menos ardua que la de los cuatro evangelistas, ya que la emperatriz pudo poner a su disposici6n 97 cartas de. Apolonio, los Libros de Moerágenes y el Diario de Damis. Por tanto, la documentaci6n de Filostrato fue só1ida y concreta, si bien nos describe cosas aparentemente fabulosas.

Apolonio de Tiana nació en Capadocia (actualmente, en la Turquía Central) el año 4 antes de nuestra Era, precisamente el año en que se supone nació Cristo. Era alto, bien parecido y de notable inteligencia. A los catorce años, sus maestros no pudieron seguir instruyéndolo, ya que sabía más que ellos. A los dieciséis años entró en el Templo de Esculapio y emitió los votos pitagóricos. Llevando una vida ascética, no tardó en desarrollar, en grado sorprendente, sus dones de clarividente y de terapeuta.

Al mismo tiempo, se dedicó vigorosamente a defender las ideas de justicia social, atacando a los que explotaban a los pobres. Filostrato relata un incidente a propósito de una especulación sobre el grano, que llegó a hacerse demasiado caro para los desheredados. Consternado, el joven Apolonio apostrofó así a los comerciantes de trigo: «La Tierra es madre de todos -gritó-, ya que es justa. Pero vosotros sois injustos y pretendéis monopolizar a esta madre en vuestro provecho. Si no os arrepentís, no permitiré que viváis.» Su amenaza causó el efecto deseado y detuvo a los especuladores sin escrúpulos.

Un acontecimiento importante se produjo, en lo tocante a los dioses, en la vida del joven neopitagórico, cuando un sacerdote de Apolo del templo de Dafne le entregó unas placas de metal cubiertas de diagramas. Era el mapa de los viajes de Pitágoras a través de los desiertos, los ríos y las montañas, con representaciones de elefantes y de otros símbolos que indicaban el camino seguido por el filósofo para ir a la India. Apolonio decidió seguir el mismo itinerario y organizó su larga expedición.

Llegado a Babilonia, su comportamiento excéntrico fascinó al rey hasta tal punto, que invitó a Apolonio a prolongar su estancia en el reino. y en Nínive (Mespila) se encontró con el asirio Damis, que se convertiría en su guía, su compañero leal y su alumno. En amplia medida debemos a Damis el relato de sus peregrinaciones a la India y al Tibet.

Tras un largo y difícil recorrido, Apolonio y Damis atravesaron el Indo y siguieron el curso del Ganges. En un punto del valle del Ganges se desviaron hacia el Norte, en el Himalaya, y escalaron la cadena montañosa, a pie, durante dieciocho días.

El camino los llevaría al Nepal del Norte o al Tibet. Pero Apolonio tenía un mapa y sabía exactamente dónde encontrar la Morada de los Sabios. A despecho de su confianza, se empezaron a producir hechos inquietantes cuando Apolonio y su guía se acercaron a su destino. Tuvieron la extraña sensación de que el camino por el que marchaban desaparecía de pronto tras ellos. Se hallaban como en un lugar encantado, donde hasta el paisaje era móvil y se transformaba, a fin de que no pudieran establecer un punto de referencia fijo. Siglos más tarde se refirieron a fenómenos idénticos algunos exploradores, cuyos guías se negaban a traspasar «1a frontera prohibida de los dioses». Ello confirma los peregrinos incidentes mencionados por Filostrato.

Un joven de piel negruzca apareció de pronto ante Apolonio y Damis y se dirigió en griego al filósofo, como si su llegada fuese esperada: «Su camino debe detenerse aquí -dijo-, pero han de seguirme, ya que los Dueños me han dado la orden en tal sentido.» La palabra «Dueños» sonó agradablemente a los oídos pitagóricos de Apolonio de Tiana, por lo cual abandonó alegremente a portadores y equipajes, para llevarse consigo sólo al fiel Damis.

Cuando Apolonio de Tiana fue presentado al rey de los Sabios, cuyo nombre era larchas o Hiarchas (el Santo Maestro), quedó sorprendido al descubrir que el contenido de la carta que..se disponía a entregarle era ya conocido por él. Asimismo, Conocía su entorno familiar y todos loS incidentes de su largo viaje desde Capadocia.

Apo1onio permaneció varios meses en la región transhimaláyica. Durante su estancia, el filósofo y Damis pudieron admirar Cosas increíbles, tales como pozos que proyectaban los rayos de una brillante luz azulada. Pantarbes, o piedras fosforescentes, irradiaban una tal claridad, que la noche se trocaba en día. Lámparas similares, consideradas como milagrosas, fueron vistas en el Tibet, por el padre Huc, en el siglo XIX.

Según Damis, loS habitantes de la ciudad sabían utilizar la luz solar. Los Hombres Sabios podían usar la gravitación para elevarse en el aire, hasta una altura de tres pies, y podían incluso planear. Ap010nio observó una ceremonia en el curso de la cual los Sabios golpearon el suelo Con sus bastones y fueron aerotransportados. Fenómenos paralelos fueron verificados en el Tibet por la sabia exploradora Madame David-Neel en el siglo XX, lo cual da validez al relato de Filostrato.

Las realizaciones científicas e intelectuales de los habitantes de esta ciudad perdida impresionaron tan fuertemente a Apolonio, que se limitó a asentir Con la cabeza cuando el rey Hiarchas le dijo: «Has venido a casa de los hombres que saben todas las Cosas.» Damis observa que sus anfitriones «vivían ala vez en la Tierra y fuera de ella». Esta enigmática observación, ¿significa que los Sabios eran capaces de vivir en dos mundos, el físico y el espiritual, o que poseían los medios de comunicarse con planetas distantes?

En lo referente a su sistema social, parece ser que era comunitario, ya que, según palabras de Apolonio, «No poseían nada y, sin embargo, tenían toda la riqueza del mundo». En cuanto a su ideología, el rey Hiarchas profesaba una filosofía cósmica según la cual «el Universo es una cosa viva».

Cuando llegó el tiempo de la separación, Apolonio dijo a los Sabios de las montañas: «Vine a vosotros por caminos de tierra y me habéis abierto no sólo el camino del mar, sino también, por vuestra sabiduría, el de los cielos. Todo lo que me habéis enseñado lo llevaré a los griegos, y, si no he bebido en vano la Copa de Tántalo, permaneceré unido a vosotros como si estuvierais presentes.» ¿No hay aquí una referencia bastante clara a un método de comunicación telepática?

Los Maestros Espirituales del mundo encargaron a Apolonio de una misión. Ante todo, debía esconder ciertos talismanes o imanes en lugares que, en una época futura, adquirirían un significado histórico. ¿Se trataba de fragmentos de la milagrosa Chintamani de la Torre de Shambhala? Seguidamente, el filósofo debía arremeter contra la tiranía de Roma y humanizar un régimen fundado en la esclavitud. Lentamente, los dos hombres descendieron a las llanuras de la India y reanudaron su largo camino hacia Occidente. Por fin llegaron a Esmirna, donde, según el rey Hiarchas, Apolonio debía encontrar una estatua de su última encarnación bajo los rasgos de Palamedes. Según Damis, a Apolonio no le costó trabajo alguno descubrir el emplazamiento exacto indicado por el rey.

Por supuesto que las autoridades romanas no dejaron de preguntar al viajero a su regreso a Italia. En respuesta ala pregunta: «¿Qué piensa usted de Nerón, Apolonio?», el filósofo griego respondió: «Tal vez crea usted que es conveniente para él cantar, pero yo creo que sería conveniente para él callarse.» Emitir una opinión tal en un tiempo en que el Gobierno imperial procedía a una purga entre los filósofos, era una peligrosa provocación. Apolonio de Tiana no tardó en ser llevado ante el Tribunal romano, donde se produjo un extraordinario incidente. A medida que el procurador desenrollaba el documento que contenía los cargos hechos contra Apolonio, las letras y las palabras empezaron a borrarse, y luego desaparecieron ante los ojos del estupefacto juez. En lugar del texto acusador, el Tribunal se encontraba frente aun manuscrito virgen, por lo cual se vio obligado a dejar en libertad al filósofo. Sin embargo, durante el reinado de Vespasiano, la sabiduría de Apolonio fue tan apreciada, que llegó a ser nombrado consejero del emperador. Cuando Tito, hijo de Vespasiano, accedió al trono, el filósofo le aconsejó gobernar con moderación. El nuevo emperador le respondió: «En mi nombre y en el de mi país, te doy las gracias y guardaré tus consejos en mi memoria.» Respondiendo a una invitaci6n: de los organizadores de los
Juegos Olímpicos, quienes le rogaron que fuese su huésped de honor, Apolonio de Tiana expuso la finalidad de la misión que se había asignado:

Me invitáis a los Juegos Olímpicos -escribió- y me habéis dirigido mensajeros en tal sentido. Iría gustosamente como espectador de vuestras rivalidades deportivas si ello no me forzara a abandonar la arena más vasta de la lucha moral. El emperador Tito reinó sólo dos años. Le sucedió su hermano Domiciano, demasiado cruel y demasiado orgulloso para escuchar al profeta. El aspecto oriental que había adoptado -barba y cabellos largos- exasperaba a Domiciano, y el viejo Apolonio, de ochenta y cinco años de edad, fue acusado de sacrilegio y de conspiración, es decir, de actividades antirromanas.

Ante el Tribunal, el grande y majestuoso filósofo consideró a Domiciano -al que había conocido de niño- con soberano desprecio. Los patricios, ansiosos, recordaban los hechos extraños ocurridos ante el Tribunal de Nerón. Para evitar un contratiempo público, Domiciano y los jueces pretendieron tratar con indulgencia al Sabio retirando algunas de las acusaciones formuladas contra él, a condición de que se reconociese culpable.

Enfrentándose con el emperador, Apolonio, envuelto noblemente en su manto, lo interpeló: «Puedes detener mi cuerpo, pero no mi alma -dijo-; y añado que ni siquiera mi cuerpo puedes tener.» y , al decir estas palabras, desapareció del pretorio en medio de un cegador resplandor, en presencia de miles de ciudadanos romanos, que llenaban las galerías públicas. Después de esta extraordinaria demostración, el Gobierno imperial decidió prudentemente ignorar al filósofo, a fin de no provocar alborotos entre sus numerosos simpatizantes.

Mientras pronunciaba un discurso en Efeso, en el 96, Apolonio de Tiana, a la sazón centenario, se detuvo bruscamente, arrojó una terrible mirada hacia el suelo, avanzó tres pasos y gritó: «¡Castigad al tirano, castigad al tirano!» Toda la ciudad quedó sorprendida y trastornada, ya que la mayoría asistía a aquella reunión al aire libre. Entonces, el filósofo exclamó: «¡Por Atenea, es justo que el tirano sea hoy castigado!»

Por aquel tiempo, las noticias de Roma tardaban varios días en llegar a Efeso. Cuando llegó el mensajero postal, traía un comunicado en el que se relataba el asesinato de Domiciano en Roma. Hecho notable: el acontecimiento se había producido en el momento preciso en que Apolonio pronunciaba su hist6rico discurso.

La Historia no menciona la muerte del fil6sofo ni el lugar en que fue inhumado. Apolonio, ¿fue capaz de prolongar su vida más allá de los cien años que se reconoce alcanzó? ¿Volvió ala mansión transhimaláyica de los Dueños? En todo caso, la misión de Apolonio puede considerarse como felizmente cumplida, ya que abrió la Era de los Cinco Buenos Emperadores: Nerva, Trajano, Adriano, Antonio Pío y Marco Aurelio. Sobre todo los dos últimos fueron grandes idealistas y pensadores. En efecto, Marco Aurelio fue un gran filósofo y constituyó una respuesta a la afirmación de Platón, según la cual mientras los reyes no se convirtieran en filósofos, la Humanidad no viviría su Edad de Oro.

Si la sabia influencia de Apolonio de Tiana abrió el camino a los Cinco Buenos Emperadores de Roma, sería totalmente falso pretender que los Magos no ejercen ninguna acción benéfica sobre la Humanidad. Si tal acci6n no es tan determinante como pudiera serIo, tal vez sea culpa de la propia Humanidad, que siempre ha resistido los intentos de sus guardianes cuando quieren introducir en las relaciones humanas la Doctrina del Corazón.

 

Andrew Thomas -SHAMBHALA Oasis de Luz-

En amor y servicio.

Ubuda

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